POR HERBERT EUGENE BOLTON

Fuera de la granjería de almas en la Pimería, una de las preocupaciones más insistentes para Kino, después de 1699, fue el descubrimiento de un camino por tierra a California. Desde los días de Cortés y de Cabrillo, habían corrido muchas diferentes ideas con respecto a la geografía de aquel país, que unos miraban como península y otros como isla. 

En la Universidad de Ingolstaldt el P. Aygentler le había enseñado a Kino que era Península y en esta firme creencia había éste venido a la América; pero cediendo a la opinión corriente y a algunas obervaciones propias, había dejado la idea y aun en 1698 escribía de California como de “la más grande isla del mundo”. Empero, durante su viaje de 1699 al Gila ocurrió un incidente que le hizo tornar a su primera teoría de península.

Fue el regalo, en la junta del río Yuma, de unas conchas azules como las que había visto en 1685 en la costa del Pacífico de California y sólo allí. Si las conchas habían venido
a manos de los Yumas del mar del Sur, discurría, debe haber una comunicación por tierra a California y al Océano por el país de los Yumas.

Acababa Kino de suspender la construcción del barco que había emprendido en Caborca y Dolores para la navegación del Golfo. Dirigió ahora todos sus esfuerzos a averiguar la procedencia de las famosas conchas.

Hizo para ello en 1700 el viaje a San Javier y allí convocó indios de cien millas a la redonda y en “largas pláticas nocturnas” supo que sólo del mar del Sur podían conseguirse
las conchas azules.

Fué este convencimiento la inspiración de sus siguientes viajes. El propio año de 1700 llegó a la junta del Yuma y supo que estaba a poca distancia de la punta del golfo, lo que confirmó su idea… de la península. El año siguiente volvió al mismo sitio por el Camino del Diablo “siguió un tanto el curso del Colorado y pasó al lado de California sentado en un canasto remolcado por una balsa.

Finalmente en 1702 logró triunfar, volviendo a la junta del Yuma, bajando el Colorado hasta el golfo y vio salir el sol en su extremidad. Sitisfecho de haber demostrado la posibilidad de un paso por tierra a California, desechó la idea de ser la California una isla y escribrió en son de triunfo: “California no es isla sino península”.
Para juzgar en su verdadero mérito esta azaña, hemos de recordar los escasos medios de que disponía y la poca ayuda de los que lo acompañaban. No lo animaban ni le guardaban las espaldas centenares de jinetes, ni gran acompañamiento de indios amigos, como sucedió con De Soto y Coronado. Al contrario, axcepto en dos ocasiones, fue casi, sin soldados y más de una vez sin un solo blanco.

En expedición que hizo al Gila en 1697 le acompañó el Lugarteniente Manje y el Capitan Bernal con 22 soldados. En 1701 fue Manje con diez. Las otras veces sólo iban con él
Manje o el capitán Carrasco. Una vez fué el P. Gilg con Manje; otra, dos sacerdotes con dos particulares. En su última gran exploración al Gila había un sólo blanco en la comitiva, en las de 1694, 1700 y penetró al Gila sin más alma viviente que sus indios.

Pero solía ir bien provisto de caballos y mulas de sus ranchos llevando a veces hasta 50, 60, 80, 90, 105 y aun 130 cabeza, parte para servir de posta y parte para dejarlos en pueblos de indios como núcleo de cría, para sostenimiento de alguna nueva misión que tenía en la mente.