ANÉCDOTASMis recuerdos de Arizpe la Ciudad Prócer

 Por Francisco Bustamante Tapia   

Hace algunos años al visitar a la parentela del Río de Sonora,en casa de los Shugert Maldonado, dije Arizpe a secas, y una dama de avanzada edad, de modales propios de la gente castiza me reconvino airada: “Ciudad Prócer, por favor”.  

Desde entonces no he olvidado la lección y siempre que me refiero a este pueblo del Río de Sonora, digo Arizpe la Ciudad Prócer, con el mismo orgullo que sienten los nativos. Y en verdad que lo es, pues el panteón es una viva muestra de tantos hombres ilustres que se significaron, no solo a nivel patria chica, sino en el devenir de la República. 

Mi tío Francisco Maldonado Molina tenía su casa enfrente de la plaza, ahí vive todavía su hija adoptiva Aurorita de Pesqueira; cierto año de la década

 de los 50, mis tres hermanos que estábamos muy pequeños veníamos desde Baviácora a Cananea, pero en Sionoquipe se acabó el camino de terracería, por lo que pasamos ahí la noche en una casa de hospedaje.  Un hombre se ofreció trasladarnos a lomo de mula por el río, y como ya estaba cerca el tiempo de regresar a la escuela, el mero día 2 de septiembre, mi tía Teresa Bustamante Maldonado, que era nuestra tutora, se arregló con aquel arriero y a la mañana siguiente a  las 6 en punto ya estábamos colocado en el lomo de las mulas; así transitamos a trechos por la rivera, otras veces por entre las aguas crecidas.  

 Qué miedo cuando el agua nos brincaba por encima de las pierna, todos nosotros, insisto muy pequeños, ibamos prendidos a las bestias y el arriero nos gritaba en cada hondonada “!agarrense!”.  Cuando llegamos a Arizpe la Ciudad Prócer, que por esas fechas todavía no le daban esa categoría, al bajar los belices de las bestias, estos se reventaban por estar llenos de agua sucia del río, nada sirvió, ni ropa, ni zapatos, ni nada.    

  Entonces mi tío Francisco, tío abuelo, se le quedó viendo al arriero y le dijo con parquedad:  ¿Cuánto es?, es tanto, dijo aquel hombre de Sionoquipe con cara de ingenuidad… Pues tome su dinero y lárguese de aquí que no lo quiero volver a ver por irresponsable.   

 Luego volteó a ver a mi tía Teresa, espetándole: “Cómo serás pendeja Teresa, qué tal si el río te hubiera llevado a un chamaco así de crecido como va”.   

 Ahí nos estuvimos varios días en casa de mi tío Francisco que  nos compró ropa en las tiendas locales para poder proseguir a Cananea. Pasar ocho días en Arizpe con el mi Francisco fue toda una delicia, días hermosos de la infancia que jamás olvidaré.

 No hubo calle que no conociera, ni casa de los parientes que no visitáramos, la de Norma Sotomayor Maldonado, la de la tía  Arcelia de Shugert, la de Agustín “el Colorado” Maldonado, la del incomparable  Jorge Shugert maldonado  el telegrafista y Lolita Vareal su esposa, lindísima dama, la de Adalberto Maldonado, la del Temo Maldonado, la de Carmelita Pellat y la de Lupita Corrales, entre muchas más.

LA TORRE DEL RELOJ 

 Ustedes lectores que han visitado Arizpe la Ciudad Prócer saben que en medio de la plaza hay una hermosa torre de ladrillo sin aplanar, y tiene un reloj de carátulas que creo debe funcionar; por las tarde los hombres grandes del pueblo solían sentarse en la base de la torre a platicar, esto se hizo por década pues la torre fue fundada en 1918.  

Resulta que una tarde de tantas estaban ahí un par de amigos platicando, uno de ellos de apellido Montijo, lo recuerdo bien pues fue como en el año de 1976, cuando de repente se escuchó un estruendo arriaba de la torre,  se soltó una pesa, y los señores aquellso voltearon hacia arriba por el inesperado ruido, cuando de pronto la pesas que se había soltado del reloj, vino y se le estrelló en la cara al señor Montijo quedando muerto instatáneamente. Era un hombre muy alto y quedó como monito. El señor monijo era secretario de ayuntamiento, siendo alcalde don Nacho Elías Elías por esos días.

 LA IGLESIA   

Cuando era gobernador del Estado el Dr. Samuel Ocaña García, dio la orden en acuerdo con el INAH de reparar el templo de la Purísima Concepción de Arizpe la Ciudad Prócer, el adobe y ladrillos de la época jesuita y franciscana estaban sin aplanar en su interior y por ello el templo se veía muy lúbregue, daba una gran sensación que transportaba a aquellos siglos de la colonia.   

 Con la restauración se aplanó y pintó totalmente perdiéndose ese encanto original, pero en alguna forma se preservó esta joya arquitectónica. Como los trabajos duraron muchos meses, más de lo previsto, la cronista Carmelita Pellat Sotomayor estaba algo impaciente pues en cierta forma el gobernador la tomó en cuenta para que diera sus puntos de vista sobre este monumento, el más bello del pueblo para que estuviera pendiente de que se hiceran las cosas bien..   

En una de las visitas del gobernador Ocaña a Arizpe la Ciudad Prócer, le se paró frente al templo para contemplar los andamios pegados al capanario, para lo cual llamó a la memoriosa cronista, a la que le preguntó con cortesía como siempre lo hacía con todo mundo, que si cómo iba la obra.  A lo que Carmelita repuso sin andarse por las ramas: “Mire Sr. Gobernador va tan lento la obra que yo ya con mocos la hubiera terminado”. 

EL PADRE FLAVIO  

 Me platicó el desaparecido y muy recordado  ex-sacerdote don Flavio Molina Molina originario de Batuc, quien estuvo por los años 50s. de párroco en Arizpe la Ciudad Prócer, que en cierta ocasión tuvo la visita pastoral de don Juan Navarrete y Guerrero, como toda la gente se fue a la entrada del pueblo a recibir a don Juan, él sin hallar que hacer, pues hasta el sacristán se fue al mitote, se quedó para sonar las campanas; agarró algo así como 6 piolas y se puso a jalonearlas a como Dios le dio a entender, una campana por acá y otra campana por allá, todo un relajo, decía don Flavio, pero ni modo era día de júblio.    

Al llegar el Sr. Obispo al atrio de la iglesia vio al noble cura muy atareado y angustiado jalando piolas, entonces le dijo: “padre, nunca en mi vida y conste que he ido a Roma varia veces, he escuchado un repicar  de campanas tan melódico y acompasado”.  Bello cumplido, dijo don Flavio, y nunca supo si porque don Juan lo le vio semejante cara de angustia le dijo aquello, o por chotearlo, lo cual desde luego no estaba en el ánimo del obispo Navarrete.  

 Si tienen anécdotas de Arizpe la Ciudad Prócer, por favor comuníquense con este aplastateclas.www.jefe.busta@hotmail.com