SOBRE EL PADRE KINOPor Saturnino Campoy

 (Esta síntesis biográfica ha sido publicada en Cananea en forma de folleto por la Biblioteca “Padre Kino” (1945) de aquel mineral, institución de cultura que fundó el actual Presidente Municipal Dr. Jesús González y G. Tiene prólogo del señor Saturnino Campoy de amplio prestigio en las letras sonorenses.

Hemos resuelto reproducir esta valiosa obra porque creemos necesaria la difusión entre el pueblo, especialmente en el elemento escolar, del conocimiento y comprensión de vidas y obras como la del Padre Kino, de quien, como ya hemos dicho en otras ocasiones, Sonora no tiene monumento alguno que en forma material perpetúe su memoria).

 PRÓLOGO (Por Saturnino Campoy)Eusebio Francisco Kino es uno de los personajes que vinculados con la historia de Sonora; merece como muy pocos la admiración y gratitud de un pueblo. Pero para explicar el porqué de que la admiración del pueblo de Sonora no haya pagado a tan ilustre varón todo el tributo que merece, deben tenerse en cuenta diversas razones.

 En primer lugar, el P. Kino escribió sus obras en una época en la que la mayor parte de estos manuscritos servían a un propósito que no era propiamente la divulgación de los conocimientos adquiridos ni de las conquistas realizadas. Aquella finalidad las desvió siempre de la publicidad de que debieron haber sido objeto, y muchos, por no decir todos los trabajos del P.Kino permanecieron por muchos años refundidos en los archivos eclesiásticos o particulares de donde algunos de ellos pasaron después a formar parte del contingente monográfico de varias bibliotecas, algunas de ellas europeas.

  Al leer las obras que sobre las provincias de Sonora y Sinaloa, Arizona y de la California escribió con tan prolijos detalles durante su permanencia en esta región, trasciende a cada paso en el curso de sus interesantes relatos que la finalidad del escritor se hacía consistir fundamentalmente: Primero, en llenar de la mejor manera posible la misión apostólica que le había sido confiada y que consistía en lograr la conversión de la mayor parte de los indios aborígenes a la religión cristiana. Segundo, en predicar y difundir con una fe inquebrantable las reglas de la moral cristiana, suavizando paulatinamente las asperezas de las costumbres y hábitos sociales de las tribus aborígenes.

  Tercero, en impartir a las mismas, simultáneamente, enseñanzas y conocimientos de aplicación práctica que mejoraran las condiciones de vida primitiva y de abandono de los indios que se aglomeraban en sus rancherías. Al lado de cada Misión constituida en la iglesia edificada, sirvió desde luego al propósito puramente religioso, pero su actividad incansable desplegada entre los pueblos que poco a poco fueron quedando bajo su influencia, cumplió propósitos profundamente humanos porque el indio autóctono halló en él al maestro que lo iniciara en las primeras artes;

y con el mismo ahínco con que enseñara a mejorar las siembras e introdujo el cultivo de hortalizas, etc., organizó también con éxito lisonjero la cría de ganado vacuno, cabrío, etc, de tal manera que su afán constructivo o de organización trascendía notoriamente a los pueblos circunvecinos que poco a poco pasaban a formar parte de su esfera de acción. La intensidad y el éxito de sus trabajos en este sentido solo puede justipreciarse cuando leemos la forma tan efectiva en que en varias ocasiones acudió en auxilio de los “Guaymas” y hasta de los más remotos y apartados “Chinipas”, e inclusive de las misiones de la Baja California.

  Pero, decíamos antes, el P. Kino dio a sus obras el carácter de simples informes que con su estilo y ordenación cronológica resultaban sumamente interesantes. Aquellas consideraciones pueden explicar posiblemente porqué por espacio de dos centurias fue casi completamente ignorado por un alto porcentaje de nuestro pueblo.  

  En 1910, con motivo de la celebración del primer centenario de nuestra independencia, el Gobierno de México recibió, entre otras cosas a guisa de obsequio, uno de los manuscritos más importantes del P. Kino que es el que tituló: “Favores Celestiales de Jesús y de  María Santísima y del Gloriosísimo Apóstol de los Indios San Francisco Javier, Experimentados en las Nuevas Conquistas y Nuevas Conversiones del Nuevo Reino de la Nueva Navarra de esta América Septentrional Incógnita, y Pasa por Tierra a la California en 35 Grados de Altura” que dedicó “A la R. Mag. De Felipo V. Mui Católico Rey y Gran Monarca de las Españas y de las Indias”, obra que había permanecido inédita en los anaqueles de varias bibliotecas.

  Nuestro gobierno tuvo el acierto de mandar editarla respetando su ortografía y compaginación, y aún cuando la edición no fue quizás tan profusa como hubiera sido deseable, vino a llenar un vacío en los anales sonorenses y a traernos una valiosa información sobre cosas y acontecimientos de nuestro

  Otra de las cualidades indiscutibles del P. Kino fueron siempre una gran modestia y su inmenso apego a la verdad. En sus obras, el lector menos observador descubre en él inmediatamente estas dotes que constituyen la base angular de sus características espirituales. Su abnegación, su espíritu de sacrificio, su ternura, su benevolencia e indulgencia especialmente para con los humildes y por otra parte su entereza y valentía para afrontar las más serias vicisitudes y peligros, sin más armas que las de su fe y aquellas prendas morales, dan tal vez la clave que lo condujo a realizar sus grandes proezas con una sencillez y rectitud admirables.

  Al mismo tiempo fue un sabio y sus discusiones y trabajos que formuló sobre astronomía como cartógrafo, matemático, etc, que le valieron entonces merecidos elogios hacen hoy que resalten más por eso mismo las cualidades morales a que antes nos referimos a las que se sumaron su ingenio y una gran dosis de buen humor. En algunas partes de sus obras esto es tan evidente que no puede uno menos que reír de buena gana ante la forma de que se valió ingeniosamente para comentar y describir acontecimientos que habría sido bien difícil o inconveniente para él haber escrito de otra manera.  

  Hoy que en un rincón del Estado de Sonora se erige una biblioteca pública que se consagra a honrar la memoria de un hombre tan ilustre como el P. Eusebio Francisco Kino, debe caberle al pueblo de Cananea la satisfacción de haber sido uno de los primeros en cumplir de la mejor manera con este deber. Justo es que al lado de hombres como un Fray Bartolomé de las Casas, de un Hidalgo y de un Morelos, y de muchos otros que en los movimientos liberales de México no encontraron incompatibilidad entre el ejercicio de su profesión y la labor de redención social que valientemente se impusieron, aparezca también el P. Kino porque su nombre se halla estrechamente vinculado con la historia de Sonora, y hasta podríamos decir con cierto timbre de orgullo, que lo están también algunas de sus virtudes con las cualidades características de nuestro pueblo.

   Creo sinceramente que no será este el último homenaje que se rendirá en Sonora al P. Kino, porque merece incuestionablemente muchos tributos más de admiración que deberán serle rendidos en el futuro.  Por ahora, ya que la biblioteca pública de Cananea ostenta su nombre y se publica con tal motivo esta pequeña síntesis biográfica todo bajo la iniciativa del señor Doctor Jesús González G., Presidente Muncipal, con aplauso de quienes vemos en ello una acto de justicia, es de esperarse que contribuya eficazmente en las escuelas a que los niños conozcan mejor el historial del biografiado y de sus cualidades morales tengan también alguna influencia provechosa en ellos, que son los hombres del mañana. Un deber elemental de los pueblos y de los hombres cultos ha sido y tendrá que seguir siendo siempre “rendir honor a quien honor merece”: Saturnino Campoy, mayo de 1945.