CON EL SEÑOR DE RETIRO A CUESTAS
Se preguntarán ustedes lectores sobre nuestro personal interés en descubrir el sitio exacto de el Real de la Concepción, la Casa de Núñez y el Retiro, entre otros pueblos importantes en épocas pasadas en el Río de Sonora.
Pues verán, se trata de ubicar que fue primero, el huevo o la gallina, por qué se le llama El Señor del Retiro al cristo de madera que se venera en El Molino de Baviácora. Si el nombre lo tomó del pueblo El Retiro o si El Retiro lleva ese nombre a causa del cristo.
Nuestros antepasados casi no tenía el tiempo o el deseo de ponerse a escribir la crónica de su tiempo, o bien todo se perdió en la guerra o en las llamas de la chiminea.
Ya dijimos que El Real de la Concepción pasó a ser propiedad de Ignacio de Bustamante y Velasco, y relata su bisnieta Ana Ramírez (hija de Cirilo Ramírez y Lupita Bustamante) que el Intendente Gobernador se casó en Arizpe con María Antonia Padilla de la Serna, y que al frente de la procesión iba el cristo o sea el Señor del Retiro.
Y que le llevaron regalos costosos de pueblos tales como La Pastorilla y El Retiro. Pero ambos puntos estaban muy al sur de Arizpe, la Pastorilla en el municipio de Oposura y El Retiro en el municipio de Baviácora.
Lo más seguro es que Bustamante y Velasco se haya casado en El Real de la Concepción si desechamos el ambiente novelistico y un tanto fantasioso de Ana Ramírez. Ahora bien, La Pastorilla dice ella, es más bien la Rosalía que si está contemplada en la jurisdicción de Baviácora y que además era propiedad de don Ignacio y doña Maria Antonia.
Aquí tenemos un dilema que resolver, pues Ana Ramírez sostiene conforme se lo dijo su abuelo don Carlos María Bustamante Padilla, que el cristo pertenecía a los Padilla de la Serna, ricos venidos a menos.
Así que a reserva de encontrar mayor evidencia, el Real de la Concepción era de los Padilla, tanto como el Cristo y el pueblo El Retiro, donde tal vez estuvo expuesto el cristo de ahí que le dieran el calificativo de El Señor (de El Retiro). Escuché a mucha gente vieja decirle sólo El Señor…
También decían que cuando la persecución se llevaron a El Retiro para ocultarlo y que por eso a la Hacienda le pusieron ese nombre.
Pero me platica una señora mayor que su abuelo a su vez le contó que al Retiro, pueblo viejísimo de la Colonia, llegaron los yaquis cargando con el Cristo sobre una mula. Y que allí los Bustamante los trataron tan bien que decidieron dejar al cristo en El Retiro, Así fue como al cristo le llamaron El Señor del Retiro…
¿De donde los agarraron los yaquis?, ¿acaso se lo robaron en algún pueblo o hacienda?
Así que mientras la escritora Ana Ramírez dice que al cristo lo trajeron de España, labrado por un artista italiano, la versión de que los trajeron los yaquis viene a echar por tierra la versión de la novela que lleva el título casualmente de El señor del Retiro, aunque como asienta el profesor Eduardo W. Villa, que conoció muy bien a la señorita Ana Ramirez, ella orginalmente le dio el título de La Casona.
Lo cierto es que durante la Guerra Cristera, los quema santos del gobierno se llevaron al cristo que quizá correría la misma suerte que todos los ídolos quemados, algunos como el San Francisco que trajo Kino para Magdalena, en los hornos de la Cervecería de Sonora.
El Señor del Retiro estuvo oculto en una bodega de los Villaescusa en El Molino, dentro de un gran cajón, desarmado y cubierto con pacas de algodón, pero como era muy famoso, los oficiales del gobierno los andaban buscando, así fue como se lo llevaron al rancho La Rosalía, rancho de la familia, y luego mejor lo escondieron en El Retiro por estar en la otra banda. Allí vivía Don Rafael “EL Berenchi” Bustamante Robles hijo de don Carlos.
No sabemos exactamente si fue de aquí donde los encontraron los quema santos y se lo llevaron…
El Señor del Retiro corrió con mejor suerte, ya que don José Romo habló con don Carlos B. Maldonado, a la sazón secretario de Gobierno, quien lo rescató y se lo entregó a doña Merceditas Villaescusa de Romo, con el encargo de que lo escondieran muy bien pues ni podría salvarlo de nuevo dado a que movió todas sus influencias.
Así fue como lo empaderaron en casa de la tía Merceditas en Ures, y allí estuvo por más de dos años.
Cuando ya pasó la trifulca religiosa la tía Merceditas de Romo sabiéndose ya anciana pidió que lo trasladaran a El Molino.
Lo traían por el río en época de secas, sobre una carruaje de grandes ruedas, le llamaba berlina.
Pero al llegar a las ruinas del Real de la Concepción, lo bajaron y se lo trajeron a cuestas a El Molino, cosa de 500 metros.
Durante tres días le ofrecieron misa y hubo verbena porque lo moradores del municipio de Baviácora había recuperado al Santo más famoso del Río de Sonora.
Allí fue colocado en una vieja galera de los Romo que convirtieron en capilla y que con el paso de los años han venido ampliando. El el único punto del Río en donde sacan fariseos en Semana Santa.
De la carreta o berlina me dice doña Licha de Mendoza que deshizo a pedazos y en las llantas de madera recargadas en la paredes del templo se trepaban de niños cuando estudiaban la doctrina.