MAGALENA VOLVERÁ A SER PUEBLO MÁFICO CUANDO… **Por Ernesto VAldez H-Millán

l pueblo volverá a ser pueblo mágico (sin designación oficial) como cuando nos enfermábamos y no siendo indispensable para curarnos medicinas de patente, acudíamos a la Botica del Chango, donde su simpático dueño nos atendía haciéndonos preguntas que por su forma de hablar muy rápido, nunca entendíamos; sacaba su mortero, moliendo y combinando ingredientes nos preparaba el medicamento que aliviaba nuestros males, aunque a veces par
a nuestro arreglo personal acudíamos a la Botica Moderna, donde encontrábamos la “Glostora” que nos peinaba y el “Varón Dandy” que nos perfumaba.

Cuando Ramoncito “de las peras”, vuelva a pregonar con pausada voz sus panes de huevo, obleas y ponteduros; Cuando “el Taco” Talamante y “el Chacho” Cano se suban al kiosco de la plaza a decir sus encendidos discursos en contra de tal o cual candidato opuesto a ellos.

Cuando el panadero don Cuco, descansando su mesa que traía sobre su cabeza, nos venda cortadillos y polvorones; Cuando otra vez lentamente pase la carreta de “Chito” y podamos trampearla para que nos regale con su franca sonrisa un corto paseo; cuando vuelva a anunciar don Nacho sus deliciosas “coyotas” a eso de las 5 de la tarde; Cuando el Cine Central anuncie de nuevo sus semanarios episodios de “Fuman chú y las Calaveras del Terror”, y al entrar al cine, escuchemos al piano en vivo en los intermedios con bellas melodías de Lara; cuando las neverías de Doña Lola y Don Zenón vuelvan a poner de moda la nieve de garrafa; cuando mi pueblo vuelva a comentar y reír con las agudas ocurrencias de aquel simpático Barman del Hotel Cuervo; cuando aquella noble anciana siga creando su rica artesanía azucarada: las melcochas exquisitamente trenzadas, y Camilo siga vendiéndonos en el patio de la escuela ricos dulces enmielados; cuando las Monroyitas abran su agencia de publicaciones y podamos entrar a comprar el “Pepín”, “Chamaco” para niños y para adultos, “Confidencias” “Vea” y “Suplemento de Policía”, patrocinando en su puesto de revistas a estas viejitas solteronas, beatas y rezongonas.

Cuando de nuevo Doña Martita vuelva a freír sus ricos sopes que nos servía sobre largas mesas de madera y devorábamos a la luz de lámpara de aceite.

Cuando mi pueblo pueda volver a bailar en el “Salón Blue Moon” “La Calavera” y “La Pasadita”, según su estatus social; cuando cada fin de semana nos llevaba mi madre a comprar verdura fresca a las fértiles milpas situadas al margen del río Magdalena; cuando en los desfiles cívico militares se pueda escuchar al frente de un contingente a una Banda de Guerra y por detrás a un conjunto musical interpretando música mexicana…ya fueran Los Rivera, Revilla, y más antes, los grupos de Durán y Cavazos. ¡Que descontrol en el paso!

Cuando era una delicia para nosotros ir a comprar pasteles de pasas al hotel Washington; cuando en el “taste” o estadio de la Madera, se podía admirar a gallardos jinetes jugando al distinguido deporte, por aquellos tiempos en que lo mismo podíamos saborear exquisitos cubiertos de calabaza y de biznaga, que granadas y membrillos de gran tamaño.

Cuando el padre Cornídez vuelva a predicar en la iglesia y su estilo casi irreverente, reviva el momento en que Jesús suda sangre el viernes de Pasión, mientras que los apóstoles Pedro y Pablo, “chapos, gordos y ombligudos, se echan rica siestecita”.

Y si había la oportunidad de echarse un trago en medio de la hoy Plaza Juárez en el llamado “Molino Rojo” o en “El Avión”, frente a gasolinera del norte; cuando Tino estacione nuevamente su carreta en la Plaza Juárez, esquina con Obregón y Abasolo y podamos deleitarnos con rica horchata o raspados de fresa o piña; cuando necesariamente nuestra madre nos tenía que trasladar a Nogales y debíamos abordar las camionetas de pasajeros que salían cuando se llenaban y regaban a según el estado de la carretera o de 1as llantas de grato recuerdo los carros de: Aldecoa, Del Valle y Ramos.

Cuando de nuevo la maestra Lita nos conducía, tocando el piano con sus enérgicas manos la Marcha de Zacatecas y entrábamos al aula a escuchar las lecciones de la profesora Nachita, en el Colegio Fenochio.

Cuando se efectuaban peleas de Box en la arena de la Cervecería de Sonora, situada donde hoy se encuentra por la Plaza Juárez el estacionamiento de acreditada farmacia.

Cuando por sábado de Gloria se quemaba al “Judas” y se leía el jocoso testamento que ridiculizaba o satirizaba a personajes “importantes” de nuestro pueblo;

Y recuerdo aquellas acequi
as de agua cristalina con que se regaban los jardines familiares, produciendo primorosos y aromáticos rosales y jugosos frutos de limones y chabacanos.

Y mi pueblo ha de ser nuevamente mágico cuando admirando la soberbia arquitectura del Palacio Municipal, podamos subir y bajar orgullosamente las escalinatas, sintiéndonos verdaderos monarcas de un reino imaginario.

Y así al revivir estos personajes y sucesos, será, cuando volverá a ser, para muchos de sus habitantes, nuestro pueblo, un pueblo mágico.**