Estimados bloggers: Los cordiales. Con este reportaje para la gustada secciónEn la Puma de… Del periódico El Diario del Yaqui termino la serie dedicada a la arquitectura de la Revolución Mexicana, porque ya no tengo solvencia económica para continuar con ella, excepto, claro está, si consigo un patrocinador aunque lo dudo.Proyecto de la Restauración del  Templo La Natividad del Señor en  Vícam Pueblo, Río Yaqui, Sonora.Fue muy grato regresar a Vícam Pueblo, centro político y social de la tribu Yaqui situado frente de la majestuosa sierra del Bacatete, porque me hizo recordar la fantástica década de los ´70 y la pasada experiencia de realizar una investigación de campo sobre las viviendas tradicionales yaquis para cumplir con el Servicio Social y  la Tesis Profesional:

 “Problemática y Soluciones de Vivienda en las Comunidades Yaquis del Estado de Sonora”, para obtener el título de Arquitecto por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara,  logrando  la calificación de 100 en el Examen de Tesis y subirme al podium de los cinco arquitectos en obtener la máxima evaluación en la historia de la facultad desde su  fundación en 1948.

**Vícam fue una antiquísima  ranchería con una gran explanada central y  diez siglos después los jesuitas fundaron  el pueblo de  misión de la Natividad del Señor de Vícam en 1623, quedando sólo como remanente, un pedestal de adobe con vieja cruz de madera a la entrada del poblado.

1767, fue  secularizada por los franciscanos debido a  la expulsión de los jesuitas;  durante la época de los pueblos autónomos yaquis y asentamientos ocupados por el ejercito nacional el sitio fue abandonado por sus moradores y el templo original destruido, hasta que,  por  el tratado de  paz con Adolfo de la Huerta en 1920, reedifican  su pueblo conservando el plano urbano tradicional adhiriéndole  nuevos elementos arquitectónicos entre la iglesia-campo santo y la cumunila-cuartel y ramadón de asambleas en su eje sur-norte, en ambos extremos, las ramadas ceremoniales de San Juan y las habitacionales entre los matorrales contiguos, ocupadas por  la autoridad religiosa.**

Estaba un día boceteando el espacio sagrado  entre la iglesia y la comunila desde la sombra de un mezquitón cuando un numeroso grupo de señoras tenanchis y cantoras de la iglesia  se aproximaron saludándome de mano a su estilo y hablando en su lengua materna me pidieron algo que no entendí; Felipe Espinosa, jefe de los  danzantes matachines, me lo tradujo al Castilla: —La autoridad religiosa  quiere arreglar el templo para celebrar  las fiestas****Me sorprendió tal petición por no haberla considerado en el plan de trabajo y hasta cierto punto me agradó, porque desde el día en que la observé cautivo quedé por su belleza arquitectónica externa compuesta por  el viejo cementerio con la Cruz del Perdón y su fachada principal con pórtico de entrada,  arcos de medio punto,  columnas clásicas adosadas  al muro y  un campanario sin campanas: Las elevaciones este y oeste, también con pórticos y arcos botareles, y la sur, una superficie plana de adobe con dos ventanas en forma de arco, construida en 1922 por algún maestro albañil asistido por peones yaquis.

Su fantástico interior,  compuesto por tres naves: La central era usada para bailar la danza de los Matachines en Cuaresma, las otras dos laterales  para uso de los asistentes pero sin bancas, delimitadas por dos arcadas con columnas jónicas pintadas de color azul cielo que  terminaban frente al Altar Mayor, decorado con imágenes de sus Santos Patronos y vírgenes, junto a dos altares menores, la sacristía y un cuarto para guardar los ornamentos, mascaras y objetos sagrados según la liturgia propia.

F****ue construida con muros de ladrillo aparente  y enjarrados,  techo de terrado con vigas de madera sin labrar pero estaba sucumbiendo por falta de mantenimiento contra la lluvia y filtraciones de agua dañando las vigas carcomidas por termitas y mucho excremento por la  anidación de aves; la afectaba el agrietamiento en sus muros por hundimiento de la cimentación de piedra y era notable la falta de carpintería en vanos de ventanas y puertas.

 

Dejé lo que estaba haciendo y nos encaminamos al templo, donde, les contesté a su petición: -La iglesia todavía está rescatable pero hay que elaborar  un proyecto arquitectónico de  restauración y se los voy a regalar como parte de mi  servicio social—.

 

¡Qué felicidad y exclamaciones de alegría! Denotaron los rostros morenos cubiertos con rebozos multicolores Santa María.

 

El domingo siguiente, las señoras expusieron la propuesta  de restauración ante los cobanahuas, el Pueblo Mayor y el capitán militar en una prolongada asamblea, donde, sólo entendí un “Ehui” (Sí) generalizado; Felipe, me tradujo la resolución dictada por el secretario: —Ándale pues, la autorizamos por ser  necesaria para celebrar las fiesta****s tradicionales—.

**E****ntre los más viejitos que trabajaron como peones indagué el diseño original  y proseguí con el levantamiento arquitectónico de la edificación, varios  bocetos  a mano alzada y con algunas fotografías, regresé a Guadalajara para obtener la autorización  de la misma por  mi maestro de tesis, orientándome en teorías de conservación y restauración de monumentos religiosos.

En mi taller dibujé todos los planos del proyecto optando por  conservar su autenticidad estilística arquitectónica, el sistema constructivo y los espacios sagrados colaterales.**

 

Meses después, regresé  a Vícam Pueblo para entregar las 74 láminas  y fotografías de la tesis y el proyecto de la iglesia: Las señoras yaquis, después de observar los dibujos, exclamaron: ¡Que bonita! Pero el gobernador, me indicó: —La tribu yaqui está muy pobre y no tiene dinero por ahora pero la vamos a restaurar:  ¡Diosemchoque utezia!, que fue acompañado por un  “Ehui” de gratitud por el pueblo y todas las autoridades tradicionales yaquis.

 

Diez años más tarde regresé, durante mis recorridos turísticos con extranjeros del Club Med de San Carlos, me reencontré con Felipe, quien, al preguntarle sobre quién realizó la restauración, respondió: —Años después que te fuiste, vino otro estudiante de M****éxico y la construyó según a tus dibujos—.

Desde el año de 1977, tengo los derechos de autor del proyecto arquitectónico respetados por los 8 Pueblos Yaquis más no así, por la dirección de Culturas Populares e Indígenas de Hermosillo y por otras instituciones del gobieno federal mexicano y del estado de Sonora que han rehusado reconocer este copy rights para la publicidad. ¡No se vale!

Pie de foto 1: Templo de la Natividad del Señor de Vícam Pueblo, estado de conservación en 1976.

Pie de foto 2: Proyecto de Restauración: Bella fachada principal dibujada a la tinta china y coloreada
con lápiz Prisma color en 197****7.

Pie de foto 3: Fachada sur del proyecto de Restauración en 1977.
Misma técnica a la anterior.

Pie de foto 4: Hermosa Fachada oeste según el proyecto de Restauración de 1977**.**

Pie de foto 5: Sección transversal del interior del templo.

Pie de foto 6: Armoniosa fachada principal actual estilo neoclásico 
observada desde la Comunila de Vícam Pueblo
**.**

Pie de foto 7: Fachada oeste actual, después de 33 años del proyecto
de Restauración aún conserva el ritmo de los elementos arquitectónicos.

Pie de foto 8: Fachada sur actual, a pesar de las tres décadas todavía se ve
una hermosa construcción.

Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López. ¡No me las roben!

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Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, escritor, periodista en crónicas y críticas de arte para el suplemento Quehacer Cultural del periódico El Diario del Yaqui y articulista de la revista Yuku Jeeka de la Agrupación para las Bellas Artes, de Ciudad Obregón, Sonora, México.