HERENCIA SONORENSE: Los Morales de Ures

*Sus fuerzas fueron los sectores agrícola, ganadero y minero; ellos conformaron un extenso latifundio en la región sonorense

Por Juan Ramón Gutiérrez

Considerada como una de las familias más poderosas de Sonora, su poder económico se concentró principalmente en el centro del estado, en especial en la región de Ures.

Sus fuerzas fueron los sectores agrícola, ganadero y minero, conformando con el paso de los años un extenso latifundio: esta familia fueron los Morales.

Oriundos de España, al igual que los Romo y los Arióstegui, pioneros de esa región, el patriarca de todos ellos, don Lauro Morales, fueron dueños de algunas propiedades como las haciendas de San Rafael, Guadalupe, Santa Rosa, Santa Rita, San Felipe, El Saúz y La Noria de Romo. E

n ella se lograban importantes cosechas como el trigo, maíz, alfalfa, frijol, caña, lenteja, garbanzo tabaco, papa y algodón. Toda esta riqueza, la lograban gracias a la corriente del río Sonora.

En San Rafael existió hasta los años 30 un moderno molino harinero que hacía la competencia al “Urense”, propiedad éste último de don Francisco F. Aguilar.

La harina, de excelente calidad, era empacada en sacos de 68, 45 y 23 kilos respectivamente y era utilizado un sofisticado equipo mecánico para moler el rubio cereal levantado de las extensas sementaras.

El citado molino era movido por una fuerza hidráulica y motriz que era utilizada independientemente, además de la corriente de agua, se utilizaba también una planta de vapor que ponía en movimiento una turbina Leffel, marca Swanson 17-B.

Hoy del molino no queda nada, salvo los pisos de cemento dentro en el patio de una moderna casa, además del cauce de la acequia que llevaba el agua.

Los descendientes que en 1904 trabajaban estas tierras fueron los hermanos Francisco de Paula, Eugenio, Alberto y Arturo que bajo la denominación de “Lauro Morales Sucesores” controlaban sus negocios desde una oficina establecida en la ciudad de Ures,  por medio de una línea telefónica.

Propulsores del ferrocarril

Siempre interesados en el progreso de la región, los Morales se entusiasmaron, gracias al ciudadano suizo-hermosillense y dueño del molino “El Hermosillense” (Hoy “ La Fama”) don Eduardo Sturzenegger, halar la vía del ferrocarril que en 1904 llegaba de Torres a La Colorada y el Represo de Monteverde, distante a 70 kilómetros al sur de Ures. Incluso don Eugenio ordenó que se levantaran estudios topográficos pero a la postre, nada se pudo hacer.

De modo que sus carros halados por bestias, tenían que hallar salida sus productos, tanto agrícolas como mineros hasta La Colorada y de ahí embarcarlas en el tren de “La Tanuncia” de Seymour y Symonds.

Por muchos años perduró la ilusión entre los urenses con este moderno medio de locomoción que desde 1882, ya se tenían noticias que un ramal de Ferrocarril de Sonora pasara por la ex capital. Ya no se correrían riesgos de un sorpresivo ataque de apaches o yaquis, pues éstos últimos les gustaba asaltar carros con mercaderías

La minería

Otra actividad de la familia fue la minería y son se sobra conocida los intereses mineros que en varios fundos tenían diseminados por todo el distrito de Ures. Tenemos por ejemplo las minas de “Coches Mining Co.”, ubicada en el Cerro de San Cosme, “Ures Consolidated Mining Co.”, en el paraje de El Gavilán, así como “New York and Sonora Smelting and Refining Co.”, en el norte del distrito.
Se contaba también con la antigua mina de “El Yeso”, “La Sultana” y “Cerro de Oro” en Cerro de Oro, municipio de Rayón, y finalmente las propiedades de  Las Prietas y La Colorada en La Colorada, Sonora.

Los yaquis y los Morales

Es de sobra conocido que esta familia tenía a sus servicios decenas de peones yaquis con sus familias, las que gozaban por cierto de buen trato, buen jornal por sus servicios, y contar además con casa con dos cuartos y cocina cada una de las familias. Algunas de ellas llegaron a estar bajo su servicio por espacio de más de 20 años.

Un día de 1905, llegó un agente de asuntos indígenas del gobierno del estado a visitar a Francisco y Eugenio, y se les exigió que censaran a todo yaqui que tuvieran a su servicio y que en tal día los reconcentraran en San Rafael.
Ignorando los nefastos planes del gobernador Izábal, nuestros personajes lo llevaron a cabo e hicieron llegar el censo a la Secretaría de Gobierno.

Unos días después llegaron a San Rafael decenas de soldados federales fuertemente armados, y sin más preámbulo todos los yanquis les fueron “decomisados” y trasladados a Hermosillo en muy malas condiciones que incluso muchos de ellos, cayeron muertos en el camino.
Muchos hacendados como los Romo, los Salcido, entre otros los acompañaron hasta Hermosillo. Don Eugenio abogó por sus peones, pero algunos funcionarios del gobierno se negaron a concederle tal petición y los yaquis fueron trasladados bárbaramente hasta Yucatán donde muchos de ellos jamás volvieron a ver su tierra.

El Gobernador

El mayor de los hermanos, don Francisco de Paula a pesar de su posición privilegiada como hacendado y rico, fue un entusiasta maderista que abrazó la cusa, incluso figuró como uno de sus dirigentes más esclarecidos. En el molino de San Rafael se llevó a cabo una de las más sangrientas batallas entre maderistas y soldados del gobierno estatal, derrotados estos últimos daría inicio la caída del odioso régimen porfirista en Sonora. Después don Francisco se interesó por la política y tenemos que estuvo al frente del Poder Ejecutivo por la Legislatura Local del 29 de mayo de 1911.

Fue también candidato a Vicegobernador y Senador por el Estado de Nuevo león en la Cámaras Federales, reunidas por el general Victoriano Huerta. A raíz del cuartelazo en 1913, don Francisco de P. Morales se retiró para siempre a la vida privada en Ures, ciudad donde terminaron sus días.
Por otra parte, aquí en Hermosillo se estableció hace tiempo una tienda comercial en la esquina de Serdán y Abasolo, era la famosa “Casa Morales”, propiedad de Agustín y Alberto Morales, descendientes de esos Morales que hicieron época en Ures.
Esta negociación distribuía los artículos Kodak, además de que contaba con un centro de revelado, artículos deportivos, papelería, ferretería, entre otros.
Al fallecer sus dueños, la Casa Morales pasó al olvido, menos el espíritu emprendedor y la honda huella de esta familia. Don Lauro Morales no se equivocó a principios del siglo XIX, que Sonora es de quien la trabaja y por ende ha pasado a formar parte en el acontecer sonorense.
Gracias por su tiempo.