AQUELLA LA PLAZA DE TOROS DE GUAYMASPor Alfonso Iberri
Don Celso Vizcaíno –guaymense de aquel tiempo- era hombre alto, fornido, de cabellos, de color moreno y ojos claros; de índole pacifica y lento y parsimonioso en el hablar.
En el amplio corralón de la Calle Real donde a principios de este siglo construyo don Pancho Tapia el edificio ocupado actualmente por la Oficina de Correo formo un rústico antiteatro con pretensiones de plaza de toros, que se utilizaba en la lidia de estos, y en funciones acrobáticas.
La llamada fiesta brava -“oro, seda, sangre, sol”- era allí una pantomima. Los toreros unos pobres diablos, capitaneados por un “matancero’, que se dio el alias de “el Chúbila” y las reses, novillos broncos, despuntados, que se sacaban de los corrales del rastro, donde se destinaban almatadero, casi siempre reacios a la embestida.
El toreo consistía únicamente en deslucidos lances de capa, y de pica y en la suerte de banderilla, prendidos a la ventura: una en el morrillo y otra en la paleta, o donde se podía. Los pases de muleta y el manejo de la espada escapaban a la mente de los humildes lidiadores, que vestían chaquetilla y taleguilla de indiana baratísima, sin lentejuelas ni alamares y confeccionados a la buena de Dios.
No se rasuraban el bigote, sino que lo lucían al estilo de Ponciano Díaz, ídolo, entonces, de los villamelones mexicanos; tampoco Ilevaban coleta; por montera, un ridículo burete.
Don Celso alcanzo a vivir largo período; pero cuando falleció habla estallado la Revolución encendida por el asesinato de Madero, y las fuerzas del ejercito revolucionario entre los que se contaba su Hijo Rafael, con el grado de Capitán Primero, tenían puesto asedio a laPlaza donde estaban encerradas las tropas federales, sin otra salida que la del mar.
En aquellas circunstancias el 23 de Julio de 1913, a los setenta y dos años de edad expiró don Celso por insuficiencia aórtica.
El certificado de defunción lo extendió el doctor Fernando Ocaranza en su consultorio de la Botica de Dávila. Hijo de don Rafael Vizcaíno y de su esposa, doña lnocencia Bravo, nació en una de las viejas casas de Guaymas, la de sus padres, habitada ahora por algunos de sus descendientes y ubicada en el crucero de la calle 16 y la Avenida X.
En ella creció junto con el su hermano mayor, Fortino, que, andando el tiempo habría de desempeñar histórico papel.
Zarandeado por las turbulencias de los años en que le tocó vivir el vaivén de la política lo llevaba con frecuencia de un extremo a Otro.
Soldados del batallón de Urbanos, el 54, comparte con sus coterráneos la victoria que reduce a polvo los propósitos filibusteros de Raousset.
En 1860 figura en las fuerzas liberales del gobernador de Sinaloa, general Plácido Vega. Realizando audaz asalto, se apodera del vapor Ipala, en Mazatlán, y se encamina al puerto tampiqueño de San BIas a refugiarse al amparo de Manuel Lozada.
Meses después es aprehendido en Guaymas, y se fuga de la Cárcel. En 1865 aparece aliado de los franceses que invaden el Estado.
Marcha a Álamos al frente de una fuerza Cuyo mando la encomienda el Prefecto Imperial, y se adueña de la plaza. Cede su puesto a don José María Tranquilino Almada, y a sus órdenes toma parte en el combate en que es derrotado y muerto el general Rosales. Maximiliano recompensa sus servicios con los nombramientos de Caballero de la Orden del Águila Mexicana y de Oficial de la Guadalupe.
Perdida la causa imperialista, vuelve a Tepic en busca de refugio a la sombra de Lozada.
En 1870 se subleva contra Juárez y realiza a Guaymas atrevida expedición, de la que hablaremos en el capítulo siguiente. El 71, secunda el PIan de la Noria, proclamado en Oaxaca por el general Porfirio Días contra la reelección de don Benito Juárez. Vencido al movimiento, torna a ponerse al abrigo de Lozada.
En 1876 se declara a favor del Plan de Tuxtepec, alcanza el grado de coronel; cae prisionero en Acaponeta, y es fusilado por orden del secretario de Guerra, general Mariano Escobedo.
De haber sido favorable la fortuna, seguramente don Porfirio, ya en la Presidencia, lo habría ascendido a general, y llevado probablemente al gobierno de su Estado.
Tomado del libro LAS VIEJAS CASONAS DE GUYAMAS