Cada octubre, los miembros del tribu O’odham hacen una peregrinación del lado EEUU de su tierra a Magdalena, Sonora, en el lado mexicano, como parte de su festival anual de San Francisco Xavier.

  El desfile es parte de un evento más grande, con música, comida y baile y es su festival más grande del año. El aumento de la seguridad fronteriza en los últimos 20 años ha restringido este movimiento, pero todavía hacían la procesión anual. Hasta este año.

  SANTA CRUZ, Ariz. — La franja de tierra en el sur de Arizona que se extiende al estado mexicano de Sonora es un amplio y despoblado desierto, en gran parte dividido por montañas con algunos arbustos. Conduciendo por los caminos de tierra, bajo el sol ardiente, el desierto parece casi sin vida.

  Pero en esta región vive la nación Tohono O’odham, una tribu de 25.000 personas. Hace más de 6.000 años que comparten la tierra con los pumas, jaguares y lobos. En el año 1853, sin embargo, la frontera México-Estados Unidos fue retrazada, dividiendo la nación O’odham en dos partes.

 Sin embargo, la frontera en sí misma no presentó consecuencias graves para el tribu hasta que la Patrulla Fronteriza desarrolló una nueva estrategia para el control de la frontera en el suroeste a fines de los 90s.

  En ese momento, las operaciones de Gatekeeper (Guardián) en San Diego, Hold the Line (Mantenga la Línea) en El Paso y Safeguard: Arizona (Salvaguardia: Arizona) en Nogales movieron la seguridad fonteriza a las zonas urbanas.

altEl objetivo era forzar a los migrantes a cruzar por las regiones desoladas del desierto, donde estarían limitados por el terreno o detenidos más facilmente en los espacios abiertos. Pero la única cosa que cambió era dónde los migrantes cruzaban.
 
 El pasillo estrecho que han sido forzados a tomar cruza por la reserva del Tohono O’odham.

Esta tierra también es donde el muro fronterizo sería construido, aislando a las comunidades O’odham y amenazando a los animales y la vegetación de la región biologicamente diversa de Sky Island (Isla del Cielo). Los miembros de la tribu y los ecologistas de la región están preocupados por el politizado tema de la inmigración indocumentada a los Estados Unidos. Quieren conservar la cultura y el hábitat que florecen aquí desde hace miles de años y ahora se enfrentan a la destrucción por la construcción de un muro.

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Ancianos del tribu O’odham hacen un baile tradicional (R. Furtado)

El dos de octubre, las líneas eléctricas a una comunidad O’odham en México fueron cortadas, dejándolos sin energía. Un miembro del tribu decidió conducir hacia el lado de EEUU para obtener unos generadores para que la celebración pudiera continuar como estaba planeada. Mientras conducía, le pegaron un tiro a su camión.

La hermana del hombre, Ofelia Rivas, como muchos miembros del tribu, está convencida que las líneas cortadas y el tiroteo están relacionados, perpetuados por narcotraficantes que han establecido operaciones en la tierra de la tribu O’odham y están tratando de intimidar a los residentes.

Odelia es una anciana de la tribu y ha visto el impacto del aumento en la seguridad fronteriza en la tierra de su gente. Además de la agresión de los traficantes, ha tenido que sufrir el acoso de los agentes de la Patrulla Fronteriza y el movimiento restringido por los caminos tradicionales. “Una de las grandes cosas es que estamos afectados por la política migratoria y no somos inmigrantes”, dice. “Tenemos que llevar documentos para probar quiénes somos”.

Ofelia relata la historia de una detención de la Patrulla Fronteriza que se convirtió en un momento de terror para ella y su familia. Estaba con su hija y su nieto, conduciendo a su casa después de un baile que duró toda la noche, cuando fueron detenidos por la policía. “Inmediatamente nos dijeron que saliéramos del carro, porque estaba en el asiento de atrás y tengo la piel morena y no hablo inglés muy bien, sabes”. Ella preguntó por qué tenía que salir del carro y el agente le preguntó si era una ciudadana estadounidense o una cuidadana mexicana. Respondió, “Soy una O’odham. No sabe que está en mi tierra? Debe mostrar respeto”.

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Ofelia Rivas (R. Furtado)

Entonces, Ofelia recuerda, el policía se enojó, le apuntó a su cabeza con la pistola, y le dijo que ella dijera si era mexicana o una cuidadana estadounidense. Él dijo que si ella no respondía, la esposaría y deportaría. “Dije, ádonde va a deportarme? México es mi territorio.

  La comunidad de mi padre está ahí. La comunidad de O’otham está ahí”. Ofelia nega con la cabeza. “Para entonces mi hija estaba llorando, mi nieto estaba llorando y yo no pude llorar porque estaba muy enfadada pero tenía mucho miedo”.

En ese momento, llegó otro camión de la Patrulla Fronteriza y el policía puso la pistola en su pistolera. Les dejaron irse en seguida.

Más allá del abuso y miedo, Ofelia está más preocupada por la posibilidad de la constucción de un muro. “No estamos de acuedo con este muro. Hice una declaración que era como un cuchillo en nuestra madre. Estas cosas de metal van a ir en nuestra madre y no podemos sacarlas”.

El terreno en este rincón del continente se llama Sky Island Mountains (las Montañas de la Isla del Cielo). El nombre alude al fenómeno natural de unas montañas de vegetación exuberante rodeadas por un mar de desierto. Se considera la región más diversa biologicamente de Norteamérica, conectando desierto, trópico y montañas.

Matt Skroch es el director ejecutivo de Sky Island Alliance (la Alianza de la Isla del Cielo), una organización sin fines de lucro que se dedica a la preservación de la región. La mayor parte de su energía la dedica a crear conciencia sobre la importancia de lo que llaman “la conectividad de la vida silvestre” por los dos lados de la frontera, la que dice sería devastada por la construcción de un muro.

“La región se define tanto en los Estados Unidos como en México”, explica Matt. “Es una región biológica y única que cruza la frontera internacional. En ese sentido, está muy conectada. Las Sky Islands al norte de la frontera están conectadas geográficamente, topográficamente, biológicamente, ecológicamente con las montañas al sur de la frontera. Y es imperativo que la permeabilidad del paisaje se mantenga para que nuestro red de vida, nuestras plantas y animales puedan migrar de acá para allá”.

Sergio Avila, un biólogo de la vida silvestre para la Sky Island Alliance, usa el ejemplo del jaguar, un animal nativo de la región, para explicar su posición.

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Sergio Avila por la frontera. (J. Rojas)

“Los animales no saben nada de fronteras, de diferentes paises, idiomas ni visas. Entonces cualquier cosa que impide a los animales desplazarse va a ser un problema, no importa en qué lado los animales están… Sólo está dividiendo a la misma región. No dirán, bueno en qué lado está el jaguar? Está en el lado estadounidense? Vamos a dejarlo en los Estados Unidos? O va a vivir en México? No es bueno dejarlo por uno o otro lado. No debemos elegir para el animal”.