*** “Cada pueblo tiene sus fantasmas”  Octavio Paz***Me siento complacido, con este libro, porque, teniendo un plazo fijo para presentarlo dentro del calendario de  los festejos del Bicentenario y Centenario, comisión de la que honrosamente también formo parte,  he de confesarlo…. que  para ello…..me ví en la penosa necesidad de espolear a la imaginación……..
 
 Acudí humilde…. como ya es costumbre, al tribunal de la inspiración y, ésta me fue dando con justa medida…pero no sin antes….. pagar el precio…

Jamás…. he pensado, que la otrora Villa de Magdalena, se haya agotado como fuente de magia y poesía…el 20 de mayo de 1862 por decreto número 22….. se le otorgó el título de Villa por el Congreso del estado… con capital en Ures.

Quizá alguien, de los aquí presentes nos pueda decir, cuándo dejó de ser pueblo mágico…

De 1862 hasta el primero de octubre de 1923 en que se le dio la categoría de ciudad……mucha agua había pasado debajo del puente….

Pero esa distinción dada al pueblecito de Magdalena, sede de la Tercer Zona de la Gendarmería Fiscal, Cabecera de la Prefectura, entre otros atributo…. No se restó espacio a los que habiendo vivido aquí….. y en habiéndola amado tanto…. se negaban a ausentarse……..querían osadamente seguir viviendo…. aunque fuera en formar de fantasmas o aparecidos….| Fantasmas que me han seguido desde niño…. y ahora, ya viejo, me siguen teniendo de su rehén… Abajo en la barranca detrás de nuestra humilde casa, había  un indio llamado Carlitos Pochis, quien me  inició en la magia de las cosas sencillas…. las que mucha gente no ve…por ejemplo descubrir la poesía de las cosas… y ver un rico mundo de fantasmografías y creencias….. o incluso cosas más vivas y edificantes como es la micro- historia de nuestra pequeña matria…….Hubo hombres buenos como Issac que vieron ángeles y hasta se aferraron a ellos…o como Lot que hospedo ángeles en su casa….  El chiste es ir más allá, trepar si es posible la sierra, como Moisés que se vio picado por la curiosidad de averiguar qué era lo que ardía en el monte Horeb…cuando bajó ya no era el mismo, porque nadie puede desandar sus pasos… después de estar ante la presencia de Dios, y menos dejar resquicio de huella….. Y es que tenemos que ir detrás de la leyenda…. para realmente conocer las fuerzas que transforma la vida en una tradición… Dos tomos de Cuentos y Leyendas anteriores, y uno más con este, forman, bien a bien,   pian pasito, toda una colección literaria…. Tengo contra los fantasmas y «espantitos», como bien les dice la profesora Sandra Sotomayor, porque en cada esquina lóbrega, en cada calleja en penumbras, detrás de cada casa en ruinas… y muros apretujados por las ramas, me asaltan….. pero no para aterrarme, porque desde hace mucho tiempo y más en esta profesión de periodista del pasado,  no me asusto con el petate del muerto…… aunque en honor a la verdad desde hace mucho tiempo, ya no salgo de noche, porque no ya quiero ver tantos espantos….. Es que me hacen caravanas me atosigan….me sacan la lengua…. me acosan suplicantes les resucite en los moldes de mi computadora……. Y así orgullosos, en su íntima vanidad…. y muy complacidos…. aparecen ya en mis libros… Y yo los comprendo y me conduelo… cuando sentado en la banqueta de la estrecha calleja me pongo a conversar con ellos… Me hablan aunque…. no lo crean…de tantas cosas… de sus vidas pasadas, de su estadía en este pueblo añejo y tan amado… del que no pueden desprenderse y no quieren… irse a descansar….Recuerdo cuado mi padre estaba en agonía, untado en un cama, suplicaba el poder  levantarse para irse a trabajar…porque el trabajo era su devoción….en pocas palabras no se quería morir, me dijo que nunca había soñado que tan a gusto se iba a pasar los últimos años de su vida en este pueblo de Magdalena… “Tan bonito el solecito que entra por la ventana…¡Y tener qué!”, me dijo antes de cerrar sus ojos para siempre….. Los fantasma que me  persiguen por legiones, mencionan el paredón de fusilamiento…. a la consorte infiel… al fraile regañón….. y al cacique tirano y sus azotes…. a la peste… el hambre de esas épocas….la fiebre amarilla, los apaches y los yaquis….TODOS, todos montados en los corceles como los 4 jinetes del Apocalipsis….dieron con azotar a este pueblo….. Y vez tras vez…. la Villa de Magdalena….. se levantó de las cenizas……. En contraparte he aprendido con ellos, a escribir…escribir….escribir….. Los antiguos profetas mayores y menores, eran ni más ni menos poetas de su tiempo, errabundos por el desierto que fueron eternamente en contemplación…. siguiendo como mariposas….. a ese polen de la poesía que circula por las calles, plazas, casas y zaguanes……. El poeta, el profeta ungido, el cuentista, es escritor de grandes episodios épicos, basta con que se plante en el empedrado de la cuesta…. en el callejón del silencio….. o en la calle de pronunciada pendiente… con la vista bien puesta en la cúspide del templo, o en la espiga del Kiosco, en el arbotante encendido….. y los fantasmas aparecen en un revoloteo incesante…… El Rey Salomón tenía el don hablar con los animales……dice la leyenda que su poder era atribuido al anillo que portaba… Zaratrusta en sus largas caminatas llegó inesperadamente a un vallecito… al tiempo en que un anacoreta, según le reconvino, las vacas que lo rodeaban ya iban a hablarle; varios meses tenía sentado en medio de ellas…pero el sabio Zaratrusta sin proponérselo interrumpió aquel momento mágico…. Todo tiende a expresarse, y a nadie debo cerrarles ese espacio, aun las piedras hablarán dijo Cristo…las tapias no son sordas…. como se pudiera pensar… Oír y escribir… es un imperativo…esa es nuestra misión…. Los que nos sabemos con ese don de hablar con los fantasmas…. lo vemos como a apostolado, como a unción deseada o no….una obligación que pocos han obedecido, como nosotros lo hemos venido haciendo….Cuando era niño, un ranchero me sorprendió absorto hablando con el agua de la acequia….y me reconvino con la mirada como si yo fuese un intruso….para nada… Constantemente abrimos las alas de la imaginación… y absortos y dejamos correr la pluma….así es como nacen los grandes poemas, las grandes e increíbles leyendas, las excelsas narraciones…Los cuentos y las novelas costumbristas. Fundo mi reflexión en la experiencia que los mismos pobladores de este pueblo me hacen experimentar a raudales: “Así me lo platicó mi mamá”, “así lo contaba mi abuela”. “Definitivamente así fue, que bárbaro, quién bien informado estás». Con ellos deduzco que el cronista no miente, tal vez no se mida en sus invenciones, pero difícilmente en tratándose de literatura, no miente, el lector es nuestro mejor aliado. Aparte de ser…. en cierta forma… nuestro más acucioso portados de datos del pasado, un pasado que definitivamente se niega a morir… | | | | |