La cruel muerte de
don Ramón Maldonado
Fue el primer presidente de Magdalena y le llamaban “el cien hijos”***
Don Ramón Maldonado, a quien en su tiempo llamaban “el cien hijos” fue oriundo de Magdalena en donde destacó como un muy capaz “tinterillo” como se le llamaba a los abogados sin títulos en aquellos años de principios del pasado siglo.
Don Ramón sentado el tercero de izquierda a derecha.
Su padre don Genaro Maldonado murió en manos del apache Jerónimo, según se decía, pues cuando andaba en la serranías hacia el oriente tuvo la mala fortuna de toparse con el cabecilla de la banda, que era muy sanguinario y no tenía piedad para con ningún blanco.
Ramón tenía un talento natural y sagacidad para los negocios llegando a acumular un considerable capital, lo cual le permitió alternar con capitalistas incluso extranjeros que visitaban la ciudad para realizar inversiones en minería o en el comercio, lo cual se le facilitaba pues hablaba buen inglés.
Poco a poco se fue convirtiendo en un auténtico latifundista pues sus tierras llegaban rumbo al norte y por ambas bandas del río hasta Terrenate en el municipio de Imuris. Herraba 5 mil becerros al año, así que poseía fincas urbanas y varias propiedades de considerable valor.
Cuando se consolidó el movimiento armado de 1910 que derrocó a Porfirio Díaz, se formó el primer ayuntamiento constitucionalista en el año de 1923, tocando en suerte a don Ramón Maldonado ser el primer presidente municipal de Magdalena.
Los períodos solamente duraban dos años conforme a la reciente reforma constitucional del gobernador don Alejo Bay. Don Ramón despachó en el antiguo Palacio porfirista o de la Prefectura, que en 1910 y para conmemorar el primer Centenario de la Independencia, se le anexó la torre de reloj del actual carecía originalmente.
Don Pedro quien no tuvo ninguna objeción en dar a la muchacha, era un hombre rústico venido del pueblo vecino de Tubutama, pero no tenía parentesco cercano con su yerno, pero si eran vecinos en la calle Obregón en donde don Pedro tenía una finca que casi llegaba hasta el arroyo de la Zapatera.
Don Ramón procreó con Isabel ocho hijos, ya que del primer matrimonio con doña Salomé habían procreado 15 vástagos entre los que cedió todos los bienes.
Además de sus varios hijos legales, don Ramón dejó regada su simiente por todo el distrito, llegando a contabilizarse alrededor de 77 hijos, de allí el mote del “cien hijos”.
Por esta y varias razones la estrella de don Ramón empezó declinar, seguía conservando sus oficinas en la calle Francisco Espino, frente a una escuela de grandes corredores que se derribó para construir el Centro de Salud.
Se dedicaba a llevar asuntos de varios negociantes, entre ellos la familia Soto del municipio de Imuris. Su casa de la calle Obregón se la vendió a don Luis Padres quien con su esposa Panchita Gauna de Padrés abrió una tienda de ropa que fue muy tradicional en la prolongación de la avenida Obregón.
Uno de los hijos del segundo matrimonio, llamado Jesús y que se había ido a California a probar suerte, trabajó por muchos años de maquinista. Pero cierta tarde que conducía una maquina llamada “la Mocha”, y como vivía a eso de un kilómetro de la Estación, al querer brincar se quedó entrampado por lo que las ruedas del tren le mocharon una pierna.
Le colocaron una prótesis, pero no resistió quedarse más en ese país en que lo trató con tanta ingratitud, por lo que decidió venirse a su pueblo que lo vio nacer. Y fue este hijo de don Ramón, el que por azares del destino le tocó lidiarlo cuando estaba muy anciano y sin dinero.
Jesús (el mochito) se puso a gambucear por rumbos del municipio de Sinoquipe, en donde a orilla del río Sonora construyó una casita para estar cerca de los gambusinos en donde también changarreaba comprando el oro.
En cierta ocasión dejó a su papá solo para venir a Magdalena a un asunto. Quiso el infortunio que don Ramón, aquel hombre que fuera un potentado, como estaba encerrado en aquel jacal, por desgracia éste se incendió, muriendo calcinado al no poder ponerse a salvo.
A la distancia de los años don Pastor Maldonado, su cuñado y ahijado, platica que la casita era de ocotillo forrado con lodo y techo de palmilla y un gato tumbó la linterna. Así fue como murió calcinado don Ramón Maldonado un día 21 de marzo de 1941.