Manuel Murrieta, escritor

“Uno de los más destacados escritores sonorenses de los útlimos viente años, Manuel Murrieta ha sido testigo y cronista de nuestra realidad como grupo social en la región, en el país y en el mundo. Mago de la confrontación de culturas, alquimista de alfabetos saludables.”
       Mario Fernando Rentería

  FECHA Y LUGAR DE NACIMIENTO: 28 de mayo de 1959, Ciudad Obregón, Sonora, México.
  ESTADO CIVIL: Soltero
  DIRECCION ACTUAL: P.O. Box 1525 Phoenix, Arizona  85001.  USA. Tel. (602) 625-3311 y (480) 860-1595. Fax (419) 821-5046. Correo Electrónico(E-mail): cultura@goodnet.com

Entrevista personal con El Dr. Manuel Murrieta, publicada en el Semanario “Primera Plana”, el 23 de julio de 1999, bajo la conducción de Mario Fernando Rentería:

- Hasta donde recuerdo, tu primer contacto con el periodismo fue en los “telex” de El imparcial

  La experiencia también fue muy grata porque se aceleró mi agudeza mental; El imparcial utilizaba esos puestos como una especie de entrenamiento, para después mandarte a reportear, lo cuál sucedió conmigo.

- ¿Ya escribías desde entonces?

 En Tlaxcala, en un pueblito que estaba casi al pie de los volcanes, me quedé casi un mes con los campesinos, como voluntario. Allí, por azares del destino, en una radio que estaba en una de las casuchas, sintonicé XEDM de Hermosillo y me empezó a brotar la nostalgia por la ciudad, por la familia, por todo lo que tengo aquí y empecé a escribir una carta diciendo como me estaba yendo y la carta se transformó en un poema. Eso lo sé ahora, antes no sabía lo que era.
  Envié la carta a mi casa. Primero se sorprendieron y luego se preocuparon, orque estaba transmitiendo sentimientos muy fuertes, que les hizo preguntarse qué le estará pasando a Manuel, que está escribiendo cosas tan emotivas. Allí fue donde me di cuenta que tenía cierta facilidad para transmitir emociones, expresar sentimientos a través de la palabra.

- ¿Qué edad tenías?

También fui a pedir trabajo al periódico Información.
  Llevé mi bonche de poemas, el diario que había hecho del viaje y muy angustiados me veían y me decían que no necesitaban poetas, que lo que les hacía falta eran reporteros. Yo conocía la sección “Bogavante” de Alonso Vidal y no te miento: una de las razones por las que me acerqué a Información era contactarme con Alonso y buscar que se publicaran mis poemas en “Bogavante”.
  Inmediatamente me mandaron a reportear, me dieron una libreta y una pluma y me dijeron: “Tú anota todo lo que digan y aquí nos arreglamos en la redacción”. Y sí, fui y volví con la libreta casi llena con todo lo que había visto y oído, esa vez fue la inauguración de una escuela, no sé…
  Prácticamente allí me formé como periodista y las vivencias que me daba el periodismo las utilizaba para escribir mis trabajos literarios, por lo general poemas o crónicas.

  A mí me daba mucha libertad de escribir y de contactar, precisamente, a toda esta generación de escritores y artistas, hasta políticos que empezaron a generarse a raíz de sus pasos por el periódico. Fue una época, ahora se puede decir con nostalgia, cierto romanticismo, en la que se generaba una gran libertad de expresión, por el nivel de cultura e información que teníamos quienes participamos.

Podría decir que eran los más cosmopolitas que se podían encontrar en la ciudad, informados de todo lo que pasaba en el mundo, en la nación, Latinoamérica, Hermosillo, con un flujo de ideas muy abiertas, con tolerancia a las diferentes formas de pensamiento y con diferentes líneas de ver las cosas, cosa que no se daba en los otros periódicos porque las líneas editoriales estaban muy marcadas. Entonces se dio en Información un florecimiento de ideas, un florecimiento de géneros, de experimentación que se canalizó en diferentes proyectos y se manifestaban cotidianamente en el periódico.

- ¿Después te fuiste a Los Angeles?

- Pero no dejaste el periodismo. Seguiste cerca de los medios Hermosillenses?

- ¿Eso fue en el 90?

  Con este ensayo hice mi tesis para obtener la licenciatura en la Universidad de Sonora, después le di una pulida para hacerlo más accesible y llevó por título “ Mi letra no es en inglés”, aprovechando un verso de uno de los colaboradores de El Tucsonense.

- Más adelante ganaste otro premio aquí, pero esta vez de periodismo. ¿En qué género lo ganaste?

La crónica que ganó el Premio Estatal de Periodismo 1993 hablaba de los niños de la calle que se meten a los centros comerciales o a las cafeterías tipo Sanborn’s… “El tranvía” era en aquel entonces, y voy narrando que pide limosnas a los comensales, reune una cantidad de dinero y luego se lo gasta todo en las maquinitas de videojuegos. Así se llama la crónica: “La seducción de los videogames”
  Cuando concluí ese ciclo, decidí continuar los estudios y hacer un doctorado en la misma universidad.

- ¿Te concentraste en lo académico?

  Tengo una revista de tipo cultural llamada Culturadoor, que nació en el Departamento de Español de la Arizona State University, como un proyecto estudiantil, para expresar la voz de los hispanos que vive en Estados Unidos, a través del ensayo de divulgación y los géneros literarios. Eso nos dio pie a recibir propuestas de gente que quería publicar sus textos.
  Entonces, de ese nivel experimental, al graduarnos me decidí a no buscar trabajo en ninguna institución, sino a profesionalizar de una manera más estable los proyectos editoriales que ya había logrado concretar.

 Creo que tiene sus potenciales y sus ventajas, porque una vez que agotas la opción de los premios como medio para que te publiquen, puedes seguir tratando a nivel nacional o internacional, pero de aquí a que peguen, es largo. Tampoco quiero repetirme en los mismos concursos, a ver si me publican.
  Tampoco puedes optar , con tus manuscritos, a someterlos a las grandes editoriales nacionales o internacionales, porque nadie te conoce. Si te conocen, tardan dos años en publicarte el libro, tiene que pasar por un consejo editorial, luego te publican tres mil ejemplares, esperar algunos años para que se vendan todos y poder recibir cien pesos de regalías.

 Entonces, en ese sentido, empezamos a organizar una serie de alternativas, para ver como podemos capitalizar una editorial global, internacional, que tenga su base en Phoenix y en Hermosillo, y empezar a publicar obra creativa y obra ensayística; de allí que haya nacido la Editorial Orbis Press, que he fundado y que presido. Desde mi graduación del doctorado, en junio del año pasado, ha sido mi manera de sobrevivir, lo cuál es una seña de que hay potencial y hemos recibido ofertas para editar, diseñar y publicar libros de gentes que trabajan en instituciones como la Universidad de Colorado y hay ofertas muy reales para editar obra a grupos e instituciones de diferentes lugares de la unión americana.

- ¿Cuántos títulos llevan publicados?

- Platícanos algo de tu experiencia europea.

  Al sentir que ya tenía esa madurez, remotamente pensé que ya estaba preparado para ver otras realidades distintas a la nuestra. Empecé a manejar una crónica que tuviera el referente mexicano, regional, para atestiguar otras regiones del mundo. Se gestó el viaje y me propuse hacer un libro de crónicas europeas. También ya esta en proceso. Todo esto me conduce a un ciclo que ya está por cerrarse, de hacer crónica regional, del lugar de origen, cronicar la región que te rodea y finalmente hacer crónica global, que es un proyecto muy ambicioso… me podrán acusar de lo que quieras, pero es una de las inquietudes que he tenido desde que empecé en el periodismo.

  Esos “telex” del El imparcial que llegaban de Dinamarca, de brasil, de tantas partes, decían que se puede estar en contacto con el mundo, las comunicaciones están abiertas, hay que tener los conocimientos, los contactos y hacer los recursos para poderlo lograr y aprovechar las circunstancias para estar allí aunque sea sin recursos.
  La intención es ver el mundo que nos toca vivir, atestiguar ciudades, monumentos, personas claves, que han moldeado nuestra civilización. Ser testigos de tu mundo y de tu tiempo.

DEL LIBRO: DE VIAJE EN MEX-AMERICA:
Pág. 139-142
Autor: Manuel Murrieta Saldívar

LA SEDUCCIÓN DEL VIDEOGAME

   Apareció de repente como desaparece el dinero. Cara chorreada, terlenka verde podrida, un olor a pobreza esparciéndolo en la atestada cafetería. Suponían no verlo, aunque lo olieran. Pequeño de edad, pero aún más de posición social, nunca realizó el típico ademán de limosnero para solicitar ayuda; en cambio, a fin de convencer a la clientela, derramaba una versión patética y cruel, una historia de marginación propia de un infante hambriento y olvidado que ha soportado ya nueve años de edad. Precavidamente, en forma brusca, pedía unas cuantas monedas o billetes. Todo indicaba que en caso de recibirlos de inmediato, optaría por retirarse evitando así narrar, por ejemplo, el ebrio vicio de su padre muriéndose en los fantasmas del trago sin haber llegado siquiera a una institución de rescate.

Pero en caso de no recibir dinero, se preparaba para despertar el interés, la curiosidad, el morbo de los clientes que luego le exigían desenmarañar su trágico y breve viaje por la tierra. Ya preparados, le lanzaban preguntas inofensivas para recibir a cambio de latigazos de una realidad infantil susceptible de conmover a cualquier conciencia y corazón. De esta manera, tras mencionar su nombre, Juan Alberto Granillo avanzaba la miraba, en natural caló, los detalles impactantes de su sobrevivencia trotando en los barrios situados al pied de los cerros del oriente de la ciudad. La ciudad que lo ignora. Las imágenes que evocaba no eran metafóricas: Son tan reales como su estómago semivacío, quizá poblado parcialmente de parásitos provocadores de anemias.

Entonces venían a la mente de quienes lo escuchaban cómodamente sorbiendo café, la visión de una casa de cartón negro donde viene una madre enflaquecida que abandonó al marido. Había sido así  ---continuaba--- porque existían a medias sumergidos a diario en el aroma alcohólico, sin capital suficiente para seguir sufriendo menos. Seca y rápidamente el pequeño balbuceó: “Mi ‘amá me manda a pedir dinero porque no tenemos de qué vivir. Ah! Y yo no voy a la escuela…” Cuando consideraba que aún no convencía, utilizaba otra estrategia: alargar su tragedia prematura para impactar con sus dos hermanos menores robados de las manos de la madre, la cual andaba en llantos, la desesperación por no saber el paradero por las causas de ese rapto inesperado. Los bebedores de café, ya sorprendidos, callaban mirándose mutuamente, como sabiéndose conmovidos.

Es que no era necesario hablar para depositar los pesos en las manitas desconocidas de Juan Alberto quien ya exigía sin itmidez: “Andele pues, denme dinero…” Y durante esa tarde de la cafetería instalada en el establecimiento comercial, mientras se percibía en el ambiente helado el murmullo penetrante del consumo y de las grandes compras, el pequeño recibía el pago por concepto de su pobreza trágica.

Entonces resurgía magistralmente su sonrisa olvidada, el rápido y hermoso latir del corazón captando la inminencia del apoyo económico de los extraños, la extensión, la apertura de la fresca palma de la mano recogiendo la cálida aportación que va a servir para comer al otro día, para evitar que la madre lave más ropa ajena con la fuerza de su sangre, para aliviar esa situación de heridos de muerte por el mundo. Cuando recibía la limosna, brotaba un leve silencio o obstante quedar algunas dudas flotando entre los departamentos de la tienda contigua.

Algunos caritativos consumidores de café, no les preocupó para nada si las historias del chavalillo tenía rasgos de autenticidad; simplemente donaban la feria sobrante y proseguían la tertulia como queriendo alejarse lo más rápidamente posible, aunque su interior hiciera un esfuerzo por tomar conciencia de que el niño no era el único pobre del rumbo, sino que existen otros, más, muchos, muchos pobres, pobres. Por su parte, al recibir la ganancia, el chico corría como animal sediento que mira pasto fresco después de una temporada de sequía. Y olvidaba al resto de sus potenciales clientes, al producto de tragedia y marginación que vendía tiernamente para convencer.

Y sus pies y el hambre lo ataban al brillante piso del mol, y caía seducido por las infinitas palomitas de maíz, el olor a pan, a tortas, a botana del kiosquito, la ropa que atraía pero se escabullía, las fotos y las cámaras del establecimiento fotográfico, y allá arriba, en el piso segundo, el manjar de las televisiones danzando coloridas, los estéreos y videocasseteras, aaah, y los visibles juguetes infantiles de donde resaltan las bicicletas, los balones, los transformers, carritos electrónicos, todo, todo eso gozado tan sólo en su imaginación por los precios inaccesibles para una bolsa casi vacía de monedas gratuitas. Entonces vagó ebrio de impotencia consumista: Saltó den las escaleras eléctricas, se sentó sobre la tersura de los sofás, absorbió la ambrosía de una camisa nueva, paralizó la mirada frente al videoclip, tocó la vitrina de la relojería pensando quizá en el atraco y tarareó una canción de Menudo en la sección de música.

 Es decir, disfrutaba de su libertad infantil únicamente condicionada, limitada por la ausencia de monedas para la diversión. Pero al bajar de nuevo al mol, mecánicamente, en pasos peristálticos, como un instinto nato, atraído por la inconciencia, en la búsqueda de un placer largamente pospuesto, sentenciado ya por el “me vale…”, lo hicieron dirigirse al salón de juegos electrónicos que bullía de ruidos semejantes a los de una guerra nuclear.  Fue cuando ignoró la pobre soledad acartonada de la madre, cuando evadió, en un esfuerzo de ayuno casi místico, la presión crónica del hambre y transportó al padre y hermanos a la inexistencia, olvidando de un chispazo la filantropía de los clientes de la cafetería:

Cambio los pesos de limosna por el “token”   –good time, fun for all—la moneda especial para la máquina, y no se resistió jamás, no titubeó. La depositó. Surgieron entonces en la pantalla esas figuras bélicas simétricas y amorfas que había que aniquilar con saña, descargar la destreza y habilidad del apetito de destrucción, disminuir fugazmente la frustración y decepción mientras aumenta el score para convertirse así en el pequeño pobre más feliz de su universo. Y como con anteojeras, enfocado sólo en esos puntos luminosos, imantado por el cristal eléctrico, sonriendo solitario, plácido, ebrio, éxtasis de disfrutar el secreto de la vida, parecía querer eternizar ese momento de fuga mientras la realidad de su dinero de limosna se volatizaba, se extinguía, se unía a las enormes ganancias del establecimiento comercial colmado desde mucho tiempo atrás de insultantes riquezas…

DEL LIBRO: Poesía Sonorense Contemporánea 1930-1985
              Autor: Alonso Vidal
              Reseña del libro:  Recolección de la poesía Contemporánea de Sonora desde
           1930-1985, donde Vidal describe a los autores e interpreta
            los móviles y sentimientos de los poetas para cada uno de
                          sus poemas.

Not

a: lo que a continuación se escribe son interpretaciones en boca de Alonso Vidal para la letra y trabajo de Manuel Murrieta.

Manuel sabe tal vez aquello que señaló René Char, de que los actos no son más que la consecuencia de los enigmas de la poesía. En medio de la poesía existe un contradictor que espera. Es el soberano, y hay que luchar lealmente con él. La poesía le salta a flor de piel, la emana, la suda, increíblemente.

      No fue ayer cuando traté de decirte
                            no fue mañana cuando te dije adios
            ni fue el presente siempre vivo que te cubre.
                    Es lo que me trae a olerte
             Lo que quise desabaratar en esta rosa
                  Fue lo que fue lo que me dijo ven
            Es lo que saltó cuando el cantar fenece.

Se da cuenta que el poeta es el barquero en viaje sobre todo aquello que prefigura un orden , es decir: un subversivo orden.

    A la espera del hallazgo vienes empapada sin la sombra
  Mientras mis manos se sientan en la atmósfera
  A deletrear tu beso que no flota en las ciudades.

Se ha creído y creo con razón, que es deber del poeta el dar sentimiento de pasión a las cosas insensibles, algo así como la propiedad de los niños de coger cosas inanimadas y, jugando hablar con ellas como si fueran personas vivas:

  No hay encubrimientos: es el amor indefinido que revive
     es la estrella de la frente que renace
     es mi encuentro que finaliza en un detalle…
  No esperes nada de mí de oscuridad
  No me digas de tu encuentro
     canta y ríe contigo
   sueña y vuela
            mariposa
     porque sin son ni el aire
         todo fin y camino
             es apenas el inicio de la búsqueda

El poeta se afana. Es la canilla de la poesía dando chorros de vivencias. En estos fragmentos que entresacamos, de aquí y de allá, de sus poemas, sentimos cuando el pensamiento se desprende de sus raíces; el ser ve claro, interpreta en sí el sentido de un lenguaje distinto que desea traducir este contacto. Y es que hace lo posible por moverse en torno a esta lucidez y ordena el golpe que viene desde dentro, de lo interior:

     En este histórico segundo he tenido tus hombros en la frente
  conté aire con aire tus mil cabellos
  que rayan en ausencias
     En la etapa contemporánea nadie vino a declarar caminos
  con entre cerrojos se clausuró la búsqueda
  en caídas de manivelas se estrelló el mirar
  y ahora te encuentro esparcida en el espacio.
      Te hallo, te invento, te sumerjo y me contengo,
  te soplo, te río, te digo y no me tienes.
  camino helado entre los pastos secos
  te llevo aquí y no en los sueños
  y me entristezco cada vez que recuerdas un viaje

Va Manuel por el territorio abierto de la poesía pisando la audacia, es decir con la gracia total de inventar, de hacer. Hay en los poemas de Murrieta algo así como un amor alucinado, algo que le mueve el ánima para seguir hablando:

  Ha regresado la sierra a tus manos
  Y me conformo con una montaña
  Eres las alas que buscan los pájaros
  Porque tus vuelos se beben los llantos

Es indudable que a Murrieta la experiencia periodísitca le ha dado material de sobra para fortificar sus vivencias. Ella lo ha empujado a darse cuenta de una realidad viva, algunas veces detonante, dolorosa; otras alegre, optimista. Dentro de sí, ha ido forjando el contrapunto tan necesario para la creación.
Y es que como reportero no se conforma con sólo tomar nota y escriturar el sucedido, el acto, la manifestación. Él va más allá. Como un gatito noble observa, analiza, escarba, profundiza. Toma el guante como viene, de quien viene y no le importa. Él insiste y además insiste bien. Por ejemplo:

        Hoy la vida carcajeó en las avenidas
  queriendo despertar a los recuerdos
  y saltos y brincos los cazaron
  para que tras banqueta surgían unos encuentros
  como diciendo ven
  la calle no te olvida
  como diciendo ven
  la calle es nuestra.

Y es que todo lo que ve saca provecho

      La noche es estrafalaria para dejarla muerta
  el mar no busca su rostro en los amaneceres
  la vida siempre que atrapa sobrevive

  la muerte llama a diario a los que se descuidan.

Es tan reconfortante sentir, creer y pensar con emoción que el periodismo cuando se transfigura, se metamorfosea: humaniza. Y ejemplo de ello en todo el mundo hay a pasto. Pero que esto suceda aquí en Sonora, sencillamente enaltece, enorgullece, conforta.
Y Manuel Murrieta no se queda nada más ahí. Él sabe que l poeta es el hombre que conoce el drama del tiempo que se juega en el espacio, y el drama del espacio que juega en el tiempo. Por eso es que:

     Aquí las jornadas están muertas
  o van rodando aplastadas en la grava
  y se incrustan junto a los salarios
  y en las necesidades que esclavizan.
  ¡Sal del cuadrado asfalto y busca el otro!
  el otro es largo: cascada negra sin naciones
  o infinito, que marea, como la tierra del que siembra.

Por otro lado en muchos poemas se detectan sus correrías de andariego y es ahí donde se iluminan nostalgias. Esto que escribió en Iowa, USA:

     Fue como inventar lo tibio de mi casa
  Bajar las surianas estrellas del desierto
  Para enamorarlas como luciérnagas azules
  Ávidas de brillantes cascadas espaciales.

También le gusta jugar con las imágenes, pero en ello muestra filamentos bien profundos: Esto por ejemplo:

    ¿Qué vi a mi alrededor cuando moría?
  que’s que el desierto brillaba sin espuma
  que’s que la luna lloraba como llanto
  que’s que la siesta sonaba entre el silencio.

Pienso que Manuel está de acuerdo con aquello que Víctor Hugo repitió varias veces, aquello que “dentro de uno mismo es donde hay que ver lo exterior”. El profundo y oscuro espejo está en el fondo del hombre.
Tal vez por eso dice:

     Ya veo tu sombrero sin aplausos
  que es como la sombra con la luna
  lo veo y lo releo y dice que no dice
  Ahí vas entre las nubes como muerta
  Y caen gota a gota marionetas.

Sabe mostrar también su gracia ligera y su destreza como cantor lírico:

  No vi tu regreso entre las torres
   ni tomé tu cabellera sin el aire.
  Yo canto como nadie a la marea
  y veo que te sientes como sueño
  ven y mírame el camino
  saldrá algo atado a tu destino.

Fuente:
Desconocida

Colaboración:
Fabiola Flores Juvera