En todos los años entre indígenas, nunca me sentí más a gusto que con los Seris.
Tal vez en el pasado mataron a sus enemigos con flechas envenenadas, o por estrangulación o mordidas, sin embargo, jamás sentí miedo.

Me dejaron entrar en su vida interior, cantaron sus canciones y contaron sus historias, mitos, creencias religiosas cosas que nunca compartieron con los mestizos.
Hasta ahora no sé si fue por ser extranjera, por ser mujer, o tal vez porque creyeron que tenía poderes de chamán.

Los cantantes pusieron como condición que los yoris no estuvieran presentes mientras ellos cantaban. Todos querían cantar y tuve que organizar cita con cada uno.

Eran tan inteligentes que anunciaban el tema de cada canción en español. Y con sus cantos pude averiguar un poco de su historia y costumbres; por ejemplo, que en guerra los Seris sí cortaron las cabezas de sus enemigos.

Cantaron de todos los aspectos de la vida: canciones de cuna y de amor, de cazar y pescar, cantos a los dioses y la naturaleza, y cantos especiales de la juventud y mujeres.

No ofender a nadie fue una de mis preocupaciones. Cuando me enteré de que Sara Villalobos estaba corriendo el rumor de que todos los que cantaban para la máquina iban a morir, supe que fue por celos. De inmediato la confronté:

–Sabes tan bien como yo que estás mintiendo. Ven mañana y vamos a grabar tus canciones.
Contenta y sonriente, se volvió al campamento casi bailando al caminar.
–Sí –me dijo–, mañana vengo.

En sólo tres días todos los discos se me acabaron; grabamos 80 canciones y no quedaba ni uno para un curioso violín rectangular de una cuerda, el único que he visto en mi vida.
Es difícil hechar mano de estas grabaciones. Este es un disco LP que no ha sido editado en compacto.