En 1533, cuando los españoles lluegan por primera vez a Territorio Yaqui, escuchan una voz como trueno, de indio erguido,  altivo y retador que adelantándose a los demas traza con su arco y flecha una raya, se hinca y con la mano derecha coge un puñado de tierra y lo esparce por los aires…

 Con esta actitud  ceremoniosa advierte:

“Si pasan esta raya que hemos trazado serán hombres muertos”.

Esta fue la primera de las incursiones que los españoles realizaron a territorio yaqui y también el inicio de una relación hostil que impidió el sometimiento de los yaquis a las leyes de la Corona.

yaqguerra

Este singular encuentro marca elementos fundamentales que hasta hoy permanecen, como la autodeterminación y la libertad de ejercer su soberanía territorial y organizativa, aspectos de las que nunca se les pudo despojar a pesar de políticas destructivas y guerras de exterminio.

Después de esta definición territorial marcado por los yaquis en el primer encuentro, sobrevino en poco tiempo el primer conflicto bélico entre la tribu y los españoles capitaneados por Diego Martínez de Hurdaide, quien sufre la peor derrota de los peninsulares en la Conquista de la Nueva España.

De este episodio surge un hecho poco común: los vencedores proponen una negociación de paz y colaboración.

El yaqui Ania Baá Lu Utek y cuatro mujeres son enviados al encuentro del capitán español derrotado a negociar la no agresión de ambas partes y el respeto de la soberanía territorial a la nación yaqui.

Inmediatamente después, en 1617, llegan los primeros misioneros jesuitas, Andrés Pérez de Rivas y Tomas Basilio, quienes impulsaron uno de los cambios mas profundos en la vida de los yaquis.

Así inicia la verdadera conquista, la espiritual y cultural. Se propicia una mayor integración al conformar 80 rancherías en 8 pueblos principales: Vícam (la natividad del Señor), Pótam (Santísima Trinidad), Tórim (San Ignacio de Loyola), Rahum (La Ascensión del Señor), Bácum (Santa Rosa de Lima), Huírivis (Santa Bárbara), Cócorit (Espíritu Santo) y Belem (San Miguel Arcángel).Transcurrieron 123 años, aproximadamente, de tranquilidad y de paz hasta que en 1740 brotan los los primeros manifiestos de inconformidad en contra de los sacerdotes y del propio gobierno colonial, generando enfrentamientos que daban una clara idea de que la tribu ejercía un completo poder sobre sus ordenanzas y autoridades.

Además surgen jefes yaquis como Juan Ignacio Jusacamea (Muni).A partir de este episodio, la autoridad de la Nueva España da un trato más cauteloso e inteligente a la tribu yaqui. Se prolongó de nuevo una tregua de aproximadamente un siglo, hasta 1840 cuando surge la figura de Juan Ignacio Jusacamea, nacido en Huírivis y conocido también como Juan “Bantea”, quien proclama la independencia de los territorios autóctonos, promoviendo iniciativas para integrar una especie de confederación india que defendiera los derechos de los indios frente al yugo español, principalmente del poder que ejercían los sacerdotes católicos sobre los indios.

Este alzamiento marca la constante e incesante lucha de la tribu, primero en contra de los colonizadores españoles y después con los mestizos mexicanos que siempre han ambicionado estas tierras, hasta llegar nuevamente a la etapa en que la tribu vuelve a pronunciarse sobre el respeto a su autonomía territorial y de gobierno, ésta vez a través de un nuevo dirigente, José María Leyva Pérez “Cajeme”, viviendo una de las etapas de mayor auge económico y de organización política, fortaleciéndose de esta manera todos los elementos que le dan cohesión y fortaleza para la defensa de las embestidas del Yori.

Muerto Cajeme en 1887, surge en la Sierra del Bacatete otro caudillo, Juan Maldonado Washuechia “Tetabiate”, quien al frente de un gran número de yaquis retoma la lucha por las demandas ancestrales de autonomía y territorio.En 1887 yaquis y federales firman la paz en la estación de ferrocarril de Ortiz.