ABIGAEL BOHORQUEZ****Las amarras terrestres

por Dionisio Nogales.

  En la historia de nuestra poesía es raro –por ni decir imposible-  encontrar un caso como el del poetas sonorense Abigael Bohórquez (Caborca 1936-Hermosillo 1995) respecto al escaso conocimiento, a la ignorancia, al rechazo, al persistente silencio que en vida se levantó frente a la originalidad y trascendencia de su obra.

  Justo es reconocer que en parte de esta injusticia colaboró el autor con su timidez y su retraimiento, su desencanto y el consecuente orgullo literario, su congénita humildad de hombre bien nacido, su incapacidad de la lisonja, su repudio a la participación en capillas o grupos  o mafias; contribuyó también su reciedumbre crítica, su mansedumbre amorosa, la asunción del amor que no podía decir su nombre, su congruente estilo de vida del que nunca se avergonzó. Pero más que nada colaboraron todos los que por un motivo o por otro, teniendo los medios a su alcance, no permitieron que su poesía se publicara, se leyera como se merece por ser una de las más originales de cuantas se han escrito en México en los últimos tiempos.  Hijo natural de doña Sofía Bohórquez García, empezó a publicara sus poemas a la edad de 19 años.

  Su aparición fue un oasis en pleno desierto. Carlos Pellicer, después de haberle premiado en un concurso de Ciudad del Carmen, Campeche, declaró en una entrevista: “Abigael Bohórquez es el primer poeta importante que da el norte. México tiene en este joven a un poeta extraordinario”. Por 1960 llega a residir a la Ciudad de México, después de ganar en su natal Sonora el “concurso del libro sonorense” convocado por el gobierno del estado en 1957, editado hasta 1960: un siquiatra, en donde incluye su libro fue de bautismo. Fue de bautismo arrastra los signos que al marcado su entorno familiar del alma todas de su natal Sonora.

 desiertoDesde allí, Abigael Bojórquez estimulado por sus lecturas primeras en donde se conocen las voces de Federico García Lorca-sobre todo-, Pellicer, la Pablo Neruda, Wall Street van, César Vallejo Ramón López Velarde y Mosén Francisco Avila-sacerdote y poeta de su tierra-, viaje a través de la palabra por parajes desconocidos que él convierte Ricardo y vuestro y sangre. Ya están aquí de cuerpo entero o vislumbrados los temas de su obra poética escritos al amparo del calor un frío, en ambos casos extremos sus; la tierra, su soledad, la infancia triste, el desbordamiento lírico, el demonio de su ignorada paternidad, su equipo istmo, las preocupaciones sociales, el canto de los héroes, su religiosidad primeriza, el desierto, los resquebrajamientos del alma-por sus preferencias sexuales-, la pasión, etcétera. Pero ésta, más que nada, su atronante voz de puerta grande y original.

  Al comienzo de la década de los 60, Bojórquez ya recibe la Ciudad de México. Para sobrevivir colabora en alguna revista sin importancia. Guillermo de José Vasconcelos, Herminio ahumada-que lo admiraba profundamente-, de conseguir empleo tiene linfa como mecanógrafo Edilberto Cantón, jefe del departamento. Se publica en el periódico “novedades”, suplemento cultural, su poema “llanto por la muerte de un carro”, uno de los más conocidos se celebra: hijo por primera vez aparece alta logrado en “anuario de bellas artes”. Organiza ciclos de poesía mexicana contemporánea de poetas jóvenes auspiciados por el ateneo español de México. Lic. Miguel Álvarez Acosta, diplomático y escritor, director del organismo de promoción internacional de cultura, de la secretaría de Relaciones Exteriores, lo invita colaborar. 

  Esta dependencia vida del Bojórquez realiza una de las labores culturales más extraordinarias de estos años como se torne la sala de arte y de publicaciones. Al estilo europeo, la galería de pintura se convirtió en sala de silicón teatro, salón del duras-competencias-mesas redondas, sin problemas. Abigael editado a la revista de policía “parva” le quedaba a conocer a los jóvenes poetas de México y que Latinoamérica, y la “gaceta óptica”, donde publicara temas y escritores hispanoamericanos, de preferencia. Por ésa sala de arte desfilaron: León Felipe, Gabriel García Márquez, os cansados, José Gorostiza, Ignacio López tarso, José revueltas, Carlos Pellicer, Raquel Tibol, Sergio Magaña; Gabriel Zaid, reuníse odio, Mario Kuri Aldana, margarita misilera, entre otros. Esta década Bojórquez publiqué la Ciudad de México tres libros de poesía acta de confirmación) 1976), canción de amor y muerte fue Rubén Jaramillo y (1967) y, las amarras terrestres (1989), cada varios concursos poéticos; una de sus obras de teatro, la madrugada del centauro es premiada editada por la UNAM seguir su nombre es pronunciado con respecto el medio cultural de México por su labor sin paralelo. 

  Los años sesenta ser recrudece la violencia en todas partes y muerte no puede ni quiere permanecer al margen Abigael Bojórquez partiendo de su poema llanto por la muerte de un perro”, D.F. de bautismo, se tratarán sus nada fascinantes manifestaciones juveniles picas, las más de las veces, a su entorno personal, a su origen, su terruño hace suyos los mejores del mundo. Ninguno se desgrana los problemas de acta de pasión. Su necesidad expresiva cambia, su curso a en Bernal, se torna áspera y crítica con sinusitis lisa formalmente, el mundo es uno hubiera consumiéndose en sus propias llamas.

  El poeta está el humor parecido agravios. Su furibundo mirada es un espejo sucio, empañar, que las palabras-Hernández, las palabras-tóxicos, va limpiando es un corrosivo y educación. Nadie millonario, escapa su vida. Los poemas” del oficio de madre”, haber “carta abierta al monstruo burgués”, que queda nombre del libro, “acta de confirmación”, sintetizan sus temas; la ácida y hermosa y elocuencia, obliga al discurso a perder parte de su abigarrado origen para convertirlo en la desnuda y terrible verdad que abre las puertas-son varias: todo proseguían las-de la policía. Cansó el diálogo y muerte por Rubén Jaramillo y otros poemas civiles son viejos o les con aires nuevos en los que Bojórquez arrastra la extraordinaria y vieja costumbre cantar de los héroes modernos que poco nada tienen que ver con los patriarcas antiguos descastados por la demagogia oficial: la mayoría son varones Quijote es cosa como artistas, vislumbrados por Abigael como los nuevos hombres: Jaramillo, revueltas, Debussy, pues a. de ser, aparte merecen las amarras terrestres, cuyo largo y espléndido poema titulado “las canciones por la obra”, primera parte del libro, fue premiado en un concurso por José Arreola y Rubén Bonifaz Nuño. Abigael Bojórquez cambia de piel, cada libro suyo es una nueva propuesta-IVA escribió nueva protesta-, su iracundia se dé paso al amor escondido el arma secreta de las residencias: el inconsciente.

  El poeta se lanza la búsqueda. La obra no es sólo un hombre, es un emblema. La obra nuestra más la idea-tibial, del amor, es el amor mismo; en ella se resumen las encarnaciones de todas las canciones, se vuelca el líquido alimento descrito. Si la búsqueda es delirante, la policía cambia. Bohorquez estructura del poema en base a dos voces alternas, siempre en distintas escrituras pero apoyadas en la misma sincronía. El tiempo diluvia de, Coahuila historia bíblica.

  El recorrido del poeta por la Ciudad de México a la busca de la obra, pese a sus antecedentes, es avasallador. No es arriesgado afirmar que nunca antes ha sido escrito en la poesía mexicana con la originalidad, la fuerza del poeta sonorense que la recorre, la atrapa, la disecciona, la trasciende para perpetrar la-perpetuar la-en un solo poema. En la segunda parte del libro, “las canciones por Alexis”-sobre la he hecho provoca segunda y Virgilio-, Abigael sucumbe antes hubo otro yo-telúrico-en poemas plagado de sensualidad, erotismo bicameral, presume de sobre su oficio dividir: niño de tibias maquinaciones, oficiante de la perturbación, el tráfico, rincón más claro, ahora que nuestras: desnuda en muros, un peque. En la siguiente década Abigael Bojórquez publica sus libros memoria en la mica alta (1975), Diego dijo lo que habla (1976), desierto mayor (1980). 

  A desaparecer el óptica con el cambio de gobierno, Bojórquez se queden el aire; después de su meritoria labor como promotor cultural se le cierran todas las puertas, menos la la de la policía. Arrancó un poco desilusionado del medio literario, otro poco porque como dice el refrán “la cabra que el monte”, después de recurrir sin éxito ciertos amigos, Griselda Álvarez le consigue un empleo de líneas, en la delegación de 1000 alta, a una hora de la Ciudad de México. flores

  El poeta vieja con su madre, sus tres gracias y su policía a ese lugar de gran belleza, de maravillosa tranquila. A pagados o reflectores, lejos del normal ruido ultra Ciudad de México, hartos de hipócritas son malas en el hombro y lejos del pueblo lleno de saliva. Abigael entra en etapa de silencio su reconocimiento. Por un taller de teatro, imparte clases, organiza y dirige un coro policía-algo pocas veces visto en México-con un repertorio admirable que por su calidad viaja por todo el país, presentándose dos veces frente al presidente de la república en su residencia oficial de los Pinos. Bohorquez coloca 1000 alta más allá de sus fronteras. Es querido, admirado y respetaba. Con su libros memoria en alta mica, Abigael Bojórquez quedará finalista en el premio de poesía Aguascalientes. Víctor Sandoval, funcionario cultural, le ofrece publicarse lo perdone con que nunca; cansado esperar como el poeta lo sacan algunos cursos propios escasos recursos. Memorial alta mica no es, como pudiera pensarse, un libro eminentemente regional, aunque con llevadas características originales de una publicación de esta naturaleza, sino que lugar es el observatorio-prehispánico, porque ahí descansa Luisito Ruiz y, el último emperador nuevos con guión del poeta para contemplar desde allí, pasa@pasadolavida.

  De nuevo lenguaje, con ciertas reminiscencias formales previas resonancias temáticas, es estriado, obliga lo ampliaron cambiar sus significados en la invención de si la afueras, biología se nos, silogismo, el tiempo que introducen sus poemas en habla de la región, en Managua, y después lisa, contra. Como en su afán por presumir todas sus fuerzas y dóciles vivencias. En el esta experiencia no es José Víctor Flores; esto es cerrar a que lo brilla un amerita abundar sapiencia antológica. Memorial alta mica es un extraordinario de juego político, crítico, mordaz, morboso, erótico, rompe huevos, con varios poemas antológicos; también es el primer libro en el que Bojórquez Verdía suele a su céspedes y de términos hubo Bohorquez llegando su sexualidad abierta y de claramente, sobre todo en un hermoso poema “crónica de Manuel” que, hay que reconocerlo, trasciende su propio si temáticas. 

  Con detenimiento en el testimonio interior, Abigael Bojórquez hace suya la soslaya la ya centrada acción literariamente hablando-máxima de vida, es decir su militancia y de que viene desde la infancia. Con todos los ensayos-teóricos, prácticos, políticos-proyecto y escribe el libro frívolo tramo, quien el título lleva a su simple grandiosa terrenal droga. Bohorquez pregona el epicentro es vida hacerse cargo del quebrantamiento moral. Global, contra lo que podía esperarse, sentido de culpa, más bien existe una libertaria aceptación resucita. El poeta recurren un alumno, la TLC, sin sarcasmo para estructurar un libro con las causas legales en que siguen en un juicio cualquiera-aprehensión, cuerpos del registro, que Bojórquez convierte en deleite, careo, reincidencia. Libro unitario, para algunos bastante cínico, por otro difícil de auténtica manifestación de los sentidos o un abierta provocación a la sexualidad ajena Jon ahí de todo ello ocurrió, Abigael Bojórquez, nos guste o no comestible y estructura los problemas con sapiencia, colegio militar que conceden oficio ejercido con ambición con audacia, y la gracia le rompieron con lo establecido para construir otro lenguaje a través de expresiones del náhuatl, el castellano antiguo, que hace acto de presencia. 
 

  El poema “reincidencias”, en el sentido muros-erótico-que el, es una de los más hermosos que se han descrito en nuestra lengua. Finales de esta década, Abigael Bojórquez empieza escuchar los reclamos terrenales de Sonora. Desde su llegada la Ciudad de México es la primera vez que esta ansiedad se refleja en sus poemas. Aprovecha los viajes de descanso el trabajo a su terruño para encontrarse con los suyos y como sobre todo, para buscar su cordón umbilical que todavía sigue cantando. Desierto mayor es el libro que como su primer obra de frente bautismo, retrata su entorno original ya no desde la visión de aquel joven poeta solo y triste sino es el mágico cálido escorpión del poeta maduro y realizando-aquí hablo de su policía-. A diferencia de equilibrio en el que Bojórquez problemas tramitar a su alrededor para apropiarse de los seres y las cosas, el desierto mayor sistema de nuevo en sus orígenes a través de la reminiscencia donde la memoria es un mejor aliado. Lo sorprendente libro es que, salvo la figura señera de otoño Sofía Bojórquez García, hace vocaciones no son desconocidas y visto nuevas. Estas señales nos ayudan a reconstruir el gran titular de su vida estaba arropado bajo en su cosa de usar raro entre los desierto.

  El desierto mayor Bojórquez se crece a su antigua expresión; las experimentaciones verbales y los cambios de lenguaje han enmohecido, pero su discurso, por lo cargo que le es el tema, no se habilita. De es de su estancia de años en 1000 alta, Abigael Bojórquez, por cuestiones de trabajo, llega recibir a Chalco, estado de México, en una casa del desde donde se veían los volcanes quistes iguales y otro catéter. Aquí el poeta, ayudado por su madre, siempre consiste en la Huerta. Abigael era muy feliz pidiendo estas regiones. Chalco fue hasta el último y de subir a una herida abierta nunca cicatrizada porque quien murió ya Sofía Bojórquez García y nunca tuvo un primer sueño de llevarse los restos de su madre a que reposaron en Sonora; por ello el tampoco descansa en paz. Después de vivir y parecen estar doble orfandad por mucho tiempo, Bojórquez decide regresar Hermosillo, Sonora con el cambio de plaza que tenía en líneas, misma que por cuestiones burocráticas perdió meses después.

   Al llegar de nuevo Fierro exhorta el reencuentro con sus familiares, con viejos amigos que no lo han olvidado, con escritores y jóvenes para los cuales el combatir un consumo subir ayuno ello es una leyenda. Debemos señalar que la “alta” burocrática burocracia cultural de su estado no lo aprovechó Nilo alentó como se merecían poeta como él, cuya buena, de las más originales que se han escrito en México, ya se había ganado. En 1991, la universidad autónoma de Sonora dio institución que el directivo todo una gran acogida-Abigael publicó por el si el limpio en el que reúne poemas escritos de 1979 a 1989, diez años de escritura en os Chalco, estado de México, con su sus libros podrido fuego, 1985; ve a 15 frecuentaron los hoteles y contribuir (crónica del Chalco) 1989. Ya después de aquel ajuste de encuentros amorosos con Sonora, de su residencia final en ella con algo le murmura la vida lo oído Abigael Bojórquez.

  El libro podrido fuego es un claro aviso. Bohorquez sigue empeñado en configurar un repaso de todo lo vivir. Este libro vuelve los ojos del amor-carnal descrito adicional se ensaya en un tiempo era verde y que ahora amarilla en la estación de otoño. Él podrido fuego (elegías, memorias, epitafio) el poeta vuelve a la carga para dejar en claro su pasado, pidió cariocas. En el poema “la tierra prometida”, al ver dormir alarmante, hace un balance del tiempo recobrado, quedó perdido. Se pregunta: ¿qué fue lo que pasó?. La autora gloriosa cicatriz del tiempo, oyendo el sida, es una mancha más del corazón del tigre. En “los dulces nombres” su inventario se vuelven un número medio uso porque no sólo se recuerda con amor, con un dejo de crecimiento los hombres que poblaron biólogo mejor sería decirles poblaron-subida se resquebraja acción mientras un subida de resquebrajamiento sino también trae a un primer plano en su sección “aposento adiós” a personalidades literarias bastante significativas en su formación, como Jesús Arellano, y Efraín Huerta.

  En esta última sección Abigael retorno a su ya acostumbrada mal y que es expresiva y los poemas, afectuosos pero corrosivos, inauguraron un canto desusado. De Alice hace cuenta los hoteles, es una crónica completa de viajes intraluminales por esas maravillosas residencias que llaman repaso-como se hubiera algunas para quedarse siempre-, donde al conjunto los cuerpos como los almas, de dos identidades traducidas al deseo, la pasión sin límites de un solo y fluvial desprendimiento, los amantes renacen, parecen la pequeña gloriosa muerte diaria. Cada ciudad visitada, cada hotel, son nuevos ante la mirada ajena. Cada cuarto tiene una a sus preciada libertad cuando la puerta hace es encima de sí misma, escribiría Eliezer, en el espacio sagrado en el que la pareja, como otras tantas-heterosexuales-, cree inaugurar. La historia se complementa con la cierta dosis de su rapidez que naufraga en el aire, con los graffitis-le hace 11 unidades-de las acuarelas que quieran o no observan posesionando al resto de los sentidos que no han sido estimulados y que van describiendo los poemas de su paso, no por el hotel sino por la tierra. 

  La hora de contribuir (crónica del Chalco), 1988, recuerda un poco aquella introducción en su policía de las expresiones lingüísticas tomadas de ganar el inglés y ya hemos leído en alguno de sus libros anteriores, sin que por ello se pueda considerar repetición un abuso como volvemos más adelante un sucedido la confrontación de estas lenguas en sus poemas, hace su después celosos rendimientos circunstanciales escritos en castellano, diluyen por la fuerza de su equilibrada por poder certero distinto de su destino determinada línea del brazo cambio brusco de fonética-no sospechamos nunca cuando parecen la-y la búsqueda de los significados de las palabras en otro idioma hermosea el nuestro, en llevar a un comprensivo razonamiento de que los vocablos que, por convicción, la leche o por necesidad de crítica sarcasmo, fueron elegidos, serían los únicos posibles para la consecución ritual-vivir al guión del problema en contribuir (crónica de Chalco) Abigael Bojórquez, con sus conocimiento de causa, para dar fe de su estadía en esta zona arrastra hasta nuestros días la música celeste con todas sus resonancias: si y miras, plumas, atavíos, caracoles, jade, oro, escuchan como se eliminan en los poemas prehispánicos.

  Pero el poeta va más allá de estas descabellada incumplida experiencia lingüística no utilizar la forma para vaciar su contenido; es decir, entre sin verlos inflar otras con García de nuevo el resquebrajamiento del alma, de su único yo. Su homosexualidad impone de nuevo su permanencia entre descaro y sarcasmo, entre sarcasmo Yves Cano, el lenguas que, por una cosa hubo otra, son parte ya de nuestro diario transcurrir-el inglés por la trasculturización. 

  Ya Hermosillo, Sonora en 1992 Bohorquez escribe un breve libro premiado es@navegación en el mito, que sobrepasa, más bien culminar las afortunadas incursiones del poeta en el terreno forma exhibido el que en con originalidad en varios de sus libros; también supera con creces-eso creo yo-su discurso amoroso, erótico, que ello, porque el conocimiento, la pasión por el castellano antiguo, por las memorables sus atrocidades poéticas del siglo de oro, por un creer lado, y por celosos un largo aprendizaje de los frascos fundamentales en los jóvenes norteños, fronterizos o chicanos que comparten-por muchas razones que no vienen al caso mencionar-este estilo de vida, planteó final de sus días con recalcitrante humor, con un cada una agradecida ausencia de dolor, concedido a su pluma las sucia, la maestría-que son dos cosas distintas-necesaria para navegarle, pese alterna, magistrado grandeza.

   Con ello quiero decir que los poemas de este libro-además de gran parte de la obra poética de Abigael-puede ser leídos, valorados, por un espero homosexual heterosexual que reconocen méritos literarios a Constantino K. Batis, Luis Cernuda, salvador nuevo, hubiese espiar, quien Paolo Pasolini, así como un homosexual puede leer y reconocer mal y eficiencia en la poesía de Pablo Neruda, cuando iban, Jaime Sabines, en los cantares de Salomón, en precipicio del, Octavio paz, charles Baudelaire. Si hacemos memoria de los del hubo hasta aquí leído, nos damos cuenta que en alguno de sus poemas Bohorquez hace mención, preocupado pero todavía no dolorido, sobre el mal que ha vivido a cobrar vidas injustamente y que tiene postrado en un lecho de muerte en millones de seres humanos del mundo: el sida.

   En 1994, Abigael certera allá en Sonora del “premio internacional de poesía conocida” convocado por la organización panamericana de salud y la universidad nacional autónoma de México, organice su libro de poemas escritos-quien su mayor parte-, concurso ligada. Y seguir el Perú como si los dioses estuvieran avergonzados por alguna falla, nunca le entreguen el premio en metálico y mucho menos publiqué libro. Pues sida, libro póstumo, de la luz en Tijuana en 1980 es 1996 dio el breve en 1995-polos buenos oficios de los jóvenes poetas Elisabeth literarias y Mario Bojórquez, a quienes habría de él había entregado una copia para su inflación, fe remitida del poeta.

     En el poemas “su velocidad con convierte favorecida, Abigael Bohorquez escribe: vengo a estar de duelo por aquellos que han muerto a desabasto vengo a estarme del doctor porque puedo. Porque si no lo digo yo fuerza de víbora y el tiempo, se vendría abajo del alma de vergüenza, por haberme traslado a después de estas declaraciones de principios, desde donde así, no pueden no nos puedan palabras para la especulación, yo así sea, en el mejor los casos, para agradecer los elogios-. Sólo agrega que en un largo de su escrituración casi 40 años de esterilidad difícil vivir-Abigael Bojórquez perfila asimismo,, como pedía nuestro clásico Ramón López Velarde, por lo tanto ofreciendo más. Su obra poética es un extraordinario por su debida-porque nunca puede abarcársela,-escribe a gritos, por derecho propio, sudar dentro de la literatura mexicana y de éstos.