POEMA ÍNTEGRO”CANTO DE FIDELIDAD A SONORA

DEL NUEVO LIBRO DE FRANCISCO ELOY BUSTAMANTE

El periodista y escritor sonorense Francisco Eloy Bustamante radicado desde hace algunos años en Magdalena de Kino lanzó su nuevo libro con el cual sumas seis en su haber literario.

   La obra recién editada se suma a la zaga de poemarios que el escritor ha venido produciendo, dedicado en esta ocasión a Sonora su tierra, abarcando paisajes visitados en la infancia y en la época juvenil.

“Es este el segundo tomo de poemas hilvanados al paso del tiempo, lo hacemos esperanzados en dejar alguna huella, un pretexto para que nuestros nietos los lean, y quizá los recompongan”, cita el poeta a la vez que nos invita a leer la obra a la que ha titulado SONOT “Canto de Fidelidad a Sonora”,

  Francisco Eloy Bustamante es un promotor nato de la cultura y en especial de la historia y la poesía recogiendo aquí y allá paisajes sonorenses: “Por ello, a ese SONOT le cantamos en este libro, un canto nuevo embargado por la infantil oportunidad y la postrer época juvenil tan emocionante de recorrer casi todos sus pueblos y rincones, por lo que el poeta no puede sustraerse de ofrecer, antes que guardarse para sí mismo, tanta alegría de haber nacido en Sonora. Que sea este un tributo perenne a mi patria chica”.

  Comenta el poeta que SONOT, es una palabra ópata que aparece de vez en cuando en alguna modesta escuela rural, en alguna línea de camiones transportistas; la escritora Enriqueta de Parodi escribió la leyenda de la Princesa Ópata Sonot, pero pocos conocen el verdadero significado;

 Los ópatas por aquellos años de la conquista eran muy numerosos en el noreste de Sonora; acostumbraban usar como plato de comida las hojas del maíz, a las que llamaban Sonot.

  Las guardaban muy bien y cada que tomaban sus sagrados alimentos las usaban utilizando sus dedos como cubiertos.

   Esta es una de las hipótesis más aceptables de donde deriva el nombre de Sonora, en vista de que los nativos  incluso  tuvieron un pueblo con el nombre de Sonot muy cercano a Huépac, y los iberos llamaron a esta parte río de Sonora, tomando el nombre del pueblo que debió estar muy poblado.

ORACIÓN DE FIDELIDAD

A SONORA

Sonora yo te seré siempre fiel

pues del cielo te viene la magia

por cuanto hierve la arena

de tus amaneceres

El desierto te pinceló

con fuego deslumbrante

remarcado con el verdor

de las pitahayas

II

Sonora soy tu habitante

moldeado como arrecife

en un trozo de playa

de Punta Chueca

Soy una roca en el acantilado

del cajón del Cucubabi

III

Soy tu voz mi Sonora,

por mis ojos sale la luz

de la planicie,

de los valles y los ríos.

Soy tu pulso

con el ritmo

de tu palpitante

corazón de venado.

IV

Soy la distancia,

el olvido y un grito

en la provinciana comarca.

Y desde este sahuaral cósmico

pido a gritos

a mis hermanos mexicanos

escuchen mi canto,

lanzo en un nuevo Plan

sin más armas

que el fusil bravío de la poesía

V

Soy un mestizo sojuzgado

y sojuzgador descendiente

de la sangre de la bravía

raza yaqui

y llevo los apellidos

de los colonizadores.

Tu bondadosa riqueza Sonora

me da valor

para nunca ser menoscabado

en mi integridad de norteño.

VI

Tengo en ti una ancha beta

un caudal de aguas milenarias.

¡Qué gran dicha y orgullo!

Soy de la estirpe de las Sonoras.

Nací en el valle de los Corazones

y un manto de flores de vinorama

me arropa a mi regreso

por cualquiera de tus fronteras

perfumando mi equipaje

las pencas de los apiarios

en la gran nación ópata.

VII

Sonora mía y de mis padres

de la sierra te sobrepujan

los vientos de dancísticos vaivenes

susurrando el valle agreste,

las presas, los ríos,

todo en tu territorio

con su música de bellotales.

VIII

Salir de ti Sonora

ni falta quiero, ni pido nada.

Tus soles me ven pasar

con mi sombrero de ranchero

trepando la yegua cebruna

o sentado justo en el banco

frente a la chimenea

a los pies de mi tío

Emiliano Maldonado

en las noches

de prolongadas horas

de amenas narraciones

en la apacible finca de Tecorechi.

X

En Bacanuchi escuché

rasgar la guitarra

con melancolía solitaria

Percibí a la sierra del Manzanal

con su aroma

consintiendo como nadie

a los campesinos

La chúcata tiñó mis dientes

masticada al son

de rítmicos cascabeles

VIII

En Cuchuta vibré

y me desbordé en sus alamedas

Me deslicé por tus cerros

a lomo de mi caballo

delante de la furia

de los culichis

sin poder lamer la miel

de sus enjambres

IX

En Baviácora comí

con la fruición de la cobra

el atole de harina descascarada

llevando en las manos

puños de piloncillo

desquebrajado

Bajé de la casona

de papá Pancho

a lavar nixtamal

en la acequia del alto

Comí punto en el trapiche

de mi abuelo Miguel.

Me nutrí con camotes asados

cosechados por los nacoritas

Me fortalecí con magra carne

de ardillas guisadas

con chile colorado.

XI

En tu río Sonora

me sumergí

junto con mis hermanos

mientras la parentela

dormían

la siesta en Banámichi.

Y eso fue lo más caro

pues sucedió

en nuestros años tempranos.

Los cuatro juntos

Miguel, Octavio,

Mario y Francisco Javier

¡Cómo no amarte mi Sonora!

XII

En Banámichi dormí

sentado en un catre

capeándome el ataque cruel

de un ejército de zancudos

salidos de la oscuridad reinante.

Y en Chinapa

en casa del mi tío Emiliano

mi paladar probó

los biscochuelos de bellota

y el pipián de conejo

preparados por la abnegada

Tía Carmela.

IV

En Bamori dormí

por retazos

arrullado

por el quejido lastimero

de una ancianita

en las postrimerías de su existencia

Su alma como paloma sin asidero

ansiaba la luz de un nuevo día,

Tormento que le vino,

todo por haber ejercido

la hechicería.

XV

En Aribabi me detuve

ante el cansancio

de los malos caminos.

Una cazuela me supo a gloria

en la inolvidable

posada de los Proto

Sus hormigueros

se nos vinieron encima

saliendo de su laguna

a fuerza de carrera

con las piernas varadas.

VI

Aribabi en tu Sierra Azul

conservas un tesoro

del que todos hablan.

Y yo velo por tu leyenda

compañero apache.

En Cocóspera vi residuos

de tu pasada colonia francesa.

Ruinas de Cocóspera

las huellas de Kino

son tu tesoro

descubierto en la imaginación

de un niño

guardado con celo

en las páginas de tu acervo.

VII

En Soyopa tomé la siesta

en tu palacio municipal

en cómodo piso

sobre un tendido.

Pensé en ti mi Sonora

y me arropó tu alma

de niña rubia,

me dio calor tu pureza

de garambullo

y me desperezó

tu sabor de Tezcalama

Todo el pueblo de Soyopa

está impregnado

de la aroma de la vinorama

y el chilicote

IX

En pueblo de Álamos

estreché la mirada dulzona

de sus ancianos

Abracé la ternura

de sus niños

Me sumergí en el pozo

de su humildad

Con su rústico frescor

compartí de los baldazos

para el ganado

La rondanilla sube y baja

sus esperanzas

XX

En Sahuaripa se me

rellenaron los dientes

de fragancia

al hincarlos

en un trozo de requesón.

Silbé de calor

tragando un largo

buche da Bacanora.

Coronando mi valentía

por todo lo que no fueras

mi Sonora

llevándome a la boca

sin remilgos

un par de chiltepines

sopeando el menudo

el más rico que jamás

haya probado

tuvo que ser de Sahuaripa.

XXI

En Mazocahui conocí

mi soledad de niño

Sólo mitigada por fortuna

por gente tan amable

Devoradores

de tan suculenta machaca

envuelta

en tortillas sobaqueras.

Fue culpa del tío Arturo

y de la temible Acordada

me viera en semejante aprieto

de esperar un milagro,

ver a don Arturo Villescusa

liberado y yo al fin

en camino rumbo

a casa de mi tío Gilberto

Con la ropa ensangrentada

un viejo y un niño

se vieron solos en la sierra

de Mazocahui

cargando un becerro

sacrificado a medias

por un abigeo

XXII

Qué experiencia mi Sonora,

a mis tiernos nueve años

Después habría de saber

que toda tu tierra

estaba plagada

de temerarias aventuras

¡Oh mi Sonora!

el espíritu de mi Dios creativo

entró de lleno

y compró carta

de naturalización

en Mazocahui tan tranquilo

tan bucólico y aromático

con sus aldeanos correteando

el venado por sus cerros

tomando rumbo

a San Pedro de la Cueva

por el cercano

arroyo de la Junta

XXIII

En Bacadéhuachi

sentí la libertad

y me llegó el fervor religioso

Subimos por la acequia

piedras arriba,

al baño improvisado

de mi amigo

Rodolfo Rascón Valencia.

Los Ciriales

abrevadero de guajolotes,

paraje insospechado

que conocimos cuando ambos

festejamos una Semana Santa

en este pueblo tan admirado,

cuna de nuestro amado

Presbítero

don Luis María Valencia

XXIV

Tu templo de San Luis Gonzaga

me traspasa a una

fortaleza Franciscana

donde quedaron grabadas

las rodillas

de tus antiguos moradores

presas de temores

Y ocultando

el alma en Dios

y en tus muros

con tus acogedores

y amplios escondrijos

Bajando por tu túnel,

subiendo por tu altar

en múltiples y suplicantes oraciones

buscando librarse

del temible Jerónimo

y sus apaches depredadores

XXVI

Sonora, te tomo la palabra

me quedo con Bacadéhuachi

dame un catre y una palangana

y la sonrisa herbolaria

de Rascón Valencia

Y chingo a mi madre

como él mismo dice

si no te soy tan o más fiel,

mi recóndita Sonora

XXVII

Sonora, vine a tu mundo

en la clínica obrera

de mi Cananea

Pues el Señor sabio

de increada bondad

con toda justicia

y razonablemente acertado

hizo de mi Cananea

la puerta del infinito cielo

XXVIII

El jaralito, el Cañón de Evans

y el Ojo de Agua conforma tu trinidad

Aquí nací a la vida poética

en un paraje muy mío,

un Venerito

anegado ya por un represo

de aguas negras malicientes

Mi padre acarreó leña

de tus alrededores.

Mis hermanos

y yo cargamos sacos

de nueces y bellotas

Tu Ronquillo,

la Mesa Sur

y la Cananea vieja,

son tu tronco y extremidades

El barrio de mis amores

el Cementerio Viejo

es ya un plantío de flores

por gracia y ternura de los niños

que corretean por el patio

de la escuela

Esteban Baca Calderón.

En este barrio conocí el amor

de una linda muchachita

Palpitando los dos

al leer libros de poesía

Cananea,

cuando partí de tus calles

y de tu plaza

dejando atrás

no sin desgarro

tu vista, pueblo amado,

arranqué a mi paso

dos flores

que guardé en mi cerebro

Muy cuidadosamente

en cada hemisferio

para purificar mis pulmones

de minero

Para lubricar

mis ojos de provinciano

Para cubrir mis manos

de hijo honrado.

Sin estas dos flores

de aroma perenne

no daría ni un paso adelante.

No volaría ágil y con libertad

por tu cielo mi Sonora.

Ni lucharía con tanto denuedo

por tu sobrevivencia

alzando la voz

para combatir la injusticia

e impedir se horade tu fisonomía,

tú patrimonio y tu historia.

En Cucurpe me convertí

en un cíclope renacido

en una Padre Kino trashumante

en un halcón devorador

de siglos.

Tus Santos Reyes con su cantera

sus arcos tronchados

dominando el valle

me arrojaron a arenas movedizas

del letargo.

Y lloró mi tercer ojo

al no poder contener

la dicha contenida en mis

robustos pulmones

al verme parado

justo en el altar,

en la sacristía,

en el campanario

No sé de cierto,

pero quizá tal lo hiciera

en anteriores

reencarnaciones

dentro de otro cascarón

color péchita dulzona.

Caminé con la mirada

la ruta de Cucurpe a Cosari

sobre el caballo que a Kino

trajo desde lejanos confines

a quedarse por siempre

en ti mi Sonora misionera.

XXXI

En Arizpe sentí tu bendición

de la Sonora centenaria

pues bajé a las aguas bautismales

de la genealogía familiar.

Amé a tu pueblo ex capital

CIUDAD PRÓCER

por haber cobijado

a la estirpe de mis antepasados:

los Bustamante,

los Molina,

los Maldonado,

al tío Adrián,

al tío Emiliano,

al tío Francisco,

al tío Feliciano,

la tía Arcelia.

Tus campanas

iglesia de la Concepción

de Arizpe llaman a perfumar

tus calles con cánticos

y oraciones labrantías.

Tu nombre

de aroma de tejocotes

despierta mi sed

de hijo estremecido

para cargar en mi valija

por toda tu geografía,

mi tierra Sonora,

en un prodigioso

y bienhechor

trozo de tu hidalguía.

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