Capilla de San Antonio
A principios del siglo XIX, los vecinos de un barrio en las goteras de la Villa del Pitic, rumbo al poniente, aportaron sus limosnas para la construcción de un templo dedicado a San Antonio.
Un caserío en el cruce de caminos, del cual conocemos poco su historia en estos lejanos tiempos. Es de presumir que sus pobladores se dedicaban a la agricultura y a otros menesteres del campo.
Una nota publicada el 6 de julio de 1830, nos dice que los vecinos iniciaron la construcción del templo diez y seis años antes, en 1814. Poco menos de cincuenta años atrás expulsaron a los jesuitas y los franciscanos tomaron su lugar en la administración de las misiones. Para fines del período jesuítico y principios del franciscano observamos una mejoría en la construcción de templos.
La ornamentación es ya mucho más elaborada, si la comparamos con la del período anterior.
Entre otros templos ponemos como ejemplo el de Batuc, cuya fachada se conserva en un monumento en Hermosillo. Podemos ubicar en esta tradición constructiva regional, el templo de San Antonio.
La planta arquitectónica es in aula, en una sola nave, con el cuerpo de la torre adosado en el lado norte. Cuenta con coro y soto coro, resuelto éste último con bóveda de crucería. El templo quedó inconcluso, y durante bastante tiempo exhibió los arcos que al parecer nunca recibieron la bóveda.
La fachada está resuelta en estilo barroco, enmarcando el acceso con sendos pares de columnas apoyadas en peraltados dados y sosteniendo una moldura en la parte superior. Entre los pares de las columnas un nicho, elemento propio del barroco.
En la fachada encontramos uno de los símbolos del cristianismo con mayor presencia en los templos construidos a fines del siglo XVIII y principios del XX en la región, la Concha.
Remata los nichos adosados a la fachada principal y entre los pares de columnas.
Los antiguos cristianos utilizaban la concha para derramar el agua bendita sobre las cabezas de quienes eran bautizados, convirtiéndose con el tiempo en el símbolo de la Resurrección.
En la actualidad la capilla de San Antonio, envuelta ya por la mancha urbana, nos recuerda los afanes de aquellos primeros pobladores de un barrio sin nombre en las goteras del viejo Hermosillo.
Sus muros de adobe, desgastados por el paso del tiempo y la generosa indiferencia de la modernidad que ve en el adobe un sinónimo de atraso, van desgastándose. Los arcos que nunca recibieron la bóveda, sólo son un recuerdo de las capacidades constructivas de hace casi doscientos años.
A mediados del siglo pasado, cuando los modernos fraccionadores tomaron por asalto el espacio, recuperaron a San Antonio para nombrar la colonia.
(Publicado en: Arquitectura Regional del Noroeste. No. 1. Febrero del 2007)
Jesús Félix Uribe GarcíaArquitecto
Proyecto y Construcción.
Telcel. 662 1247093