Una mañana Echevería resucitó a Nacoalt

Eran casi las  dos de la mañana del 31 de octubre de 1974 cuando el agudo chillido de un altoparlante despertó entre sobresaltos a los 3,000 habitantes que entonces tenía este poblado fronterizo. 

 Por fin, una voz entrecortada se dejó escuchar. Era el anuncio de un acontecimiento como nunca lo había vivido Naco y como nunca lo volverá a vivir:

   “¡El Prescíndete de la República llegará a Naco dentro de unos minutos!”, pregonaba la voz.  “¡Invitamos a todos los habitantes de esta población a recibirlo!”.   

Era algo así como un milagro. Como un  sueño.  “Yo mismo no lo podía creer”, confiesa ahora el doctor Luis Antonio    Romo Mitre. Él era entonces el presidente municipal de Naco y fue el encargado de pregonar la buena nueva.    Actualmente (1982) ocupa otra vez la presidencia del pueblo. Y platica la historia:  

 “El presidente Echeverría había viajado a Nogales, el 20 de octubre sostuvo ahí una reunión con presidentes de los municipios fronterizos. Fue una reunión larga durante la cual se le expusieron los problemas que encaraban los distintos ayuntamientos”.    

 Uno de los últimos en hablar fue el doctor Romo Mitre.   “¡Naco, se mure, señor presidente!”, exclamó con la voz cortada y lágrimas en los ojos. “¡Ayúdenos, señor presidente”!  En efecto, recuerda ahora el munícipe, Naco vivía días críticos. Fundado en 1900, este pequeño poblado, agarrado con las uñas a la Línea fronteriza con Arizona, había logrado sobrevivir durante años y años gracias a su aduana y al hecho de que era ahí le Terminal del ferrocarril que bajaba hacia Cananea para transportar el cobre de la mina explotada por los estadounidenses y llevarlo allende la frontera.   

 Llegó el día en que la aduana perdió toda importancia, porque la producción minera pasó a ser exportada por Agua Prieta, hasta donde se prolongó la vía del tren. Naco se convirtió en una mera estación de paso, sin ninguna importancia.  

 -¿Y de qué vivían sus habitantes? -De milagro-  responde el médico. El ejido estaba muy mal, muy pobre. Aquí no había en qué trabajar. Era exacto que Naco estaba al borde de la muerte. Muchos habitantes se habían ido.   Por ello esa noche, en Nogales, Romo Mitre lloró ante el presidente Echeverría. Lo conmovió, sin duda. 

  “Me escuchó con  mucha atención. Cuando terminé me hizo dos o tres preguntas. Y de pronto, dijo: “¡Vamos a Naco!”   alt

 ¿Ahorita señor Presidente?, le pregunté incrédulo. Ahorita, me respondió. Nada más terminamos esta reunión y cumplimos otro compromiso. Bueno, le dije, pues si me permite me voy adelantando”.  

 Eran alrededor de las 10 de la noche. Una vez terminada a la reunión, Echeverría fue todavía a inaugurar unas obras en Nogales, antes de emprender el viaje a Naco.  Al filo de la medianoche salió de Nogales el convoy presidencial de cuatro autobuses, incluido el de los periodistas.  

  Tuvo que llegar a  Imuris y ahí tomar el desvío hacia Cananea. En Cananea siguió rumbo a Agua Prieta, para desviarse a medio camino y tomar el todavía inconcluso camino a Naco.  

 Mientas tanto, el presidente municipal había levantado a todo el pueblo hombre, mujeres y niños, titiritando de frío, veían con asombro el ir y venir de los vehículos de la avanzada del Estado Mayor Presidencial. Se juntaron en el cine el pueblo.  

  Echeverría llegó al fin, cerca de las dos y media de la mañana. En asamblea popular, oyó las necesidades de los naquenses. Al final, enérgico anunció:  “¡Formaremos una comisión!”.  

Y entre los rostros todavía incrédulos, abandonó el pueblo cuando estaba por despuntar el nuevo día.  Una semana después estaba en Naco la comisión presidencial, con representantes de diversas Secretarías de Estado. Se hicieron planes y se pusieron manos a la obra.  

 Con una celeridad asombrosa, Naco vio en unos cuantos meses transformado su rostro. La carretera fue concluida. Las calles del pueblo, pavimentadas. Se colocó alumbrado público. Se hicieron las instalaciones de agua y drenaje. Se construyó un gimnasio, un Centro de Salud y una escuela tecnológica.

  El ejido recibió todo el apoyo: pozos, equipos, crédito, insumos.alt  

 “Nos volvieron a la vida”, resume Romo Mitre. Informa que el gobierno federal gastó 120 millones de pesos “de los de entonces”, en las obras realizadadas. Además se organizó una cooperativa “21 de Octubre”. Luego, por disposición presidencial, se instaló una planta procesadora de cal, Sonocal, que hoy da trabajo a 140 personas.  

 Ahora, sin embargo, Naco está otra vez en peligro de muerte.   Impedidos por el control de cambios para adquirir alimentos y maquinaria agrícola de Estado Unidos, sus habientes sufren de nuevo. 

 “Nuestro problema es tremendo”, dice Romo Mitre. “Aunque no lo quisiéramos, lo cierto es que la vida del pueblo dependía del otro lado. Ahora la gente es muy pobre. Los precios se han elevado.

Y lo pero: escasean los alimentos. La conasupo ayuda, pero su abastecimiento tiene muchas carencias, falta azúcar, por ejemplo. Faltan muchas cosas”.   

Para el ejido, la falta de refacciones puede ser fatal, dijo.  Y el ayuntamiento mismo, se ve afectado seriamente.  Hoy, el pueblo tiene cerca de 6.000 habitantes. Fuera de la cooperativa y la calera, no hay fuentes de trabajo.  El parque industrial, proyectando también en 1974, nunca se hizo realidad. Ni siquiera llegó a instalarse una maquiladora prometida. Y no hay dinero ni para parchar el pavimento de las calles del pueblo, que ya se resquebrajó todito. 

Este artículo se publicó en la Revista Sonora Mágica Número 11 (15 de diciembre de 1982) Será necesario otro milagro.