**Por Francisco Eloy BustamanteCuando el gobierno federal en 1966 so pretexto de los hallazgos de los restos del Padre Kino, mandó carretadas de recursos para transformar la vieja plaza Francisco I. Madero.

Empezaron los obreros a derribar el bello Palacio Municipal, el kiosco, el monumento a Kino, y en vista de que no les cuadraba la nueva plaza, tuvieron que indemnizar a varios vecinos para poder derribar parte de sus casas, es decir recorrerlos hacia atrás para que pudiera dar las medidas la nueva y soberbia plaza estilo Tlaquepaque, decían.Al hacer excavaciones aquí y allá se descubrió una red de túneles por debajo de la plaza y varios edificios adyacentes. A un costado del tempo hacia el lado sur en donde está la casa cural -relata Lázaro Espinosa- tiraron unas paredes añejas de anchos adobes y lajas de pisos de buen espesor que a su vez habían sido puestos sobre pisos de ladrillo.

Uno de esos se derrumbó dejando al descubierto una enorme fosa. Los trabajadores trataron de bajar, pero al percatarse de que se trataba de algo así como un túnel que venía desde quien sabe donde con rumbo a la iglesia, mandaron avisarle a los ingenieros, así como al padre Santos Sáenz.

Al penetrar unos metros del túnel muy bien conservado sin derrumbe alguno ya que era de ladrillo de unos tres metro de ancho por tres y medio de alto, se encontraron con algunos ataúdes recargados en la pared, pero al abrir uno y descubrir el cuerpo de un sacerdote que allí había sido sepultado, éste se convirtió en polvo al pegarle al aire y la luz. Supieron que era** religioso porque quedó la cadena con una grande cruz sobre el polvillo. **Como eran varios, el Padre Santos opinó que era mejor interrumpir la obra y taponar el túnel para futuras investigaciones. Y así se hizo.

Asegura en su relato Francisco Villa Benítez “el Palillo” pues lo vio “con estos ojos que se han de comer los gusanos” sobre otro enorme túnel encontrado al norte de la capilla en donde se adora a San Francisco, casi abajo del monumento a Kino que también fue derribado.

Allí se toparon las brigadas de trabajadores con una loza gruesa de cemento con una argolla la cual levantaron con un trascabo. Al quedar descubierta la boca del túnel se percataron que tenía escalones de piedra muy inclinados. Uno de los norteamericanos que participó en estas tareas se metió, pero al salir dijo: “échenle todo el escombro y cascajo que encuentren”. 

Todo el viejo edificio de dos pisos que fuera la Secundaria entró en ese túnel. Retaplenaron y aquello quedó olvidado.

Donde estaba la Ferretera de Sonora, es decir en la esquina sur de la Plaza Francisco I. Madero al recorrerla, para poder encuadrarla, salió a la luz otro túnel con dirección hacia la capilla que había cerca del Molino triguero y en donde tanto investigaron creyendo que allí era la** **capilla de San Francisco.
 
A los años don Ernesto Dávila que tenía su hermosa residencia frente a la plaza y exactamente frente al templo, casa que fuera mandada construir por su tío abuelo don Miguel Latz, tuvo un derrumbe en la alcantarilla, por lo que pidió a su sobrino Faustinito Dávila que le mandara la cuadrilla de trabajadores que siempre tiene dispuestos para que arreglara el desperfecto.

Los trabajadores al tratar de sacar escombro para hacer un nuevo registro más amplio, al dar un picazo se fue abajo parte del material de desecho que pensaban sacar, cerciorándose que se trataba de un túnel: Se metieron a inspeccionar y notaron que estaba ademado de ladrillo con mezcla, y que partía de allí a espaldas de la casona con rumbo al templo, el cual seguramente fue interrumpido cuando cavaron una enorme fosa en el centro de la plaza para hacer la actual fuente.

Don Ernesto pidió a los trabajadores que taparan bien el túnel, pues algún chamaco se podía caer al meterse a hacer travesuras.

Recientemente el Ing. Marco Antonio Lugo adquirió un terreno que fuera de las hermanas Egurrola en calle Obregón entre Kino y Espino. Los trabajadores al cavar para la cimentación pusieron al descubierto un túnel que tenía orientación hacia el templo.**