CARLOS RODRIGO ORTIZ RETES, GOBERNADOR DE SONORAPor: Lic. Juan Antonio Ruibal C.

El “INSTITUTO SONORENSE”.- El joven Gobernador de 29 años de edad Carlos Ortíz Retes, el mas joven en la historia de Sonora (1) se hizo cargo del poder bajo los mejores augurios de una brillante gestión administrativa.

Excepcionalmente dotado de talento y energía, era además culto, gozaba de gran prestigio y popularidad y le ayudaba enormemente la circunstancia, de que el Estado se encontraba en paz por primera ocasión en muchos años. Aunado a lo anterior, existía además el atractivo adicional a su ya carismática personalidad, el hecho de que era un respiro civilista en un medio congestionado de militares.

Basta recordar que desde su erección como entidad federativa en 1831, Sonora solo había tenido 2 gobernadores civiles: Don José María Gaxiola en 1845 y el Lic. Don José de Aguilar en 1849 y 1956. No había pues aparentemente, ninguna nube que empañara su horizonte.

Afirma Sobarzo que dos ideas eran obsesión en Ortiz; una política: la soberanía del Estado y otra social: la educación pública (2). No es de extrañar por lo tanto, que su primer acto de gobierno efectuado el mismo día de la toma de posesión el 4 de Septiembre, fue nombrar al Dr. Pedro Garza como Director del “Instituto Sonorense”, de hecho la Universidad de Sonora ¡hace más de 100 años! y que se adelantó en más de 60 a la actual.

En efecto, en dicho Instituto se proyectó establecer las carreras de Medicina, Veterinaria, Arquitectura e Ingeniería entre otras (3). El esfuerzo es de un gran valor y trascendencia, ya que comparado con el resto del país, Sonora estaba atrasada en materia de educación superior, circunstancia muy explicable desde luego, por sus frecuentes convulsiones internas y la cruel lucha por la supervivencia en un medio seco y avaro, aderezado con frecuentes incursiones depredadoras por parte de tribus salvajes.

Esto aclara por qué en el centro y sur del País, las instituciones de cultura superior florecieron temprano: así por ejemplo: El Colegio del Estado, hoy Universidad Autónoma de Puebla, fue fundado en 1825; el Instituto de Ciencias y Artes del Estado, hoy Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca, en 1827; el Instituto Científico y Literario del Estado, hoy Universidad Autónoma del Estado de México, en 1828 y el INSTITUTO DE Ciencias y Artes, hoy Universidad de Zacatecas en 1832, para no mencionar sino unas cuantas (4).

Con entusiasmo febril, el gobernador Ortiz se entregó a la magna tarea. El 5 de Septiembre, comisionó al citado Dr. Pedro Garza para que de inmediato, se trasladara a los Estados Unidos y Europa, con el fin de adquirir el equipo necesario para el flamante Instituto, así como para contratar personal docente y empleados que a su juicio fueran necesarios, situándose para el caso fondos en Nueva York y París. (5)

Lamentablemente, el Dr. Garza se fue de paso en su cometido, ya que al siguiente año a mediados de 1882, el Instituto contaba en efecto con algunos maestros importados de Europa, pero con el grave inconveniente de que ni uno de ellos, hablaba el castellano; además se compró un Museo completo de Historia Natural, un Laboratorio de Química, un Gabinete de Física, aparatos para observatorio y se invirtieron $4,000.00 en floretes para la clase de esgrima (6)
Con el objeto de construir el edificio del Instituto, el 7 de Septiembre de 1881, el Gobernador del Estado adquirió del Sr. Arq. Javier Jara un terreno con superficie de 6450 metros cuadrados, localizado exactamente donde hoy se encuentra el Palacio de Gobierno del Estado. El importe de la operación fue por la cantidad de mil pesos, de los cuales se pagarían $250.00 en terrenos del Ayuntamiento que Jara y socios tienen denunciados y el resto en mensualidades de cien pesos que entregará el Gobierno del Estado cada día quince (7)

A pesar del gran entusiasmo que despertó su nacimiento, respaldado inclusive por suscripción popular que el gobernador fue el primero en aportar, la falta de planeación y los graves problemas políticos surgidos poco después y que serán analizados en su oportunidad, impidieron que dicho centro educativo siguiera funcionando. En cualquier forma, queda para la posteridad el enorme esfuerzo realizado por el Gobernador Ortiz en este importante renglón.

Debe agregarse que con el fracaso del Instituto, Sonora perdió una gran oportunidad de emerger del subdesarrollo cultural. Grave delito intelectual, el de esta generación de 1882; tan es así, que tuvieron que transcurrir 60 largos años más, para que otra generación, consciente de su responsabilidad histórica, tomara cartas en el asunto y por fin, el jueves 15 de Octubre de 1942, se realizara con toda solemnidad la ceremonia inaugural de los cursos académicos de la hoy Universidad de Sonora (8)

EXCELENTES PROPOSITOS DE GOBIERNO.- El 16 de Septiembre, al instalarse el 8o. Congreso Constitucional de Sonora, el gobernador concurrió a la apertura de sesiones, pronunciando un brillante y avanzado discurso. De su análisis se desprenden conclusiones muy interesantes y reveladoras de la personalidad de Ortiz; así por ejemplo, se refiere a México como “Confederación Mexicana”, señal inequívoca de que seguía firme en su mente la idea del sistema político alemán.

En el mismo documento, anuncia que presentará ante el Congreso un proyecto de reformas a la Constitución para aumentar el período gubernamental a cuatro años, aduciendo con toda certeza, que la lucha electoral peligrosamente repetida cada 2 años, era motivo de frecuentes disturbios y permanente agitación.

Vuelve a cargar el acento en el tema educativo y al hablar de la construcción de un ferrocarril de Alamos a Yavaros, es de llamar la atención su acendrado nacionalismo al expresar textualmente a los diputados: “Espero de vuestra influencia en los diversos Distritos del Estado, que esta obra puede completarse sin necesidad de recurrir al Capital extranjero” (9) ¿Visualizó Ortiz el colonialismo económico que fue la marca de fábrica del porfiriato …?

EL FERROCARRIL DEL PACIFICO.- La construcción del ferrocarril se había convertido en Sonora - como en México- en un fenómeno traumático y en todo un signo de vida en la época. Como bien lo apunta John H. Coatsworth “La élite del país consideraba las mejoras en el transporte en general y en los ferrocarriles en particular, como el requisito más importante del progreso después de la estabilidad política y social”. (10)

Particularmente en nuestra entidad, su realización práctica hubo de atravesar por una tediosa e interminable estela de concesiones, peripecias y fracasos, que convertían su realidad en inalcanzable y colocaban a Sonora muy atrás del centro del país en esta materia, no se diga de los Estados Unidos y Europa, quienes entre propósitos expansionistas, entrelazados con los comerciales, codiciaban desde hacia años atrás, el establecerse en estas tierras.
La cadena comenzó en 1849 con un tal Hipólito Pasqueirde Doumartin, una de las primeras avanzadas del gobierno de Francia para tratar de adueñarse de las entidades noroccidentales de México. No obtuvo la concesión correspondiente y falleció a los pocos años en París “manifestando su sentimiento porque Francia no había logrado apoderarse del Estado de Chihuahua” (11).

(La pretensión era establecer el ferrocarril Chihuahua-Pacífico).
De ahí en adelante, los presuntos concesionarios fallidos fueron Alejandro José de Atocha, súbdito español en 1854; Francisco Mc. Manus y Francisco Potts y socios en 1859; general Angel Trías en 1866; Julius A. Skilton en 1869; James Eldregue en 1872 y David Boy Le Blair en 1874. En algunos de estos casos, se declaró incompetentes a las legislaturas locales para otorgar concesiones y en otros, los trabajos no llegaron a efectuarse (12)

Por fin la séptima concesión otorgada a los señores Robert E. Symonds y David Ferguson el 19 de Junio de 1877, fue la que logró cristalizar. Originalmente, el ferrocarril debería partir del puerto de Guaymas a Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez) en Chihuahua, pasando por Hermosillo, Ures y otras poblaciones, pero el 16 de Noviembre de 1881, se obtuvo una ampliación que facultaba a los solicitantes a construir un ramal a la frontera.
Así se llevó a cabo en efecto, habiéndose seleccionado como terminal la hoy ciudad de Nogales, (que entonces no existía) hacia cuyo punto se continúo el tendido de vías de Hermosillo hacia el norte. Dejó de tener por lo tanto interés para los concesionarios, proseguir de Hermosillo al Estado de Chihuahua, por lo que operó la caducidad en esta parte de la concesión (13). En dramática ironía, esta circunstancia aisló por muchos años a Ures y los pueblos del Río Sonora. Se constituyó para el efecto, la “Compañía del Ferrocarril de Sonora” y en medio de gran entusiasmo “los primeros reconocimientos para el trazado fueron emprendidos en el mes de Febrero de 1880, bajo la dirección del Sr. W.R. Morley como Ingeniero en Jefe, partiendo del Puerto de Guaymas hacia el Norte, y los planes definitivos de los primeros 53 kilómetros fueron aprobados oportunamente por la Secretaría de Fomento”. (14)

Los trabajos revistieron también una prolongada serie de contratiempos (15) y problemas sociales con la fuerte inmigración extranjera que ocasionó el ferrocarril, pero al fin se terminó la vía de Guaymas a Hermosillo. Aunque el mérito inicial de la obra no es de Carlos R. Ortiz, su intervención fue muy importante al decir de una observadora norteamericana

“La elección del gobernador Carlos R. Ortiz, quien tomó posesión el lo. de Septiembre para el periodo constitucional 1881-1883, jugó un importante papel en la terminación de la conexión Guaymas-Nogales. El asumió la responsabilidad por la seguridad de los ingenieros, los trabajadores y los campos. Desafortunadamente, ni el nuevo gobernador ni la paz durarían mucho tiempo, pero la línea se concluyó durante su corto período en el puesto”. (16)
A1 fin, el 25 de Octubre de 1881, fue solemnemente inaugurada la primera línea del Ferrocarril que incorporó a Sonora al desarrollismo económico característico de esta época. Por supuesto, que el inusitado cuanto novedoso espectáculo de la partida del primer tren fue todo un acontecimiento, como lo relata un escritor costumbrista:

“Cuando salió de Guaymas el tren, la pequeña locomotora que quemaba leña para dar presión a sus calderas resoplaba y lanzaba humo y vapor. El júbilo de los pasajeros y los que presenciaban la partida era indescriptible: gritaban delirantes. Los perros callejeros corrían por doquier llenos de pavor y los caballos de los carros urbanos se encabritaban. Dos barcos de vapor que estaban surtos en la bahía acompañaban a la locomotora con sus silbidos. Dichas embarcaciones acababan de desembarcar material para el ferrocarril” .

“Desgraciadamente el convoy hubo de cesar en su marcha al llegar a la primera pendiente de la vía; la locomotora perdió tracción por la enorme carga que jalaba. Para tristeza de unos y disgusto de otros, desengancharon dos carros para que el tren siguiera adelante. Hubo un intento de motín y como siempre sucede - lo mismo ayer que hoy- salieron lideres improvisados que trataron de culpar al gobernador Ortiz Retes. Pero realmente todo se debió a la improvisación e inexperiencia de los directivos del ferrocarril”. (17)

El examen del párrafo anterior despierta hilaridad, pero si se lee “entre líneas”, se detecta ya el germen del sabotaje entre los enemigos del gobernador, tratando de aprovechar un evento de tal magnitud a importancia en esa época, para desacreditar el régimen. Cabe añadir que con el correr de los años, el ferrocarril resultó de gran utilidad para los sonorenses y una precaria aventura económica para los inversionistas norteamericanos (18)

SE INICIA LA TORMENTA. Es difícil precisar en que momento se iniciaron los problemas entre el gobernador Carlos R. Ortiz y su omnipotente y compacto bloque de enemigos, integrado por el ex-gobernador Luis Torres, Don Ramón Corral, los Generales José Domingo Carbó y Bernardo Reyes, el diputado Rafael Izábal y el ministro de Guerra y Marina, Gral. José Francisco Naranjo, con la sospechosa complacencia del Presidente Gral. Manuel González y el poderoso ex-presidente Porfirio Díaz.

Parece que el verano de 1881, ya como gobernador electo, Ortiz manifestó su propósito de desarrollar sus elevadas funciones sin interferencias de sus apoyantes, especialmente Don Luis Torres. Y como no se andaba con medias tintas, al tomar posesión de su cargo, unió la acción a la palabra desestimando a miembros de la facción “torrista” para posiciones dentro de la burocracia (19)

Y todavía más, sintiéndose incómodo por las presiones de Torres, el gobernador escribió al Ministro de Fomento General Carlos Pacheco, solicitándole la salida de Torres a otra zona militar (20) y efectivamente este último salió de Sonora a principios de Diciembre, pero -a un sorpresivo viaje de “vacaciones” a la ciudad de Nueva York.

El día 10 se encontró en dicha metrópoli con el general José Domingo Carbó y con Ramón Corral, quienes coincidentemente también realizaron juntos por barco desde Veracruz, otro viaje “de placer” a esa ciudad (21). Los tres personajes tuvieron prolongadas reuniones en las que los asuntos de Sonora fueron ampliamente discutidos y decidieron eliminar a Ortíz (22)

Un breve pero importante paréntesis, para no alterar el orden cronológico de los acontecimientos. Con gran visión, el gobernador Ortiz trató de combatir las alcabalas que estrangulaban al comercio local, mediante Ley No. 21 del 22 de Noviembre de 1881; asimismo, para ordenar la marcha de los asuntos públicos, promueve la importante Ley Orgánica del gobierno y administración interior del Estado de Sonora; sin embargo, llama poderosamente la atención al observador, la Ley No. 26 que establecía los derechos y obligaciones de los sirvientes domésticos y jornaleros.

Tratemos de despojarnos de toda contaminación demagógica y veamos el contenido del Art. 7o., tibio, pero asombroso antecedente del Art. 123 Constitucional que prescribía
”En lo sucesivo, nadie podrá descontar a sus sirvientes domésticos o jornaleros para el reintegro de las cantidades que les tengan anticipadas a cuenta de sus servicios, arriba de la cuarta parte del salario que devengaren, debiéndoseles entregar cuando menos tres cuartas partes de dicho salario en efectivo para su subsistencia y la de su familia” (23)

Prueba evidente de que la administración estatal gozaba de gran prestigio entre nacionales y extranjeros, es que en el Reporte Anual dirigido al Departamento de Estado por el Cónsul norteamericano en Guaymas Mr. Alexander Willard, éste comenta elogiosamente la notable mejoría de los negocios en el Estado de Sonora. (24)
A1 iniciarse 1882, aún era muy claro el panorama para el gobernador. Llevado por esa ardiente inclinación que sentía hacia los temas educativos, el 6 de Enero publicó la Ley Orgánica de la Instrucción Pública en el Estado de Sonora (25),el cuerpo legal mas avanzado y progresista promulgado en toda la historia de la entidad hasta esa época.
Hay en la materia un antecedente de mérito: la Ley de Instrucción Primaria promulgada por el gobernador Don Ignacio Pesqueira (26), que empezó a regir el lo. de Mayo de 1874 pero dicho ordenamiento, nunca tuvo los alcances, ni la visión integral del problema educativo, como sucedió con la ley promulgada por Ortiz.
La misma consta de IV Títulos, subdivididos en 90 artículos y con sistematización sorprendente, éstos se refieren a la Instrucción Primaria, Secundaria, Profesional e Inspección de la Instrucción Pública. El Art. lo. establecía la obligación de erigir en todos los pueblos del Estado cuyo número excediera de 600 habitantes, por lo menos una escuela de primeras letras para niños de ambos sexos sostenida por el Ayuntamiento respectivo.

El Art. 7o consignaba como garantía la instrucción primaria en el Estado con carácter gratuita y obligatoria; el Art. 17, contenía una minuciosa reglamentación del plan de estudios; el 33, el establecimiento de Colegios de Instrucción Secundaria financiados por la Hacienda Pública; los Arts. 37 y 38 señalaban también meticulosamente los ramos y materias de este tipo de enseñanza; el 49, los futuros establecimientos de Instrucción Profesional y los subsecuentes, era una verdadera Ley Reglamentaria para el Ejercicio de las Profesiones; el Art. 71, consagraba la libertad de enseñanza y el 81, creaba la Dirección General de Instrucción Pública.

Sin embargo, al lado de este constructivo y edificante panorama, el gobernador Ortiz Retes, cometió su primer grave error, ya que en las mismas fechas y con el pretexto de incursiones apaches en el noreste del Estado, nombró como jefe de la campaña contra los belicosos indígenas, al general José Tiburcio Otero y ordenó se pusieran a su cargo todas las fuerzas disponibles, dividiendo la Entidad en verdaderas zonas militares y efectuando toda una serie de nombramientos castrenses.

Para mal complemento, el 15 de Enero recurrió al peligroso expediente que tanto había deteriorado a sus antecesores y enemigos políticos, los generales Pesqueira y Mariscal, esto es, obtener del Congreso facultades extraordinarias en los ramos de Hacienda y Guerra “hasta un mes después de abierto por el Congreso el 2o: período de sus sesiones ordinarias, para arrojar a los apaches del territorio del Estado e imponer respeto a las tribus de los Ríos Yaqui y Mayo” (27)

Lo sorprendente es que a pesar de la gravedad de esta medida; el Poder Legislativo hasta se apresuró a concederlas en un acto de solidaridad institucional que jamás se quebró entre ambos poderes. Este es uno de los párrafos de la discusión respectiva en el Congreso:
“Comisiones Unidas de Guerra y 2a. de Hacienda : Las comisiones unidas que suscriben, a cuyo dictamen pasó la iniciativa del gobernador en que solicita facultades extraordinarias en los ramos de Hacienda y Guerra, no han necesitado de hacer un largo estudio y extensa exposición para fundar el dictamen correspondiente.

Por la comunicación oficial del Gobierno, las partes relativas a las incursiones de los bárbaros y los frecuentes robos cometidos con impunidad por las tribus rebeldes de los Ríos Yaqui y Mayo, se tiene perfecto conocimiento de que el Ejecutivo sin que se le amplíen facultades constitucionales, no podría afrontar una situación peligrosa durante el receso del Congreso si por desgracia llegara a estacionarse la guerra de los bárbaros en los Distritos invadidos hasta hoy y que muy bien pudieran hacerse extensiva a la mayor parte del Estado..” (28)

Claro que estas medidas, impropias para un gobernante culto y civilizado, que constituían además un franco desafío de jurisdicción en desdoro de la autoridad militar federal, representada en este caso por el general José Domingo Carbó, evidentemente tenían que provocar la irritación y hostilidad de éste último.
Y el asunto se complicó ya que el general Francisco Naranjo, Ministro de Guerra y Marina, telegrafió a los generales Carbó y Bernardo Reyes éste último subordinado de aquél y que se encontraba en Sonora, manifestándoles que el gobierno federal tenía noticias de que los Distritos de Moctezuma y Sahuaripa presuntamente invadidos por los apaches, se encontraban en completa calma (29). Los cierto es que las incursiones depredadoras eran una realidad.
Para fines de Enero de 1882, el gobernador empezó a sentirse incómodo y a dar muestras de desasosiego. Escribió una larga carta en la que se quejaba amargamente de sus enemigos, especialmente de Carbó. Curiosamente, dicha misiva fechada el 25, fue enviada al general Carlos Pacheco, Ministro de Fomento ¡y compadre de Carbó … ! A pesar de ello, Ortiz solicitó su ayuda.

Son altamente reveladores algunos fragmentos de la misma: “En el Tucson no tuvo embarazo el Sr. Gral. Carbó de asegurar públicamente que venía dispuesto a arrojarme del gobierno, si yo no quería sujetarme a ser consecuente en todo con los deseos de Don Luis E. Torres y sus amigos, jactancias que inmediatamente circularon por todo el Estado produciendo una gran alarma a la vez que una profunda indignación…” (30)

Relata enseguida una serie de provocaciones y descortesías de las que dice el gobernador ha sido víctima, entre otras, la de pretender imponerle a Don Ramón Corral como Secretario de Gobierno y advierte con su acostumbrada valentía: “En consecuencia he roto por completo toda relación con este jefe y he recogido el guante que sin motivo alguno me ha arrojado a la faz de todo el Estado, habiéndome formado la inquebrantable resolución de sostener la dignidad del gobierno del Estado aún cuando para ello fuere preciso sacrificar mi vida y el porvenir de toda mi familia”. (31)

Y nuevamente vuelve a insistir en su terca pasión federalista en este penúltimo párrafo de la misma: “Si esta cuestión fuera personal entre el Sr. Gral. Carbó y yo, jamás me habría aventurado a molestar la atención de V. (se refiere al general Pacheco). Más aquí se trata del porvenir de un Estado fronterizo que por su situación especial merece la atención del Supremo Gobierno; se trata de la tranquilidad y bienestar de toda una sociedad que sin razón ni objeto es ultrajada, pues el general Carbó ha herido en lo más vivo el sentimiento de patriotismo local, se trata en fin de un gobierno de un Estado soberano que tiene que sostener su dignidad lastimada a la vez que los principios fundamentales de nuestras Instituciones…” (32)

A1 día siguiente, también escribe a Don Porfirio Díaz quien después de concluir su primer período como Presidente de la República, hacía tiros de calentamiento como gobernador de Oaxaca para no enfriar su brazo político y le reveló en forma sintetizada, las mismas denuncias que había hecho a Pacheco. Ya las posturas eran irreconciliables, pues Ortiz se refiere a Don Ramón Corral como “un enemigo mío” y agrega “con quien yo nunca podría obrar de acuerdo” (33)

Por su parte, Carbó ordenó al general Otero presentarse en Guaymas con el objeto de que le informara de la cuestión apache y al mismo tiempo, escribió al Ministro de Guerra y Marina general Francisco Naranjo, acusando a Ortiz de tener prácticamente desguarnecido el Estado utilizando las fuerzas en “cuestiones administrativas” (34), lo cual vino a agravar la ya notoria rivalidad.

A su vez, el propio Ministro de Fomento Carlos Pacheco, en carta enviada a Carbó el 17 de Marzo, visualizó la gravedad del conflicto, y a pesar de la estrecha amistad que lo unía a este último, se declaró neutral y lo instó a conservar la tranquilidad para no interrumpir “la era de progreso porque atraviesa la República” (35)

Contesta Carbó el 31 de ese mes, acusando de nuevo a Ortiz de tener un carácter inmoderado e irreflexivo e invita insidiosamente a Pacheco a “apoyar el partido del Sr. Torres en Sonora, de cuya adhesión y lealtad al gran círculo porfirista del país y al Supremo Gobierno debemos estar seguros” ¿estaba la mano de Don Porfirio tras de bambalinas apuntando demoledoramente la figura de aquél que en 1877 - entonces modesto diputado provinciano del siglo XIX; osó retar en Sonora su autoridad personificada en el general Epitacio Huerta?.

Nos parece contundente por otra parte, que el propio compadre de Carbó y Ministro de Fomento general Carlos Pacheco, se haya, convertido en franco simpatizador de la causa de Ortiz y trabajara para debilitar la facción Carbó-Torres-Corral, aclarando a Don Porfirio, que las quejas de Ortiz eran justificadas y que Carbó había proporcionado informes falsos en relación con la campaña apache, con el fin de desprestigiar al gobernador.

Queda fehacientemente comprobado con estas evidencias, que a pesar de que el Presidente Constitucional de la República era el general Manuel González, el verdadero jefe de la Nación seguía siendo Don Porfirio Díaz, quien tuvo que guardar las apariencias para no reelegirse de inmediato. La reforma constitucional de 1878 le capacitó para una sola reelección, después de haber transcurrido 4 años; en 1887, una nueva reforma le permitió reelegirse para el siguiente período y en 1890, una última modificación liquidó toda barrera para perpetuarse en el poder (37).

NOTAS:
(1).- Los otros 2 gobernantes más jóvenes son: Rodolfo Elías Calles de 31 años, en 1931 y Carlos Armando Biebrich Torres de 33 años, en 1973.
(2).- Sobarzo Horacio, “Crónicas Biográficas, Impulsora de Artes Gráficas, Primera Edición, Hermosillo, 1949, Pág. 140.
(3).- Gustavo Rivera Rodríguez, “Breve Historia de la Educación en Sonora”, Hermosillo, 1979. Pág. 24.
(4).- Jaime Castrejón Diez, “La Educación Superior en México”, Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública, México 1976. Pags. 235 y 236.
(5).- A.G.E.S., “La Constitución”, Tomo III, No. 46, Edición del 8 de Septiembre de 1881.
(6).- Gustavo Rivera Rodríguez, “Breve Historia de la Educación en Sonora”, Hermosillo 1979. Pág. 23.
(7).- Fernando A. Galaz, “Dejaron Huella en el Hermosillo de Ayer y Hoy”, Imprenta de A. Mijarez y Hno., S.A., México 1971. Pág. 358.
(8).- Ernesto Salazar Girón, “Orígenes y Desarrollo de la Universidad de Sonora”, Ediciones de la Universidad de Sonora, s/f y p.
(9).- A.G.E.S., “La Constitución”, Tomo III, No. 49, Edición del 21 de Septiembre de 1881.
(10).- “El Impacto Económico de los ferrocarriles en el Porfiriato”, Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública, ira. Edición, México 1976. Tomo II, Pág. 77.
(11).- Francisco R. Almada. “El Ferrocarril de Chihuahua-Pacifico”, Editorial Libros de México, México 1971. Pág. 15.
(12).- Epifanio Zamorano Ramos, “Comentarios sobre ferrocarriles, Primer Ferrocarril en Sonora y Ferrocarril del Pacífico”, Memoria del V Simposio de Historia de Sonora, Instituto de Investigaciones Históricas, Hermosillo 1980, Pág. 105.
(13).- Ibidem.
(14).- “Reseña sobre los principales Ferrocarriles construidos en México”, México 1892, Reimpresión de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, México 1979. Pág. 459.
(15).- Véase una versión muy completa aunque muy “norteamericana” de los hechos en “Twenty Years to Nogales, The Building of the Guaymas-Nogales Rail-road”, by Consuelo Boyd, The Journal of Arizona History, Otoño de 1981, Volúmen 22, número 3, Pág. 295 y sgts.
(16).- Ibídem, Pág. 306.
(17).- Gilberto Escobosa Gámez. “El Ferrocarril del Pacifico”, Memoria del Primer Simposio de Historia de Sonora, Pág. 275 y 276.
(18).- Boyd, op. tic., Págs. 318 y sgts.
(19).- Delmar León Beene, “Sonora in the Age of Ramón Corral 1876-1900”, The University of Arizona, Tucson, 1972. ( Unpublished Materials), Pág. 94.
(20).- Archivo del General Porfirio Díaz, que en adelante se denominará A.G.P.D. Universidad Iberoamericana, México, Sala Francisco Xavier Alegre, Legajo No. 7, Caja No. 2,000714.
(21).- Uruchurtu, Manuel R. “Apuntes Biográficos del Sr. Dr. Ramón Corral, Eusebio Gómez de la Puente, Editor México 1910. Pág. 56.
(22).- Beene, op. cit., Pág. 94.
(23).- A.G.E.S., “La Constitución”, Tomo III, Núm. 69, Ejemplar del 27 de Diciembre de 1881.
(24).- U.S. Dept. of State, Consular Despatches from Guaymas, México 1832-1896, Copia en microfilms, Biblioteca de la Universidad de Arizona, Tucson, Número 1001, Rollo Número 5.
(25).-A.G.E.S., “La Constitución”, Tomo IV, No. 1, Ejemplar del 6 de Enero de 1882.
(26).- V. “Perfiles de un Patriota”, Juan Antonio Ruibal Corella, Editorial Porrúa, Primera
Edición, México 1979, Pág. 22.
(27).- A.C.E.S., Año de 1882, Tomo 62, Carpeta No. 1.
(28).- Ibídem.
(29).- A.G.P.D., Legajo No. 7, Caja No. 2, 000783.
(30).- A.G.P.D., Legajo No. 7, Caja No. 1, 000154.
(31).- Ibídem.
(32).- Ibídem.
(33).- A.G.P.D., Legajo No. 7, Caja No. 1, 000283.
(34).- A.G.P.D., Legajo No. 7, Caja No. 1, 000331.
(35).- A.G.P.D., Legajo No. 7, Caja No. 2, 000401.
(36).- A.G.P.D., Legajo No. 7, Caja No. 2 000402.
(37).- Felipe Tena Ramírez, Derecho Constitucional Mexicano, Editorial, Porrúa, Décima Segunda Edición, México 1973. Pág. 467.