LA TRAGEDIA EN LA NORIA DE AGUILAR (19 de Marzo de 1883)Por: Gilberto Escoboza G.

Los apaches eran miembros de tribus nómadas que no habitaban propiamente el Estado de Sonora ni otra parte de México, sino que hacían frecuentes incursiones por nuestra entidad en plan de depredación. Eran sanguinarios y mataban a sangre fría; se decía, y con razón, que después de sus asaltos asesinaban a cuchillo solamente por el gusto de matar.

En campaña empleaban el sistema de señales de humo para comunicarse entre grupos dispersos, sobre todo si veían una caravana o a individuos que viajaban solos. Desde las alturas de los cerros descubrían a la pobre gente que se trasladaba de un lugar a otro, ajena que al ser descubierta su muerte era inminente.

Los primeros sesenta años de nuestra vida independiente, el Norte de nuestro Estado casi estaba despoblado por el temor que se tenía a esos salvajes. Todavía en la época de la colonia el ejército español contaba con tropas para batir a los indígenas depredadores pero después de la independencia las constantes asonadas habían arruinado la economía del país. A pesar de que en la parte norte de nuestro estado existen minas muy ricas, pocos se atrevían a explotar la minería; no se conseguían trabajadores dispuestos a arriesgar su vida y la de su familia, frente al peligro de los apaches.

Fué por ello que al estabilizarse el gobierno de la república años después del triunfo del Plan de Tuxtepec, el ejército nacional estaba en condiciones de llevar a cabo una batida contra los apaches. El 3 de Enero de 1883, Llegó a Ures el entonces Coronel Don Abraham Bundalá al frente del 22o. Batallón y desde luego, dió una formidable batida a los indígenas asesinos que asolaban la comarca, haciéndoles huir a sus lugares de origen.

No obstante lo anterior, el 19 de Marzo de ese año, una gavilla de apaches que había logrado substraerse a la persecución del Ejército, a las once de la mañana asaltó una diligencia que habiendo salido de Ures se dirigía a la “Noria de Aguilar” que se encuentra en el camino de Rayon. Los ocupantes del vehículo eran personas muy importantes de Ures que habían proyectado pasar unos cuantos días de descanso.
En su libro “CASOS… Y COSAS”, doña Dolores Real C. de López, Cronista de la Ciudad de Ures, asienta: “Los indefensos viajeros fueron inmisericordemente acribillados por los salvajes.

Quedaron muertos en el acto la Sra. Joaquina Aguilar de Maldonado, el Sr. Jesús Quijada y el Prof. Leocadio Salcedo, junto con el criado que les acompañaba. También formaban parte de aquella comitiva los dos hijos de Doña Joaquina, quienes milagrosamente lograron huír por el monte. Don Dionisio Aguilar, quien montaba a caballo a un lado del carro, fué gravemente herido, logrando huír con vida de ese lugar. Dos días después fué encontrado en tan lamentable estado, que pronto murió en la Ciudad de Ures. Enseguida del asalto, los apaches prendieron fuego al carro en que iban sus víctimas y se dirigieron a las casas de La Noria.

Allí asesinaron a dos sirvientes más, con los que los muertos sumaron siete. Los cadáveres fueron recogidos por los señores Jesús Bergara, Salomé Bracamontes y Florentino Noriega. Don Dionisio Aguilar, miembro de una de las familias mas prominentes de Ures, era notable hombre de Estado, pues ocupó altos puestos en la Administración Pública. El Sr. Leocadio Salcedo, fué ilustre profesor de un internado para varones y fundador del mismo. Además era muy apreciado por su enorme empeño en difundir la instrucción pública en la Entidad”.

Ese acontecimiento fué muy doloroso para varias familias de Ures y de Hermosillo, donde las personas sacrificadas por los salvajes tenían parientes muy cercanos. Y aún después de transcurridos muchos años, recordaban el suceso con horror.

En lo que respecta al Profesor Don Leocadio Salcedo, muchos años después, quizá más de setenta, Hermosillo perpetuó su memoria al disponer el Ayuntamiento que una calle tuviese su nombre. En su libro BREVE HISTORIA DE LA EDUCACION EN SONORA E HISTORIA DE LA ESCUELA NORMAL DEL ESTADO, el Sr. Prof. Gustavo Rivera hace una semblanza del Profesor Don Leocadio Salcedo: “Nació en Guayaquil, Ecuador en 1831 y, después de terminar su educación secundaria, sirvió a la marina de su país alcanzando el grado de Teniente. En 1855 solicitó su baja y se radico en San Francisco, California.

Cuatro años más tarde se trasladó al Puerto de Mazatlán, Sinaloa, en donde se dedicó a las labores docentes. En 1860 vino a Hermosillo y estableció una escuela primaria particular. En 1863 en compañía del Prof. Alejandro Lacy fundó el Liceo de Hermosillo. En este propio año pasó a Ures a hacerse cargo de la Dirección del Colegio de Sonora y, en 1865 se trasladó a Guaymas en donde estableció una escuela primaria particular.

Dos años después volvió a la Direccion del Colegio de Sonora de Ures y en 1874 fundó en Guaymas el Colegio de la Unión. Recibieron sus sabias enseñanzas, jóvenes que después fueron importantes ciudadanos. En unión de los señores Jesús Quijada, Dionisio Aguilar y Sra. Joaquina Aguilar de Maldonado, fué asesinado por los apaches en La Noria de Aguilar el 19 de Marzo de 1883. La Escuela de la Mesa del Seri del Municipio de Hermosillo, lleva el nombre de tan insigne educador”.

Desde que se hizo cargo de la Presidencia Municipal de Hermosillo Don Roberto E. Romero (1943-46) se tomó la costumbre de imponer a las nuevas calles de la ciudad los nombres de maestros distinguidos, de funcionarios destacados o de personas que en alguna forma dejaron huella bienhechora en la sociedad hermosillense.