EL NOBLE ANCIANO DON JESÚS COTA VEGA ENCARGADO DE LOS JARDINES DE LA PLAZA JUÁREZ DE CANANEA SOLÍA CONTAR LEYENDAS PARA AUYENTAR A LA CHAMACADA Y DE ESA MANERA PROTEGER SUS FLORES

POR FRANCISCO ELOY BUSTAMANTE

En la Plaza Benito Juárez todavía quedando muchos de los elementos originales con que se le dotó a las dos hectáreas donadas por Mery de Greene, así como su barandal ornamental que contra viento y marea pues a más de cien años de haberse instalado y de recibir todo el peso de la gente del pueblo especialmente en las festividades, aún se matiene en pié.

Su kiosco has ido muy transformado, y los arbotantes fueron donados por el General Plutarco Elías Calles cuando fue goberandor de Sonora (1915 -1919)
En la salida sur de la plaza Juárez, no hace muchos años estaba todavía un Tureno añejo al cual la chamacada nos trepábamos para jugar a las escondidas aprovechando su hermosa fronda. El placero don Jesús Cota Leyva, platicaba que al pie del mismo fusilaron a una persona, y esto nos asustó, por lo que optamos ni siquiera pasar por serca de ese árbol tan cayado, y quien sabe cuantos misterio más encerraba.

A una cuadra de esa esquina por la calle Sonora, en la exacta esquina con Sexta Este, luce aun una hemosa casona construida en aquella época de la bonanza de Greene, el magnate del cobre, en la primera mitad del pasado siglo. Por muchos años vivió allí la familia Hague Fragoso.

La familia Hague Fragoso de mucha estimada la encabezaba don Fernando Hague y Elvira Fragoso Valenzuela. Sus hijos fueron Enrique, que era locutor, Manuel que era guía de los Boys Scout, María Eena y Armando.

Los señores Hague Fragoso murieron en un accidente automovilístico por el rumbo de Guadalajara, Jalisco, iban junto con Armando, el menor de ellos que se acababa de recibir de Ingeniero en la UNAM, y laboraba en Teléfonos de México.

Antes de radicarse en ella el matrimonio Hague Fragoso como vimos de triste final, allá a principios de 1940 del siglo que nos antecedió había estaba ocupada esa casona por un destacamento de militares cuyo coronel de apelativos Sánchez Ríos, aplicaba sobre sus subordiados una disciplina que rayaba en la exageración.

A las 6 de la mañana los soldados tenían que ir estar totalmente uniformados y alienados en la calle sexta Este, en donde el capitán Sánchez Ríos pasaba lista. Luego marchaban por varias rúas al trote, marchas a las que la ciudadanía ya estaba acostumbrada.

Eran los tiempos del militarismo, cuando Sonora era gobernado por general tras general; el general Anselmo Macías Valenzuela quien sutituyó Román Yocupicio Valenzuela, posesión el 1 de septiembre de 1939, terminando el cargo el 31 de agosto de 1943 después de entregar la gubernatura al General Abelardo L. Rodríguez.

Este destacamento cuidaba el órden en la plaza y con mayor razón los intereses de la compañía Minera, de allí que ocupara una casa de la empresa y no el cuartel.

Los gobiernos muncipales eran entonces endebles, sujetos la vaivén de las diversas corrientes políticas del centro. Así que cuando se presentaba algún percance mayor, preferían los alcaldes que el coronel Sánchez Ríos se hiciera cargo.

Los robos en el pueblo minero eran frecuentes, muchos fascinerosos caían enla tentación de robar en comercio local, siempre llenos de mercancía fina que hacía suponer la caja registradora apenas si se podía cerrar repleta de dinero.

Uno de estos amantes de los ajeno, quien asaltó la Banca Comercial de la Compañía; fue sorprendido en su escapada, cuando lo derribaron los rurales su caballo por rumbos del Riíto.

El coronel Sánchez Ríos de inmediato lo mandó fusilar, para que sirviera de ejemplo y se abatieran un poco los robos en el mineral.

El lugar más cercano fue la Plaza Juárez que se halaba a esa horas de la madrugada totalmente desierta. Lo praron al pie del Trueno, y allí quedó tendido.
También se sabía por comentairos de los más viejos del pueblo, que muy al principio de siglo cuando fue inaugurada la plaza, en este mismo árbol, o quizá otro anterior más fornido, colgaron a un desertor de la Revolución.

Como a don Jesús Cota Vega, le dolía más a él que al propio árbol cuando le haciamos daño al treparnos, se valía de estas historia para alejarnos con mucho tacto de sus hermoso jardín, al que cuidaba con desmedido esmero, pidiéndonos que mejor nos subiéramos al kiosco a jugar y brincotear, al cabo que como es de puro fierro, ningún daño pudiéramos causarle.

Siendo alcalde don Roberto Elzy Torres, se le despidó a don Jeús, pues yaera una persona de edad. Su nieto Raúl Sáinz Cota recién titulado abogado laborista llevó el caso, el cual ganó para su abuelo ante los tirbunales, pues era a todas luces un despido injsutificado.

Desde entonces no se han vuelto a ver pecesitos en la fuente, los mismo que con tanto esmero luego de un largo invierno donde ésta se adornaba con estelas de nieve, sembraba cada primavera, el noble anciano don Jesús Cota, criador de caracoles y fabricante de leyendas.