César A. Quijada

Centro INAH Sonora

Fachada de las construcciones localizadas al interior de una de las cuevas del Arroyo el Concho, Sonora.

Desde cuándo existen investigaciones arqueológicas en Sonora? Tratando de responder a esta pregunta que se me planteó tiempo atrás, es por lo que hoy escribo este trabajo. Sin poder escapar a mi formación como arqueólogo, ya que éste es mi respetable oficio, empecé a excavar en la bibliografía arqueológica e histórica del noroeste de México. 

Así que “sin querer queriendo”, se fue estructurando esta recopilación (que en ningún momento pretende ser exhaustiva, sino más bien informativa) tratando de luchar contra aquel erróneo concepto de que “en el norte de México no hay nada” ¡más bien, casi no hay sitios con arquitectura monumental! Pero aún así, habrá siempre compañeros

arqueólogos que pensarán lo contrario. El hecho de poder hacer esta recopilación demuestra que un puñado de investigadores, profesionales o no, han trabajado en la localización, estudio y protección de solamente algunos de los dos mil o más sitios arqueológicos que se encuentran en el actual territorio del estado.

Para comenzar, recordemos que antes de iniciar alguna excavación, primero hacemos un reconocimiento de superficie por el área que se ha elegido (en este caso sería esta presentación y los antecedentes); luego vamos bajando por niveles métricos tratando de ubicar nuestra primera capa estratigráfica -así lo aprendí yo- la cual correspondería a las investigaciones arqueológicas más recientes, en el caso de Sonora,

aquellas que se han realizado en los años noventa del siglo XX; de ahí se continuará, amable lector, viajando por una capa estratigráfica imaginaria, la cual correspondería más o menos a cada década -esto suena más bien a un nivel métrico- pero como intentamos describir una estratigrafía imaginaria ideal, esto nos resultó así. Al final presentamos una segunda parte que he titulado “las fuentes”,

donde se enumeran algunos trabajos de los siglos XIX, XVII y XVI, como también los intentos regionales de bibliografías antropológicas. Así que vistámonos de “caqui”, con unas botas que lleguen hasta la rodilla, sin olvidar el saracof, y comencemos la excavación armados con nuestra cucharilla marca “bellota”.

ANTECEDENTES

El Centro INAH Sonora, tiene este nombre desde 1993, pues antes se llamó Centro Regional Sonora, y sigue siendo hasta el día de hoy la única institución que realiza por ley investigación arqueológica en este estado. Actualmente, en la sección de arqueología están adscritos tres arqueólogos de base

y otros dos están contratados por el INAH, para realizar las labores que correspondan a la protección y delimitación de sitios arqueológicos dentro del programa de PROCEDE (Programa de Certificación de Ejidos), estos dos últimos compañeros, al realizar su trabajo y contando con el apoyo de los ejidatarios, están actualmente incrementando de una manera significativa el Catálogo de SitiosArqueológicos de Sonora.

El Centro Regional Sonora se llamó así desde abril de 1989; hasta mayo de 1993, cuando se cambió el nombre oficial de nuestro centro de trabajo, ya que entre 1984 y 1985 el INAH había fundado los Centro Regionales de Baja California Sur con sede en La Paz, B.C.S. y el Centro Regional de Baja California en la ciudad de Mexicali, B.C., Sinaloa quedó atendida (en la medida de lo posible) por los investigadores del Centro Regional Sonora y las depen-dencias del INAH en la Ciudad de México.

En el ya lejano primer semestre de 1973, el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, entonces Director General del Instituto Nacional de Antropología e Historia, nombró al arqueólogo Arturo Oliveros para que fundara, en la ciudad de Hermosillo, un Centro Regional como parte de una nueva estructura del INAH. Esto se puso de moda en México sexenios después, es la famosa y hasta hoy poco creíble descentralización. La fundación del Centro Regional del Noroeste se llevó a cabo en el mes de junio de 1973.

 Esto fue tan solo el inicio de las investigaciones arqueológicas dentro de un marco institucional, pero este centro de trabajo en aquel momento tenía que atender no solamente a Sonora sino a los estados de Baja California, Baja California Sur y Sinaloa, de ahí su nombre.

Uno de los primeros pasos que llevó a cabo la arqueóloga Beatriz Braniff, comisionada también a Sonora, fue la de realizar en 1974 la Primera Reunión de Antropología e Historia del Noroeste donde se examinó el estado que guardaban las investigaciones en aquellos momentos, bibliografía importante para la realización de nuestro presente trabajo.

El primer nivel métrico inicia en 1998, durante el cual se realizaron dos proyectos de prospección, el primero en los meses de febrero y marzo en la cuenca del río Magdalena, alrededor del sitio de “Cerro de Trincheras”, coordinado por la Arqlga. Susana Fish de la Universidad de Arizona. En el mes de abril se realizó la primera temporada del proyecto “Reconocimiento arqueológico de los valles de Bavispe y San Bernardino”, del Arqlgo. John E. Douglas del Departamento de Antropología de la Universidad de Montana. 

En el mes de diciembre de 1997 la Arqlga. María Elisa Villalpando, investigadora del Centro INAH Sonora inició el proyecto de excavación del sitio arqueológico de “La Playa”, municipio de Trincheras, como la culminación de una serie de rescates arqueológicos que ella misma realizó desde 1995, con la colaboración de compañeros arqueólogos como John Carpenter, Lupita Sanchez, Eréndira Contreras, Júpiter Martínez, Mayela Pastrana, entre otros.

En agosto de 1997, se presentó en la Escuela Nacional de Antropología e Historia la tesis de licenciatura de arqueología de Emiliano Gallaga Murrieta, titulada “Análisis de la cerámica polícroma del sitio Cerro de Trincheras, Sonora, México”, producto de la investigación de los materiales prehispánicos del proyecto arqueológico “Cerro de Trincheras”.

El segundo nivel métrico inicia en febrero de 1995, en que los arqueólogos Elisa Villalpando y Randal McGuire, del Centro INAH Sonora y la State University of New York respectivamente, con recursos de la National Science Foundation, iniciaron un proyecto de excavación en el sitio “Cerro de Trincheras”, en el municipio de Trincheras, Son.

Este proyecto tuvo dos temporadas de excavación (febrero-abril de 1995 y 1996) en el cual participaron cuatro arqueólogos de México y cuatro de Estados Unidos, tomando en cuenta a los coodirectores fue un total de diez investigadores trabajando conjuntamente, nunca había habido tantos arqueólogos juntos en un proyecto en Sonora.

La cueva de “La Escalera”, Arroyo el Concho, Sonora.

El anterior proyecto tiene como antecedente inmediato el trabajo de mapeo y recorrido de superficie del sitio “Cerro de Trincheras” de los arqueólogos Villalpando y McGuire a finales de 1991; como uno de los resultado de aquella temporada, podemos mencionar que el

elemento constructivo que comúnmente se le ha llamado “trincheras”, son diferentes tipos de terrazas y que en el sitio existen más de ochocientas, que miden desde unos cuantos centímetros de altura a varios metros de largo,y desde 3 metros de alto o más, a decenas de metros de largo.

 En lo personal soy de la opinión de que en su mayoría son terrazas de tipo habitacional, principalmente las que están construidas en las laderas norte, este y oeste.

En la década de los noventa se localizaron y registraron algunos sitios con manifestaciones gráfico rupestres, por parte de los arqueólogos Eréndira Contreras y César A. Quijada, como parte de la protección al patrimonio arqueológico de Sonora, ya que prácticamente todos los meses son reportados por parte de ejidatarios, rancheros, profesores, etc., nuevos sitios.

La segunda capa estratigráfica imaginaria es la década de los años ochenta, pues en la segunda mitad de ésta década, se llevó a cabo el proyecto de prospección de los arqueólogos María Elisa Villalpando y Randal McGuire en el valle del río Altar, desde la presa Cuauhtémoc hasta la actual población de Altar. También se realizó un estudio de los grabados del sitio “La Proveedora”, en la región de Caborca, por el investigador francés Dominique Ballereau.

En la primera mitad de la década se realizó el proyecto de la Arqlga. Ana María Álvarez en la región de Huatabampo, al sur de Sonora, el cual culminaría con su tesis de licenciatura en arqueología. Y el proyecto de la Arqlga. María Elisa Villalpando en la isla San Esteban, en la costa central del estado, que también dio como resultado una tesis de licenciatura en arqueología.

Las dos están publicadas en Noroeste de México, serie del Centro INAH-Sonora que hasta la fecha publica los resultados y avances de las investigaciones de los antropólogos, arqueólogos, historiadores y lingüistas que estudian esta región del país.

En el inicio de nuestra tercera capa estratigráfica encontramos que en el año de 1979 se realizó un recorrido de superficie por el norte de Sinaloa y sur de Sonora por las arqueólogas Ana María Álvarez y Elisa Villalpando, quienes registraron una buena cantidad de sitios arqueológicos.William E. Doolitle, a finales de los setenta, recorrió el norte del valle del río Sonora. Richard A. Pailes de la Universidad de Oklahoma en 1976 investigó la cuenca del río Sonora y excavó en las cercanías del pueblo de Baviácora, para lo cual contó con la ayuda de varios alumnos norteamericanos.

Destacan las investigaciones de Thomas Bowen en la Costa Central. En 1974 el Profr. Armando Quijada de la Univer-sidad de Sonora inició el estudio del Arte Rupestre, más o menos de una manera sistemática.Se puede decir que el año de 1973 es el inicio de la agricultura1 en la investigación arqueológica del Estado, pues Beatriz Braniff y Arturo Oliveros son los primeros arqueólogos del INAH con residencia permanente en Hermosillo. La Arqlga. Braniff empieza en 1975 un proyecto de recorrido de superficie en la cuenca del río San Miguel en la parte norte-centro del estado, el cual duraría hasta 1981 y culminó con su tesis doctoral en 1985.

El Arqlgo. Oliveros inicia a mediados de la década de los setenta un proyecto de arqueología histórica en la misión de Cocóspera, en el norte del estado. En agosto de 1976 Braniff inicia la primera parte del Catálogo de Sitios Arqueológicos de Sonora, con el reporte de casi 800 sitios. Los dos investigadores antes mencionados fueron los primeros arqueólogos mexicanos que permanecieron en Sonora por un período prolongado.

 También a principios de esta década, el señor Manuel Robles de la Universidad de Sonora y algunos colaboradores visitan y registran varios sitios en la parte central del Estado.La cuarta capa estratigráfica la podemos ubicar en los años sesenta. Destaca en esta década el estudio de las pinturas rupestres del sitio de “La Pintada”, a unos 60 kilómetros

 al sur de la ciudad de Hermosillo, esta investigación fue la tesis del arqueólogo Miguel Messmacher en 1963, la cual fue la primera tesis hecha en la Escuela Nacional de An-tropología e Historia con un tema sobre Sonora. Otros trabajos importantes son los del investigador nortea-mericano, W.Wasley; al rea-lizar un extenso y detallado recorrido, lo acompañaban Thomas Bowen y Manuel Robles. La parte sur del estado fue estudiada en estos años por Richard A. Pailes.

En la década de los años cincuenta, se ubicaría nues-tra quinta capa estratigráfica, cuando el investigador George E. Fay visitó y describió varios lugares en el área de Guaymas y Hermosillo. Paul H. Ezell localizó algunos yacimientos arqueológicos en el área de la papaguería. R.H.Lister que había efectuado varias investigaciones en el estado de Chihuahua recorrió los sitios del Arroyo Conchos en la región de Bavispe,

en la Sierra Madre Occidental. T.B. Hilton recorrió el valle de Altar en el noroeste del estado y A.E. Johnson hace pequeñas excavaciones en el sitio de La Playa, en el municipio de Trincheras, en la cuenca del río Magdalena. También por esa época Julian Hayden empezó sus investigaciones de reconocimiento por la región del Pinacate. A finales de los cincuenta, por vez primera un investigador mexicano, Eduardo Noguera,

2 hace un recorrido por Sonora y ubica varios sitios arqueológicos.La sexta capa correspondería a la década de los cuarenta, cuando E.W. Gifford reconoce la costa de la zona de Puerto Peñasco en la parte noroeste del estado, y a finales de la década D.J. Lehemer localiza algunos sitios en Tastiota; en la costa;

el río Zanjón; parte del río Sonora y de la sierra. También, por esa época Ronald L. Ives hace varios recorridos por el norte del estado.Una séptima capa estratigráfica comprendería la década de los treinta y los últimos años de la década de los veinte, cuando Gordon Ekholm recorrió parte del centro de Sonora;

el sur del estado, en el área de Huatabampo, y realizó posteriormente excavaciones en Guasave, Sinaloa. Son Carl Sauer y Donald Brand quienes hacen un recorrido en 1928 y especialmente en 1930, cuando plantearón problemáticas científicas que han marcado investigaciones posteriores.

Podemos decir que las investigaciones con un interés arqueológico, como tal, se iniciaron en el año de 1927, por Monroe Amsden con un recorrido de prospección, como diríamos hoy en día, por el noroeste de Sonora.

Exterior de una de las construcciones de la “Cueva pintada”. Sobre el acabado del muro se encuentra pintada la representación de una figura humana. (La foto fue retocada por nosotros). 

LAS FUENTESA finales de la primera década del siglo XX (1909-1910), el investigador noruego Carl Lumholtz realizó un viaje de exploración por el noroeste de Sonora y sur de Arizona. Recorrió parte de las cuencas de los ríos Magdalena, Altar, Asunción y Sonoyta, así como la región del Pinacate, mencionando las antiguas “fortificaciones” de trincheras y las antigüedades de la Papaguería.

Visitó y fotografió el sitio de Cerro de Trincheras, asentamiento con el mayor número de terrazas, que hoy en día continúan siendo estudiadas por arqueólogos mexicanos y estadounidenses. También menciona los petroglifos de la región de Caborca y los del sitio de La Nariz, cercano a Sonoyta.En el año de 1894 se publica el trabajo

 “Habitantes Primitivos de Sonora” del profesor Enrique Quijada en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, este trabajo es el primer intento realizado por un sonorense, hasta donde sabemos, de hacer una descripción de todos los grupos indígenas que habitaron en el estado.

Este trabajo lo podemos dividir en dos partes, de las cuales la primera está muy superada hoy en día y que trata desde el poblamiento de América hasta la ubicación del mítico Aztlán. Pero en cambio, la segunda parte del trabajo que es la que trata sobre los grupos indígenas en Sonora, tiene interesante información e incluso hipótesis que aun hoy se manejan.También en el año de 1894 W.J. McGee realizó una breve estancia con el grupo indígena de los Seris y da escasos datos arqueológicos, pero su obra “Los Seris”, editada hace unos años por el Instituto Nacional Indigenista, es un clásico en la bibliografía antropológica sonorense.

En septiembre de 1890 Carl Lumholtz, partió desde el pueblo minero de Bisbee, en el sureste de Arizona, internándose a Sonora por la cuenca del río San Pedro, presentando las cartas que recibió del presidente Gral. Porfirio Díaz en la aduana de San Pedro, hoy comunidad de San Pedro Palominas, unos kilómetros al sur de la frontera en el ejido Zaragoza. A Carl Lumholtz lo acompañaba el arqueólogo A.M. Stephen y su ayudante R.Abbolt. Se dirigieron a visitar el poblado y antiguo Presidio de Fronteras, los pueblos de Óputo, Granados3,

 Bacadehuachi y Nácori Chico, para posteriormente cruzar la Sierra Madre Occidental rumbo a Casas Grandes, Chihuahua. Lumholtz menciona en su libro: México Desconocido, varios lugares con restos de casas, trincheras y petroglifos.En el siglo XIX Sonora fue visitado por el viajero y arqueólogo Adolfo Bandelie, cuyo diario contiene muy interesantes noticias sobre el estado.

En el diario se encuentran varios croquis de ruinas de antiguas aldeas, además realizó excelentes dibujos en acuarela de varias aldeas ya en ruinas en el río Sonora. En 1880 comenzó su recorrido entrando por la cuenca del río San Pedro a la región de Cananea, prosiguiendo por el río Sonora hasta Baviácora y de allí en dirección este hasta Granados, Bavispe y cruza la Sierra Madre Occidental rumbo a Chihuahua.

Las primeras referencias, si bien breves, corresponden a los jesuitas Andrés Pérez de Rivas (1645), Eusebio Francisco Kino (1704), Juan Nentvig (1764), Ignacio Pfefferkon (1795), Jacobo Sedelmair (1749), al capitán español Juan Mateo Mange (1720). Todos ellos, por citar solamente a los más notables, hacen referencia a poblados en ruinas, grabados y pinturas rupestres, objetos, costumbres, etc., etc., etc.

UN COMENTARIO FINALEste trabajo es tan solo un breve recuento de quienes en una u otra forma han contribuido en la elaboración de la historia prehispánica de Sonora, que aun tiene muchos temas y regiones por investigar por las futuras generaciones de arqueólogos, pero que hoy en día son una preocupación de los pocos investigadores que estamos en el Noroeste de México.

Un primer grupo que mencionamos fueron los arqueólogos que actualmente están trabajando y las investigaciones hasta la tercera década del presente siglo, un segundo grupo son los viajeros y exploradores del siglo XIX, de la época independiente de Sonora y por último, se ha ampliado la lista con aquellos que hicieron las primeras descripciones de los grupos indígenas, en este caso están los conquistadores, misioneros y militares de la época colonial.El Pbro. Ernesto López Yescas en 1960 realizó el primer esfuerzo de reunir en un tomo la Bibliografía de Sonora, y la complementó hasta 1974, presentando un segundo tomo.

La primera compilación sobre bibliografía antropológica la realizó Fernando Pesqueira de la Universidad de Sonora en el año de 1966. Un resumen de las investigaciones antropológicas fue publicado por el arqueólogo Alfred E. Johnson en “México” en el tomo IV de Handbook of Middle American Indians, University of Texas Press en 1966.

En la década de los setenta el libro Sonora: Antropología del desierto coordinado por Braniff y Felger, es una compilación de los conocimientos hasta ese momento. Braniff en 1976 hace un resumen de los conocimientos sobre el pasado prehispánico de Sonora en su obra Notas para la arqueología de Sonora. Finalmente, a mediados de la década de los ochenta Julio Montané en la Historia General de Sonora tomo I, hace una historia de la investigación hasta el año de 1980. Para comentarios, sugerencias y críticas constructivas:cquijada@rtn.uson.mx

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 1Los investigadores dejaron de ser nómadas (venían, recolectaban la información y se iban de Sonora), para comenzar un período sedentario (investigar y vivir en el estado).

2 Arqueólogo mexicano que recorrió prácticamente todo el territorio nacional, me pregunto: ¿dónde no estuvo? 3 Donde se describió ampliamente por primera vez un sitio con petroglifos.   Las fotos que ilustran el texto fueron tomadas del libro: ARCHAELO-GICAL EXCAVATION IN THE NORTHERN SIERRA MADRE OCCIDENTAL, CHIHUAHUA AND SONORA, MEXICO. 1958, LISTER, Robert et al. University of Colorado Press. Series in Anthropology No. 7 pp. 45-50