LOS CALLISTAS TOMAN LA PLAZA (DON SERAPIO DÁVILA) Una prostituta le salva la vida
Por Francisco Bustamante Tapia
En Sonora uno de los más prominentes simpatizadores de Francisco I. Madero lo fue el gobernador José María Maytorena, quien habiendo estudiado en una academia de Los Ángeles, California, solía decir que él se había graduado en la Universidad de La Misa, una hacienda cercana a Guaymas de la cual su padre del mismo nombre y apellido era próspero dueño.
Como gobernador de Sonora estableció el orden Constitucional, pero el error de Madero fue el haberse rodeado de los mismos funcionarios y empleados del régimen que había combatido. Esto dio motivo al pronunciamiento de algunos jefes militares como Pascual Orozco en Chihuahua sufriendo Sonora la invasión de núcleos de “los Colorados” en el año de 1912.
El coronel Juan G. Cabral había asumido el 1º de mayo de 1912 la Comandancia de la Tercera Zona de la Gendarmería Fiscal, se cambió a esta Villa. Y con motivo de que el gobernador Maytorena pidió licencia para atender asuntos del gobierno fuera del Estado, asumió el cargo el Ing. Eugenio H. Gayou, quien a los pocos meses fue remplazado por don Ismael Padilla.
Encontrándose nuevamente Maytorena al frente del gobierno se recibió la noticia de los sangrientos sucesos conocidos como la “Decena Trágica” en donde el usurpador del Poder Ejecutivo de la Unión, el general Victoriano Huerta asesinó a Madero y Pino Suárez, presidente y vicepresidente de la República.
Los jefes militares y ex federales y las fuerzas permanecieron leales al gobierno emanado de la traición. En tanto que los jefes revolucionarios, entre ellos el coronel Cabral y la Gendarmería Fiscal a su mando, así como los tenientes coroneles Salvador Alvarado, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y otros, se agruparon en torno del gobernador Maytorena. Pero el gobernador actuó en una forma tan pusilánime que se llegó a pensar que estaba en complicidad con el enemigos.
Ante la crítica que arreciaba prefirió pedir licencia partiendo para Tucsón, haciéndose cargo del gobierno el diputado Ignacio L. Pesqueira, quien anunció la ruptura con los poderes del Centro. El coronel Cabral hizo repetidas gestiones ante el gobernador Pesqueira tratando de conseguir autorización y algunos contingentes más para lanzarse desde Magdalena al ataque de la villa del tren que va a Nogales ocupada por el enemigo.
En su Compendio de Historia de Sonora el profesor Eduardo W. Villa relata como habían sido destruidos algunos puentes del ferrocarril en previsión de un avance inesperado de los federales hacia el cuartel de Magdalena, por lo que se mandó repararlos para poder atacar Nogales, lo cual ocurrió a principio del mes de marzo de 1912.
Obtenido el triunfo, Cabral fue nombrado jefe de las Operaciones en el Norte del Estado, por lo que atacó la plaza de Cananea hasta derrotar en una cruenta lucha a los federales que se parapetaron en el cuartel federal. Y así sucesivamente fueron cayendo más plazas como Naco y Agua Prieta.
Maytorena se hizo cargo nuevamente del gobierno tropezando con la inconformidad de un grupo de militares tildándolo de cobarde por haberse ausentado en los momentos más difíciles.
Vino a salvar un poco la situación de Maytorena la visita del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza quien estableció su gobierno provisional en Sonora, el único estado de la República que le daba el respaldo. Corría el año de 1914.
Por varios meses Carranza llevó vida social en Hermosillo en donde se le admiraba. Allí formó y organizó el gobierno Constitucionalista de la República. Se dio tiempo para hacer visitas de cortesía a Nogales y Cananea en donde fue recibido con entusiasmo. Sólo que el gobernador Maytorena no lo pudo acompañar por los problemas internos que enfrentaba sin visos de resolverse.
En la capital del Estado empezó a circular el periódico “La Libertad” en donde se arreció la crítica contra el gobernador dándose finalmente un rompimiento en los primeros días del mes de junio ya que incluso el coronel Elías Calles se refugió en el Palacio durante varios días en calidad defensiva, protegido por varios soldados. Previendo ser copado por los contingentes leales al gobernador, partió a Nogales. Pero Maytorena pese a que no podía solucionar esta situación, que tenía el respaldo mayoritario de la opinión pública decidió defender a toda costa la dignidad de su gobierno. Incluso los generales Francisco Villa y Álvaro Obregón se reunieron en Nogales para buscarle solución al conflicto, lo cual fue inútil.
Maytorena comisionó al general Benjamín Hill dándose el primer encuentro entre Maytorenistas y Constitucionalistas (o “Callistas”) en Estación Martínez el 23 de septiembre, en donde sufrieron las tropas del gobernador el primer descalabro. Lo mismo en la plaza de Agua Prieta, Frontera, Cabullona y tros puntos.
La toma de Magdalena ocurrió el 17 de Agosto de 1915, en donde los moradores que eran leales al gobierno de Maytorena, sucumbieron ante la superioridad de “los Callistas” al mando del joven coronel Jorge Hopkins Serrano que se caracterizaba por su sangre fría.
Don Ramón Murguía valientemente se parapetó con algunos hombres en el molino de harina “La Favorita” de su propiedad, el cual fue incendiado obligándolo a rendirse.
En el atrio de la iglesia se formó una pila de cadáveres acarreados, pero antes de prenderles fuego los balacearon por si alguno estaba con vida.
Los “Callistas” hicieron prisionero a don Serapio Dávila pues para su mala suerte había remitido a México en la Conducta todo el efectivo con que contaba en el Correo, lo cual hizo enojar al alto mando Callista. Se le formó un consejo de guerra sumarísimo sin clemencia alguna siendo sentenciado a morir fusilado.
Cuando le avisaron de la suerte de su marido a “doña Toñita”, ésta corrió rumbo al Palacio y en el camino providencialmente se encontró con una mujer que ejercía la prostitución. Aquella mujer al enterarse de la suerte del marido de “doña Toñita”, le dijo: “yo voy a ir por tu prieto, ya verás que te lo traigo vivito y coleando”.
Doña Toñita y la mujer aquella se dirigieron al Palacio, brincando sobre los cadáveres, pues ni siquiera los habían levantado del campo de batalla.
Don Serapio muy tranquilo se paseaba en el patio de la prisión con las manos hacia atrás sumergido en profundos pensamientos, esperaba la muerte con valentía, sabía que de un momento a otro lo llevarían al paredón de fusilamiento, pues a los Constitucionalistas no les importaba que fuera maestro titulado, ni el administrador de Correos, su error fue el no haber tenido plata que darles a estos “revolucionarios”.
La prostituta fue con el del águila, es decir el Capitán; éste ya le había pedido sus favores, pero ella se había negado.
“Suelten a ese hijo de la tiznada” ordenó el militarete, atendiendo la solicitud de la mujer de pasar un buen rato a cambio.
Don Serapio luego que hubo llegado su casa recogió sus pertenencias más valiosas, y salió junto con su mujer e hijas en un carruaje hacia la frontera antes de que se arrepintiera el “Callista”, y no se detuvieron en el camino hasta no cruzar la frontera.
En el destierro el matrimonio se encontró con la crema y nata de Magdalena que también vivían “al otro lado” debido a lo aciago de los tiempos; ahí estaban también refugiados don Wenceslao Monroy y familia, don Miguel Latz y familia, entre otros empresarios.
Aquello no era vida y dulzura tenían que trabajar en la construcción del ferrocarril, un ramal se tiraba de Tucsón a Nogales. A don Serapio se le encallaron las manos pues no estaba acostumbrado a coger la pala y el pico.
Los revolucionarios tenían estancado el Estado, faltaba la iniciativa privada, por ello se dio una amnistía para que volvieran capitales y gente a trabajar en sus tierras. Don Serapio que por supuesto se acogió a ella, en cuanto pudo retornó a Magdalena, sólo que la casa estaba ocupada aún por soldados, es decir, unos llamados “revolucionarios” se habían quedado con ella, pero no contaban con que doña Toñita que era mujer de armas tomar, desoyendo a su marido quien pretendía buscar otra casa, agarró una cuarta echándolos fuera de la casa a cuartazo limpio.
Don Serapio una vez que empezó a funcionar el colegio Juan Fenochio a partir de 1906, fue invitado a dar clases.
Una las pasiones del antiguo administrador de Correos fue la política, siempre fue porfirista, y no estuvo muy de acuerdo con los generales que hicieron la Revolución, pese a que tuvo que codearse con ellos a su llegada a ésta Villa. Todo quien quisiera ser presidente de Magdalena tenía que ir a consultar con don Serapio, digamos el político más experimentado de quien recibían su aprobación y un atinado consejo. Cosa curiosa, jamás le atrajo la idea de ser alcalde pese a que se la pusieron infinidad de veces en charola de plata.