SUCEDIÓ EN LA VILLA DE MAGDALENAPor Francisco Eloy Bustamante
La parroquia de Santa María Magdalena construida por Fray José María Pérez Llera en 1839 contaba con un grande y bello confesionario o “tribunal de la penitencia”, elaborado por expertos ebanistas gracias a las generosas contribuciones de doña Vicenta Moreno y su esposo don Diego de Rivera. (Ambos sepultados en el altar)
Este le había ordenado a un par de pimas el trabajo, para eso de la madera se pintaban sólos, destacando lo garegoleado del objeto así como el fino acabado consistente en un barniz bizantino. Era por lo tanto el orgullo del pueblo católico al que no tenían empacho en reclinarse para confesar el “mea culpa” y recibir del fraile la absolución de sus pecados.
En 1924 se suscitó el movimiento c
ristero, el gobiemo hizo salir del país a los sacerdotes extranjeros así como al nuncio apostólico y mandó cerrar las escuelas católicas que administraba el clero. Los obispos con una pastoral colectiva ordenando la suspension de cultos; la liga Defensora de la Libertad declaró un boicot en contra de las autoridades, y el l°de agosto se cerraron los templos.
La lucha terminó en junio de 1929 por medio de arreglos entre los dirigentes del gobiemo del Lic. Emilio Portes Gil.
Durante esos años en que Santa María Magdalena estuvo bajo el dominio de alborotadores y -estos se escudaban en las siglas del Partido Nacional Revolucionario (PNR).
La Casa del Pueblo como la denominaron se convirtió prácticamente en salón de la Federación Obrero Campesina, en dormitorio, almacén y hasta en caballeriza.
Los fieles al gobiemo cometieron todo tipo de atropellos olvidando que Dios fundó su consumación de los siglos y nada prevalecera contra ella.
El altar fue dañado, las bancas quemadas como leña y el confesionario que a duras penas se en pie, sería por lo bien fijado en la pared como para dedicarle atención, salvo para ser utiliza excusado.
El Pbro. don José Santos Sáenz en uno de esos arranques en el tipicos de hacer cambios drásticos al templo, pidió a don “Pancho” Durazo lo desmantelara. Llorando llegó doña Isabel Robledo de Maldonado pidiéndole no se cometiera semejante atropello contra una reliquia que databa de los origenes de Santa María Magdalena, la verdadera patrona.
Pues si es así -comentó el cura párroco-, también voy a ordenar que saquen a San Francisco, que la gente nomás entre a venerar a la patrona. Y ese pulpito tan moustroso también, nomás esta allí ocupando mucho campo, más que sirvió de tribuna libre en donde se trepaba la profesora Nachita Fimbres para arengar a la turba.
-¿Pero el confesionario por que?
-Por tétrico y porque la gente tiene miedo entrar a escuchar su penitencia.
-Pero si es un objeto sagrado, que utilizaron nuestros queridos párrocos como don Eustacio Egurrola del que tenemos feliz memoria.
No valieron súplicas, don Jose Santos Saenz, buen orador
como también admirador de bellas mujeres, no tuvo empacho es mandar sacar el confesionario catalogándolo laconicamente como “maldito”.
-Maldito pudira ser catalogado el púlpito, pero el confesionario ¿por qué padre? ¿Dígame por qué padre?, insistió Doña Isabel con sobrada solvencia moral y religiosa.
-Ah, pues porque en el he absuelto pecados imperdonables usurpando la autoridad de Dios.
-Pero si el Señor dijo que todo lo que perdonase en la tierra será perdonado en el cielo.
-Si hija, pero ya te lo dije, hay pecados imperdonables y yo los he absuelto por quedar bien con la gente pudiente, la gente acomodada, los poderosos, y esa es mi condena…Llévatelo “Pancho” y quémalo por ahí, que no quede ni rastro. Y ojalá que mi alma no arda en el infierno.
“Aquella piadosa señora se retiró cabisbaja sin volver a insistir, musitando una oración: “Apiádate de él Serñor”