El llamado “Idolo” es un glifo grabado en una de las seis caras de un paralepido de piedra de una sola pieza, que se encuentra desde tiempo inmemorial en un lugar localizado a unos 3 kilómetros al norte de Banámichi, entre la carretera y el valle agrícola de esta población del Río de Sonora.
El dibujo de Sandomingo atrajo la atención del arqueólogo norteamericano William E. Doolittle quien publicó un artículo en la revista Journal Historical Geography en octubre de 1984, sugiriendo que el petroglifo de Banámichi puede ser un mapa del sistema de irrigación utilizado por los habitantes ópatas de ese valle antes de la llegada de los primeros europeos a Sonora.
Para reforzar su sugerencia, Doolittle inserta en su articulo un dibujo logrado a partir de una fotografía aérea tomada del valle en 1973 y que muestra las acequias, el canal principal y los secundarios, así como núcleos habitacionales en la orilla que ofrece una gran coincidencia con los grabados del petroglifo.
Actualmente, “La piedra histórica” como se le conoce en Banámichi, está sentada al pie de una pequeña loma de cuya parte superior todo hace creer que fue rodada, pues el dibujo de Sandomingo la hace aparecer arriba. Además, nuestro guía un vecino de la región, nos dijo que se había hecho el intento de llevar el monolito a la plaza publica de Banamichi, pero que dicho intento solo quedo en la bajada del mismo a la parte donde ahora se encuentra.
Sobre este petroglifo de Banámichi el Prof. Sandomingo dice lo siguiente:
“A poca distancia al Norte de Banámichi, existe un lugar situado en el lado derecho de la ribera del río… y en un antiguo recodo del río, hay un anfiteatro natural con extenso piso limpio y blanco circundado de pequeñas lomas que sirvieron de cómoda gradería a multitudes de indígenas que asistían a las fiestas celebradas en ese lugar en honor de Baatzin, o dios del agua, cuyo monumento de piedra esta clavado en el mismo lugar donde fue venerado por el minotauro del fanatismo antiguo … Es un monolito de roca intrusiva de 2 metros de altura y 1.25 de ancho sobre el pequeño muro de loma donde esta clavado, con un peso aproximado de 10 toneladas …
Esta piedra es única en el lugar y debieron traerla nuestros opatas a costa de grandes esfuerzos desde considerable distancia para clavarla en el anfiteatro donde se halla.
Si el lugar donde se encuentra fuera hecho por la mano del hombre no podría estar mejor dispuesto, por constar de un lugar plano, de algo mas de una hectárea, graderías de lomas de poca altura, vista hacia el Este, sombra, agua y un valle bien poblado por la nación opata.”
Por su parte el arqueólogo Doolittle dice que: “el petroglifo puede ser uno de los pocos mapas que se conocen que haya sido hechos en tiempos prehistóricos en el Nuevo Mundo”, -pero advierte que- “la interpretación del glifo como un mapa puede ser otra cosa que una especulación”, y añade que ha sido rechazada por dos historiadores de arte que argumentaron que los indios americanos no pintaron grandes imágenes desde una perspectiva aérea. “Sin embargo –sostiene Doolittle- son conocidos varios casos de imágenes antiguas vistas únicamente desde el aire y varios glifos encontrados en varias partes del mundo, incluyendo el Nuevo Mundo que han sido identificados como mapas aborígenes, algunos de tierras agrícolas.
Una de estas pinturas reproduce aspectos fisicos y culturales encontrados a lo largo del río Colorado, en un estilo similar a los reproducidos en el glifo de Sonora.”
Además -asevera Doolittle- numerosos indios americanos de la época prehispanica, no solo hicieron mapas sobre diversos materiales, sino que también mantenían registros de las tierras agrícolas que superaban en detalle a los registros europeos de la fecha.
W.E. Doolittle utiliza el petroglifo de Banámich: como un nuevo argumento para probar el uso, entre los habitantes de la zona serrana en la época prehispanica, de sistemas de irrigación complejos y eficientes que les permitía mantener una población de 90,000 gentes entre opatas y pimas bajos; cifra estimada por Carl Sauer y que muchos antropólogos e historiadores se han negado a aceptar por considerarla exagerada.
En el petroglifo de Banámichi, la línea marcada con el número 2, -según la interpretación de Doolittle,- sería el canal principal. El 3 la acequia madre y el 4 los canales secundarios. Todos los círculos con el punto en el centro son las áreas de cultivo y probablemente indicaran los cultivos que se hacia en cada área.
Por su parte los círculos concéntricos; según Doolittle, pueden indicar habitaciones, ya que es un símbolo iconográfico, utilizado por otras culturas para ese propósito.
Igual que el circulo con el punto en el centro, también ha sido interpretado como maíz, frijol o calabazas en otras partes de México, como por ejemplo, en las pictografía de la Peña pintada en Jalisco.
Estos sistemas de riego en la antigüedad, les permitían a los indígenas de la sierra sonorense hacer en sus sementeras dobles cultivos y levantar cosechas con suficiente valor calórico para mantener la población indígena mas numerosa del noroeste, la opata y la pima bajo.
El arqueólogo Doolittle considera que el área aprovechable en agricultura en la zona serrana, es de aproximadamente de 53 Mil hectáreas de las cuales mas o menos la mitad corresponde a cultivos de temporal y a cultivos irrigados y considera que en base a esos datos, los agricultores prehispánicos podrían sostener una población de por lo menos 94,000 habitantes y quizá hasta 15,000.
Estas cifras son muy parecidas a las obtenidas en los Censos Nacionales de población para la misma área hasta mediados de este siglo. Y dado que la dieta del indígena prehispánico y aun en la época colonial, incluía la carne de venado, liebre, conejo y hasta roedores. Además de los frutos silvestres de la sierra como la pitahaya, maguey, lechuguilla, etcétera.
Es fácil suponer que una población del número propuesto por Sauer, podía fácilmente obtener el valor calórico y nutritivo para un desarrollo fuerte y sano, como el alcanzado por nuestros indígenas.
Independientemente de que la hipótesis del arqueólogo Doolittle pueda obtener mejores y mayores testimonios para considerarla un hecho definitivo, seria altamente recomendable que el monolito fuera cambiado de lugar y quedara en exhibición permanentemente en la plaza pública de Banámichi.
EA su vez, en el lugar donde antes se asentaba el monolito, se podría construir una sombra que se utilizara como mirador del valle y donde los visitantes podrían comparar el diseño del petroglifo, con el trazado actual de riego. Para ello bastaría con una reproducción del petroglifo y una explicación al respecto.
En virtud de que el lugar donde actualmente se encuentra el monolito no es el original y la localización y orientación exacta, seria ya imposible de lograr.
Su cambio a la plaza pública de Banámichi no significaría ninguna falta a la verdad arqueológica; por el contrario, estaría mejor protegido y llenaría una función didáctica y de beneficio turístico.
Respecto a la conservación del monolito, considero fácil de lograr una capa protectora de la piedra, sin alterar absolutamente en nada su apariencia ni su valor histórico.