Nació en Arizpe en 1838. Inició su carrera militar como soldado de la Guardia Nacional de Guaymas en 1855. Tomó parte en las acciones de guerra contra los yaquis en Guaymas, Llano de Dolores, Soyopa, Cerro Tordillo, La Pitahaya, Pueblo Viejo, Santa Cruz de Mayo y Cócorit. Fue a Sinaloa con García Morales a combatir a los conservadores.

Subió a mayor el 6 de noviembre de 1859, participó en los combates de Escuinapa, Santiago Ixcuintla, Tepic y El Espinal.
 En 1861 combatió a los conservadores de Estéves en El Salitral. Comandó el 2o. Batallón de Sinaloa que formó parte de la brigada que el general Plácido Vega. Operó en el 2o. distrito del Estado de México. Luchó con Huitrón en Tlalpujahua.

Se batió con los franceses en San Lorenzo. Estuvo en la toma de Taxco, incorporado al Ejército de Oriente que mandaba el general Porfirio Díaz, y en el sitio de Oaxaca, en donde cayó prisionero de guerra en 1865. Conducido a Puebla, al Fuerte de Loreto, se le obligó a firmar su rendición  y a someterse al mando francés. Fue trasladado a Mazatlán donde se le ofreció colocación para que organizara fuerzas adictas al Imperio.

En marzo de 1866 fue consignado a la corte marcial francesa bajo el cargo de propalar noticias falsas, se le impuso la pena de destierro y fue enviado a San Francisco California.

El 7 de agosto siguiente, desembarcó en Boca de Piedras, en unión del general Vega. Siguió al gobierno nacional en su regreso al sur; en Durango se le dio el mando de un batallón de Guardia Nacional de aquel Estado, con el cual se incorporó a la II brigada del general Silvestre Aranda.

En Zacatecas resistió el choque de las tropas imperialistas del general Miramón; mientras el presidente Juárez y sus ministros escapaban a caballo. Fue ascendido a general graduado el 20 de mayo de 1870.

En 1871 tomó el mando de la brigada de la división del general Rocha. Fue enviado con su brigada a operar a San Luis Potosí, donde declaró el estado de sitio y asumió temporalmente los mandos político y militar del Estado. Fue herido en la cara por un casco de metralla en la batalla de San Juan Epatlán, por lo que le concedieron el ascenso a divisionario el 14 de junio de 1876. Falleció al día siguiente a consecuencia de las heridas.

En las elecciones para presidente de la República, el 25 de junio de 1871, contendieron Juárez, Lerdo y Díaz. Los comicios fueron fraudulentos y favorecieron a Juárez, que se perpetuaba en el poder.

 REVUELTA DE LA NORIAalt

 Esto estaba previsto y, desde algunos meses antes, Díaz empezó a organizar una revuelta. El 2 de mayo se había sublevado en contra de Juárez el coronel Máximo Molina con la guarnición de Tampico; pero Sóstenes Rocha, José Ceballos y Diódoro Corella lograron someterla el 11 de junio. Jerónimo Treviño se levantó en armas en Monterrey de acuerdo con Porfirio Díaz, a fin de distraer al gobierno federal hacia el noreste y poder actuar él en Oaxaca donde firmó el Plan de la Noria el 9 de noviembre.

Este documento concluía: ”[…] que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el poder y ésta será la última revolución”, reflexión que habría de olvidar Díaz años más tarde.

Treviño, al desconocer a Juárez, declaró que la rebelión era constitucionalista; que sostendría las leyes y que la acaudillaría Porfirio Díaz. Actuando como general en jefe del Ejército del Norte y apoyado por Francisco Naranjo, Ignacio y Pedro Martínez, Juan E. Guerra, el ex imperialista Julián Quiroga y otros, Treviño se apoderó de Saltillo el 5 de diciembre.

Allí se le unió Donato Guerra, pronunciado en Zacatecas. En febrero de 1872 el gobierno destacó a Sóstenes Rocha para combatirlos. Ante su avance, los pronunciados norteños desistieron de marchar sobre Guanajuato, pero Rocha los alcanzó el 2 de marzo en la Bufa, en Zacatecas. Derrotados, continuaron en campaña por diversos rumbos, siempre con Treviño como jefe.

Las fuerzas federales de Diódoro Corella pudieron llegar a Saltillo el 28 de mayo y avanzaron sobre Monterrey, donde Treviño, con 3 500 hombres, estaba en posesión del cerro del Obispado. Corella lo sacó a campo abierto movilizándose hacia el norte de la ciudad, en San Bernabé del Topo Chico. El día 30 sostuvieron allí más de dos horas de combate.

La carga al sable de la caballería de Cepeda y la del batallón de Revueltas a la bayoneta fueron decisivas. Treviño y Quiroga se retiraron dejando en poder de las tropas del gobierno ocho piezas de artillería y 500 prisioneros.