altPor Reyes**Arcadio Burboa R.

 En el año de 1767 se establecieron en lo que actualmente  es San Javier, las primeras misiones españolas que buscaban minerales preciosos, bautizándolo como el “Real de los Bronces”, por tener este, un material de bonito color como de oro como material precioso, éste les dio la idea de que habían encontrado los metales que buscaban.   

Como tenían agua suficiente para un poblado, pensaron en una planta de beneficio y traerla de sus lugares de origen.   Haciendo uso de sus influencias, les llegó a los solicitantes una planta de sistema de mercurio para recoger el oro; sin embargo, este procedimiento no les dio lo que deseaban ya que los metales contenían otras maletías que no permitirán juntar el oro deseado. 

  Éstos empezaron a distanciarse del lugar ya que en los alrededores había algunos metales de las que podrían extraer la plata.    En 1770 descubrieron una mina que se localizaba al poniente del Real de los Bronces y lo bautizaron como La Nagüila, a la que metieron maquinaria pesada y profundizaron un tiro a encontrado mucha agua que no tuvieron con que sacar, según los antecedentes de estudio.  

Habiendo sacado ya mucha plata, estos mineros decidieron dar un tonél debajo del cerro, con miras a sacar del agua que no los dejó trabajar, y desaguar por graduación; pero al estarle dando a dicho tonél encontraron un caballo de piedra azul de granito muy difícil de atravesar.  

Para esto, ya trabajaban los demás mineros en la mina Las Ánimas, de la que existía una leyenda de los antecesores, quienes nos narran lo antiguo de esta mina, y cómo el nivel 700 se había hundido enterrando un turno de trabajadores, pues existe un “hundido” que a la vista que asemeja a un arroyo en el grueso del cerro, con una inclinación de 55°.   

En el año de los 1769, el minerales de  San Javier distante de Hermosillo sólo 35 lenguas, contiguas a San Antonio de la Huerta, que fue importante por sus muchas minas de plata, entre ellas La Águila, Las Ánimas, Los Afuereños” y La Grande, quienes dieron un tesoro cuantioso que se exportó y enriqueció a los españoles, don José Joaquín Aldas y muchos más, pues todos estos lingotes de plata, ligados de oro, que ellos mismos sacaban con un una rudimentaria fundición a base de soplete, y fuego.alt    

 Los acumulaban en remesas que eran enviadas a la Ciudad de México en carreteras de partidas de mulas, diligencias que levantaban que algunos Estados en el trayecto de caminos de carruajes. 

REAL DE LOS BRONCES  Todos estos se misioneros buscadores de riquezas y metales preciosos se radicaron en un lugar llamado Real de los Bronces, siendo éste el único que está en el mapa de Sonora.   Posteriormente al fracasar dichos beneficios a base de mercurio, buscaron los misioneros otro lugar y se establecieron a cuatro kilómetros donde se fundó una nueva población a la que llamaron Real de San Javier.   

Establecido dicho pueblo, no había prevenido que el agua había que traerla de una distancia de tres kilómetros, y bautizaron dicho  lugar con el nombre de Real de enmedio, el cual producía agua de primera calidad, y para poder traerla elaboraron cubetas a base de barro utilizando un cañahual para recoger el agua en la cabeza pues el arroyo era muy peñascoso y forzosamente tenían que brincar de un peñasco a otro.   En el año de 1800 las misiones católicas empezaron a repartir ídolos.

Cierta vez hicieron  una parada de descanso para las mulas con San Xavier a cuestas, y el siguiente día preparados para proseguir su camino hacia donde entregarían dicho ídolo, sucedió un caso raro, una de las mulas cargadas se tiró a la tierra y los arrieros consideraron que estaría enferma; insistieron levantarla pues no se le veía ningún mal a la vista.alt   Los arrieros empezaron a correr la voz e inmediatamente se aglomeraron los vecinos de discutir el caso raro estaba sucediendo, imaginaron que el problema se originaba debido al peso sobre la mulas, y se llevó a la conclusión que al quitarle la carga seguramente sería la solución.   

Los arrieros así lo hicieron, cuál sería su sorpresa que el animal al no tener peso se levantó listo para proseguir su camino, entonces los vecinos pensaron que el ídolo les pertenecía.    Provisionalmente se le hizo un muro a la intemperie, en el cual permaneció hasta el año de 1924, cuando el señor obispo Juan Navarrete y Guerrero bendijo al ídolo dentro de una capilla, cuyo nombre es Francisco Xavier.