Reseña del libro El Molino de Camou de Alfredo Camou Oleaalt

Ignacio L. Almada Bay*

**I. Entrada.**Las memorias de Alfredo Camou Olea aparecen cuando registramos la aparición de unnúmero importante de testimonios personales en la entidad, publicadas ya en libro comolas de Raúl Burton Trejo o seriadas como las de Jesús Grijalva Ayala. Esto hay quecelebrarlo, debido a que las memorias han sido un género poco trabajado en Sonora

comparado con otras entidades.

 Los protagonistas de estas memorias son el autor de manera eminente como cabeesperarlo, sus seres queridos, la red de familias de apellido Camou, sus amistades eenemistades, sus empleos, sus desvelos festivos, los disparos de cacería, la cerveza, eltren, sus perros consentidos, los sirvientes de confianza. Y los escenarios: Hermosillo ysus alrededores, desde el Gavilán hasta el mar y las islas, el eje Guaymas-Nogales, conextensiones a California: Los Angeles y Okland y a la Ciudad de México.La exposición visual aquí montada ilustra los avatares biográficos del autor y su

querencia y otros lares.

 El trasfondo de la narración es nacer, vivir y morir. Es la historia de una vida, que quedainconclusa porque el relato transcurre entre el nacimiento y la plenitud de la edad.Seguramente se trata de una persona que supo vivir, savoir vivre, que tuvo elan.Cronológicamente abre alrededor de 1898, el año de nacimiento del autor y susantecedentes familiares, y cierra hacia 1939-1943, el periodo de gobierno del Gral.Anselmo Macías Valenzuela, durante la II Guerra Mundial (p. 92).

II. El texto es sobresaliente por:

 1.El estilo, si bien tiene altibajos, destaca por frases redondas como refranes, y revela sudependencia del lenguaje oral, empleado por gente de campo. La descripción de hechos, gentes y paisajes es directa, ágil, lograda. El lenguaje es desinhibido, desenfadado, no elude la crueldad y la burla. Perohace hincapié en las casualidades felices, la buena suerte, las “chiripas gordas” como el

autor las llama, lo que hoy se llama serendipia.

 La composición del lenguaje es propio de la generación del autor y su época.Leyendo el texto podemos apreciar cómo hay palabras que nada o poco significan parala nueva generación –para las personas menores de treinta años hoy–, como porejemplo: creciente, “tirador”, “de cuelga”, tegua, huellero, chúcata, péchita, ventear,carcajes, jaspia, “tuesta”. Lo que exhibe a una generación en contacto con el monte, la

cacería, lo rústico.

 Y son hoy palabras en desuso. También exhibe la depredacióninmisericorde de la naturaleza: varias de las especies animales mencionadas ya noexisten o están en peligro de extinción: la totoaba, las bayas, la caguama, el berrendo, el bura, los cimarrones, el gato montés, el león, por ejemplo.

  1. En cuanto a la estructura de los relatos el recurso más empleado es la anécdota, así lanarración es alrededor de una peripecia o una ocurrencia, dónde hay ganadores yperdedores, donde uno es gracioso y otros hacen el ridículo. Es lo que en el lenguajecoloquial de la generación del autor se llama ser célebre, volverse “célebre” por lassalidas graciosas, por las ocurrencias, las agudezas, los juegos de palabras, los revires,por ser bueno para la esgrima verbal, por lo que hoy se llama “saber dar carrilla”.El episodio donde el autor despierta sentado en un peñasco, desorientado,vestido de frac, con chistera en la cabeza y un rifle en la mano podría ser una escena de una película de Fellini (158).

 3. El contenido se puede tomar como representativo de la generación de la claseacomodada de Sonora en el Porfiriato y que sortea con éxito la Revolución, hasta formar parte relevante de la clase empresarial posrevolucionaria. III. Algunas de las limitaciones del texto son las siguientes: 1. La secuencia de loscapítulos no sigue un orden cronológico en algunas de sus partes. Esto puede fácilmentecorregirse y mejorar la hilazón del texto. 2. El cuidado de edición deja que desear puesaparecen faltas de ortografía, como cause. 3. Hay también frecuentes errores en latoponimia y en apellidos difundidos en la región, como el de Balderrama, escrito

Valderrama.

 IV. De los hilos conductores de los relatos, elijo los siguientes tres:1.Las relaciones entre la sociedad y la naturaleza. El texto es un involuntario testimoniode la depredación que la población de Sonora ha sometido a la naturaleza: especiesextinguidas o en vías de extinción como el venado bura, la creciente escasez de aguadulce por el abatimiento de los mantos freáticos, la contaminación de los litorales, engeneral el dispendio de los recursos naturales –como los bancos de ostiones en el esteroSan Nicolás, al sur de Bahía Kino– y el progresivo conflicto por su acceso y uso.

Problemática hoy más vigente que nunca.

 2. Las relaciones de la población no indígena con los yaquis y seris. Los episodios detrato aquí relatados entre los blancos y mestizos con yaquis y seris se caracterizan por laviolencia abierta o soterrada, por la dominación o subordinación ejercida sobre ellos ypodían haber ocurrido en la Algeria o la Indochina francesas, entre colonos franceses ynativos. Uno de los hermanos del autor, es muerto por una partida de yaquis alzados, aliados del gobierno de José María Maytorena, una de las bestias negras del libro.

Lasdiferencias culturales, a juicio del autor, son plasmadas sin ambages, como lasrelacionadas con los hábitos alimenticios de los seris, en los años treinta del siglo XX.3. La historia de Sonora se puede resumir como la de una frontera de guerra, con unsuelo propicio para la ganadería y con un rico subsuelo minero.

Frontera, periferia ycorredor, que reúnen audacia, codicia y violencia. Dónde entre primos hermanos se roban ganado y se mientan la madre (p. 87). En las memorias de Alfredo Camou Olea esto se confirma. Nacido en el Molinode Camou, la hacienda paterna en las goteras de Hermosillo, educado con los hermanosde las escuelas cristianas en Okland, California, –pertenece a la segunda generación delos Camou educada en los EE. UU.– durante la estancia un tanto forzada que toma lafamilia durante las etapas violentas de la revo lución (1911, 1913-1915), luego degraduarse, trabaja en un banco de Los Angeles y disfruta los salones de baile angelinos,hasta que la posible conscripción para la I Guerra Mundial lo regresa a la casa paterna,para presenciar ahí un asalto de yaquis que cuesta la vida a uno de sus hermanos, a unosveinte soldados mayos y a trabajadores de la hacienda, arrojando alrededor de sesentamuertos.Aún así, es llamativa la llaneza de trato entre las familias acomodadas, como elladrillazo que el autor de chamaco le acomodó en el trasero al gobernador Rodolfo ElíasCalles. La nómina de familias y apellidos es rica y sugestiva de los vaivenes de las

fortunas y de los vínculos.

 Esta es una frontera abierta a los cambios. Y a la innovación tecnológica, másque a ningún otro. La innovación tecnológica ha sido una de las principales fuentes delegitimidad social y de utilidades económicas de los empresarios de Sonora con sentido

de progreso desde el siglo XIX.

  La hacienda del Molino de Camou es un ejemplo clarode esto: alberga una serie de actividades económicas simultáneas y complementarias:terreno de cultivo, molino harinero, criadero de ganado, tienda y cuenta con carros paratransporte entre Hermosillo y Guaymas tirados por diez mulas. Y es un foco difusor deinnovaciones tecnológicas: el molino harinero, el tractor de vapor que parecía unalocomotora –en opinión del autor, el primero en el estado–, la combinada, la cría yengorda de marranos de raza Poland China gigantes (p. 15), la máquina cortadora de trigo y la trilladora con horquillas accionada por un motor a vapor. Por otra parte, el libro incluye remedios caseros –que parecen todosrecomendables, con excepción de uno que puede averiar el colon descendente- ydescripciones de platillos y bocadillos, que poco les falta para recetas, como losvolovanes de ostión que vendía la dulcería del Truqui en la calle don Luis, luego

Serdán.

 La descripción de fenómenos naturales como las crecientes, es muy lograda, enespecial la suscitada a fines de septiembre de 1926, luego de un verano muy calurosoque se sintió desde mayo, por un ciclón que afectó el norte de la entidad y cuyosefectos se sentían todavía dos años después (Almada Bay y Medina Bustos, 2000: 393-

394).

 Por estas razones, convido a todos a leer estos relatos extraordinarios de Alfredo

CamouOlea.

 *Profesor-investigador del Programa de Historia Regional de El Colegio de Sonora,

ialmada@colson.edu.mx