**(**Fundado por  Opatas Cohuinanchis)

 Al terminar elCoatzi (el gran consejo**), los Urini** se sentaban  frente a la pechiri (fogata**), para dar inicio alfestejo con la danza del Tarahuari (el brujo), la danza de las nubes, para pedir por la lluvia y  dar gracias por lacosecha, la caza y hacer la ofrenda de la fecundidad; el brujovestía  estrafalariamente y  entremezclaba  en el ritual  de la opatería,  el remedo burlesco a los táguaros o apachis…calzaba tehuas de vaqueta y metía entre  las ropas de tejido vegetal, tiras de pieles de venado y grandes plumas de aves adornaban su cabeza, escondía su cara tras una mascara de cuero curtido, pintada con colores rojo, negro, blanco, gris  y  a sus lados colgaban los cascabeles, las blancuzcas espinas detepehuaji**  y pequeños pedazos de guajes y chilicotes de colores…

Los tambores iniciaban su místico tam,tam,tam…tarararararaaa…tam tam tam…y el brujo danzaba rítmicamente, levantando con sus suelas  el polvo de la tierra suelta…el polvo rojo de Zatachy…la tierra de sus ancestros, protegida por el Gran Tayo, el Dios Sol.

 Al terminar la danza del  Tahua, Uri  hacía una seña y aparecía en la puerta de Torocomachi (la cueva del incienso) la bellísima  **Sipiragüi (**águila real) doncella que cuidaba  la casa del dios Tayo y la casa de  Nana Metza (casa del Dios Sol y la casa deNana Luna)era la  prometida de Uri:  una indígena morena de pelo negro como la noche, delgada, esbelta como el carrizo, cuyas redondas caderas eran  soportadas por un par de piernas largas y bien torneadas , veloces como el  venado  y  una cintura como el tallo del nardo en flor…alt

sus ojos grandes brillaban como dos luceros, mientras sus rojos labios alegraban su rostro con aquella tierna sonrisa, que nunca abandonaba su carita perfecta…sus blancos dientes parecían una hilera de perlas y sus manos parecían volar entre el viento fresco del atardecer, mientras las flores devinoramas que traía  en ellas, despedían aquel hermoso aroma que anunciaba siempre su llegada a cualquier lugar… y el color del fuego de las corolas de los  tabachines , junto con el aroma de la tierra húmeda del río y la oscuridad de la noche, semejaban  los dormidos deseos de la pasión, que guardaba en su corazón.

 Uri, no despegaba sus ojos de aquella amada figura y orgulloso, pedía  a su  amada  que lo acompañara, mientrasla hermosa Pisiní su chichigüa, las  oquimachis y oquiséhuat (Osita pequeña su nodriza, las señoras y las doncellas) que la acompañaban tomaban su lugar en el centro de Chiripa (del lugar pequeño) antes de iniciar la danza que acompañaba  el canto de su  vatzigüa (hermana mayor)