POR ÁNGEL ENCINAS BLANCO /ESCRITOR Y RESCATISTA
**En su más reciente libro, el historiador Ángel Encinas Blanco nos da a conocer un capítulo desconocido de la persecución religiosa en el pueblo serrano de granados bastión del catolicismo
Llegado el momento de cambio de poderes, en 1935, en virtud de que Rodolfo Elías Calles impuso a su sucesor el Ing. Ramón Ramos, de ideas más radicales en cuanto a su marcada filiación izquierdista y antirreligosa que su predecesor, que hasta entonces de su toma de posesión, se atrevió a llamar a su futura administración como “Gobierno Socialista de Sonora”, de inmediato se** levan**tó una ola de protestas e inconformidades integrándose el llamado Centro Director de Unificación Popular con Jesús G. Lizarraga, como presidente, Ramón Zamora, Jesús Serrano, Israel C. González, Roberto B Macalpin, Silvestre Munguía, Antonio López, Ing. Vicente Gorosave, Roberto J. Chávez Camacho y Jesús María Suárez H., quienes en agosto de1935 recorrieron el Estado para palpar la situación imperante e invitaron al ya electo Gobernador Ramos a que él mismo lo constatara visitando algunos lugares, y en Bacadéhuachi, en el momento en que Ramos desde el kiosco despotricaba contra el clero, el Sr. José Terán, vecino apreciado del lugar, subió a donde estaba el go-bernador y sin más le dio un manotazo en la boca. Este, salió inmediatamente del pueblo, aunque sin hacerle nada al osado Terán.
Contra viento y marea, el Ing. Ramón Ramos tomó protesta como gobernador de Sonora el primero de septiembre para el cuatrienio 1935-39 y en el discurso de toma de posesión, dejó bien claro cuál sería la tónica de su gobierno. Dijo: “No quiero dejar de hacer hincapié en la labor conocida con el nombre de Campaña Desfanatizante, iniciada en el Estado desde hace tiempo y que si hemos de ser sinceros se ha prestado a abusos y a asperezas innecesarias, lo mismo a confusiones graves.**
“La lucha contra el fanatismo, el que en honor a la verdad poco existe en el Estado, debe llevarse a cabo mediante una persistente acción educativa.
“Es infantil pensar que la acción contra el fanatismo descansa en la aplicación de medidas administrativas y que el problema queda resuelto con el cierre de los templos.
Es menester que la obra tenga mayor amplitud, que sea ponderada y abarque otros importantes aspectos, pues sin médula ideológica que los respalde, producen un efecto contradictorio o en realidad lo que hacen es exaltar los ánimos reafirmando los mismos prejuicios que se quieren combatir, los que como dije, sólo llegarán a destruirse desarrollando una sólida y tenaz labor educativa, cuyos frutos se percibirán después de algunos años de constante trabajo.
El 23 de octubre, una partida de rebeldes, mandada por Antonio Armenta, se levantó en las cercanías de Cocorit. Se apoderó de Bacavachi y luego de Etchojoa, teniendo su primer enfrentarniento contra las fuerzas federales en el punto denominado Pozo Hondo, a unos seis kilómetros de Huatabampo, de donde fueron desalojados por la flotilla de aviones, la que arremetió contra los mismos compañeros federales bajo el mando del Gral. Juan Franco Botello, que a punto estuvo de costarles cara la equivocación de uno de sus pilotos. Los rebeldes fueron dispersados el 6 de noviembre.
**A fines de octubre, capitaneando a unos 30 a 40 hombres bien montados y armados, Manuel “El Chino” Fragoso se sublevó en Pueblo de Álamos (Ures) en protesta contra el comisario impuesto, que provocó el disgusto del pueblo y hubo uno que otro tiro en contra de La Acordada.
El 16 del mes de noviembre, mediante pláticas, el rebelde se rindió sin haber combatido formalmente.
Más, el movimiento que pudo haber tenido repercusiones más serias ya que fue originado por la cuestión religiosa, fue encabezado por el Gral. Luis Ibarra Encinas, un ex-cristero que había tomado parte muy activa combatiendo con buen éxito en el estado de Jalisco en la llamada Guerra Cristera de 1926 a 1929.
Radicado en su natal Suaqui, ocupándose de labores agrícolas al general Ibarra la sorprendió el año de 1935, época en la cual en Sonora se respiraba un clima de inquietudes e inconformidades motivadas en esto.
En Granados, el 28 de septiembre, había arribado el recién ordenado sacerdote -en la sierra por Navarrete- Juan Barceló, habiendo sido encarcelado por el presidente municipal Francisco Moreno a petición y acusado por el maestro de la escuela, Abraham Gómez.
Tal noticia se divulgó rauda y veloz por los pobladores y estos se lanzaron a la calle en actitud airada gritando:
“A libertar al padre Barceló. A libertar al padre Barcelo”.
Los policías que a su paso encontró la tumultuosa gente, fueron desarmados; al maestro le propinaron una golpiza de órdago, que no habría de olvidarla jamás, al grito de “¡No queremos enseñanza socialista!”
Finalmente se dirigieron a la cárcel y dieron libertad al sacerdote .
Aprovechando el momento de inconformidad del pueblo, el Gral. lbarra consideró oportuno adelantar la fecha que tenía planeada para la sublevación.
Y en Granados dejó lbarra al mayor Juan Noriega -padre del seminarista de Navarrete, en la sierra, Jesús Noriega Trujillo- para que operara en la región serrana y se dirigió al frente de su gente a Huásabas, y al pasar por Óputo, se le unió el presidente municipal con algunos elementos, sumando su contingente acaso cien hombres, según comen-tó al autor la Señora Magdalena López Ibarra, sabrina de lbarra, y no como propalaron los primeros informes que lo hacían ascender a cuatrocientos y en cambio las fuentes oficiales la fijaron en 150, para continuar rumbo a Suaqui, en tanto el gobiemo disponía la salida del 16 batallón de Guarnición en Hermosillo, al mando del Gral. José Franco Botello en persecución de los rebeldes.
El periódico hermosillense El Pueblo del lunes 7 de octubre de 1935, publicó la noticia de que la gente de Luis lbarra había dado muerte al Presidente Municipal de Granados, con la siguiente cabeza principal: Estalló en el norte un movimiento subversivo. El presidente municipal del pueblo de Granados fue pasado por las armas.
Uno de los regidores corrió igual suerte.
Un hermosillense (ignoraban que Luis Ibarra Encinas era de Suaqui y nunca había vivido en Hermosillo), se hace llamar General Jefe de las Operaciones del Ejército Popular Libertador. El carácter de la rebelión es Cristera, aunque los “Cristeros” de lbarra no mataron en Granados a ninguna autoridad como lo desmintió el Sr. Néstor Fierros Moreno, quien estuvo cerca de los acontecimientos y escribió en El Imparcial el 17 de agosto de 1986, bajo el título “Los Cristeros en la Región de Huásabas y Granados”:
“Después de los acontecimientos en que el cura Juan Barceló fue encarcelado por el presidente municipal de Granados y por instigaciones del maestro socialista del lugar Abraham Gómez, un día llegó el correo que en esa época corría Manuel Acuña, ayudado por J. J. Martínez (Chiquino) se había suscitado un incidente donde había muerto el presidente municipal, el jefe del destacamento y dos soldados.
Según el Sr. Martínez estuvo así: “Veníamos Acuña y yo de Moctezuma con el correo, al llegar a Granados nos encontramos con la novedad de que un soldado llamado Madaleno, había matado al teniente Quijano, andando bajo los efectos de la marihuana; también mató a otros dos soldados, y al intervenir el alcalde Rafael Arvizu “El Chato”, también lo mató el sold**ado rebelde al querer imponer su autoridad. Arvizu era de acción que militó en las tropas de Obregón, tuvo más valor que el teniente Quijano al enfrentarse al rebelde, que le atinó primero.