El odio de los yaquis hacia los blancos proviene lógicamente desde la aparición de estos últimos en tierras sonorenses y son de sobra conocidas, las constantes hazañas militares que algunos j **
Por: Juan Ramón Gutiérrez**

El odio de los yaquis hacia los blancos proviene lógicamente desde la aparición de estos últimos en tierras sonorenses y son de sobra conocidas, las constantes hazañas militares que algunos jefes cahitas realizaron. Empezando primeramente con Juan Lautaro quién en abril de 1610 derrotó a las tropas del capitán Diego Martínez de Hurdaide hasta fines de la década de los años veinte de la presente centuria.

Citaremos también a Juan Banderas, a Jusacamea, Berriabelillo, Felipe de Jesús Nevares, Cajeme, Anastasio Cuca, Tetabiate, Amarillas y el legendario Jefe Pluma Blanca. Todos los personajes anteriormente citados, hicieron temblar al “yori” e hicieron cimbrar a los diferentes sistemas políticos que han regido al país .

El presente trabajo lo realicé a base de “fuentes vivas” y también de interesantes fuentes hemerográficas, pude hallar también unos datos extraños y que a menudo practicaban los aguerridos yaquis como era el despojar de sus ropas a sus víctimas.
Primeramente el periódico El Comercio de esta ciudad de Hermosillo, publicó en la edición del 13 de enero de 1905, que el día 3 del citado mes, salieron a las dos de la tarde de Mátape -Villa Pesqueira- unos carros propiedad de Palafox Hermanos con rumbo al mineral de Minas Prietas -hoy La Colorada- a levantar carga.

Desgraciadamente -dice la nota del “reporter”-, entre el pueblo de Mazatán y el rancho Las Calaveras fueron atacados por una partida de yaquis y robándoles cuanto llevaban y “empelotando” además a todos los carreros. Y luego -prosigue la nota-, en esos momentos llegaron los carros de don Alberto Navarro con carga de La Colorada para los comerciantes de Mazatán y también fueron asaltados, empelotados y destrozadas todas las mercancías, estimándose lo robado y los daños en más de cinco mil pesos.

Afortunadamente los indios -finaliza la nota- tomaron con rumbo a la sierra de Mazatán y no hubo desgracias personales que lamentar.

Han de recordar ustedes que, La Colorada fue una importante población cosmopolita y que incluso contó con cuatro representaciones diplomáticas. Además había servicios de ferrocarril, diligencias, teléfonos y telégrafos, servicio, de energía eléctrica y de agua corriente.

Este ultimo servicio; era abastecida la población por medio de un tubo de seis pulgadas de diámetro, y estaba construido de latón y corría desde un lugar conocido como El Pozo Verde a flor de tierra, pues nunca se le colocó en una zanja. El agua era llevada hasta allá por medio de potentes bombas que había inaugurado años atrás el gobernador Ramón Corral.
Don Andrés Sánchez Villegas de 67 años y nativo de ese mineral, comentó a este servidor que a veces tenían agua por unos dos o tres días y el resto de la semana se la pasaban en seco.alt

El caso es que recuerdo -dijo- mi padre trabajaba en el ayuntamiento, entonces armaba a varios vecinos y recorriendo a caballo, buscaban el problema checando el tubo palmo a palmo.

Al tiempo lo localizaban y era que estaba perforado a balazos y es que Los yaquis en esa forma les daban de beber a sus animales.
Esto lo digo, porque mi padre vio en varias ocasiones cuando una partida de alzados se retiraban del lugar donde habían hecho su fechoría. También de vez en cuando mataban a uno que otro yaqui que lograban alcanzar. Pero nunca supe que “encueraran” a un cristiano.

En cambio Filomeno Moroyoqui de 38 años y yaqui puro, nativo de Batocancica y amigo personal de quién esto escribe, me dijo en una ocasión que sus abuelos le contaron que la iniciativa de un ataque corría siempre por el lado de los odiados “yoris”.
Lo único que querían los “parientes” juanito -asi me llama- era ropa y comida y si era posible se llevaban un burro o un caballo para carnearlo. De modo que en cualquier rancho o pueblo los recibían siempre a balazos y por consiguiente, había la necesidad de repeler el ataque dijo.

En cambio don Manuel Rosas Córdova, nativo de Caborca y de 74 años, empleado de jardinero en conocida hostería comentó que en una ocasión su padre don Pancho Rosas muerto en el año del 48, un amigo de su padre de quien no pudo recordar su nombre, iba con ellos a caballo con rumbo a Caborca a traer caballada.

Más o menos a la altura donde están las modernas casas del Bachoco, ahí donde viene un arroyo de “arriba’; estaban como cuatro yaquis “sesteando” bajo la sombra de un mezquite; cuando de pronto nos sintieron y luego luego nos hicieron desmontar a punta de rifle. Nos obligaron a quitarnos los pantalones de “remaches”, camisas y sombreros, mudas, caballos y comida y de pilón nos despacharon a pie bien “bichicoris’.
Nos hicimos “chombitos” por allá donde estuvieron las ladrilleras atrás del bordo.

Fue hasta muy entrada la noche cuando nos venimos los tres hasta la casa y que en ese entonces vivíamos en la esquina de la Novena y la Colima; siempre con el temor de que nos viera la gente “hablichi” de esa que nunca falta. Esto nos pasó por el año de 1927 si mal no recuerdo. -agregó Don Isidro Duarte, tecoripense de 72 años dijo que su padre venia en una ocasión desde el rancho El Garrote, situado más o menos a doce kilómetros al sur de Tecoripa, cuando de pronto divisó a una partida de yaquis , por lo que se obligo a tener que arrendarse, bajando ahora por la caja del río.

En eso lo vieron los yaquis y le persiguieron por un buen rato y se salvó gracias a que se tiró de cabeza a un pozo de luz que era del finado Pedro Nidez y tenia o tiene unos cinco pies de hondo. El caso es que los yaquis pasaron “sin zumba” con rumbo a Suaqui Grande.

Por otra parte, -prosiguió- años después, Eligio García de quién se dice mató a más de quince yaquis, organizó una batida por rumbos de San Javier y La Barranca y mi padre participó en aquel grupo, logró matar un yaqui y como trofeo se trajo un bonito rifle “guinchister” y que “orita” tú lo vas a ver.

Entró don Isidro a un cuarto donde había monturas, sacos de frijol y maíz y de una vieja petaca sacó un reluciente rifle, está como si apenas fuera comprado ayer.

Cuando el general Lázaro Cárdenas se puso muy duro con la yaqueria, entonces a muchos no les quedó más que asaltar ranchos como el caso que consigne en un folleto que publiqué en febrero próximo pasado; en 1914 o 1916, los yaquis jefaturados por un mayo de nombre Modesto, asaltaron el rancho El Carrizo donde se llevaron carne seca, maíz, café, tazajos de carne fresca que se encontraba secando al sol, pues momentos antes, la gente del rancho habían matado dos reses. Además, se llevaron varios sombreros, maletas con ropa y hasta los cazos con el menudo y los chicharrones.

En sus últimas correrías, era muy común verlos entrar a Hermosillo en busca de sus “compadres” empleados en algunas haciendas cercanas y casas particulares, para conseguir provisiones de boca, aun sin claudicar y aceptar el nuevo estado de cosas, impuesto por la vida y los tiempos modernos.

Gracias por su tiempo.