EL POETA YAQUI SANTOS GARCÍA WIKIT

Ciudad Obregón Sonora a 20 de Noviembre de 2008

Por Francisco Sánchez López.

 La nación Yaki ha perdido a uno de sus hijos más pródigos, al gran Mtro Santos García Wíkit, de semblante claro y sereno.

 Poseedor de toda la magia que sólo una Nación como la Yaki  puede heredar a su raza, amante a más no poder de su cultura y de sus raíces.

  En estos momentos mientras leo de las danzas, poemas, cuentos y canciones Yákis, me vuelvo a maravillar con la literatura del Mtro. Santos Wikit.

 Gracias por compartir tu admiración por él.

 Hasta siempre maestro Santos…

 Hoy, el día del descubrimiento de América por Cristóbal Colón venido en La Niña, La Pinta y La Santa María,  pasado evento anterior a la conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés –Quetzalcóatl regresando al valle de Anahuac, en Sonora, la conquista la detuvo la indómita tribu yaqui con –La línea recta de Hornos—. 

Iniciando así una de las epopeyas más trágicas del mundo por la ocupación blanca de su territorio ancestral, donde, el 1 de enero de 1910, (o 1916, o 1920), nació en el pueblo tradicional de Belem, el mejor escritor costumbrista de Sonora: el Profesor Santos García Wíkit, hijo de  Ramón García Flores y Andrea Wíkit Buitimea.

 Pueblo  descrito en su poema “Béene”: —Beene, lugar de poesía y de silencio,/ donde ha pasado la vida yaqui de viejas costumbres,/ como órbitas de calaveras,/ hablándonos  de la vida y la muerte,/ de la leyenda, de la belleza y de la verdad…/ Pocos lugares de meditación y ensueño,/ la vieja casona, mi casa Béene.

Estudió la escuela primaria y secundaria en Guaymas y Hermosillo, fue cadete del Colegio Militar en la Ciudad de México, profesor graduado en la Escuela Nacional de Maestros en 1948 y precursor de la escuela rural. A los 28 años fue consejero de los ancianos de su pueblo; en 1950, autoridad tradicional del pueblo de Belem y jefe mayor de los fiesteros pajkolas.

En uno de sus viajes al sur: —Traje la imagen de la Virgen de Guadalupe a la Loma de Bácum, por ahí, de las fiestas—, me indicó en una entrevista en el Asilo San Vicente. Agregando: —En un viejo vagón del tren regresé a Bájtabwekáapo (Cajeme) y a Kóokoim (Cócorit).

En  1975, lo conocí en el antiguo Mercado Municipal de Cajeme, me lo presentó mi apá, Don Cheto Sánchez, y  lo visité por varios años en su chiname de un callejón pobre de Vícam Estación, mientras realizaba mi servicio social y tesis profesional como estudiante de arquitecto de la Universidad de Guadalajara. Me regaló el magnifico libro “Tribu Yaqui”, editado para la 2da. Feria Regional Agrícola, Ganadera e Industrial del Noroeste, en Ciudad Obregón y le compré varios de sus escritos en hojas tamaño carta que vendía para sostenerse económicamente.

En 1977, el Día de Muertos, expuse sus Leyendas y Cuentos, y magníficos dibujos de la Danza del Venado, de la Pajkola, de Los Matachines a colores y algunos de las escenas de sus relatos que causaron sensación y un choque cultural entre la intelectualidad y lo artístico del alumnado y profesores de tésis por ser la primera vez, que se exponía arte vernáculo mexicano en las aulas de la Facultad de Arquitectura.

Le gustaba andar en libertad por las calles de nuestra ciudad y —no estar amarrado como un perro—, como se refería a su estancia en el Asilo debido a la enfermedad; fue Gran Maestre de la asociación MAIS-Toltekahiotl, promotora de las culturas indígenas de América y colaborador en la revista Juku Jeeka de APALBA, para morir el 3 de octubre del presente año en una cama del Hospital General en medio de una ignominiosa pobreza extrema que —lacera el espíritu—, al no superar el cáncer que lo  llevó a su tumba en el cementerio de la Loma de Bácum…

… y así,  nacer la leyenda de  Wíkit para la posteridad.

Controversial, polémico y fantástico narrador de leyendas y cuentos vivió la dualidad expresada en las máscaras chivatos de los pajkolas: La del yoreme, no bien visto por la tribu por abrir su cultura al conocimiento sonorense. La otra: la del yori, menospreciado por grupos de literatos tachándolo de mentiroso y falto de estilo en las letras.

Ante esta situación, le pregunté su opinión: —Me critican por envidia, ellos dicen que lo mio no es cierto…Pues, lo de ellos tampoco—. Afirmando con certeza: —La poesía de los yoris (mexicanos y extranjeros) es muy pornográfica; la yaqui es más limpia, le canta a las flores, al amor, a la mujer, a las aves, mariposas y venados—.

Admirado por mucho de nosotros por su gran obra literaria, marcando un parte aguas en la literatura sonorense por su costumbrismo vernáculo, fue visitado por diferentes personalidades de la antropología internacional, esnobistas y turistas para su asesoráis  de estudios sobre la cultura yaqui, debido a la popularidad de los libros de Carlos Castaneda en el mundo. (“El Camino Yaqui del Conocimiento”, “La Realidad Separada”, “Viaje a Ixtlán” y demás 6 libros de este antropólogo de la Universidad de California.

Para que usted amable lector,  conozca  su legado, incluyo lo mejor de él según mi punto de vista: —Profesor, declámame el poema “Henchí née huata” (Te quiero). Le solicitaba cada vez que lo veía.

Él se acomodaba su sombrero al lado izquierdo de su rostro y dejaba fluir las rítmicas palabras en su idioma yuto azteca:

—Túisi obiachic henchí wáata betichivo,/ ii júnen taka juni née henchi wáata,/ henchi née huata káa nokimmea,/ káa henchi ten liutáka,/ káa ét mammakái, / kía née henchi huata—: “Es tan difícil quererte y sin embargo te quiero,/ te quiero sin palabras,/ sin besos ni caricias,/ te quiero solamente,/ eres el viento, la lluvia,/ y hasta el agua que bebo”.

Aprecio mucho el poema  “Amabutti in henchí huata”. (De tanto que te quiero): —Mi corazón es Astro,/ llevo un caudal de estrellas en la mano,/ y un fardo de sueños en el alma,/ parece que navego por mares de corales—.

Enamorado como pocos,  inspiró el poema “Mujer Yaki”: —Esa mujer es india yaki,/  y por lo tanto tres veces hermosa,/: Por Yaki, por india y por mujer,/ lleva en sí, el profundo misterio de su raza—. Y la “Carta a mi hijo” (Nicolás García): —Si el mundo no quiere comprenderte,/ comprendido serás cuando tu muerte—.

De sus prolíferos fantásticos cuentos tenemos, El Pajkoola Yécaalá, donde relata la belleza de la danza por joven danzante enamorado de la bella doncella Lucía; por amor, es señalado como Torocoyori (tradidor a las costumbres) por un anciano tradicionalista que asesina, aplicándole la autoridad la estricta ancestral  la Ley Yaqui que lo lleva al paredón.

La viuda, vieja, fea y robusta, clama piedad: ¡No, máusser, no!: Que se case conmigo el buen mozo y mantenga a mis nueve hijos que dejó en orfandad.

En el de “Báa youi” nos relata a un cazador engañado por un brujo que le hizo ver: —Un lago de plata nimbada, extraños colores de encantamiento, la aparición de una bella mujer con altivos ojos carbuncios—.

De sus leyendas, disfruto: la de “Sibalaúme”, la del “Chapulín Brujo”, la del “Yoo mogoi”, “La Chíriki” el “Gran Nicolás”, el “Yoo bwaa” y  “El Chictura”.

Tiene ya un honroso lugar en la plástica de Cajeme como icono en la obra de la pintora Gerorgina de Icedo: “Retrato de Wikit”, “Santos García”, “A un poeta” y la leyenda del Chapulín Brujo.  Misma que inspiró al maestro Arteche junto a la de “Yoo momoli” (Mujer Venado) para su imaginaria figurativa abstracta  en los murales de la Biblioteca Pública.

 Sus fantásticos relatos de encantamientos y apariciones de bellas mujeres la  yuxtapuse con el manifiesto surrealista de André Breton, para crear mi arte del realismo mágico de los yaquis en 1978. De los antropólogos que lo visitaron en su casa en Vícam Estación, me contó la siguiente:  

  -A   Carlos Castañeda le pregunté: ¡Donde agarraste a tu Juan Matus, el yaqui brujo de tus libros?

  - Él me contestó  sonriendo:

  -¡Tú eres Juan Matus!—. Ja, Ja, Ja, ¡Fantasía Pura! Incluyó que un fotógrafo de un  periódico  Nueva York publicó: —Santos, “el Buda de los Yaquis”. Es muy largo su anecdotario.

No creía en el cristianismo yori como cualquier otro intelectual, su filosofía era naturalista: —La que brota del Alma—. Mencionó en la entrevista, donde, al final de ella, abordamos el tema de la muerte: “Todos vamos a morir algún día”, le mencioné, ¿Qué opina usted de ella?, le pregunté,  para luego él contestar: —Ni bien ni mal, es natural, tiene que llegar y ¡Ni modo que le diga que no!; Ella  dirá: ¡Ya vengo por ti, Wíkit! Y le contestaré: ¡Vámonos, pues!

Me despido de el con tres poemas: “In jíawi” (Mi Invocación): —Padre sol, lleva con tu luz mi palabra,/ haz que mi voz llegue a todos los rincones de América,/ que los guerreros de la tierra, de agua, de viento, de fuego,/ escuchen mi invocación nacida en el Samawaka de la Nación Yaki—.

Por su belleza, el dedicado al estado; “Sonora”: —¡OH, tierra mía! Grandiosa en la esperanza,/ oye mi oscura voz que te reclama,/ mi pragmático acento que canta—. Y el “Júu kókowamé”: —¿Existe la muerte? ¡Claro que existe!/ lo que se nos escapa es su significado,/ sin ella, la vida no tendría sentido,/ nada podrá evolucionar dentro del plano Cósmico,/ en que se sustenta la vida.

¡Descanse en paz! Don Santos, mi buen amigo por varias décadas, gran narrador, cuentista y poeta  yaqui quien se ganó su sitio preponderante en la literatura de Sonora, México y en un futuro no muy lejano, en la literatura universal porque su prosa es la heredera del conocimiento antiguo, precolombino, el de las y los “Sawuaris” (sabios) yaquis.

Lamentablemente entre los círculos literarios  y la sociedad yori de Sonora, se le vio más como “un rezago histórico” que  escritor, por la infame discriminación social del sonorense.

En mi blog me dejó recado el señor Fernando Mora indicaádome sus entrevistas que están en sus sitios y ustedes pueden enlazar: Sr. Arq. Sánchez, estos son los enlaces de las entrevistas que le realice por si quiere compartirlo en su blog: http://www.videosonora.com, estamos a sus ordenes.

Francisco Sánchez López.

Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, colaborador cultural en crónica y crítica de arte para el suplemento Quehacer Cultural del periódico El Diario del Yaqui, de Ciudad Obregón, Sonora. Mx. Y para la revista Juku Jeeka de APALBA.