ARQUITECTURA EN HERMOSILLO.
No fue sino hasta la década de los cuarentas, con el gobierno del Gral. Abelardo L. Rodríguez, que comienza un nuevo impulso económico inminentemente reflejado en la arquitectura del lugar. El proceso de modernización, como muchos otros fenómenos en Sonora, llegó con algunos años de retraso a la región. Mientras O’Gorman se daba a conocer con la Casa-Estudio de Diego y Frida en San Ángel, Hermosillo se encontraba todavía como un pueblo precario, dedicado a la agricultura y la ganadería. Para esa época los primeros arquitectos, egresados de la Academia de San Carlos, fueron llegando al Estado de Sonora para encabezar la construcción de los primeros edificios de carácter moderno en la ciudad capital: se edificaron hoteles, escuelas, bancos, etc. Uno de ellos fue el llamado “Elefante blanco” que albergaría el Museo Regional de Sonora para el año de 1944.
Este museo, conocido actualmente como el edificio de Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, fue diseñado por Salvador Ortega y ejecutado con la ayuda de su hermano Felipe Ortega y Leopoldo Palafox.
El programa arquitectónico contemplaría un Museo con diversas salas de exposiciones, una Biblioteca con hemeroteca e imprenta, así como un Auditorio.
Dicho programa fue atendido, sin embargo el paso de los años le ha dado al inmueble una variada cantidad de usos encontrándose actualmente en parcial abandono.
La intención del Gral. Abelardo L. Rodríguez, al igual que muchos otros gobernantes de su época, era de carácter nacionalista, por lo que se percibe esa búsqueda de identidad en su lenguaje arquitectónico. La combinación de expresiones, por una parte se evocan las arcadas de un centro histórico que vigila a sus espaldas, y por otra se purifican las formas, siempre geométricas como una representación fiel del movimiento moderno.

Su valor tanto histórico como arquitectónico amerita una protección, sin embargo apenas está por considerarse patrimonio de la Universidad de Sonora. A pesar de un evidente valor y una privilegiada ubicación (es hito y centro de la ciudad) el edificio está semi-utilizado.
La biblioteca y museo recibe pocas visitas, mientras que la galería y el auditorio le dan destellos de vida intermitentes. Otros espacios como el mezanine y los últimos pisos de ambas alas están en completo abandono, lo cual llega a ser paradójico al ver la cantidad de construcciones nuevas en las que la Universidad invierte para satisfacer nuevas demandas.
Lo opuesto sucede con el antiguo Banco de México, ahora conocido como las oficinas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, ya que a pesar de que estuvo mucho tiempo abandonado su reutilización ha sido caótica ya que ha acelerado su deterioro y tiene un serio problema de sobre cupo.
Este edificio fue construido para el año de 1950, de la autoría de Gonzalo Garita, quien estuvo en Hermosillo para ejecutar la obra pero nunca se quedó como la mayoría de sus contemporáneos en la región. Para los años cincuentas Hermosillo contaba con una colección de edificios modernos atractiva, gracias a la intervención de arquitectos como Gustavo Aguilar y Felipe Ortega, quienes para esa época habían conformado núcleos importantes de actividades públicas. Un carácter sobrio y de fidelidad geométrica se emana del edificio del Banco de México. La influencia del proyectista se hace notar al utilizar la intersección de volúmenes. Tal es el caso de su contemporáneo Arq. Obregón Santacilia, quien trabajó por años junto con Enrique del Moral y Mario Pani, íconos de la arquitectura nacionalista en la Ciudad de México. Este es un ejemplo de las decenas de edificios que conforman el primer casco urbano de la Ciudad de Hermosillo, donde por décadas se intervino bajo una influencia del Movimiento Moderno, que por su característica de pasado inmediato está tendiendo a desaparecer. El patrimonio moderno existe en esta región, sin embargo pocos lo conocen debido a su escasa difusión y a la poca seriedad de las autoridades que como en el caso del edificio del Banco de México, a pesar de contar con los recursos necesarios para su conservación y reutilización, están acabando con la nobleza de sus materiales aparentes. Hermosillo es una ciudad relativamente nueva, por lo que la proporción de edificios modernos es posiblemente mayor a los de más antigüedad (protegidos por el INAH), debido a que el verdadero impulso constructivo se presentó en la “Era de Abelardo” (años cuarentas) y sus años subsecuentes.
SONORENSES ILUSTRES (1)
DOS SONORENESES EN EL PASEO DE LA REFORMA
Las estatuas del Paseo de la Reforma tuvieron de hecho, dos funciones importantes: embellecer la avenida y hacer además un justo reconocimiento al liberalismo, al patriotismo y a la ciencia, representados a través de sus hombres más destacados.
El Paseo de la Reforma, 1864-2004, en el año de 1878 se había iniciado la construcción de los pedestales para instalar estatuas y jarrones en los andadores del paseo, pero la idea original era colocar personajes de la mitología griega y alternarlos con los jarrones decorativos.
Aparentemente la idea nunca se llevó a cabo y fue hasta el mes de junio de 1887, cuando el periodista y académico de la lengua Don Francisco Sosa y a través de una columna que publicaba en el diario El Partido Liberal, propuso al gobierno de Porfirio Díaz que en lugar de deidades mitológicas se colocaran estatuas de personajes que de alguna forma hubiesen participado en el movimiento liberal por la Reforma.
En 1888 la propuesta fue aceptada y el gobierno decidió otorgar dos de los pedestales ya construidos para cada estado de la república, de tal manera que las efigies de los personajes se alternaran con los jarrones esculpidos en la fundición artística de Gabriel Guerra y las estatuas se colocaran una frente a la otra, pero en diferentes aceras de la avenida..
A partir de 1889 las estatuas se fueron colocando en sus pedestales y fue hasta el 14 de febrero de 1895, cuando Don Porfirio declaró inaugurado el conjunto histórico cultural formado por la esta primera etapa de las estatuas y los correspondientes jarrones. El tramo inaugurado comprendía desde la Glorieta de Carlos IV hasta el Monumento de Cuauhtémoc.
Para esa fecha quedaron instaladas 14 estatuas en total y correspondían al Distrito Federal y los estados de Veracruz, Yucatán, Hidalgo, Sonora, Nuevo León y Oaxaca. Los escultores participantes fueron: Primitivo Miranda (2), Epitacio Calvo (4), Juan Islas (2), Enrique Alciati (2), Jesús F. Contreras (2) y Ernesto Scheleske (2).
No obstante la inauguración de 1895, durante varios años posteriores se fueron agregando más estatuas, 8 de ellas en 1896 de los estados de San Luis Potosí, Jalisco, Durango y Chihuahua, obras de Jesús Contreras (6) y Gabriel Guerra y Melesio Aguirre (2). Para 1897 se develaron 4 estatuas con personajes de los estados de Coahuila y Tabasco y para 1898 otras 6 representando a los estados de Aguascalientes, Guerrero y Sinaloa, todas ellas fueron obra del escultor Jesús Contreras.
En 1899 se descubrieron las 2 estatuas correspondientes al estado de Michoacán, mismas que tambén fueron realizadas por Jesús Contreras y con las cuales completó un total de 20 esculturas de su inspiración exhibidas todas en la gran avenida.
Tuvieron que pasar 3 años para que en 1902 se instalaran las últimas dos estatuas de esta primera etapa y correspondieron al estado de Tamaulipas, ambas fueron obras del escultor Federico Homdedeue.
De esta forma concluyó el ciclo porfiriano, quedando develadas un total de 36 estatuas de tamaño natural, representativas de personajes ilustres de 17 estados de la República y del Distrito Federal.
Enseguida pueden ver un mapa de la zona del Paseo de la Reforma en donde quedaron instaladas estas estatuas y después una tabla que muestra los datos biográficos resumidos y una imagen de cada personaje.
Gracias a la participación de Seth Dixon, ahora también podemos mostrar una fotografía de cada estatua de bronce de cuerpo completo, oprimiendo sobre la liga que existe en el nombre de cada personaje.
GENERAL IGNACIO PESQUEIRA
Estatua erigida por el estado de Sonora y develada el 5 de noviembre de 1891. Obra del escultor Don Enrique Alciati.
Ignacio Pesqueira nació en Arizpe, Sonora el 16 de diciembre de 1820, pero también se menciona 1818 como año de su nacimiento. Venía de una familia con recursos, puesto que estudió en Madrid,
En ese lugar y después en París, recibió su primera inspiración en las ideas liberales.. Al retorno a Sonora se alistó en las filas liberales y participó en la lucha por el centralismo. Tras de fracasar regresó a las labores del campo, pero pronto, ante el ataque de tribus bárbaras, se unió a Rafael Buelna fin de defender sus intereses y los de sus coterráneos.
En 1851 resultó herido por los apaches en la acción militar de Pozo Hediondo. En 1854 al estallar la Revolución de Ayutla en Guerrero y en contra de la dictadura de Santa Anna, se adhirió nuevamente al ejército liberal. Por su preparación, participó también como diputado y como prefecto de distrito, prestando grandes servicios a su comunidad.
Tras de la aprehensión del gobernador Aguilar llegó al cargo de gobernador de Sonora y después el 27 de agosto de 1857 después de ser elegido por el voto público continuó en el cargo por un largo período. Además de haber sofocado la intentona rebelde de Gándara, controló los ataques de las tribus sublevadas de yaquis y mayos y repelió una intervención de filibusteros yankis. Se afilió a la legalidad representada por Juárez y luchó con los liberales en contra del gobierno imperial de Maximiliano.
En 1865 a la llegada de 4 barcos franceses a la bahía de Guaymas, vivió la etapa más agitada de su azarosa vida, teniendo que luchar contra ellos, contra sus enemigos políticos y contra los embates de las tribus bárbaras. Por desgracia la fortuna deja de sonreírle y después de sucesivos fracasos se va quebrantando su salud y se ve obligado a salir del país. Una vez restablecido retorna a la lucha y el 4 de septiembre de 1866 derrota a Lamberg y entra victorioso a Ures. De esta manera pone fin a la intervención extranjera en México.
Pesqueira ejerció el poder de manera absoluta en un período de 20 años, por lo que sus detractores lo consideraron un dictador, sin embargo los grandes servicios que como soldado prestó a la causa liberal, legitimaron con creces su derecho a pasar a la historia. Murió el 4 de enero de 1886 ensu Hacienda de Bacanuchi, está sepultado en Arizpe.
GENERAL JESÚS GARCÍA MORALES
Estatua erigida por el estado de Sonora y develada el 5 de noviembre de 1891. Obra del escultor Don Enrique Aiciati.
Jesús García Morales nació en Arizpe, Sonora el 23 de agosto de 1824, pero también se menciona el año de 1823. A los 15 años, en 1838, ingresó como cadete a la compañía presidial de Altar, obteniendo el grado de teniente en 1842. Se alineó con las ideas liberales desde su juventud.
Continuó en la carrera de las armas y en 1846 y en 1848 defendió a Guaymas del ataque naval de los Estados Unidos. Entre 1856 y 1857 se afilió a la Revolución de Ayutla, luchando en diversos sitios y destacando su resistencia en Pueblo Viejo apenas con 118 hombres, la defensa de la capital de Sonora en 11 días de sitio y haciendo dos campañas en los valles de los ríos Yaqui y Mayo. Durante la Guerra de Reforma se alineó con las ideas del Partido Liberal Fue gobernador provisional del estado en 1863 y después fue electo senador en 1880. Murió en México el 19 de mayo 1883 y está sepultado en Arizpe.
PIONEROS DEL VALLE
Vendió una pistola de su padre en 50 pesos, dejó 30 a su madre, pagó 8 pesos del boleto del tren y con el resto llegó a la terminal de Cajeme por la noche sin conocer a nadie. En un vagón abandonado y solitario durmió por algunos días…
ENSAYO
FOTO: Domingo Saldívar, de pie, de izquierda a derecha, junto con otros pioneros del Valle del Yaqui, Sonora, México. (Todas las gráficas del archivo de Culturadoor)
HISTORIAS DE VIDA
ALEJANDRO MÉNDEZ, PRECURSOR DEL VALLE DEL YAQUI*
Por Mayo Murrieta
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM —Exclusiva de Culturadoor.com—
Introducción Alejandro Méndez Limón, nació el 4 de octubre de 1907 en el mineral de Cananea, Sonora. Fue hijo del general Fructuoso Méndez y de Gertrudis Limón. Tuvo un hermano, Matías. Su padre se unió a las fuerzas de Álvaro Obregón con sus voluntarios yaquis en 1912, invitando a Lino Morales, capitán de los Fieles de Huírivis, a sumarse al movimiento maderista que lucharía contra Pascual Orozco en Chihuahua. Juntos combatieron en las batallas de Ortiz y Santa María cerca de Guaymas en julio de 1913, bajo el acuerdo que pedirían a cambio la restitución del territorio yaqui. En 1915, Fructuoso Méndez, ahora aliado con el general Manuel M. Diéguez, vuelve a plantearle a Obregón la entrega del patrimonio yaqui, pero éste no entiende y se niega otra vez. Amigo también de Ignacio Mori, los dos secundan en 1919 la pacificación de Yaqui emprendida por el gobernador Adolfo de la Huerta, al que Fructuoso Méndez iba a jurarle imperecedera lealtad. En abril de 1920 sostiene pláticas en la sierra del Yaqui, en un lugar del cañón del Huapari, cerca de estación Ortiz, con los ocho pueblos para convencerlos de su adición al Plan de Agua Prieta. Otra vez recibieron de Adolfo de la Huerta la promesa de que les entregarían sus tierras. Los guerreros-coyotes lo escoltaron hasta la presidencia de la República del 24 de mayo al 1ro de diciembre de 1920, y protegieron el puerto de Guaymas ante el posible desembarco de las tropas carrancistas. En diciembre de 1923 Fructuoso Méndez se subleva contra Obregón apoyando a Adolfo de la Huerta, y para evitar que se reuniera con la tribu yaqui en Sonora, es encarcelado en Tlatelolco y se le aplica la ley fuga el 9 de diciembre de 1923. Había dejado desamparada a su esposa Gertrudis y sus pequeños hijos Matías y Alejandro, en una casa rentada en Hermosillo. Fructuoso Méndez trabajó en la mina de Cananea y fue compañero de Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón. Representaron a los mineros en la huelga de 1906 ante las cuatro “C”, Cananea Consolidated Cooper Company. Los gringos lo llamaban Frank Méndez, cuando fueron encarcelados por ser los dirigentes de los trabajadores. Era Villista, y por esa filiación Obregón lo metió en las bodegas de un barco surto en Guaymas, junto con otros treinta y cinco generales, y los remitió a la prisión de Escobedo en Guadalajara en 1918. Alejandrito y su hermano Matías anduvieron en trenes militares, así crecieron, en tanto su madre Gertrudis asistía como soldadera a su esposo Fructuoso. Al quedar viuda, su madre los llevó a vender menudo a Cananea y posteriormente regresaron a sus tierras situadas a orillas del río Yaqui muy cerca de San José Bacum.
Monumento que honra a los primero colonos del Valle del Yaqui, en la Plaza Los Pioneros, en Ciudad Obregón.
Alejandro Méndez, entre balazos y en la escuela Cruz Gálvez de Hermosillo Al asesinato de Fructuoso Méndez sobrevino el ataque de los federales a la casa familiar de El Retiro en Hermosillo. El joven Alejandro los vió cómo atravesaban la cerca de madera en el intento de asaltarlos, cogió la pistola de su padre y disparó dos tiros, en ese momento comenzó la balacera. Su madre también disparaba con un máuser, hirieron a ocho de la tropa. Afuera, el comandante de la policía municipal les gritaba que se rindieran, que era asunto de federales. Salieron con las manos en alto mientras ellos saqueaban la casa, doña Gertrudis les dijo a sus dos muchachos: “tengo el presentimiento que mataron a su padre, han venido en busca de pruebas”. Los metieron a la hilera de federales llevándoselos presos al Cuartel Catorce. Había amanecido y la gente empezó a reunirse, los niños de las escuelas salieron a verlos desfilar rumbo a su prisión. A los tres días los remitieron a la Penitenciaria, y otra vez fueron acompañados por cientos de chamacos que los seguían. Allí estuvieron los cuarenta días que duró la rebelión delahuertista. En vísperas del día de la virgen de Guadalupe, les pasaron a la celda un periódico que en el encabezado informaba: “en una escaramuza perdió la vida el general Fructuoso Méndez”. El gobierno los mandó a la escuela para huérfanos de la Revolución Cruz Gálvez. Alejandrito recibió enseñanza en los talleres y contabilidad de los profesores José J. Meléndrez, Rosalío Moreno, Ángel Amante y Heriberto Aja de civismo práctico, materia en la que aprendían a formar partidos políticos, elecciones y trabajos de administración municipal. Entre sus condiscípulos destacaban Luis encinas y Guillermo Ibarra. Muy niño acudía a los actos políticos donde se gritaban vivas a Carranza, Obregón, Calles, o de la Huerta. Estuvo presente en la marcha triunfal de los constitucionalistas a fines de 1915 en Guaymas. Sobresalían su padre y los jefes de la tribu yaqui: Mori, Matus, Espinoza, Sibalaui y Rivera, al frente de la columna que era ovacionada por los porteños. En Hermosillo también fueron aclamados, no cabían en la calle Zaragoza hasta palacio de gobierno. Las filas de tropa, soldaderas y pueblo eran precedidas por las bandas de guerra carrancistas y la de Hermosillo que no olvidaba sus marchas porfiristas. La cuenta del banco les fue embargada, hicieron lo mismo con la casa de Hermosillo. Alejandro recordaba en la celda de la Penitenciaría las extinguidas palabras de su padre en la estación de ferrocarril: “hijo, cuando regrese voy a venir de civil, esta es la última despedida. Nos vamos a ir a vivir a Cajeme”.
- Papá, pero si Cajeme es una llanada sacatosa, no hay ni gente, puras partidas de burros salvajes.
- Sí hijos, pero dentro de unos años va a ser la capital política y económica del estado de Sonora, su corazón. Su porvenir es muy grande, será un gran pueblo.
Fructuoso Méndez vio cincuenta años adelante, pero el sueño de que Alejandro estudiara ingeniero agrónomo en Ciudad Juárez se había quedado atrás.
A Cajeme con 12 pesos
Vendió una pistola de su padre en 50 pesos, dejó 30 a su madre, pagó 8 pesos del boleto del tren y con el resto llegó a la terminal por la noche sin conocer a nadie. En un vagón abandonado y solitario durmió por algunos días. Había chinames dispersos en una sola calle, la del ferrocarril. Por último, con los veinte centavos que le quedaban compró en un furgón de plátano un racimo “ya pasadito”. Por la mañana, al dar la vuelta en un jacal, encontró a una señora tirando agua sucia del lavado de los trastes, era doña Margarita Rábago que había trabajado en su casa de Hermosillo en labores de cocinera, viuda de un soldado de su padre.
FOTO: EL CRONISTA MAYO MURRIETA
Asistía a carpinteros ,albañiles, mecánicos, mayordomos y peones del Molino Sonorense. La mujer le tendió los brazos llorando por lo que había sucedido y le ofreció un catre de yute y comida mientras encontraba ocupación. Fue albañil, velador, peón, hasta que un día doña margarita lo recomendó con el mayordomo que no sabía cómo ordenar una cartera de raya, “Alejandrito tiene escuela, puede ayudarlo”. “Tráigame una cartera limpia y me dicta porque sólo usted sabe lo que escribió ahí”.
El mayordomo le llevó la cartera bien arreglada al gerente, mister Marcy, que al observarla pidió que le presentaran al chamaco tan aplicado y talentoso. Con el sombrero en la mano le fue diciendo al inglés: “estudié en la Cruz Gálvez, en el Colegio de Sonora, en la Comercial H. Aja de Hermosillo, aquí traigo mis papeles y estas bandas de primer lugar”. “¿Usted sabe telégrafo y contabilidad?”, “sí señor, y también comercial, libro de almacén, libro de caja, libro de diario, hacer inventarios y balances”.
Desde ese momento fue nombrado rayador y tomador de tiempo, de ganar 1.25 a 5 pesos diarios en el Molino de Arroz Sonorense, a los 16 años de edad. Al año de haber llegado de peón se convirtió en el gerente del molino, apenas un mocoso.
Trajo a su madre y hermano a vivir a Buenavista, a orillas del río Yaqui. En 1926 el pueblo fue atacado por los indios, ya habían asaltado al general Obregón en Vícam y se replegaban a la sierra. Trini Minjares, el comisario, armó una partida de voluntarios a la que Alejandro Méndez se incorporó. Después la familia se trasladó a San José de Bácum a recuperar sus tierras y no fueran invadidas al amparo de la Ley de Tierras Ociosas. Ahí recibieron nuevas amenazas de los yaquis para que abandonaran sus tierras, Manuel Montijo, heredero de Francisco Montijo, socio en tierras de Carlos Conant, le entregó una carta poder para que lo representara y muchos fueron a sus tierras a sembrar; abrieron un pozo, entre ellos José Rojo, Ramón Rojo y Michito Corral. Un día, llegó una partida de yaquis a caballo y los encañonaron amenazándolos con desistir al sembrado.
“El ayuntamiento nos mandó a trabajar esta tierra porque no tenemos en qué ocuparnos”, les informó Alejandro Méndez. Los indios respondieron “nosotros nada que ver con ayuntamiento, los vamos a sacar a chingadazos si siguen por aquí para el domingo”. Fueron a exponer el asunto a Gabriel Olea, presidente municipal de Bácum y les ordenó “háganles frente, prepárense para ese día y póngale duro”. Ese domingo los aguardaron dentro de los jonucos alrededor de la noria, bajo la mira de sus escopetas recortadas. Mamá Gertrudis estaba armada esperando la balacera. Cuando entraron al patio les apuntron, Alejandro les gritó: “ya los tenemos encañonados, intenten cualquier cosa y no sale vivo ninguno”. Doña Gertrudis salió del jonuco y los indios moviendo la cabeza de un lado a otro se fueron del lugar. Vestían pantalones y chaqueta de mezclilla, camisola vaquera, un pañuelo rojo al cuello, huaraches de tres puntadas y un bule con agua.
Danza del Venado, símbolo de la región
De Cajeme a Ciudad Obregón En 1925 llegaron a la oficina de Alejandro Méndez sus condiscípulos GuillermoIbarra, Luisito Encinas y Agustín Gutiérrez. Traían la comisión de formar comités a favor del general Fausto Topete, el candidato a gobernador favorito del general Álvaro Obregón. Alejandro fue nombrado presidente de la propaganda topetista en Cajeme. El sábado de gloria en los poblados de Cócorit y Esperanza “quemaron a Elías” (Francisco S. Elías) el candidato de Plutarco Elías Calles, presidente de la República. Llegaron las elecciones y el ganador fue Topete, apoyado por la gente de Pascual Ayón en el Valle del Yaqui. A continuación fue votada la Ley 16 del 29 de diciembre de 1927 que creaba el municipio de Cajeme, y hubo fiesta en el Valle del Yaqui de conmemoración por el decreto. El general Topete ordenó que Alejandro Méndez fuera el primer regidor del primer ayuntamiento, y les pidió a Nacho Ruiz, Nacho Mondaca, Joaquín Ibarra, Pancho Rodríguez y Carlos Misquez que le ayudaran al muchacho de veinte años que iba a dejar su trabajo en el molino arrocero. En la primera sesión del uno de enero de 1928 , se tomó el acuerdo de nombrarlo síndico procurador y presidente de la Comisión de Hacienda, Educación y Policía de la inicial administración. Por radio de onda corta, el mismo 17 de julio de 1928, Ignacio Mondaca, el presidente municipal de Cajeme, recibió la noticia del asesinato del general Obregón en la ciudad de México, y leyó el telegrama luctuoso enviado por el gobernador Topete, pidiendo que se alistara una comisión especial para ir a Culiacán a recibir el cuerpo embalsamado del presidente reelecto. Alejandro Méndez fue nombrado jefe delegado y encabezó la recepción de cajemense acompañando el féretro hasta Huatabampo. El 28 de julio Cajeme es nombrado ciudad Obregón en memoria del extinto general y en diciembre el Congreso de la Unión lo declara Benemérito de la Patria. Al año siguiente los obregonistas proclamaron el Plan de Hermosillo cuyo pretexto era averiguar si el clero o Plutarco Elías Calles eran responsables de su muerte. El movimiento fue llamado “Renovador” en el que el gobierno de Sonora, encabezado por el general Topete, desconocía los poderes de la Unión. El general Benito Bernal, acudió a ciudad Obregón a sesionar con el ayuntamiento solicitando su adhesión. En esta reunión, Alejandro Méndez fue nombrado proveedor de los renovadores para enviar a las tropas embarques de harina, sardinas, cigarros, cobijas, café, azúcar y dinero que pedían por telégrafo. La mercancía la exigía a los chinos de la ciudad mediante una petición “por las buenas”. Con seis soldados, dos cabos y un sargento los chinos comerciantes lograban ablandarse abriendo sus almacenes. De Navojoa llegó un telegrama del general Topete a la presidencia municipal: “Mándenme a donde me encuentre, los fondos recabados en esa tesorería municipal, un juego de llantas, dos sacos de pan de barra y dos cajas de whisky” . Nacho Mondaca le entrega a Alejandro el despacho diciéndole: “esto es tuyo, tú eres el proveedor, esto no es asunto de la presidencia municipal, el dinero está en la caja fuerte”. El proveedor va con Byerly y le saca el juego de llantas; con Becerril que estrenaba panadería, y con Mike Ordich, el húngaro de la calle Sonora, a quien le exige mediante el mismo sistema el whisky para el general Topete. En la calle, Alejandro se encontró a Manuel Portugal y Manuel González y los invita a salir con él rumbo a Masiaca, también se les unió José Luis Pérez R. , jefe de redacción de la Gaceta del Pacífico, que tenía que escribir a como diera lugar un reportaje de los “renovadores”. Llegaron bajo una tenaz balacera de los aviones cardenistas que los perseguían, y el dinero se lo entregaron al hermano del general Topete en Navojoa. Todo el ayuntamiento fue a esconderse al Campo Nueve que sembraba de arroz el sueco Olaf Dalhquist, pero los descubrió el gobiernista Flavio Bórquez que prometió llevarlos con el general Plutarco Elías Calles que arribó con todo y aviones a ciudad Obregón derrotando a los “renovadores”. Alejandro Méndez e Ignacio Mondaca llegaron al edificio Byerly donde rasuraban a Calles en una peluquería de la planta baja:
- Mi general, aquí le traigo a los miembros del Ayuntamiento de Cajeme – le informó Flavio Bórquez.
- ¿Ah, sí? – respondió Calles sin mirarlos, para luego preguntarles. – ¿Ustedes por qué se fueron, qué delito tenían, por qué dejaron al pueblo sin autoridades? Calles los sermoneó, y porque habían huido como delincuentes los destituyó nombrando a Dolores Cuevas como nuevo presidente municipal. “Para una mayor tranquilidad del pueblo, estaría bien que se fueran una temporadita del pueblo. Capitan, que esta gente sea vigilada para que cumplan”. Se los advertía el secretario de Guerra y Marina del gobierno de la República. La tropa arrasó con la Gaceta del Pacífico y a José Luis Pérez lo mandaron fusilar, pero Juan de Dios Bojórquez intervino a su favor y el general Calles le perdonó la vida. Mientras, Alejandro subía al tren rumbo a Nogales, para después llegar al mineral de Cananea donde laboró por cinco meses viviendo en casa de sus abuelos paternos en el barrio de La Campana. A su regreso del Valle del Yaqui, en la estación ferroviaria se encontró a Jerónimo González quien sonriente lo previno: “ahora sí conocerás a tus verdaderos amigos, nadie te va a hablar por renovador”. Dolores Cuevas, el presidente municipal , había sido secretario de su padre Fructuoso Méndez en la Revolución y convivido con ellos en los trenes militares donde vivían, cuando lo miró soltó la risa diciéndole apenas: “no te hagas notar, del trabajo a la casa”. Pero decidió irse al mar con Cecilio Félix, regresando a losdías con los cajones petroleros llenos de pargos, curbinas, lisas, de almejas y ostiones. Fueron a pregonar su producto por los callejones de la ciudad y nadie les compraba nada. La gente del Yaqui no conocía el mar ni estaba acostumbrada a cocinar pescado, así que decidieron irse a Esperanza a la colonia de americanos de la compañía Richardson, que las mujeres limpiaron el carcachón que manejaban. Ya no fueron a los callejones donde vivían los serranos de Tesopaco, Batacosa y Nuri. Era la temporada de crisis económica del 29-33 y no había trabajo, llegaban al Valle cientos de repatriados de Estados Unidos que en caravanas cargadas de mobiliario iban vendiendo de Guaymas a ciudad Obregón. Alejandro, por fin, decidió volver a sus tierras en San José de Bácum a orillas del río.
Descendientes de los fundadores en el moderno Valle del Yaqui
Agricultura en el Yaqui Abandonados por veinte años, encontraron sus terrenos enmontados, los canales llenos de asolve y las cercas por los suelos cubiertas de maleza; de los mezquites hicieron carboneras y pidieron salir a los invasores como Guadalupe Zazueta que no aceptó razones. Mamá Gertrudis, mostraba su felicidad viviendo en el campo, a orillas del río Yaqui un coloso de vida en estas tierras, la vegetación y los animales abundaban para la casa por todo su caudal. Cantidades enormes de peces sacaban con el anzuelo, bagre, mojarra, robalos, cauques o langostinos del yaqui. Con esta abundancia de aguas y pesca nadie iba hacia el mar. Trajeron tiros de mula, deshierbaron, sembraron y a los meses tenían los primeros elotes, ejotes de frijol yurimuri y calabacitas; pero, el desenlace común sucedió una madrugada en que los rodearon los yaquis pidiéndoles dejar las tierras en sus manos. “Permiso de quien estar aquí”, “sembramos por hambre” contestó Alejandro, y les informó que era de Tórim, hijo del “Güero” Méndez… hasta que hablaron entre ellos, en la lengua, y depusieron las armas. Uno de ellos le avisó que el domingo habría un conti (asamblea) en Lencho a la que debía asistir para obtener el permiso, ya que era amigo de los indios. Ya instalados en las tierras desmontadas, con agua del río regaban una vez al año el frijol riata de medio metro de largo, hermoso, con tres se alimentaba una familia. Vendían el grano a Las Novedades de los Sánchez, a los Meza de Plano Oriente. No había casas que diera crédito y si lo conseguía Alejandro pagaba a condición de tres por uno fuera semilla o dinero. Si prestaban un saco de semilla tenía que devolver tres. Así trabajaban muchos como la viuda Olea, Benjamín Castelo y otros. Unos intereses del 200 por ciento tenía que agradecer aunque a veces perdiera la siembra, al año siguiente se tenía que pagar el doble. Antes de irse a refugiar a Cananea en 1929, Alejandro Méndez había sido presidente del primer comité del Partido de la Revolución Mexicana en Cajeme, y ya siendo gobernador del estado Rodolfo Elías Calles (1ro de septiembre de 1931 a 1ro de septiembre de 1935) entró de nuevo al ayuntamiento presidido por Manuel Escamilla, como cuarto regidor y síndico municipal. Recibía solicitudes y entregaba lotes a los pobladores inmigrantes que iban llegando a la ciudad atraídos por su desarrollo agrícola. Su hermano Matías era un líder campesino que andaba solicitando tierras al gobierno para cientos de futuros ejidatarios, y exigía la expropiación de las tierras de extranjeros y de la Compañía Richardson propietaria en concesión de miles de hectáreas. Matías Méndez, Rafael, el Buqui, Contreras, Gil Rico, Retamoza y otros líderes fueron expulsados del Estado por el gobierno de Rodolfo Elías Calles; Alejandro Méndez tuvo que enfrentarse a “Rodolfito” en defensa de sus amigos los representantes campesinos y de su hermano. Todo el ayuntamiento los apoyó oponiéndose al gobernador. La judicial materialmente fue a tirarlos a Nayarit donde asesinaron a Gil Rico; Matías, disfrazado, subió a un tren de carga y regresó tres días después, igual el Buqui Contreras. Se trataba de una lucha sin reservas, declarada entre agricultores privados contra los sindicatos agrarios, el reparto de tierras y la inminente expropiación de parte del gobierno cardenista. En 1932, Alejandro Méndez formaba parte de la Comisión de Educación decretada por el gobierno de Rodolfo Elías Calles, que obligaba a los propietarios de los campos agrícolas a poner escuelas y maestros para los hijos de sus trabajadores. Los profesores rurales llegaron a Hermosillo y Alejandro los fue colocando por todo el Valle supervisando que las escuelas fueran construidas. Le auxiliaban Ricardo León y Jesús Larrocha. Como síndico abrió el barrio obrero, unas manzanas alrededor de la plaza de la ciudad, en lotes pequeños para peticionarios de escasos recursos, a 40 pesos cada uno y a 60 las esquinas con enganche de tres pesos, en el entendido que se dotaba a los pobres de la ciudad. Para titular solares, Alejandro verificaba el pago correspondiente a la Compañía Náinari, propietaria del 50 por ciento de la Richardson. El señor Álvarez, gerente de la compañía, le presentaba los recibos pagados y procedía a su escrituración. Muy cercana la fecha del reparto agrario en el yaqui (31 de octubre de 1937 en que Lázaro Cárdenas entrega a 13 ejidos colectivos 17 mil 400 hectáreas de riego y 36 mil de agostadero, además 17 mil hectáreas de riego y 450 mil de pastizales a la tribu yaqui), Alejandro levantaba el censo ejidal en el río Yaqui. Las brigadas de ingenieros arribaron al yaqui protegidos por fuerzas federales y del ayuntamiento. Más tarde recibió el primer nombramiento de inspector del Banco Ejidal, para otorgar créditos a los ejidos más grandes como el Yaqui, Quetcheueca, Campo Nuevo y 16. Su primer gerente, Enrique Betanzos, había sido amigo de su padre el general Fructuoso Méndez, en Tórim. Con los ingenieros Crisóforo Elizondo y De La Garza abrieron canales irrigadores en tierras yaquis, como El Bule y El Conant, tambien las compuertas que están en Tierra Blanca, para que el agua del río entrara a los sembradíos. Alejandro tenía que hacer cuentas de los días trabajados, la inversión y las utilidades en los ejidos defendiendo el sistema colectivo en el Yaqui. Ingenieros, técnicos de contabilidad, agrónomos y líderes asesoraban a los nuevos campesinos agraristas. Alejandro Méndez fue presidente municipal de Bácum de 1959 a 1961, formó su planilla con un regidor por cada ejido en la demarcación, el que fuera más popular de la comunidad. Con la ampliación del Canal Bajo hasta Navojoa se abrieron más tierras a la siembra, Aquellos tractores de llantas de fierro que Alejandro manejaba en un infierno de calor y sequía, a la espera del agua por los canales, aquella mulada para abrir surco, emparejar y tablonear el terreno, se iban quedando atrás por la modernización del campo. La experiencia colectiva también llegaba a su fin enfrentando a los ejidos y corrompiéndolos aún más. Las madrugadas de cacería de patos veían su horizonte próximo, allá por el Campo Nueve donde Alejandro les disparaba para ahumarlos después. Las travesías al mar de La Luna, de Alejandro y el Popelin Cota, iban a quedarse en el recuerdo así las hartadas de Tori asado con orégano y pimienta. Valle acariciado por la sierra y el mar, en el que mucha gente con fe, voluntad y coraje abrió las tierras y canales para la siembra. Felicidad de campo a orillas del río. Alejandro Méndez hizo de la tierra un patrimonio para sus hijos, que sembró tanto como prolongar su vida campesina.
*Este texto se presento en el XX Simposio de la Sociedad Sonorense de Historia el pasado mes de noviembre en Hermosillo, Sonora, México en la mesa “Personajes en la historia del noroeste mexicano, periodo post-revolucionario”
Contacte al autor: marj0937@prodigy.net.mx
MINERIA
SONORA CUATRO SIGLOS DE MINERIA
Ing. Marco Antonio Bernal Portillo Asociación de Mineros de Sonora, A.C.
El mundo tiene puestos los ojos en Sonora. Hay oro en Magdalena, ya están aquí expertos de Ohio. En Moctezuma, Sahuaripa, Río Yaqui, Arizpe, Ures, Altar, hay oro, plata, carbón, cobre, antimonio, cinabrio. “El Cobre, el metal colorado, esta llamando a representar el principal papel en la minería, con el desarrollo de la electricidad, en el porvenir de Sonora,
cuyas montañas contienen diversidad de metales, ha entrado resueltamente a la comunión de los grandes productores de cobre y una de sus negociaciones, la Cananea sostiene con su enorme producción más de 20,000 almas.
Beneficia mas de mil toneladas diarias y se prepara para construir nuevos hornos y aumentar su maquinaria a objeto de duplicar su producción”. “En todas partes se descubren constantemente nuevos y ricos paninos de cobre que harán de Sonora el mas importante productor de cobre en la república.”
Fragmentos del trabajo titulado “calendario minero de las buenas nuevas en Sonora, 1873-1903 por Mayo Murrieta Saldivar, Recopilación de las Noticias Publicadas en “El Minero Mexicano” A cien años de distancia de esas noticias, pensamos que se trato de una gran visión de futuro o quizás de una profecía como de conceptuaba antiguamente.
Muy distinguidos miembros de la Sociedad Sonorense de Historia, Señoras y Señores: Cuando se me concedió el honor de participar a lado de tan distinguidas personalidades para comentar algunos aspectos del excelente compendio de trabajos del X Simposio de Historia Regional con el tema “Sonora Cuatro siglos de minería”, no me imagine la gran riqueza de antecedentes históricos de carácter político, social y económico que ha vivido Sonora a raíz del desarrollo de una actividad que en la actualidad algunas personas y grupos satanizan, sin conocer su historia.
No deseo partir de una impertinencia, al no darle valor a cada uno de los trabajos, pues cada uno representa un gran esfuerzo que hay que admirar. Por eso vaya nuestro mas amplio reconocimiento a todos los autores de hoy y de ayer y a los coordinadores de esta excelente edición. Seria sumamente extenso hacer comentarios sobre todos los temas, mejor adquieran el documento y fórmense su propia opinión, realmente vale la pena.
Guillermo Salas y Saturnino Samaniego inician mencionando las rocas mas antiguas que podemos encontrar en nuestro estado y que son mas antiguas que podemos encontrar en nuestro estado y que son de entre 1700 y 1800 millones de antigüedad y que estas a su vez son la evidencia de las rocas mas antiguas hacia el sur de América del Norte.
En un viaje a través de las diferentes eras geológicas y porque no a la velocidad de la luz nos transporte a la era paleozoica aproximadamente 570 millones de años que es donde se inicia la actividad biológica en los mares.
A principios del mesozoico hace 200 millones de años dicen Salas y Samaniego, se depositaron una potente secuencia de areniscas con intercalaciones de lutitas y carbón, provenientes de la gran cantidad de materia vegetal y arboles que acarreaban los ríos antiguos a zonas lacustres.
Mas recientemente aun, 66 millones de años en el cenozoico, definido como La era de la nueva vida y que se extendía hasta nuestros días, dando formación a gran parte de las montañas del país, entre ellas la sierra madre occidental y el eje neovolcanico que va de Jalisco a Veracruz, así como el inicio de formación del Golfo de California y finalmente el surgimiento del hombre. Porque hago mención de todo lo anterior, sencillamente para que comprendamos lo inmensamente pequeños que somos como humanidad ante el paso del tiempo y la historia de nuestra madre tierra.
“Cualquiera de nosotros pensaría que en la época prehispánica el oro y la plata, serian en el norte metales conocidos, pero no fue así” nos dice Júpiter Martínez en su trabajo: el comercio prehispánico de la Turquesa en el Norte de México, el mineral que creo todo su sistema de explotación minera, fue sin duda alguna la turquesa. Sin embargo en los sitios arqueológicos más grandes de Sonora La Playa y el Cerro de Trincheras, en el municipio de Trincheras, no existe evidencia importante de objeto de Turquesa, siendo Sonora zona de cruce de comercio entre el sureste de los Estados Unidos y resto de México, debemos recordar que es esa época no existía la división geográfica que tenemos hoy.
A Júpiter Martínez le queda una incógnita y es porque a la gente del desierto de Sonora nunca intereso en los ornamentos de turquesa pues la belleza de este mineral es indudable. Menciona varios modelos para explicar los fenómenos de comercio e intercambio concluyendo que con estos modelos “Se puede generar una nueva interpretación sobre la vida de las rutas de comercio hacia el sur, la cual debió haberse llevado a cabo por toda la Sierra Madre Occidental contrariamente a lo que se piensa que el hombre escoge caminos planos para andar, pues el quizás prefiera el buen clima y la abundancia de agua”.
Como comentario final resalta: “de cómo a través del tiempo, van cambiando los parámetros para determinar cuando es algo de valor, pues como se observa (continuas Martínez), el valor que se dio a la turquesa por los indígenas fue causa de frustración enojo y muerte para los explotadores españoles que desafiaron el norte en busca de las ciudades de Cibola y Quivira, que según las leyendas debieron haber estado construida totalmente de oro”. Julio César Montané en su trabajo Panimo Mineral: La minería Colonial en Sonora., nos dice que “No siempre las noticias son positivas sobre las supuestas riquezas de Sonora; a veces son mas bien vagas, tal y como sucede en el relato de Alvar Nuñez cabeza de vaca de 1536.
Cabeza de vaca y sus compañeros de viva voz le ponderaban riquezas minerales al virrey con tal convicción que a todos puso los pies en pólvora tras su búsqueda. Si era mentiroso como dice Julio Cesar Montané alguna evidencia tuvo para narrar toda esa historia que a la postre viene a demostrar porque Sonora en la actualidad esta posicionada en el primer lugar de producción minera.
Mas adelante menciona Baltazar Obregon el primer historiador mexicano que relata que al norte del río el fuerte se separo Francisco de Ibarra con unos soldados para ir en busca de minerales. Siendo esta la primera noticia precisa menciona Montané; de que los españoles buscaban minas, estamos a mediados de 1500.
La explosión de los indios por los españoles en otro de sus apuntes dice Montané, “la minería representa un trabajo muy terrible para los indios, quizás no el único, era mal pagado pero además no siempre se les pagaba lo debido, frecuentemente se les engañaba”. Ya había corrupción pues, “concluidos con las autoridades se negaban a pagarles o les daba en vez de pago un cuchillo por ejemplo, que valía un tomin por una semana de trabajo. En las minas morían muchos indios por los trabajos en que no se observa moderación por parte de los españoles”.
Concluye Montané, que la minería colonial en Sonora esta por investigarse porque algunos informes sostenían la exagerada abundancia de minerales, por una parte y por otra se señalaba que los asaltos de los indios impedían laborar en las minas informes evidentemente exagerados que han dado una visión equivocada, pues no es tanta la riqueza y si se desarrolla la minería en la colonia trabajándose diversas minas como lo demuestra en diversas fechas. “Cuando se escucha algún relato sobre los inicios de una nueva mina, siempre con una buena dosis de imaginación, cual debe de ser, pensamos en un grupo de hombres con un gran espíritu de la aventura, una voluntad ferrea y una esperanza sin limites, en ocasiones buscando por las serranías las vetas de minerales, en otros casos trabajando llenos de sudor y polvo dentro de un tiro o en los terrenos junto a la bocamina y armados siempre con sus picos marros y palas”.
Así inicia César Armando Quijada su trabajo; un real de minas del siglo XVII en Sonora, “con la imagen del anonimato que siempre acompaña a los mineros como un reconocimiento a su labor en el crisol de las historias sonorenses”.
En verdad que bellas palabras y que justo reconocimiento para quienes siempre hemos estado ligados a esta actividad, porque aun con toda la tecnología moderna por delante, el esfuerzo y el trabajo será siempre arduo, riesgoso y no siempre exitoso. Gracias por ese gran estimulo.
Nos dice Quijada como se funda un real de minas: “a partir de poblados de poblados ya existentes, de donde partían pequeños grupos de exploradores en la mayoría de las ocasiones mandados por los propios capitanes españoles para la búsqueda y localización de yacimientos minerales”. Continua, “una vez descubiertos se formaba un campamento en el lugar del hallazgo.
Cercanos a los yacimientos los conquistadores establecieron fortificaciones y campos militares que también se les conoció con el nombre de reales”. Menciona que para evitar la confusión entre un poblado minero y uno militar se le llamó al primero “real de minas” que se refería a aquel lugar donde vivían mineros aunque no hubiera militares en las cercanías.
Es muy probable dice, que de esta manera fuera la fundación del real de minas de San Juan Bautista de Sonora, alrededor de la década de los años cincuenta del siglo XVII, de los primeros reales de minas de Sonora ubicado actualmente en el municipio de Cumpas, un sitio arqueológico y de gran importancia histórica para Sonora, nos dice Quijada y que esta doblemente registrado por el Instituto Nacional de Antropología E Historia para que la Ley Federal de zonas y monumentos arqueológicos, históricos y artísticos de 1972 lo proteja y evite su destrucción, continua, afortunadamente el deterioro que sufre actualmente es mínimo pues solamente es usado como un potrero de pastoreo.
Finaliza Quijada, la fama de la riqueza de este real de minas llego hasta el viejo continente especialmente a Inglaterra, siendo el coronel Bourne comisionado para conocer la riqueza minera de San Juan Bautista de Sonora proporcionando un buen testimonio de la importancia argentifera que aun debe existir dice Quijada pues se sabe que en los últimos tiempos, geólogos y compañías mineras han hecho estudios, por algo será, termina. Su visión como lo expone Quijada, es una visión panorámica de lo que sucedía en este centro minero entre 1657 y 1708, ya que a principios de 1750, San Juan Bautista contribuyo con sus ultimas familias a incrementar en numero de habitantes del entonces joven poblado de San Miguel de Horcasitas, que aun figura en nuestra geografía, solo quedando el recurso de San Juan Bautista de haber sido un poblado importante del siglo XVII al igual que la riqueza de sus mineros.
Otro gran historiador e investigador como lo es don Armando Quijada nos menciona en sus apuntes sobre minería en Sonora 1821-1841. Que existen testimonios de que tanto los realistas como los insurgentes se preocuparon porque no se entorpeciera la actividad minera en el país durante la revolución de independencia; sin embargo nos dice, las propias luchas motivaron la ausencia de capitales, la carencia y altos costos de los materiales necesarios para el laboreo y beneficio en las minas por lo que, muchas de ellas fueron abandonadas y las que continuaron trabajándose tuvieron que enfrentar otros inconvenientes, como la inseguridad en el transporte de sus productos, la falta de una industria nacional consumidora, numerosas prohibiciones y los pesados impuestos.
Los factores políticos y sociales finalizada don Armando en sus apuntes de la actividad minera en Sonora, hace muchas décadas que desaparecieron, pero aquí quiero comentar que aparecen otros que en la actualidad frenan y desestimulan la actividad minera como sol las altas regulaciones ambientales, la tendencia de la tierra y la falta de apoyo de las autoridades principales de las federales, coincidieron en que los factores económicos aun persisten teniendo una gran dependencia de los capitales extranjeros.
Algo que mucha gente desconoce es la participación masiva de los sonorenses en la fiebre del oro en California, como nos dice Lawrence Douglas Taylor Hansen en su trabajo; los sonorenses en la fiebre de oro de California. La migración de los mineros sonorenses a California, constituyo quizás el primer movimiento transfronterizo de gente entre México y los Estados Unidos.
Lo que en nuestros días se da como un “resurgimiento del Viejo espíritu del Nativismo estadounidense, como parte de las discusiones y controversias, en torno a la creciente inmigración de mexicanos a aquella región en muchos casos de manera ilegal ha creado una nueva ola de xenofobia antimexicana cuyas raíces se remontan a la época de la formación del estado californiano particularmente el periodo de la fiebre de oro, cuando la primera ola de inmigrantes mexicanos, muchos de ellos procedentes de Sonora, penetraron as la región, nos comenta Lawrence Douglas.
Estos antecedentes se remontan a marzo de 1842, cuando se descubrió un yacimiento de oro a 60 kms. Al noroeste de los Angeles, este descubrimiento dio lugar a la primera fiebre de oro de California, un testigo de la época aseveraba que en las minas se encontraban principalmente sonorenses, quienes estaban acostumbrados a trabajar en los placeres, de tal forma que los sonorenses tuvieron una participación destacada en el siguiente descubrimiento significativo de oro en California que se inicio en 1848 a raíz de que un viejo minero sonorense (no menciona el nombre) extrae oro de un banco de grava del río americano siendo James W. Marshall quien lo hizo famoso.
Los sonorense dejaron una huella importante en la historia de la fiebre del oro en California, así concluye Douglas su interesante trabajo, “no solo constituyeron uno de los grupos de mineros que tuvieron mas éxito en las minas sino que también transmitieron algunos de sus conocimientos de la minería a los trabajadores de otros grupos étnicos, y de esta manera, ayudaron a establecer la primera base económica de la región bajo el dominio estadounidense”.
Finaliza; “El hecho de que los colonos anglos no reconocieron la contribución de estos inmigrantes al desarrollo y prosperidad del estado, permanece como una injusticia histórica en espera de ser corregida por sus descendientes”. Esperemos que alguna día se haga. El maestro e investigador Juan Manuel Romero Gil analiza minuciosamente un periodo de treinta años que significaron para la minería del noroeste un proceso de alzas y bajas en lo que a su actividad y producción se refiere: “eventos políticos locales y nacionales y otros de índole económica principalmente debido a factores externos mantienen un permanente estado de estancamiento aunque en etapas cortas hay señales de despegue y modernización”.
Llama a su trabajo; Los años difíciles de la minería regional: tradición y modernidad en el periodo 1850-1880. Hace énfasis en un recuento de sus características técnicas del desarrollo de la minería regional, los motivos de inversión, naturaleza de la propiedad y origen de sus capitales le queda claro a Romero Gil que la minería de la región genero prematuramente como el le dice “una dependencia con el capital norteamericano” coincidiendo con don Armando Quijada no solo en esa época sino hasta nuestros días, continua Romero
Termina Romero Gil sugiriendo un análisis de “los principales candados estructurales, tomando como eje de reflexión el proyecto que mueve a los actores sociales del noroeste: la relación entre colonización, minera y desarrollo económico.” Un trabajo que conviene continuar. En medio ambiente y minería su autor Donald Johnson dice que la fauna silvestre se ha reducido seriamente por causa de los mineros y gambusinos, de la llegada de los españoles a territorio sonorense y su aportación a la minería en otra escala.
En las conclusiones de su trabajo refiere que Sonora es un estado todavía muy mineralizado; que la mano de obra es mas barata que en otros lugares y que las leyes ecológicas no son muy estrictas, que por causa de la minería se ha pagado un alto costo ecológico en cuanto a la destrucción de los recursos naturales, renovables y contaminación ambiental solo puedo coincidir con el en que Sonora es un estado todavía muy mineralizado.
Carmen Pellat Sotomayor cronista municipal de Arizpe menciona en términos generales, que Don Juan Pedrazzini era un Suizo que llego a Sinoquipe en la década de los ochenta del siglo XIX, y después de trabajar como tenedor de libros y cajero en la empresa Santa María Mining Company, propietaria de nueve minas en la región de Siniquipe-Arizpe, y posteriormente de velador cuando la compañía se retiro por causa de los ataques de los apaches y la perdida de maquinaria que transportaban de Arizpe a la Mina, al ser arrastrada por el río Asunción, llego a ser el dueño de todas las minas que controlaba esa firma siendo una de las mas famosas la de las Chispas.
Pero no fue fácil para Pedrazzini, pues en aquel tiempo había que cuidarse mucho de los apaches a los que el llamaba “Hienas del Monte”, no había carreteras como las de ahora para transportar los minerales, los víveres escaseaban y sus obreros le robaban. Don Gustavo Adolfo Figueroa, cronista municipal de La Colorada con su tema: La Colorada y el Tigre aspectos Históricos, describe detalladamente las minas de La Colorada y la vida del mineral del Tigre en Nacozari, así como los problemas durante la revolución mexicana por la intromisión de diferentes tropas que saqueaban los pueblos mineros y también las minas.
La compañía consolidada de cobre de Cananea , S.A. bajo William Cornel Greene en los años antes de la histórica huelga, por Franz R. Wicker Ditsch comenta que, antes de la llegada de Greene a Cananea algunas minas de la región habían sido trabajadas por el general Ignacio Pesqueira sin embargo, fue hasta que Greene apareció en la zona a fines del siglo XIX cuando se empezó a dar una transformación acelerada en Cananea y en las minas que adquirió este estadounidense.
Sin duda Greene era un hombre ambicioso y emprendedor. Por su parte el autor dice que Greene era el principal prospectador, fundador original, director y principal accionista de la empresa. Si bien en 1858 el general, Pesqueira fundo el primer asentamiento humano en la región, en el lugar que actualmente se conoce como Cananea vieja, la llegada de Greene rebaso todas las expectativas de población. Así, el año de la huelga 1906 cuando Hermosillo tenia apenas 14,000 habitantes Cananea tenia ya 22,000 . el autor no se equivoca cuando menciona que en los primeros 6 años Cananea creció a mas de 20,000 habitantes.
También el autor se refiere a la línea ferrea que el empresario construyo en 1902 de Naco a Cananea y nos dice que junto con la compañía crecía también la ciudad. Antes de la huelga existían 2 pisos del palacio municipal, juzgados menores, telégrafos federales una moderna escuela mixta, un hospital civil, el famoso banco de Cananea, viviendas para los obreros y tiendas. Esto sin duda significo desarrollo.
En el tema: 1906: Cananea y sus Mineros, nos narra las altas y bajas de los minerales de Nacozari y Pilares, hasta la desaparición de este ultimo, el dolor de la gente al irse; el retorno y otra vez el éxodo obligado por el cierre de la empresa The Moctezuma Cooper Company. Ahí mismo en su mismo relato en el caso de Nacozari nos recuerda a nuestro Héroe Jesús García.
José Romulo Felix Gastelum en su trabajo: Aspectos de la Vida Cotidiana de los Mineros y Gambusinos de Sonora, siglos XVI al XX, inicia su trabajo diciendo que “la Historia de Sonora a partir del siglo XVII va de la mano de la minería de oro y plata”.
Después se refiere a la difícil subsistencia de los minerales en esa época, debido a los peligros que representan los grupos indígenas hostiles y la escasez de herramientas adecuadas para las labores en las minas. Señala que las facilidades otorgadas por Porfirio Díaz en 1876, generaron “una cascada de inversiones de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania en gran parte de los rincones de Sonora donde había metales”. De suerte que muchos de los campamentos mineros tradicionales se convirtieron en poblaciones estables y bien planificadas, diferentes completamente a los anteriores asentamientos.
Se refiere a la obra de Juan Luis Sariego titulada “persistencia y estrategia de administración de la pequeña minería en la sierra madre occidental”, en la que dice que los pequeños mineros conforman un sector de mayor tradición histórica y son quizá el grupo mas numeroso entre los productores mineros de la sierra. Relegados al anonimato en las paginas de la historia oficial añade; fueron los Gambusinos, cateadores, buscones y, sobre todo, los indígenas los auténticos descubridores de la riqueza del subsuelo serrano.
Ricardo Aragón Pérez, nos relata, la vida escolar en los campos mineros de Sonora.- 1900-1910, relata desde la apertura de escuelas en los minerales, a principios del siglo XX. Como parte de una obligación que adquirían las empresas con el gobierno al recibir una concesión para explotar las riquezas mineras de Sonora, hasta el cierre de los planteles escolares con motivo de la crisis de los años posteriores, poco antes de la revolución mexicana, y la clausura de todos aquellos centros escolares que quedaban al inicio de la lucha armada.
Tres siglos de minería de San Javier, Sonora., por su autor reyes Arcadio Burboa Rendon, dice que desde 1767 existía en San Javier un Pueblo minero que se llamaba Real de los Bronces.
Posteriormente se refiere a las minas que hay en la región: la Naguila, las Animas, las Goteras, el Tule, el Rosario, el Aliso, los Aguereños entre otras. Insiste en la riqueza minera del municipio de San Javier, no solo en oro y plata, sino también en carbón y grafito, y considera que se necesitan empresarios solventes y con maquinaria apropiada para explotar las vastas riquezas de la zona.
Don Gilberto Escoboza Gamez, cronista de la ciudad de Hermosillo en su trabajo: Sonora, la minería ayer y hoy,. Recuerda los antiguos minerales de minas prietas y la colorada, y también los de la región de Alamos, cuyas vetas generaron riqueza durante 200 años.
No esta de acuerdo con que compañías mineras extranjeras sean las que exploten las riquezas minerales que hay en Sonora, y señala que los gobiernos estatal y federal deben colaborar en todo lo que sea posible para que la pequeña minería sea el refugio de quienes tienen vocación en esta actividad, porque esta genera mas empleos que las grandes empresas que traen maquinaria pesada y arrasan las montañas sin dejar nada a los futuros mineros que trabajan en forma personal.
En este sentido, creo que la minería da para todos y cada mina tiene su propia escala y querámoslo o no la inversión extranjera es necesaria. Se refiere a las minas de la trinidad y el mal trato que se dio a los obreros cuando estas eran trabajadas, así como a los lamentables sucesos ocurridos en Cananea en 1906.
Don Angel Encinas Blanco nos habla de Curiosidades y Anécdotas sobre la Minería Sonorense, el autor refiere algunas anécdotas relacionadas con la minería, y también nos dice que nacatabori fue la primera mina que se trabajo en la provincia de Sonora en el año de 1647, poco tiempo después de la llegada del alcalde mayor de la nueva Andalucía, don Pedro de Perea, quien se asentó en Tuape, municipio de Opodepe, junto con un grupo de colonos y jesuitas. Al año siguiente iniciaron también la explotación de las minas Santiago y San Pedro de los Reyes, todas estas ubicadas en las cercanías de Tuape.
COMENTARIO FINAL.-
Considero que este trabajo es un esfuerzo loable porque los autores consignan los sucesos mas importantes ocurridos en la minería sonorense desde mediados del siglo XVII hasta nuestros días, sin dejar prácticamente nada en el tintero y muchos de ellos resaltan la gran labor de los mineros como principio del desarrollo y población de diferentes lugares que sin esta actividad no se habría logrado.
F E L I C I D A D E S.
EL CAUDILLO
El caudillo no es asesinado. El Obregonato, 1928-1968
por José Emilio Pacheco
Por Tomado de internet / www.letraslibres.com
Dia de publicación: 2008-10-15
El Caudillo alzó los ojos para mirar al hombre que le mostraba su dibujo en el block. Se encontró ante la pistola calibre 22 que José de León Toral se disponía a accionar. Fue un segundo. En ese instante desde las mesas del fondo dispararon al mismo tiempo Ernesto Domínguez Puga y Pepe Batán. Una bala destrozó la clavícula de Toral, la segunda le dio entre las costillas.
Álvaro Obregón se levantó manchado de sangre e impidió que los asistentes al banquete lincharan a su posible asesino. Los dos agentes de las Comisiones de Seguridad que le salvaron la vida se abrieron camino a golpes. Llegaron junto al general que había sido presidente de 1920 a 1924 y volvería a serlo desde 1928 hasta su muerte en 1968.
Obregón el invicto, el más grande general mexicano de todos los tiempos, el estratega que jamás perdió una batalla, repetían en la televisión y en la radio la mañana del 2 de octubre en que al fin se hizo pública la noticia de su muerte.
El Caudillo Inmortal, el Padre de la Patria, el Rayo de la Guerra, el Héroe de la Paz que, como Presidente Vitalicio, Secretario del PRO y Jefe Máximo de las fuerzas armadas, condujo a México a lo largo de casi todo el siglo XX, añadían. Exhortaban al pueblo a manifestar su dolor en calles y plazas y ante la inmensa estatua ecuestre que rivalizaba con la de Cristo Rey. Se erguía en los campos de Celaya en donde Obregón perdió su venerado brazo pero también acabó con Francisco Villa y la División del Norte, que era en realidad el Ejército del Norte.
Las brigadas del PRO (Partido Revolucionario Obregonista) fueron las primeras en llegar al Zócalo de Ciudad Obregón, como se llamaba desde 1935 a la capital mexicana. Las escenas de duelo y llanto abundaban en todo el país en contraste con el júbilo de los que tocaban el claxon, ponían a todo volumen música de los Beatles y gritaban su dicha de verse libres por fin del ogro omnipresente.
El Manco había ocupado su vida entera desde que en la escuela de párvulos les enseñaron el Catecismo Obregonista: “¿Cómo se obtiene la paz? Derramando un poco de sangre mala para que pueda vivir y prosperar la sangre buena. ¿A qué aspiran los niños mexicanos? A venerar al Caudillo y tratar de ser como él en todos sus actos.” “¿Qué es el poder ejecutivo? El poder de ejecutar la voluntad de la Patria y defenderla a muerte contra los enemigos de la Revolución Obregonista.”
En el Castillo de Chapultepec los embalsamadores momificaban el cuerpecillo a que se había contraído la figura imponente del Estratega. Al enviudar por segunda vez en 1948 Obregón se casó con la gran estrella María Félix. La pareja presidió las celebraciones de los 40 años de la Revolución en 1950 e inauguró la era de la pantalla televisiva con su mensaje para el próximo medio siglo.
A los 70 el Caudillo parecía inmortal. Su imagen no tenía nada que ver con la efigie de los años revolucionarios. Era esbelto y erguido, ya sin la corpulencia ni el arcaico bigote de puntas. La cabeza a rape daba la imagen de un emperador romano. Sus aduladores lo comparaban una y otra vez con Julio César y veían en su libro Veinte mil kilómetros en campaña una obra igual o superior a La guerra de las Galias.
Antes de recibir al gabinete en pleno, el primer ministro Gustavo Díaz Ordaz se reunió con Fidel Velázquez, secretario general de la COT (Confederación Obregonista de Trabajadores), y con Ernesto Domínguez Puga, el Hoover mexicano que desde 1929 estaba a cargo de la Obrepol, la omnipotente fuerza de represión y espionaje, la NKVD y el FBI de México. Sin la Obrepol no se explicaba lo que el general Eisenhower llamó el Milagro de Obregón: un país en perpetuo caos que halló al fin la paz y el comienzo de la prosperidad bajo la mano firme de un Caudillo, amigo de Estados Unidos, que representaba para ellos un sistema al menos en teoría revolucionario, capaz de oponerse al comunismo y apoyar en todo a Washington y a Wall Street, a la empresa privada y los grandes negocios. “Obregón es un bribón pero es nuestro bribón”, concluyó el vencedor de la Segunda Guerra Mundial.
El cesarismo, la voluntad de uno contra la voluntad de todos, el poder imposible de compartir. Cada cierto tiempo el Caudillo se deshacía de sus antiguos hombres y nuevas generaciones ocupaban los puestos de mando. El que no destacaba era eliminado, quien sobresalía y llegaba a amenazar con su brillo el resplandor de Obregón caía en desgracia para no volver a levantarse.
Desde España, Argentina y Cuba el exilio mexicano alimentaba una campaña incesante de odio. Encontraba aliados en todas partes (“La dictadura esclerótica de Obregón es una vergüenza para el mundo”, Jean-Paul Sartre en 1958) y los libros y los artículos feroces de Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos circulaban dondequiera menos en México.
Obregón se abría a la prensa internacional. Conservaba su antiguo encanto. Su buen humor y su humildad aún eran capaces de desarmar a sus críticos: “He tenido que sacrificarme, muy a mi pesar, ante quienes me ruegan que continúe en el poder. No tengo más ambición que la de servir a mi Patria. Yo soy en el fondo un simple agricultor. Lo que más quisiera es retirarme a cultivar la tierra en mi hacienda de El Náinari. ¿Culto a la personalidad? Yo no pido nada para mí. No puedo desairar a quienes me levantan estatuas y ponen mi nombre a las obras públicas. ¿Que en México hay corrupción, miserias e injusticias? Sí, cómo negarlo. La tragedia social que nos legó el porfiriato era tan terrible que en todos estos años de Revolución Obregonista apenas empezamos a remediarla. Dennos tiempo, no nos juzguen con tanta severidad. Yo trabajo las 24 horas del día. La luz de mi escritorio en el Castillo de Chapultepec está siempre encendida. No descanso. Sé que es mucho lo que me falta y me duelo y me desespero por ello. ¿Presos políticos? No hay uno solo en México pero somos implacables con las bandidos que quieren destruir la obra de nuestro pueblo. No lo permitiré. Para eso estoy aquí por voluntad popular.”
Cosa rara en su especie, al Caudillo le gustaba la poesía, al menos cierto tipo de poesía. Leerla, escribirla y sobre todo escucharla. Durante cuarenta años hubo una producción sin tregua de alabanzas en verso. Por ejemplo, este fragmento del acróstico que en 1960 dio al poeta Juan Bosco Malo el primer premio de los Juegos Florales para el cincuentenario de la Revolución Obregonista.
O h guerrero implacable, Señor de las Tormentas,
B atallas has librado, heroicas y cruentas.
R adiante es tu aura magna de Caudillo inmortal
E n tu lucha sin tregua contra el dolor y el mal.
G uerrero y estadista, patriarca y ciudadano,
O bregón es el Padre de todo mexicano.
Nunca nos abandones, Héroe puro y genial.
A comienzos de siglo el Obregón de veinte años esperaba en Sonora los días en que llegaba el atado con números de La República Liberal, el periódico que Díaz subsidiaba para dar un medio de expresión al ejército frente a El Imparcial de los “científicos”.Recortaba dos secciones: “El arte de la guerra”, por el coronel Rendón, el gran teórico militar del porfiriato, y “Ecos del bulevar”, en que el cronista Crainqueville (Juan Valle) trataba de inventar a la capital como una París y una Babilonia de América.”Qué triste es México”, decía otro autor “decadente”, Ciro B. Ceballos. Pero el Cronista insistía en presentarla como la Gran Prostituta de Babilonia, el templo del deseo, el placer y el pecado. Su imagen se mezclaba con la silueta de Bianca Alfieri, la hermosa cortesana a la que amaba Juan Valle.
El joven Obregón se fascinó con aquel invento. Cumplió el sueño de tener la ciudad a sus pies como el vencedor que en 1914, en 1915, en 1920, en 1924 y en 1929 hizo su entrada triunfal a la cabeza de sus ejércitos. Pero siempre la aborreció y acabó por destruirla. Echó abajo la arquitectura colonial y los edificios art nouveau porfirianos. En donde estuvo México levantó Ciudad Obregón a imagen y semejanza de Los Ángeles. Un poderoso estímulo para el gran cambio fue la concesión de varias multinacionales automotrices.
Mientras doña María posaba para las cámaras vestida de luto y los embalsamadores terminaban su obra, Fidel Velázquez y Ernesto Domínguez Puga conversaban en la terraza del Castillo. La visión de lagos, bosques, ríos y montañas que contempló desde allí Maximiliano de Habsburgo lo llevó a juzgarlo el panorama más hermoso del mundo, Miravalle en contraste con su Miramar en Trieste. En 1968, bajo el espeso manto de la contaminación automovilística, no quedaba nada de todo aquello: Ciudad Obregón era la más horrible del planeta. En ese instante le avisaron al jefe de la Obrepol que subían en intensidad los enfrentamientos entre los que lloraban al Caudillo y quienes coreaban injurias y cantos vejatorios a Obregón. Domínguez Puga ordenó que sus hombres tomaran posiciones en las azoteas del Zócalo. Enfurecido por las vejaciones al Padre de la Patria, Díaz Ordaz dispuso que sus tropas de elite cerraran las entradas de la gran plaza.
En 1928, en las catacumbas de los Jóvenes Macabeos, la sociedad secreta ultracatólica que respondía con el terrorismo y la guerrilla urbana a la pasividad de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, el frustrado magnicida se preparó para resistir el dolor. Sin embargo, la costumbre de los hierros candentes y las camisas erizadas de cuchillas Gillette no pudieron prepararlo contra los métodos de Pepe Batán: el entierro en vida y la inmersión en agua hirviendo.
Confesó todo: el presidente Calles y el líder Luis Napoleón habían infiltrado y manipulado a los Jóvenes Macabeos para librar a México del dictador que no se iría nunca de la presidencia. Calles pudo huir a San Diego. En la carretera de Cuernavaca Luis Napoleón fue ejecutado sin juicio previo por Pepe Batán y Domínguez Puga.
La rebelión de los generales callistas Gonzalo Escobar, Roberto Cruz y Fausto Topete fue aniquilada con su eficacia habitual por Obregón. Si antes triunfó gracias en parte a la movilidad que le daba el ferrocarril sobre las divisiones de caballería, en 1928 pudo servirse de los adelantos bélicos. Él, que se ufanaba de haber ordenado en Guaymas en 1913 el primer bombardeo aéreo de la historia, contó para la batalla decisiva en Jiménez, Chihuahua, con los biplanos de su fuerza aérea, sus primitivos tanques y su moderna artillería.
En vez de proseguir la lucha de guerrillas en el Bajío, logró con la ayuda del embajador Dwight C. Morrow que los obispos acordaran en el castillo de San Juan de Ulúa el fin de la Guerra Cristera. Las iglesias se reabrieron al culto, acabó la persecución religiosa y los cristeros quedaron abandonados a su suerte. El Tedeum con que el arzobispo de México celebró la reelección obregonista de 1932 marcó la nueva armonía entre el clero y el Caudillo. Dos años antes las fuerzas en conflicto se habían unificado en el PRO, Partido Revolucionario Obregonista, que en adelante iba a actuar sin rival de ninguna especie.
El Congreso aprobó por unanimidad en 1938 que, para cumplir con la voluntad popular y evitar la molestia de las elecciones, Obregón fuera declarado presidente vitalicio. Cada año decía en su informe bajo una lluvia de aplausos: “En un mundo convulso México progresa y se destaca como una isla de paz y tranquilidad.”
Nadie esperaba que, mientras velaban al Caudillo en el Palacio de las Bellas Artes, el Obregonato iba a terminar con la matanza del 2 de octubre de 1968 en el Zócalo de la capital. El 20 de noviembre, por decreto del nuevo presidente Díaz Ordaz, perdió su nombre de Ciudad Obregón y volvió a ser la eterna ciudad de México.
GUERRA APACHE
Gerónimo
(Go-Hhla-Ye; Arizona, 1829 - Oklahoma, 1909) Jefe de los apaches. Cuando en 1609 unos pocos inmigrantes ingleses fundaron la ciudad de Jamestown, en Virginia, entre ellos y el remoto Pacífico se extendía un vasto territorio ocupado por aproximadamente medio millón de indios de distintas tribus.

Justo trescientos años después, cuando en 1909 falleció el último gran jefe apache, Gerónimo, el genocidio prácticamente se había consumado y apenas quedaban, reducidos a condiciones de degradación y miseria próximas a la esclavitud, doscientos mil indios confinados en inhóspitas reservas. Habían sido vencidos por millones de inmigrantes, rudos colonos procedentes de todo el mundo que, protegidos por el ejército de los casacas azules, ocuparon sus tierras.
Gerónimo había nacido en el territorio de Arizona, junto a la frontera de México, la inmemorial tierra de los apaches, por la que hacia 1846 pasaron los soldados de Washington en dirección al sur.
Con ocasión de ello, un indio pacífico, un jefe de los apaches mimbreños llamado Dasodahae, criado junto al río Mimbres en las proximidades de una misión hispanomexicana, tomó contacto, sin la más mínima aversión, con un pueblo al que no conocía.
Más tarde llegarían a aquellos parajes los mineros atraídos por el oro de Palo Alto, y Dasodahae, a quien un fraile había puesto como sobrenombre Mangas Rojas y que sería conocido por los nortemericanos como Mangus Colorado, fue a visitarles amistosamente. Los mineros lo insultaron y lo amenazaron con sus prepotentes revólveres y fusiles y, en el curso de una segunda visita, lo azotaron cruelmente y lo abandonaron medio muerto.
La venganza de Mangus Colorado no se hizo esperar; en una emboscada segó la vida de diez de los mineros, desatando con ello una guerra abierta que había de concluir con una irreversible y definitiva derrota de su pueblo unos cuarenta años después. Las diversas tribus apaches extendidas por la región (chiricauas, mescaleros, coyoteros, pinals) comprendieron que su territorio iba a ser progresivamente invadido por comerciantes, granjeros y soldados que abusaban de la superioridad de sus armas; entonces, dos grandes jefes de la misma nación se unieron al desafío de Mangus Colorado: Shi-Ka-She, conocido como Cochise, y Go-Hhla-Ye, Gerónimo.
Juntos combatieron contra el coronel James Carleton y sus voluntarios californianos en 1863. Después de una primera victoria apache, Mangus Colorado se entrevistó con el enemigo, sin tener en cuenta los consejos de sus aliados. Violando la bandera blanca de la paz, los oficiales lo hicieron detener y lo entregaron a la tropa. Durante la noche, uno de los soldados que lo custodiaban calentó al fuego su machete y pinchó al prisionero medio dormido, que contuvo su dolor comprendiendo el juego de sus agresores.
No obstante, otro centinela le lanzó a las rodillas un leño encendido, Mangus se levantó mecánicamente y una ráfaga de balas, legitimadas por el pretexto de una tentativa de evasión, acribillaron su cuerpo indefenso.
Durante los diez años siguientes, hasta 1873, fue Cochise quien encabezó la lucha, pero los saqueos y los incendios tendentes a reducir la soberbia del invasor resultaron infructuosos. Obtuvo algunas significativas victorias, pero su pueblo también sufrió cruentas represalias. Por ejemplo, el 30 de abril de 1871, ciento ocho ancianos, mujeres y niños apaches fueron exterminados en Camp Grant, aprovechando un día en que ningún hombre útil para la guerra quedaba en el campamento por haber salido todos a cazar a las montañas.
En 1873, el general Cook consiguió firmar un tratado con los apaches para que cesaran las hostilidades, al que se sometió Cochise y por el cual algunas tribus hallaron asilo en la reserva de San Carlos, en las tierras que se extienden a lo largo del río White, pero otras, como los chiricahuas, huyeron a México. Estos últimos, entre cuyos jefes destacaba el vigoroso Gerónimo, ocuparon posiciones inexpugnables en el macizo montañoso de Candelaria y durante un tiempo tuvieron por aliados a los mescaleros, dirigidos por Vittorio, que moriría en combate en 1880, momento en el que Gerónimo asumió también la jefatura del pueblo hermano.

Gerónimo (derecha) con otros guerreros apaches
Sus bandas acrecentaron la violencia por el territorio de Sonora en marzo de 1883, mientras otro jefe indio, Chato, imponía el terror a los blancos en Arizona. De ese modo, la frontera de Río Grande se convirtió en un verdadero infierno y el general George Cook se decidió a intervenir de nuevo, esta vez ayudado por un desertor chiricahua, Panayotishn, el cual se ofreció a servir de guía hasta el refugio secreto de los apaches. El 8 de mayo de 1883, la compañía del 6º de caballería, reforzada por doscientos guías indios, penetró en Sierra Madre. Un mes más tarde Gerónimo y Chato fueron conminados a rendirse. En julio pasaron a la reserva de San Carlos donde permanecerían durante dos pacíficos años.
Agotados por una guerra sin esperanza, los apaches parecían resignados a la forma de vida onerosa y precaria impuesta por los vencedores, quienes al principio pagaban a un precio razonable los forrajes y la leña que los indios talaban en los bosques. No obstante, en mayo de 1885, un centenar de disidentes aglutinados alrededor del valeroso Gerónimo, de Nachez, segundo hijo de Cochise, y de Chihuahua Mangas, huyeron de la reserva y se refugiaron en las montañas próximas de Nuevo México.
Durante algún tiempo arreciaron los ataques, pero el gobierno estadounidense no tardó en enviar sus tropas, al mando del capitán Crawford, para reducir a los rebeldes. Meses después, Gerónimo y Nachez solicitaron una entrevista con el militar enemigo mientras Chihuahua, el resentido vástago de Mangus Colorado, permanecía al frente de una decena de guerreros irreductibles y ajeno a toda negociación.
Pese a todo, Crawford aceptó las condiciones de capitulación de Gerónimo y Nachez, pero entonces ocurrió algo que nadie esperaba. Fue en ese momento cuando entraron en escena inopinadamente los mexicanos, quienes rodearon el campamento de los guías indios empleados por el ejército y se entregaron a una auténtica orgía de sangre en la que pereció incluso el capitán Crawford. Los jefes indios pudieron huir, pero este incidente costó el cargo al más alto responsable militar en la zona, el general Cook, quien fue destituido inmediatamente y hubo de ceder su puesto al general Nelson A. Miles.
Tras una frenética persecución de los resistentes, el nuevo responsable de la represión, menos sensible aún a los sufrimientos de los apaches que su predecesor, logró que Gerónimo y Nachez se rindieran por segunda vez en junio de 1886 y no concedió a los vencidos otro estatuto que el de malhechores entregados al pillaje, condenándolos por lo tanto a trabajos forzados.

Gerónimo capturado junto con otros guerreros apaches (1886)
El pueblo de Gerónimo, que si las cifras no mienten contaba con veinte mil miembros en 1871, había sido reducido hacia 1890 a unos pocos centenares. Ya no había para el orgulloso jefe apache ninguna batalla que entablar ni ninguna esperanza de futuro. Los veintitrés años de vida que le restaban debían servirle únicamente para que apurase hasta las heces el cáliz de la derrota y para que sus nuevos dueños lo escarneciesen convirtiéndolo en objeto de curiosidad y pasto de desaprensivos gacetilleros.
Los supervivientes fueron malviviendo al principio en la reserva de San Carlos, donde en 1888 los describió así Frederick Remington: “Los apaches fueron siempre los más peligrosos de todos los indios del oeste. En el ardiente desierto y en las vastas extensiones rocosas de su país, ningún hombre blanco pudo jamás capturarlos durante una persecución”. Pero allí, en San Carlos, se alimentaban a medias de sus exiguos cultivos y a medias de la caridad racionada del gobierno, vestían con andrajos y su honor yacía por el suelo, quebrada y adolorida su memoria por sus héroes muertos.
Dos episodios vejatorios le restaban por vivir a Gerónimo antes de su muerte, acaecida en 1909. El primero, su presencia oportunista en el desfile que fue organizado en Washington con motivo de la elección como presidente de Theodore Roosevelt; el segundo, a los setenta y siete años de edad, la renuncia a los dioses de sus antepasados para abrazar el cristianismo.
Gerónimo, un anciano piel roja hostigado desde su juventud por los poderosísimos invasores, pasó en los últimos años de su vida a convertirse en un símbolo útil para la flamante conciencia nacional norteamericana. El inclemente punto de vista impuesto por Hollywood se encargó de desposeerlo de los últimos vestigios de su dignidad y así pasó a engrosar la epopeya de los pioneros, tanto más gloriosa cuanto más temibles, salvajes y valientes habían sido los enemigos a los que habían tenido que enfrentarse. El extraño destino de Gerónimo consistió al fin en alcanzar una indeseable popularidad universal y alimentar una de las más engañosas mitologías del siglo XX.
El cine, siguiendo el precedente del circo y otros espectáculos populares, convirtió a los indios en mero objeto de la curiosidad masiva y morbosa de un público de feria. Desde Edison, que ya en 1884 los utilizaba en producciones precinematográficas como Sioux Ghost Dance, hasta los actuales telefilmes, una falaz mitología se ha erigido a costa su secular humillación. Sin embargo, entre sus filas siempre se hallaron bravos guerreros, celosos de su independencia, que se resistieron a la violenta invasión de aquellas tierras por las cuales, hasta donde alcanzaba su memoria, sus antepasados habían cabalgado siempre orgullosos y libres. Así fue Gerónimo, que en la ficción era temido por los viajeros de La diligencia (John Ford, 1939) y protagonizó numerosos filmes como Gerónimo (Paul Sloan, 1939) o El salvaje (George Marshall, 1951), pero que en la realidad fue el postrero y noble jefe de un pueblo orillado por la historia, abolido por un nuevo episodio de la incesante crónica de la infamia.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/geronimo.htm
LA CUNA DEL BEISBOL
EL MITO DEL MONTANA Y CUANDO
LLEGÓ EL BEISBOL A SONORA
Investigación original de CÉSAR GONZÁLEZ GÓMEZ(gutogonz@gmail.com)
El beisbol sonorense ha tomado un lugar de privilegio en la escena nacional. Indudablemente, es uno de los estados en donde este deporte se vive con mayor pasión y donde la producción de peloteros es vasta y constante.
Sin embargo, la información sobre los orígenes del juego en Sonora han sido confiadas a una versión aceptada por todo el medio nacional, pero inconsistente y poco investigada.
El objetivo de este trabajo es aclarar los mitos que se han formado en torno al tema y sacar a la luz los resultados preliminares de una investigación que está situando los orígenes del beisbol sonorense unos 10 años antes de lo que originalmente se creía.
LA VERSIÓN ORIGINAL
Durante mucho tiempo se ha considerado que, durante el mes de Mayo de 1877, llegó el buque militar Montana a Guaymas y los marinos pidieron permiso para descender, limpiar un terreno aledaño (la entonces Plaza de las Carretas, hoy Museo Histórico) y comenzar un juego desconocido para los habitantes locales: el beisbol.[i]
Esta versión fue difundida por primera vez en el libro El Beisbol en Sonora de Miguel Durazo. Este mismo testimonio manifestaba que los habitantes, que rápidamente se habían aglomerado alrededor del evento, soltaron “una alegre carcajada” cuando el receptor se puso la careta y adoptó su posición habitual.[ii]
Durazo obtuvo estos datos por medio del testimonio oral de don Torcuato Marcor, supuesto testigo presencial del histórico juego que, según su dicho:
“Fue sostenido entre los mismos marinos del buque ‘Montana’ que se dividieron en dos partidos. Desgraciadamente, el ‘Montana’ se incendió en la Bahía del puerto (de Guaymas) el año de 1878. El ‘Newbern’ fue la otra unidad que sustituyó al ‘Montana’ en sus viajes a nuestro puerto, y como todas estas unidades, así como el ejército de tierra tiene organizados sus equipos, tambien el ‘Newbern” traía el suyo y por consiguiente también bajaron a tierra a jugar el famoso juego”.[iii]
Miguel Durazo concluye la versión del sr. Marcor estableciendo enfáticamente que Guaymas es “la Cuna del beisbol Mexicano”.[iv]
Sin embargo, luego de investigar diversos datos podemos llegar a la conclusión de que estos elementos no pueden ser parte del mismo evento, y que la versión está mal o, incluso, puede ser apócrifa.
Cabe enfatizar que don Torcuato Marcor nació en 1867 y el libro de Miguel Durazo, que incluye su testimonio, se editó en 1946. Al momento de hacer su colaboración, el sr. Marcor rondaba los 80 años. Recordaba un evento ocurrido casi 70 años atrás.
EL MONTANA NO ERA UN BUQUE MILITAR
Según el sr. Marcor el Montana era un buque militar. Lo hace patente en dos pasajes de la historia. El primero, cuando dice que “le tocó en suerte conocer algunos buques de la marina de guerra del Tío Sam, quienes hacían sus viajes al puerto periódicamente y en uno de esos viajes llegó el ‘Montana’”. Posteriormente establece que, “todas estas unidades, así como el ejército de tierra tiene organizados sus equipos”.[v]
El primer error detectable en la versión es que el Montana no era un buque militar. En los registros históricos de la Marina de los Estados Unidos el primer buque militar que llevó el nombre “Montana” se puso a flote hasta el mes de Abril de 1905.[vi]En realidad, el Montana que viajaba a Guaymas era un vapor que transportaba carga, correo y pasajeros. Su ruta iba desde San Francisco, California, entrando al Mar de Cortez. Pasaba por puertos mexicanos como La Paz, San Blas, Guaymas o Mazatlán y llegaba hasta el delta del Río Colorado. Posteriormente, regresaba por la misma ruta haciendo las mismas escalas.
El servicio de buques de vapor que, como el Montana, viajaban de San Francisco a los puertos mexicanos facilitaba el traslado de los habitantes del noroeste de México a esa ciudad californiana para estudiar o para hacer negocios.
EL MONTANA NO EXISTÍA EN 1877
El error más grave que tiene esta versión es sostener que el Montana existía en 1877. La confusión sobre la fecha del hundimiento de este navío ha dado lugar a varias versiones. Según Durazo, “el Montana se incendió en la bahía del puerto (de Guaymas) en 1878”. [vii]
Alfonso Iberri en su libro el El Viejo Guaymas coincide con Durazo en que el “Montana se incendió dentro de la bahía a poco de haber levado el ancla para dirigirse a San Francisco en 1878”[viii]. Angel Encinas en su libro El Beisbol en Hermosillo cita un documento dirigido al gobernador del estado informando del siniestro y afirma que “no fue en el año de 1878 sino en el mismo 1877, la noche del 14 de Diciembre”.[ix]
En realidad, el incendio y hundimiento del Montana ocurrió la noche del 14 de Diciembre de 1876. Es decir, que el Montana tenía casi 5 meses hundido en la fecha en que el supuesto juego histórico ocurrió.
Para corroborar la fecha podemos citar diversas pruebas. El diario San Francisco Alta reportó la noticia en su edición del 20 de Diciembre de 1876 y esa misma nota fue reproducida por el New York Times ocho días después. [x]
Asimismo, la Biblioteca Mandeville de la Universidad de California en San Diego custodia la última bitácora del Montana que registró todo lo sucedido en el buque desde el 15 de Julio hasta el 14 de Diciembre de 1876.[xi]
El Archivo General de la Nación aloja en su acervo los registros de tráfico marítimo del puerto, en donde se pueden consultar fechas de entradas y salidas, así como listas de pasajeros. Según ese registro el Montana entró y salió de Guaymas el mismo 14 de Diciembre de 1876 con Wenceslao Iberri como único pasajero. No volvió a aparecer en registro alguno posterior a esa fecha. [xii]
El New York Times registra que el Montana salió de Guaymas a las 10:30 de la noche con rumbo al delta del Río Colorado. A las 11:30 P.M. se percibió humo saliendo de uno de los ventiladores. El capitán George Douglas condujo la nave hacia el Cabo Haro para iniciar el desembarco del único pasajero a bordo y de la tripulación, quienes llegaron a salvo a tierra. Sin embargo, la carga que era transportada se perdió en el incendio.[xiii]
No queda la menor duda. El Montana se hundió la noche del 14 de Diciembre de 1876. Por lo tanto, no estuvo en Guaymas en Mayo de 1877.
LA CARETA DE CATCHER
Otro de los elementos que restan veracidad a esta versión es el supuesto uso de la careta de catcher en Mayo de 1877. En el testimonio original se menciona que la careta del receptor “causó la admiración de toda aquella inmensidad de gente reunida en el lugar de los hechos”. [xiv]
Más adelante vuelve a enfatizarse la hilaridad que este aditamento despertó en la concurrencia cuando “el catcher se colocó la famosa ‘careta’ cosa que al verlo en su posición habitual y con este adminículo en la cara, se dejó oír una alegre carcajada; nadie podía creer cómo el catcher con un estorbo así delante de sus ojos, pudiera ver con claridad la pelota”. [xv]
Al revisar la historia de la careta de catcher, encontramos que este aditamento fue inventado por Fred Thayer, receptor del equipo de beisbol de Harvard como protección ante otro gran invento de esos años: el lanzamiento de curva. [xvi]
La mascara de receptor fue usada públicamente por primera vez el 12 de Abril de 1877 en Harvard. Esto es apenas un mes antes de su supuesto uso en Guaymas en Mayo de ese mismo año. [xvii]
La historia de la careta es el resultado del trabajo que ha hecho Tom Shieber, curador especialista en aditamentos del Salón de la Fama de Beisbol en Estados Unidos. Aquella careta que se usó por vez primera en Harvard está hoy en exhibición en el museo de Cooperstown. [xviii]
Es posible, más no probable que la careta haya sido tan popular como para estar en Guaymas un mes después. Posible sólamente por el hecho de haber sido ya presentada al público. Improbable porque la evidencia más temprana de la comercialización de la careta se remonta al 16 de Agosto de 1877, cuando apareció en un diario el anuncio de la compañía Peck & Snyder ofreciendo este artículo en 3 dólares.[xix] Se trataba de una versión pirata, pues su inventor aun no vendía la patente. Fred Thayer lograría vender la patente de la careta a la compañía Spalding hasta el año siguiente.[xx]
La careta ya se usaba en Mayo de 1877, pero para haberse usado en Guaymas en aquel supuesto juego histórico, tendría que haber más de una careta en existencia, haber cruzado todo Estados Unidos desde el área de Boston, en la costa Este, hasta San Francisco del otro lado del país, y luego embarcarse hasta Guaymas. Todo esto, en poco menos de un mes. Complicado.
PRIMEROS INDICIOS DEL BEISBOL JUGÁNDOSE EN SONORA
Surge entonces, una pregunta obvia. Si ha quedado demostrado que el beisbol no fue instruido en Sonora por los marinos del Montana, entonces ¿cómo llegó?
Al revisar los apellidos de los peloteros en las evidencias más tempranas de beisbol en Guaymas encontramos que la gran mayoría pertenecían a familias prominentes. Analizando el club Guaymas de 1892, del cual sobreviven imágenes, encontramos apellidos como Iberri, Cañez, Boido y una serie de apellidos norteamericanos de no menos prosperidad.[xxi]
Si el factor común entre estos apellidos es pertenecer a la élite social, quiere decir que su aprendizaje del beisbol no vino de una exhibición pública de un puñado de marinos. De haber sido así, esos primeros vestigios nos darían peloteros más heterogéneos en la escala social.
En realidad, el beisbol se aprendió gracias a familias que enviaron a sus hijos a estudiar a Estados Unidos. Al regresar aquellos jóvenes sonorenses a su tierra iniciaron la proliferación de este deporte. Siendo una novedad traída por la más alta cúpula social, se convirtió en una diversión exclusiva, en una moda que podía ser reflejo del roce social. El beisbol era un deporte asociado al progreso como todo lo que rodeaba a la cultura americana. Similar patrón siguieron otros países como Cuba o Venezuela.
Por ejemplo, al revisar los reportes del primer juego entre Guaymas y Hermosillo en 1892 hay cuatro peloteros que habían cursado sus estudios en el Santa Clara College de California.[xxii] Por Guaymas estaban Carlos Cañez y Jorge Luis Boido. Por Hermosillo, los hermanos Eduardo y Rafael Ruiz, tal como se puede constatar en el Catálogo de estudiantes del Santa Clara College de Agosto de 1888 a Junio de 1889.[xxiii] Los cuatro debieron haberse conocido en Santa Clara e incluso jugar beisbol juntos en California antes de hacerlo en Sonora.
Cabe mencionar que a los hermanos Ruiz se les atribuye en el libro El Beisbol en Hermosillo la introducción del juego a esa ciudad alrededor del año 1885, luego de haberlo aprendido en Santa Clara. [xxiv]
[i] Durazo, Miguel S. El Beisbol en Sonora. Hermosillo, Sonora, 1949.
[ii] Ibid.
[iii] Ibid.
[iv] Ibid.
[v] Ibid.
[vi] “Dictionary of American Naval Fighting Ships”. 2006. Department of the Navy-Naval Historical Center < http://www.history.navy.mil/danfs/m14/montana.htm>
[vii] Durazo, Miguel S. El Beisbol en Sonora. Hermosillo, Sonora, 1949.
[viii] Iberri, Alfonso. El Viejo Guaymas. Gobierno del estado de Sonora, 1982.
[ix] Encinas Blanco, Angel. El Beisbol en Hermosillo. Hermosillo, Sonora: Editora La Voz de Sonora, 1999
[x] “A Steamship Burned: Total destruction of the Colorado Navigation Company’s steamer Montana off the southern coast of California.” The New York Times 28 Dic 1876: Pag 5
[xi]Montana (ship) Logbook, 1876 Jul 15- Dic. 14. UC San Diego: 30 pag. UCSD MSS 328
[xii] Spence, D. Oficio de D. Spence, de la Capitanía del Puerto de Guaymas a Ignacio L. Mariscal, Secretario de Relaciones Exteriores, acompaña la noticia de entradas y salidas de buques y pasajeros en el mes de Mayo. Los pasajeros Mexicanos, Alemanes, Chilenos, Americanos, Franceses. Guaymas, Sonora:1877. 3 pag. Movimiento Marítimo, Pasaportes, y Cartas de Seguridad. Reg 150137. Gpo 129. Sop. 82. Sec. 3 Fojas 261 a 263. Archivo General de la Nación.
[xiii] “A Steamship Burned: Total destruction of the Colorado Navigation Company’s steamer Montana off the southern coast of California.” The New York Times 28 Dic 1876: Pag 5
[xiv] Durazo, Miguel S. El Beisbol en Sonora. Hermosillo, Sonora, 1949.
[xv] Ibid
[xvi] Shieber, Tom. “Taking it to the Streets: ‘Seeing’ the World Series Outside of the Park” National Baseball Hall of Fame and Museum. 2003. http://www.baseballasamerica.org/from\_the\_tour\_04.htm
[xvii] Ibid
[xviii] Ibid
[xix]Forest and Stream; A Journal of Outdoor Life, Travel, Nature Study, Shooting, Fishing, Yachting (1873-1930**).** New York: Aug 16, 1877: pag. 36
[xx] Shieber, Tom. Taking it to the Streets: “Seeing” the World Series Outside of the Park. National Baseball Hall of Fame and Museum. 2003. http://www.baseballasamerica.org/from\_the\_tour\_04.htm
[xxi] Uribe Corona Alfonso y Mauro Esteban Barrón. Guaymas: Historia fotográfica 1867-2003. Guaymas, Sonora: Talleres de Color Express de México, 2003.
[xxii] Durazo, Miguel S. El Beisbol en Sonora. Hermosillo, Sonora, 1949.
[xxiii]Catalogue of the Students of Santa Clara College: From August 1888 to June 1889. Santa Clara University Archives. Santa Clara, California: 5 pag.
[xxiv] Encinas Blanco, Angel. El Beisbol en Hermosillo. Hermosillo, Sonora: Editora La Voz de Sonora, 1999
LA FUNDACIÓN DEL SINDICATO MÁRTIRES DE 1906
Por Francisco Eloy Bustamante El 19 de mayo de 1979 falleció en la ciudad de Cananea, el Sr. Jesús Burrola Tolano, mejor conocido como “el Naco”. Sonora Mágica dialogó ampliamente con este personaje poco antes de su muerte. Nos recibió en su casa por la avenida Juárez casi junto a la escuela Leona Vicario, era el año de 1976, y el resultado de aquella charla viene a continuación: El deseo de conocer el desenlace de muchos aspectos históricos dentro de la lucha obrera sostenida sin tregua por nuestros padres, nos llevó a conocer a Don Jesús “el Naco” Burrola Tolano. Nos recibió por la mañana todavía tierna como la charla que por espacio de dos horas recreó nuestra imaginación y encendió las ansias de saber aún más de quella epopeya de la fundación del Sindicato Obrero Mártires de 1906.
EL TÍTULO DE PERIODISTA ES UN HONOR Inspirado en el título del libro “SONOT” del maestro Juan de Dios Bojórquez, don Jesús, joven, entusiasta, dio principio a su carrera periodística y literaria. “El Sonot”, era un periódico pequeño que se encargó de agudizar la intuición periodística de su Editor, siendo en esa forma, testigo ocular de la lucha de nuestros próceres sindicales. Después vino “La Juventud Revolucionaria”, otro órgano de lucha en los años fuertes y, esa amistad estrecha con el gran líder cananense don Ramón C. Meneses, hombre pequeño de estatura pero de inmenso corazón, idealista de razonamientos incontenibles que hacía temblar al imperialismo, así como a los corruptos politicazos que formaron el Sindicato Blanco, ese producto de las maniobras propias de los viejos sistemas, que provocaron la división del obrerismo. Gracias a la intervención del Gobernador del Estado Rodolfo Elías Calles, quien previniendo una confrontación violenta entre los grupos en pugna, mandó al distinguido luchador, el ciudadano profesor Francisco C. Medina, Primer Inspector de Trabajo en el Estado, dando con encomiable valor el derecho al sindicato obrero Nueva Orientación, encabezado por don Ramón C. Meneses y demás luchadores. Con su parsimonia característica, don Jesús saca de sus cosas un papel que ha sido guardado con sumo cuidado y en igual forma custodiado, tal como lo hacen los verdaderos historiadores, como mucha calma y solemnidad como si fuera un rito, lo leyó: “…Con el resultado de este plebiscito unificada la totalidad de los trabajadores se tomó el acuerdo de formar un nuevo organismo sindical y fue a’ si que el día 2 de Abril de 1932, quedo legalmente constituido el GRAN SINDICATO OBRERO MARTIRES DE 1906” A la cabeza, Ramón C., Meneses, Primer Secretario General de la Sección 65”. Don Jesús Burrola Tolano nació en el año de 1908 en Las Chispas, un mineral perteneciente al municipio de Arizpe, después de pasar su juventud en el pueblo de Sinoquipe, llegó a Cananea en 1923, ocupándose en el puesto de impresor en el periódico El Intruso de don Santiago Rivas.En 1927 entró a trabajar a la Compañía minera 4C en el Departamento de la Concentradora, pero en 1929 volvió al periódico donde permaneció hasta 1939, haciendo las tareas de redactor. Volvió finalmente a la empres y en los años de 1941-43 ocupó el puesto Tesorero de la Cooperativa de Consumo Sección 65, y en 1944-46 ocupó el puesto de Tosereo del Sindicato. Fue en 1950 cuando se suscitó la gran división Sindicato y siendo elegido una vez más Tesorero de la misma agrupación, no aceptó dicho puesto sindical; sucesivamente siguió desempeñando puesto sindical y notarais comisiones; asistió a dos contrataciones ya tres convenciones. El período de 1961-64 fue electo alcalde de Canena, ese año de 1964 dejó de pertenecer al Sindicato por el tantos año luchó. Le tocó ser el fundador del partido Revolucionara Institucional (PRI) en Cananea al que se había filiado en 1928, registrándose posteriormente con la credencial de Fundador para participar como candidato a la presidencia municipal la cual ganó. Fue oficial del Registro Público de la Propiedad, fue colaborar de algunos periódicos locales y estatales, dejó varios escritos de valor literero****.
PRIMER OBISPO DE SONORA
ANTONIO DE LOS REYES Por: Ignacio Lagarda Lagarda
La mañana del 11 de mayo de 1783, un carruaje escoltado por seis hombres armados, viajaba por el camino real de Álamos a El Fuerte, en él viajaba Don Bartolomé Salido, Tesorero Real y Guardián del azogue de la Corona y principal ciudadano de Álamos, lo acompañaba su bella sobrina Luz De Alvarado. Iban a recibir a Fray Antonio de los Reyes que recién había sido nombrado por el Papa Pío VI, Obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias. Para darle la bienvenida e invitarlo a pasar la noche en la hacienda Tapizuelas, propiedad de la familia De Alvarado.
Al Obispo lo acompañaban sus sobrinos José Almada, también sacerdote y Antonio Almada quien nueve meses después se casaría con Luz, para dar origen a una de las familias mas ricas y aristócratas que ha habido en Sonora.
La idea de la creación de un obispado en el Noroeste de la Nueva España, giraba en la cabeza de las autoridades virreinales y eclesiásticas desde el primer tercio del siglo XVII. Para el año de 1638 el trabajo realizado por los misioneros jesuitas mediante los sistemas de catequización diferentes a la de las otras órdenes religiosas, había logrado encauzar la vida de los aborígenes. Desde los del Río Piaxtla en el sur, hasta los páramos del desierto de Arizona, los jesuitas en una incansable labor , a través de una larga cadena de misiones, trabajaban en favor de las diferentes tribus, que hasta antes de su llegada, habían vivido prácticamente en un estado primitivo. Las noticias de la creciente prosperidad espiritual y material, lograda por los jesuitas, entre la población indígena, pronto llegaron a los oídos de las autoridades virreinales y eclesiásticas seculares, quienes juzgaron había llegado el momento de exigir diezmos y tributos reales a la nueva población cristiana. El Rey pidió los informes respectivos al Virrey , al Obispo de Durango y a los propios jesuitas, quienes temerosos del riesgo que corrían sus misiones, redactaron un informe en el que presentaron la situación real de las mismas y que tuvo la fuerza necesaria para convencer al Rey de desechar la idea de la creación de una diócesis en esta región. La idea de la creación de la creación de un obispado en el territorio del noroeste volvió a manifestarse en la segunda década del siglo XVIII, la idea no pasó de ser una simple iniciativa ya que no tenía muchos partidarios. Los jesuitas no vieron con simpatía la idea ya que la lejanía de las autoridades diocesanas localizadas en Durango y Guadalajara, les favorecía la permanencia del sistema misional que ellos habían fundado. El Obispo de Guadalajara, a quien pertenecían las provincias de las Californias y el de Durango a quien pertenecían las provincias de Sonora y Sinaloa, tampoco vieron con simpatía el proyecto, ya que la erección de un nuevo obispado les ocasionaría la pérdida de territorio. Además las condiciones socioeconómicas no favorecían la erección del obispado que se pretendía. Pero al consumarse la expulsión de los jesuitas por decreto del Rey Carlos III de fecha 27 de febrero de 1767, las cosas cambiaron para las misiones fundadas por los misioneros ignacianos. El Obispo de Durango Pedro Tamarón y Romeral pugnó porque se le asignaran los pueblos más prósperos, en calidad de curatos, que antes habían sido administrados por los jesuitas. La administración ineficiente de los prelados de Tamarón y Romeral quienes dilapidaron los bienes que pararon en las manos de los criollos y españoles aunado a la poca iniciativa y recursosintelectuales de los curas, ocasionó que las misiones entraran en crisis. De hecho, las autoridades civiles no veían con buenos ojos la idea de asignar nuevos curatos a un obispado tan grande como el de Durango, sino la de crear un nuevo obispado. José de Gálvez y el marqués De Croix, cuando propusieron la creación de la una comandancia en las provincias del noroeste, también recomendaron la creación de una diócesis nueva. Fr. Antonio de los Reyes había llegado a Sonora en 1767 con carácter de visitador a la misión de Cucurpe, a raíz de la expulsión de los jesuitas y el 6 de julio de 1772 rindió un informe al virrey Bucareli y Ursúa con el nombre de ” Noticia y estado actual de las Misiones que en la Provincia de Sonora administran los padres del Colegio de Propaganda Fide de la Santa Cruz de Querétaro” en la que hacía una dura crítica a la labor que realizaban dichos religiosos en la Provincia, y que entre otras cosas decía: … no conocen estos curas a sus feligreses, pero se valen de buenos medios para cobrar sus derechos y obvenciones , en cuya ejecución se experimentan increíbles opresiones por los recaudadores o comisionados que nombran los curas todos los años; y ésta es una de las causas que obligan a los españoles, mulatos y demás gentes de razón, a andar vagando por las misiones y los pueblos, sin fijar domicilio, de donde se originan otros muchos males que no pueden remediar los misioneros, porque si obligados de la caridad les administran los sacramentos y movidos o estimulados de su conciencia quieren remediar algunos amancebamientos que en lo público son tenidos por matrimonios y a este modo, otros escándalos, el cura ” in patíbus” clama y se querella, que los misioneros le usurpan su jurisdicción; si se recurre a los superiores, se defienden y aprueban por la mitra éstos desórdenes, y se continúan las iglesias y los fieles de Sonora, en peor estado que las iglesias de Grecia*.(Villa W. Eduardo, Síntesis Histórica del Obispado de Sonora, desde su erección hasta el momento presente)* Molestos los miembros de la curia eclesiástica del Colegio de la Santa Cruz de Querétaro, acordaron comunicar al virrey Bucareli, que algunas proposiciones del informe de De los reyes, habían sido reprobadas por ofensivas y escandalosas a los superiores civiles y eclesiásticos, y se le pedía además la devolución del original para corregir dichas proposiciones o en su defecto que se agregara al informe el escrito de protesta presentado.
El virrey les contestó que su escrito de protesta quedaría agregado al documento, pero con diplomacia les hizo ver su excesivo escrúpulo al mismo tiempo que defendía la sinceridad y celo con los que De los Reyes había cumplido con su deber. Cuando el Rey aprobó el plan para la creación de Comandancia, expresó su conformidad con la creación de una nueva diócesis, pero como muchos proyectos que deberían ser aprobados por el Rey, tardó mucho en ser realizado. El Comandante Teodoro de Croix allegó recomendaciones a la Corte española para que apresurara la creación del obispado, en tanto que José de Gálvez impulsaba los trámites obligatorios como eran la obtención del parecer de los prelados de la iglesia española y el acuerdo del Supremo Consejo de Indias. Por fin el 10 de agosto de 1769 fue aprobado por Real Orden El Duque de Grimaldi, agente diplomático del Rey , promovió la solicitud a la Santa Sede , hasta que por fin el 7 de mayo de 1779, el Papa Pío VI expidió la bula * titulada ” Inmensa Divinae Pietatis Charitas” por la cual se decretó la creación del obispado de Sonora, que debería quedar integrado por las provincias de Sonora, Sinaloa que se le segregaban al obispado de Durango y las Californias que se le segregaban al obispado de Guadalajara y como sede episcopal se designó a la ciudad de Arizpe. Sin embargo no fue hasta el 15 de marzo de 1790, en que se expidió una Real Orden en la que se comisionó a Don Pedro Galindo y Navarro, asesor de las Provincias Internas, para hacer la división del nuevo obispado, quien la llevó a cabo el 28 de abril del mismo año. A la nueva mitra se le asignaron los siguientes límites: Al sur el Río de las Cañas, al oriente los linderos de Sinaloa y Sonora con la Nueva Vizcaya ( Chihuahua y Durango), por el poniente el Mar del Sur o Pacífico hasta el puerto de San Francisco en la Nueva California, hacia el norte no se le asignó límite por estar ocupadas aquellas tierras por los apaches. Se inició entonces el proceso de selección del titular de la silla episcopal. El Supremo Consejo de Indias presentó al Rey tres candidatos; todos ellos franciscanos: Fr. Juan Ramos de Lora, del Colegio de San Fernando de México, quien había sido misionero en las Californias y que después sería Obispo de Venezuela, Fr. Antonio de los Reyes, del Colegio de la Santa Cruz de Querétaro, que había sido presidente de las misiones de la pimería alta. El Rey se decidió por Antonio de los Reyes, quien había recibido todo el apoyo del visitador José de Gálvez., Hecha la presentación ante el Papa, ya que era la costumbre, debido a que por virtud del Real Patronato, el Rey podía presentar candidatos a obispos al Papa. Fue entonces que en el Consistorio* del 11 de septiembre de 1780 fue preconizado por el Papa Pío VI como Primer Obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias. El Rey de España le señaló una dotación anual de cinco mil pesos y ordenó que se le anticiparan los emolumentos correspondientes a dos años y le otorgó la comisión real para que se encargara de la institución de cuatro nuevas custodias de la orden de San Francisco de Asís en las provincias septentrionales de la Nueva España que deberían ser nombradas como: San Carlos de Sonora, Concepción de Nuevo México, San Antonio de la Nueva Vizcaya y San Fernando de las Californias. La de San Carlos de Sonora; que es la que nos ocupa, quedó constituida en Ures el 23 de octubre de 1783. Fr. Antonio de los Reyes nació en la Villa de Aspe, Orihuela, España, el 11 de Septiembre de 1729 y fue hijo de Antonio de los Reyes y de Josefa Carrasco. Ingresó a la orden de San Francisco y en vino a la Nueva España y en 1767 fue enviado a las misiones de Sonora, a raíz de la expulsión de los jesuitas, como presidente de las mismas y se estableció en Cucurpe. También trabajó como misionero en las provincias de Texas y Nuevo Santander ( Tamaulipas) Una hermana de Fr. Antonio de los Reyes, llamada Antonia se casó con Josef Almada y Galipienzo, con quien tuvo tres hijos: José Antonio Juan, Antonio Roque Juan y Rafael Cosme Damián. Cuando De los Reyes fue nombrado Obispo , decidió que lo acompañaran a la Nueva España, sus sobrinos José; ordenado sacerdote, Antonio; que había estudiado un curso de minería, y el Teniente Antonio, militar de carrera e hijo de su hermano Teodoro. El 20 de marzo de 1782 el obispo De los Reyes, acompañado por sus tres sobrinos, y un séquito de misioneros, zarpó de Málaga rumbo a su nueva encomienda pastoral. Una vez en la Ciudad de México, fue consagrado obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias en la parroquia de Tacubaya el 15 de Septiembre de 1782 por al Arzobispo de México Alonso Núñez de Haro y Peralta y unos días después fue recibido por el cuadragésimo Virrey de la Nueva España, General Martín de Mayorga. Terminados sus asuntos en la capital el obispo de los Reyes, acompañado por sus sobrinos y misioneros, emprendió su viaje hacia las provincias, pasando antes por Querétaro para conferenciar con los frailes del Colegio de la Santa Cruz, donde fue recibido con frialdad, debido al conflicto existente con ellos debido al informe que rindió en 1772 de su actuar en las misiones de las que ahora, él era el responsable. El conflicto con los frailes de Querétaro, atormentaría a De los Reyes hasta el último día de su vida. De Querétaro, De los Reyes viajó a El Rosario, Sinaloa donde el 25 de febrero de 1783 tomo posesión de la mitra. De ahí emprendió su viaje a Arizpe con el fin de establecerse en esa ciudad, como lo indicaba la bula emitida por el Papa. El 11 de mayo de 1783 llegó a Álamos, donde se detuvo debido a que su equipaje estaba detenido ya que el Capitán del presidio de Buenavista no había mandado los veinticinco soldados que se le ordenaron enviara para escoltar al prelado en su camino hacia el norte, ante el peligro de los ataques de indios, por lo que decidió estacionarse en esa ciudad hasta que pasara la época de lluvias. El viaje a Arizpe lo realizó poco después pero para enero de 1784 regresó a Álamos donde decidió finalmente establecer la cabecera de la mitra, ante la lejanía de Arizpe. El obispo De los Reyes fue el precursor de la educación en Sonora, ya que cuando llegó a Sonora, no existía ningún centro de educación y durante los pocos años que duró su gestión fundó siete escuelas primarias en distintos lugares y cátedras de gramática castellana y latina, una en Arizpe y otra en Álamos. Esta última la atendió junto con su sobrino; también sacerdote José Almada. El obispo De los Reyes también fue el iniciador de la construcción de la Iglesia de Álamos, de la que se iniciaron los trabajos en 1786 y fue terminada cuarenta años mas tarde. El diseño original de una catedral de dos torres fue cambiado a una torre con cúpula. Los candelabros, lámparas e incensarios eran de plata y el barandal de bronce y la plata del altar fue hecho por artesanos de Oaxaca. Estatuas labradas a mano con coronas doradas y túnicas incrustadas con piedras preciosas adornaban los altares y la custodia, cálices y ornamentos eran también de oro. La construcción se interrumpió por algunos años debido a la muerte de Juan Ros, el contratista original y se reinició en 1803 bajo la responsabilidad de Camilo San Martín, un constructor de Durango, quien quizá la terminó en 1815 aunque los trabajos continuaron hasta 1826.. El obispo Antonio de los Reyes Carrasco enfermó repentinamente a finales de febrero de 1787 y murió el 6 de marzo del mismo año. El diagnóstico medico fue fiebre, pero se cree que murió de pulmonía. Álamos se puso de luto y miles de personas de todas partes de Sonora vinieron a rendirle su último homenaje antes de que sus restos fueran sepultados bajo el altar principal de la parroquia de ladrillo, que se localizaba junto a la de piedra que el fundó. El 27 de mayo de 1883, el Papa León XIII dividió El obispado de Sonora, Sinaloa y las Californias creando las diócesis de Sinaloa y la de Sonora, misma que estableció su sede en Hermosillo. Después 13 de Enero de 1919 el Papa Benedicto XV dividió el obispado de Sonora en el de Hermosillo y Cajeme, que es como funcionan hasta ahora. GLOSARIO *Bula : Carta especial o documento en la Iglesia católica relativo a materia de fe o cuestiones generales que lleva el sello del Papa. En la edad media, la palabra bula significaba ‘sello’, por lo que se aplicaba también al documento en el que se realizaba la impresión. La aplicación de este término, de forma exclusiva, a los documentos papales, en oposición a los documentos de Estado que llevan el membrete real, es un hecho moderno hasta cierto punto. El sello pontifical impreso en la mayoría de las bulas está hecho de plomo y lleva estampado a un lado el nombre del Papa reinante, y al otro lado, las figuras de las cabezas de san Pedro y san Pablo. Se añade un sello dorado, o bulla áurea, a los documentos papales de especial importancia. Un decreto del Papa León XIII en 1878 permitió la estampación de membretes rojos en lugar de sellos para facilitar el correo. Otra de las innovaciones de León XIII fue la sustitución del manuscrito romano por el documento gótico arcaico, utilizado por papas anteriores. Hasta el siglo XI las bulas pontificias se escribían en papiro; más tarde pasó a utilizarse el pergamino. *Consistorio: (del latín, consistere, ‘permanecer juntos’), término aplicado en el antiguo Imperio romano al lugar de reunión del concilio imperial. Tras el siglo III d.C. el término fue aplicado al propio concilio, el cual se convirtió en el tribunal judicial supremo en etapas posteriores del imperio. Hasta la época de Marco Aurelio, el emperador romano ejerció en persona su suprema autoridad judicial, que cubría asuntos presentados ante él para que tomara una decisión, al igual que la apelación de los juicios de los pretores provinciales en todo el imperio. El poder judicial del emperador fue transferido en consecuencia a un concilio compuesto en gran parte por juristas, quienes actuaron en su nombre y cuyos juicios poseían la misma autoridad que sus estatutos. Los juicios del consistorio se conocían como decretos (decreta) y conformaban una parte decisiva de la legislación imperial (constituciones) del posterior Imperio romano. La forma del consistorio imperial fue absorbido y adaptado por la antigua Iglesia cristiana. Los consistorios fueron establecidos por obispos, aunque la Iglesia aplicó de forma específica el término a las asambleas del clero romano y los obispos de las sedes suburbanas a partir de las cuales se desarrolló el Sacro colegio cardenalicio. La Iglesia católica apostólica romana, en los tiempos modernos, mantiene consistorios públicos en el Vaticano para cumplir funciones solemnes, tales como imponer la mitra a un cardenal, las plegarias finales en la cuestión de la canonización y la recepción de un embajador. Los consistorios, secretos o corrientes, a los cuales sólo tienen acceso los cardenales, se reúnen para discutir asuntos administrativos. Los consistorios semipúblicos o extraordinarios, que incluyen a obispos y a cardenales, se reúnen para dar un voto final a la canonización propuesta. En la Iglesia oriental ortodoxa cada obispo tiene su propio consistorio de tres a siete miembros nominados por él y confirmados por el sínodo gobernante. En la ley eclesiástica anglicana, el consistorio, o corte consistorial, es el tribunal en el cual el obispo ejercita su jurisdicción ordinaria legal. Después de la reforma del procedimiento jurídico inglés en 1857, a las cortes consistoriales se les reconoció tan sólo su estricta jurisdicción eclesiástica. En las iglesias luteranas el consistorio es un conjunto de clérigos, tanto nacionales como provinciales, encargados de diferentes asuntos de la administración eclesiástica. Estos organismos supervisan y ejercitan disciplina en la práctica religiosa y en la educación de la congregación, el clero y los profesores de escuela y examinan además a los candidatos para desempeñar el ministerio. En la Iglesia reformada holandesa el consistorio es la corte eclesiástica más baja, estando a cargo de la comunidad local.
OBISPOS DE SONORA , SINALOA Y LAS CALIFORNIAS
Residieron en Álamos, Sonora: Antonio de los Reyes (1783 – 1787) Miguel Antonio Cuevas ( 8 de agosto de 1787)( su nombramiento no se conoció en Álamos) José Joaquín Granados Gálvez (1788 – 1794) Residió en Real del Rosario, Sinaloa: Damián Martínez de Galinzoga ( 1794 – 1796) Residieron en San Miguel de Culiacán, Sinaloa: Francisco de Jesús Rousset de la Rosa (1798 – 1814) Bernardo del Espíritu Santo **Martínez y Ocejo ( 1817 – 1825)**Ángel Mariano Morales y Jasso ( Renunció antes de tomar posesión) Lázaro de la Garza y Ballesteros (1838 – 1850)( durante su obispado, se separaron las Californias creando el suyo ) Pedro Loza y Pardavé Gil Alamán José María de Jesús Uriarte ( En su época se dividió el obispado y él quedó como obispo de Sinaloa) José María de Jesús Rico Herculano López de la Mora Ignacio Valdespino y Díaz
Por la real Cédula expedida por el Rey Carlos III el 17 de marzo de 1783, se creó el obispado de Sonora, Sinaloa y las Californias y el primer obispo fue el fraile francisco don Antonio de los Reyes.
La real cédula dice:
El rey-Don Pedro Galindo Navarro, Auditor de Guerra del Gobierno y comandancia General de las provincias internas de Nueva España. Por cuanto habiendo resuelto se erigía un nuevo Obispado con el titulo de Sonora, comprehensivo en la misma Provincia y de las Sinaloa y California en el Distrito de este Gobierno y Comandancia General, por lo cual mandé solicitar la conveniente Bula de su Santidad y obtenida y dándosele el pase correspondiente me expuso su consejo de cámara de las Indias en consulta de cuatro de septiembre del año próximo pasado, que para verificar el Complemento de mis loables intenciones en esta parte, me sirviese nombrar sujeto secular que según costumbres, y de acuerdo con don Francisco Antonio de los Reyes, provisto para la expresada nueva Mitra hiciese la asignación y división del territorio, que debería componerla denominada nueva Diócesis: Conformándome con este dictamen y atendiendo a la satisfacción con que me hallo de nuestro mérito, literatura y demás buenas prendas, he tenido a bien nombrados, como por la presente mi Real Cédula os nombro, para la mencionada Comisión. Por tanto os ordeno y mando, que de acuerdo con el enunciado Reverendo Obispo Electo, y arreglándoos a lo que previene la insinuada Bula de su Santidad, practiques la división y adjudicación del territorio que ha de componer la referida nueva Diócesis, comprendiendo en ella las Provincias de Sonora y Sinaloa, que se deberán segregar y desmembrar del Obispado de Durango; y de Guadalajara la Provincia de California (para la cual tiene dado el consentimiento los respectivos Prelados) dejando a los personas de ambos sexos, que habiten en las enunciadas tres provincias sujetas en los espiritual al Reverendo nuevo Obispo quien por razón de tal deberá usar de los derechos, autoridad y jurisdicción ordinaria, según, y como los usan los demás Reverendos Obispos de esos Dominios , y sujetos en la calidad de sufragáneo al Arzobispado de México; y evacuando este punto, y hecha igualmente por el expresado Reverendo Obispo electo la erección de su iglesia Catedral, y estatutos con que debe regirse, conformes en cuanto sea dable a los de las de Guadalajara y Durango que son por más inmediatos, ya que han estado incorporados hasta ahora las enunciadas Provincias, en la forma en que se le encarga por Cédula separada, de la fecha de ésta, me daréis cuenta con la correspondiente justificación por mano de mi infrascrito Secretario, que así es mi voluntad.- Fecha en El Pardo, a diez y siete e marzo de mil setecientos ochenta y tres. –Yo el Rey- Por mandato del Rey Nuestro Señor.-Antonio Ventura de Taranco.- Al Auditor de Guerra del Gobierno y Comandancia General de las Provincias Internas de Nueva España, ordenándosele que de acuerdo con el Reverendo Obispo Electo de Sonora, y arreglándose a la Bula de Su Santidad para la erección de este nuevo Obispado, proceda a hacer la división y adjudicación de que ha de componerse, con lo demás que se expresa.(Acosta Roberto, Apuntes Históricos Sonorenses)
EJECUTORIALES DEL NUEVO OBISPADO DE SONORA
…habiendo tenido por conveniente mandar se erija un nuevo obispado con el titulo de Sonora , desmembrándose para ello la propia provincia de Sonora y Sinaloa del obispado de Durango, y la de California del e Guadalajara y estableciéndose el prelado y su catedral con el componente número de prebendados, en el pueblo de Arizpe (a quien, para su mayor lustre y decoro, he concedido titulo de ciudad), suplique su santidad se sirviese expedir la bula correspondiente, a cuya instancia condescendió, y en su Consejo le presente para el referido nuevo Obispado, a Fray Antonio de los Reyes, de la Orden de San Francisco, presidente que fue de las misiones de la Pimería alta, en la enunciada provincia de Sonora, (y que es ahora) residente en estos reinos (de España); y, despachadas sus bulas, se han presentado por su parte en mi Consejo de Cámara de la Indias, suplicándome que, conforme al tenor de ellas, me dignase mandar darles el pase y expedir el correspondiente despacho para que pueda servir su Obispado y poner su provisores, vicarios y otros oficiales, en cuya vista, y de lo expuesto por mi fiscal, lo he tenido ha bien, mediante a lo cual, y haber hecho (Fray Antonio) el juramento acostumbrado, conforme a lo dispuesto por la ley primera, título siete, libro primero de la Recopilación de la Indias, de guardar y cumplir todo lo perteneciente a las regalías y derechos de mi Real patronato y que no irá ni vendrá en cosa alguna contra lo comprendido en él, y así mismo que observará ley trece, título tercero, libro primero de la Nueva recopilación de estos reinos de Castilla, no estorbando la cobranza de mis derechos y rentas reales, ni la de los novenos que en los diezmos del mencionado nuevo Obispado me pertenecieren, sino que, antes bien, los dejará pedir y cobrar a la persona o personas cuyo cargo fuere su administración lisa y llanamente, sin contradicción alguna, os ordeno y mando a todos y cada uno de vosotros (gobernantes, capitanes de las Provincias Internas, representantes y oidores de la Real Audiencia de Nueva Galicia, y otros cualesquiera jueces y justicias) que, recomiendo las bulas originales o su traslado autorizado en forma jurídica observéis su tenor, dando y haciendo dar al expresado padre fray Antonio de los Reyes la posesión del referido obispado, y lo tengáis por tal obispo y prelado de él y le dejéis hacer su oficio…, y que se le acuda con cinco mil pesos de congrua…, que he determinado asignarle por resolución en consulta de mi Consejo de Cámara de la Indias…
Yo, el rey
Fuente: Ejecutoriales del nuevo obispado de Sonora… El pardo, 4 febrero 1781. AGI, Guadalajara 553 BIBLIOGRAFIA Acosta Roberto(1984) Apuntes Históricos Sonorenses, Gobierno del estado de Sonora Almada Francisco R. ( 1990) Diccionario de Historia, Geografía y Biografías Sonorenses. Gobierno del estado de Sonora De Escudero J. Agustín (1989) Vicisitudes de Acción Religiosa hacia 1831. Sonora Textos de su Historia .Mario Cuevas Arámburo, Compilador Gobierno del Estado de Sonora. Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora Del Río Ignacio, López Mañón Edgardo ( 1985) El Obispado de Sonora, Pág.241, Capítulo VII, La Reforma Institucional Borbónica, Tomo II, Historia General de Sonora, Gobierno del Estado. Enríquez Licón Dora Elvia (1985) La Iglesia en Sonora ¿ elemento de modernidad? Crónica y Microhistoria del Noroeste de México. Universidad de Sonora. Nakayama Antonio ( 1980) Historia del Obispado de Sonora. Universidad Autónoma de Sinaloa, Instituto de Investigaciones de Ciencias y Humanidades. Colección Rescate 3 Nakayama Antonio(1989) La iglesia en Sonora, Historia de su Obispado, Siglo XIX .Mario Cuevas Arámburo, Compilador Gobierno del Estado de Sonora. Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora Stagg Albert (1983) Los Almada y Álamos 1783-1867. Joaquín S. Almada Urrea. Tetabiate 609 Cd. Obregón Sonora nacho_lagarda[arroba]hotmail.com ignaciol[arroba]icreson.gob.mx
FRAY ANTONIO DE LOS REYES
Un obispo reformador
Una vez obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias, una extensión a la que él mismo pone los límites y las latitudes en su informe al virrey Bucareli en 1772, trata de poner orden en la zona y llevar a cabo los remedios que él mismo había propuesto al virrey en sus informes como visitador, es decir, separar los españoles y gente de razón de los indios y así evitar el abuso de los primeros sobre los segundos y poder mantener el proceso del establecimiento de reducciones que permitieran la sedentarización de los indios y por tanto su protección y la mayor eficacia en su evangelización.
Este método que parece más de un jesuita que de un franciscano y que nos recuerda a las encomiendas y reducciones dominicas primero y jesuitas después en el sur del continente, lo pudo llevar a cabo con cierto éxito y no con poca resistencia del poder civil y eclesiástico. Desde un principio encontró resistencia a la división en custodias de las provincias franciscanas del septentrión de la Nueva España. También encontró oposición del poder civil al tratar de reformar las prácticas abusivas de las relaciones comerciales de españoles e indios.
Criticó con dureza la vagancia en la defensa de los poblados y reales de minas, asentamientos pasajeros, sólo edificados para el tiempo de duración de las explotaciones mineras. Criticó también el mercantilismo de los españoles en la imposición abusiva de prácticas comerciales a los indios al mejor estilo de la economía controlada de la época, es decir, comprarle a los indios sus productos agrícolas a precios fijos y por supuesto baratos, y venderles productos manufacturados, mayormente telas, al precio impuesto por el vendedor español. A sus críticos eclesiásticos responde con contundencia ya desde el solio episcopal en 1783:
| …Se han poblado provincias enteras y se ha imposibilitado la reducción de los gentiles sin haber podido encontrar otra causa que el método, por mejor decir, fatal gobierno de las Misiones que con tanto empeño defienden. ¿Qué ha de creer y se podrán persuadir de que los indios se reduzcan y vivan gustosos en los pueblos, obligándolos por la fuerza y el azote al trabajo diario que llaman de comunidad? En estas Misión es no se les permite a los indios bienes propios raíces o muebles, porque todos se les administra por común de la Misión. Los Misioneros ocupados en el manejo de las Haciendas y en hacer traer de México las subsistencia y vestuario de sus pueblos, no pretenden atender su obligación, ni cumplir con su instituto… |
A los segundos, a la potestad civil, aún poniéndose humildemente bajo el consejo de los prudentes y experimentados, les dice con rotundidad:
| Para esto debemos suponer que la Provincia de Sonora en el estado presente es de poca o casi ninguna utilidad a nuestro Amado Soberano y al común de la nación. En esta suposición parece conveniente y preciso formar un nuebo [sic] establecimiento o colonia con leyes y ordenanzas particulares, conducentes a precaber y corregir los desórdenes en los [sic] político, civil, económico y eclesiástico que arruinan esta tan útil e importante Provincia; con atención y distinción de muchos establecimientos o conversiones de infieles, doctrinas antiguas y pueblos de españoles |
Su afán reformador en pos de la mejor evangelización de la población nativa y también en una mayor eficacia en la conservación de las colonias, forma parte del espíritu de época. La Ilustración puso a aquellos que se encontraban en la jerarquía del poder a trabajar, diríamos, sobre el terreno. Tanto los políticos y religiosos del poder central (Jovellanos, Florida-Blanca, Feijoo) como los segmentos políticos (José de Gálvez, marqués de la Croix, Bucareli, Hugo O’Conor, Lafora, Malaespina, Bodega y Quadra) y los eclesiásticos (Kino, Salvatierra, Antonio de los Reyes) de las colonias, quieren contribuir con sus ideas prácticas a la salvación de la sociedad y esto lo hacen desde el punto de vista de la salvación temporal por medio del dictamen sesudo, el plan racional o la instrucción. Antonio de los Reyes, tras sus observaciones, describe los problemas y dicta remedios concretos (ver texto en el apéndice) de una meticulosidad tal que hoy día todavía nos sorprenden por ese conocimiento tan certero de las cosas. Ahondando en la labor educativa del padre de los Reyes, Francisco R. Almada nos dice: Fue el señor [sic] de los Reyes el precursor de la educación pública en el Estado pues cuando llegó a tierras sonorenses no existía ninguna escuela y durante los pocos años que duró su gestión fundó siete escuelas primarias en distintos lugares y dos cátedras de gramática castellana y latina, una en Arizpe y otra en Álamos. Esta última la atendió personalmente en unión de los presbíteros José Almada y Reyes y provisor Miguel Antonio Cuevas7.
ArribaAbajoIntroducción al texto «Manifiesto estado de las Provincias de Sonora»
Aunque el texto es bastante diáfano a pesar de la prosa trabajada dieciochesca, quisiera hacer un pequeño comentario a la luz de los nuevos estudios de los textos históricos. Para ello debemos fijarnos tanto en el estilo como en el contenido. En este siglo ilustrado de reglas y normas, convenciones y academias, los textos estaban sometidos a los cánones literarios y retóricos de la época, y de los Reyes, como buen hombre de letras, los conocía. Sus textos en forma de cartas, informes y refutaciones, siguen el estilo marcado para estos textos por tratados como la Poética de Luzán8. En cuanto al estilo, también debemos notar la ordenación y precisión en la narrativa. Su ordenación a la manera de un texto científico del siglo XVIII le hace pasar de lo general a lo concreto por medio de las diferentes partes de la exposición escrita: -descriptio -auctoritas -expositio -conclusio El texto describe el área y su emplazamiento geográfico primero. Después acude a la historia para dar profundidad al tema y buscar un contraste entre el pasado y el presente, un pasado siempre mejor que el presente para dar realce a los sucesos del presente o para razonar las acciones a tomar:
| Las Memorias antiguas y presentes experiencias están clamando y dando las voces contra nuestros errores y descuydos en la práctica, modo y methodo de la Conquista Temporal y Espiritual de Sonora. |
| (párrafo 12). |
Es en este apartado, donde la historia cumple el papel de maestra. Es la auctoritas clásica. Los escritores del XVIII acuden a las citas clásicas y aunque el padre de los Reyes no lo hace en este escrito, sí practica este recurso en algunas de sus cartas9. La exposición de los hechos ocupan los párrafos centrales y es la parte significativa del texto. Por esta parte del texto, del párrafo 3 al 11, nos enteramos del estado de indefensión de los indios en las misiones y de las causas de dicho estado. Dos nos dice que son las causas. La primera es la existencia en sí del enemigo, y el daño que hace éste sobre los poblados indefensos10. La segunda, que él mismo considera compleja («veré por partes manifestar esta segunda causa con la claridad y distinción que pide la materia»11) lo achaca a la carencia de «establecimientos formales» debido a la movilidad constante de los moradores del lugar por ir en pos de los placeres de oro y plata. Nos da ejemplos de esta movilidad. La población se asienta en reales de minas que abandonan inmediatamente a la menor noticia de un yacimiento mejor en otros lugares. Esa práctica hace vulnerable a la población al no crear defensas contra el enemigo. Pero a la vez esta práctica destruye la posibilidad de crear un sentido de comunidad donde se pueda ejercer el endoctrinamiento de los indios y la enseñanza moral adecuada entre las castas y los españoles. Pasa a enumerar los problemas diarios con ejemplos: (1) el abuso de los comerciantes españoles al fijar el precio de los productos agrícolas de los indios y dejar al mercado libre los géneros manufacturados de los españoles; (2) la usurpación de las tierras y pastos de los indios por los españoles; y (3) los castigos a los que se ven sometidos los indios si protestan dichos abusos. El ejemplo del capítulo 7.º sobre los abusos de un español en el cambalache de productos con el indio es quizás el capítulo central de la expositio donde lo concreto se vuelve personal y el ejemplo anécdota. El narrador es un yo completamente inmiscuido en la narración pues el Misionero es él, el denunciador de estos abusos, el que «se expone a que lo insulten con la mayores calumnias y dicterios». En el segundo párrafo vemos que esto le ocurrió a él personalmente pues el mercader era un «mercachifle» que ante la crítica del fraile por comprarle mezcal al indio que tenían por orden real prohibido, aquél se revela y le remeda predicando a los indios a la manera del religioso pero diciéndole todo lo contrario de lo que le decía el fraile, llegando a decirles que si seguían los consejos del fraile de que no podían producir mezcal, eran «tontos» porque según el Rey debían tener libertad para producir lo que quisieran, pues de lo contrario se verían esclavizados a la voluntad y obediencia del misionero. El padre de los Reyes nos dice que denunció a este impostor «pero no se le dio la más leve mención al predicador mercader». En esta parte del informe vuelve con más ejemplos, ora describiendo el daño que supone para los indios tener que hacer aquellos trabajos públicos y particulares (a modo de las hacenderas leonesas) sin paga alguna y teniendo que abandonar sus labores en el campo, ora el mal ejemplo que son los apóstatas, los hombres de razón y los españoles mezclados entre los indios, ora también el hecho ejemplarizante del buen misionero, el padre Garcés, que internándose él solo en las comunidades indígenas y ayudándole en sus necesidades ha podido hacerse querer de los mismos1 Y pasa a la conclusio en el Capítulo 12 donde se dibuja una especie de plan de acción para remediar y reformar las misiones encomendadas a él y a los franciscanos. Esta sección tiene dos capítulos, el 12 y el 13, que vuelve a la auctoritas histórica, a resumirnos el pasado de estos lugares para después hacer las sugerencias y recomendaciones para la mejora espiritual y temporal de las mismas. Estas medidas las resume en: -Hacer que los misioneros residan en la zona y que se inmiscuyan en las actividades de subsistencia de los indígenas así como en el gobierno de los mismos. -Separar a los indígenas de los españoles y la gente de razón «que son la berdadera peste, langosta y plagas que acaba con los indios neófitos, retraer los gentiles, destruye y aniquila las nuebas reducciones». -Prohibir los trabajos forzados de los indios. -Establecer que los misioneros supervisen toda las acciones políticas como las elecciones de alguaciles y alcaldes así como que cojan el control de las misiones ya fundadas y que funden otras dotándolas de «iglesias y casas de mesón y subsistencia». -Fundar pueblos indios de 100 familias estables con sus campos de cultivos «con plaza publica, calles tiradas a cordel: casas capaces con diversión de vibienda y patio y corrales, donde los indios encierren sus aber [sic] y bestias». -Instalar un sistema de hacienda justo.
- Crear villas de españoles. -Conceder la exención de impuestos para estimular las repoblaciones. -Reclutar misioneros como líderes religiosos y educadores. Esta sociedad utópica del padre de los Reyes responde también a las soluciones sociales del momento cuando el poder eclesiástico quería liderar los procesos de cambio supuestamente en bien del indio. De una manera racional y aparentemente objetiva, el padre de los Reyes no escribe de oídas ni interpone imágenes literarias en su descripción sino que su prosa refleja directamente lo que un narrador testigo ve. El texto no hace hincapié en una narración imaginativa y deslumbrante de la realidad, sino en una narración denunciante, como en el incidente del mercachifle metido a predicador mercader, con muchos ejemplos corroboradores de su punto de vista para dar credibilidad a su denuncia. De los Reyes destaca la bondad del indígena para ensalzarlo contra los muchos vituperios de que era víctima. Estamos aquí en el umbral de un cambio de actitud hacia el indio en la línea del «salvaje noble» que tanto abundó en el siglo XVIII (Diderot, Rousseau, Feijoo) y que tuvieron un primer ejemplo en Bartolomé de las Casas.
ArribaAbajoApéndice
Copia del Manifiesto Estado de las Provincias de Sonora Por el M. R. P. Fr. Antonio de los Reyes en 20 de abril de 1772
Exmo Señor: Obedeciendo gustoso el Superior Orden de V. E. he formado la brebe descripción y relacion de la parte util y digna de atencion de esta America en la Gobernacion de Sonora, y de las Misiones que en esta remota Provincia, administran los P.P.P.Ps. Misioneros del Colegio d’ Propaganda fide d’ la Sta. Cruz de Queretaro, y los medios que parecen proporcionados para su restauracion. Párrafo 1.º Comunmente se entienden por Sonora todas las Probincias sujetas a esta Gobernacion, su jurisdiccion se estiende de Sur a Norte por mas de 300 leguas, y 100 poco mas o menos d’oriente a occidente; sus confines son en la forma siguiente: por el Sur la nueba Galicia; al norte la Naciones Barbaras d’los Rios Colorado, y Gila; por el oriente la nueba Vizcaya, y al occidente el Seno de California. La Probincia de Sonora en su particular Administracion en la parte mas Septentrional de toda la Gobernacion, desde los 28 grados hasta los 32 de latitud: tiene al Sur el Rio Chiaqui, que la divide de la Probincia de Ostimuriq; al Norte las Missiones de la Pimeria Alta, con los Presidios de la Fronteras, Tubac, Tennenate y Al Oriente los extremos de la Sierra Tarumara, y la bagante Nacion Apache; y al Occidente los reveldes y apostatas fugitivos, apoderados del terreno Occidental, y costas del mar de California, la distancia de Sur a Norte esto es, del Rio Hiaqui a las Missiones, y Presidios d’ la Pimeria Alta 150 leguas, y de Oriente a occidente 120, poco mas o menos, conforome el terreno despoblado, por las continuas imbaciones del enemigo y su temperamento, y estaciones del año mui semejantes a la España antigua, terreno con algunos Cerros y Montañas casi de una continuada Lomeria de cortos valles y Planes para siembras, pero prodigioso, y mui fecundo de ricos metales, y preciosos fructos: es increible a los que no an experimentado las mounstruosidades del oro y plata que ha producido y produce esta Probincia de Sonora, se puede decir sin hiperbole que todo su terreno es una continuada mina de plata, y criaderos de oro, que vulgarmente llaman placeres. Con corto Cultivo se logra abundancia de trigo, Maiz, y toda especie de semillas; Arboles y fructos de España varios pequeños arroyos corren por el centro de esta Probincia, las mas principales son el del Valle de Sonora: el de Oposura: y el de Opodepe, que uniendose al occidente de Orcasitas, prosiguen unidos de Oriente a occidente, desapareciendose en los llanos de la parte Occident al del Pitig, muchas leguas antes de llegar al mar. Párrafo 2.º Cuentase ya mas d’dos siglos que nuestros Españoles pacificaron y poblaron la mayor parte de las Probincias de esta Gobernacion. Nuño de Guzman, pacifico y poblo en el año de 1531 el Valle, y Villa de San Miguel de Culiacan, y el de 1563 fundo Don Francisco Ibarra, las Villas de San Sebastian, San Xavier, San Juan de Carapoa, en el Rio del fuerte: muchos Reales de Minas Estancias, Haciendas, en la Probincia de Sinaloa. Al mismo tiempo entraron Religiosos Franciscanos para Doctrinar los indios: levantando Iglesias, formando pueblos. Los Regulares de la Compañia solicitaron y consiguieron, por medio de su General, San Francisco de Borja, estas nuebas conberciones estableciendose en esta conquista espiritual en año de 1591, Al tiempo de su extrañamiento dejaron fundadas y establecidas en esta Gobernacion de Sonora 52 missiones, con un crecido numero de pueblos de Visita. El Exmo.Sr. Marquez de Croix, Virrey y Capitan General d’ estos Reynos, mando a nombre de S. M. que el Colegio de la Sta. Cruz de Queretaro, destinase misioneros, que ocupasen las Doctrinas que en la Provincia de Sonora dejaban los expulsados, no fue posible ocurriese el Colegio con el numero de Ministros utiles que pedia la necesidad, por lo que mando S. E. fue seninterinamente 11 o 12 religiosos de nuestro Padre San Francisco de la Provincia de Xalisco, llegados a Sonora se ocurrio la mayor necesidad: colocandose los ministros en las 8 Misiones de la Provincia Alta, fontera de la Gentilidad de los Rios Colorado y Gila, y en las 7 Missiones de la parte Occidental de esta Provincia de Sonora, llamadas comunmente Pimeria Baja. Los R.R.P.Ps de la Provincia de Xalisco, tomaron a su cargo las 11 Missiones restantes en la parte Oriental de esta Provincia de Sonora. El Illmo.Sor. Obispo de Durango, se hizo cargo de las Missiones de Hostimuri, y Sinaloa, con el fin de establecer curatos: mando algunos ecleciasticos para que asistieren en las missiones asta dar convenientes y favorables probidencias de su nuebo establecimiento. Esta no han tenido efecto, por lo que se han ocasionado irreparables daños y gravisimos perjuicios y lastimosas resultas, a causa de haberlas abandonado algunos eclesiasticos de los que entraron retirandose intempestivamente siendo muy pocos los que han pemanecido. Con fecha de 9 de junio de 68 mando el Gobernador Don Juan de Pineda que los Comisarios a cuyo cargo estaban las Missiones nos entregasen las Iglesias y habitaciones de los Ministros expulsos, arreglandose los que entregaban y resibian a las instucciones que se notaban en la Carta Orden. En esta atencion recibimos por inventarios formales 20 iglesias en la Pimeria Alta, correspondientes a 15 Missiones, y Pueblos de Visita, de nuestro cargo. La fabrica de todas la iglesias es de adobes con techos de Zacate y tierra, muchas caidas, y casi todas amenazando ruinas, particularmente las de los pueblos de Visita. Los Ornamentos, Vasos Sagrados, Servicio de Altar, y Culto Divino suficiente; conciendose claramente que la codicia, no havia estendido la mano a lo que estaba dedicado a Dios. En la misma forma recibimos las avitaciones con los muebles indispensables, y presios a nuestro estado y caracter, conforme se probiene en la expresada Carta Orden: siendo este punto tan ajustado y excrupulosos los comissarios, que nos dieron motivo para ejersitar por mucho tiempo nuestra paciencia y resignation religiosa. En estas, y todas las misiones de Sonora dejaron los jesuitas muchos bienes, y efectos del comun de los indios, mucho ganado mayor y menor, caballada, y mulada: labores de trigo, maiz, y otras semillas: oficinas, dispensas: y Trojes mui bien aviadas, proveidas. Todos estos y otros intereses que convenia para fines particulares, en aquella ocasion se bautizaron con el respetable nombre de Temporalidades del Rey, a cargo y administracion de los expresados comisarios Reales que baliendose de este espacioso titulo, mandaban como superiores a los justicias de los Pueblos y obligan a los indios a trabajar sin salario y cuando mas por la sola racion. Algunos de estos Comisarios de bajo nacimiento y que poco antes vivian hambrientos y desnudos se tomaron tanta autoridad que castigaban a los justicias azotaban a los indios, mandaban a las indias para el servicio de sus propias casas y familias, proveian estas de viveres y vestuarios en abundancia, y finalmente se dispuso con poder absoluto y destinaron estos bientes a cuanto dicto la codicia y sugeria su interes. A fin de poner remedio en estos y otros desordenes providento el Illmo.Sr. Don Josse de Galvez, con fecha 3 de junio de 69, mandando a todos y cada uno de los Comisrios Reales a cuyo cargo se hubiesen puesto providencialmente las temporalidades de las misiones q’administraban los P.P.Ps. Misioneros Apostolicos de Propaganda Fide de la Sta. Cruz de Queretaro, que desde luego entrieguen por individuales inventarios todos los efectos, bienes, ganados y demas de su manejo a los dichos Rs. Ps. Misioneros para que ejecutada la entrega, formen los comisarios, y remitan sin demora las cuentas justificadas del tiempo de su administracion; y confiando a nombre de S. M. la direccion de dichas temporalidades de las Misiones de los R.Rs. P.Ps. misioneros de ellas espero las tomaran a su cuidado. Movidos de tan justificada providencia y esperanzados que la recta intervesion de este Illmo. pondria remedio a otros males y gravisimos perjuicios que arruinarian las provincias, destruirian las misiones, y aniquilaban los indios nos resignamos obedientes, aplicamos gustosos a reparar iglersias y casas arruinadas consumiendo el producto de las cortas temporalidades que nos entregaron en utilidad y beneficios de los indios; aplicando a estos fines la mayor parte del sinodo, aunque nos socorren la piedad de nuestro Rey Catholico, pero sin los correspondientes auxilios no es posible q’ la notoria solicitud y aplicacion de los ministros pongan las misiones y pueblos en estado de que sean utiles al servicio de ambas Magestades. Párrafo 3.º Los Pueblos de las Missiones en lo material estan formados y dispuestos comoda policia racional y sociedad civil. Las casas dispersas, fabricadas tierra y zacate, mui pequeñas y sin devision de viviendas, no tienen bienes y comodidades racionales; duermen en tierra y cuando mas sobre un petate o cuero no son numerosos sus puebles, unas 80 o 100 familias, otros de 30 a 50 y algunos de 10 a 12. Esta decadencia y corto numero de indios en las misiones y pueblos proviene de muchas tusas que insenciblemente los han acabado: Dos son las mas principales y bisibles: Primera las continuas inbaciones de los enemigos. En estas 15 misiones que estan a cargo de los P.Ps. Misioneros del Colegio de la Sta. Cruz de Queretaro, son innumerables los muertos y captivos desde el año de 1768 hasta el presente d’72. Por Nbre. del expresado año d’1768 asparon los indios Sta. Maria de Sianca, llevado todo a sangre y fuego, librandose el P. Missioneros con un corto numero de niños, mujeres y hombres retirandose al pueblo de Visita Santiago de Cocospera. El año de 70 determino el Gobernador de las Provincias, se agregaran a la Mission de Cucurpe 5 solas familias que se habian liberado del poder de los enemigos del Pueblo de Visita Garache, despoblandose este tan importante terreno. logrando conocidad ventajas el enemigo. En este inmediato de 71 quedaron casi despoblados varios pueblos de las missiones de la Pimeria Alta. Por los meses de abril y mayo mataron muchos los enemigos en las missiones de la Pimeria Baja. El Padre Misionero de Opodepe, en dos dias continuados enterro 7 muertos y finalmente en la mission de Cucurpe y sus inmediaciones desde junio de 68 hasta el inmediato de octubre de 71 han muerto y captibado los enemigos mas de 100 de todas edades y estados, esta sola causa parece suficiente para no extrañar el actual y lastimoso estado de Sonora, en la decadencia de las misiones. Párrafo 4.º Pero es otro el daño que arruina la provincia, consume los indios, destruye los pueblos, desconsuela las missiones, retrae los gentiles para agregarse en nuebas reducciones; vere si puedo por partes manifestar esta segunda causa con la claridad y distincion que pide la materia. Precisamente se ha de arruinar una provincia o nueba colonia, donde sus moradores o pobladores no fijan pueblos o establecimientos formales mayormente si tienen enemigos que los asalten. Los españoles comerciantes, mulatos, negros y todas las castas que han entrado y entran a Sonora, con el unico fin de utilizar de lo que ofrece la presente ocasion en q’ se hallan las minas y placeres hasta que se descubre en otra parte mayor utilidad, con esta esperanza forman sus reales y pueblos con tan poco costo y subsistencia en casas y muebles y viviendas, que a la primera ocacion que se les proporciona no tengan dificultad ni perdida de abandonarlas. Esta es la causa de no haver en toda la Provincia de Sonora una decente y formal poblacion de españoles y muebe a dolor y lastima la multitud de pueblos antiguos y de reales d’minas arruinados no por que en estos falten ricos metales sino por que la ambicion y la codicia d’aprovecharse sus pobladores de las utilidades que ofrecen los nuevos descubrimientos. Confirman esta verdad las modernas experiencias; el año de 68 se trabajaban ricas minas de oro y plata de Sarache y se hallaba formada una poblacion con las mejores casas y fabricas d’ de toda la provincia, capaz de resistir y defender en los mayores asaltos del enemigo; descubrierones a doce leguas d’ distancia los placeres de Alamillo, corrio la voz de este nuevo descubrimiento inmediatamente levantaron sus tiendas los comerciantes de Sarache, los mineros suspendieron el trabajo de sus minas, los vecinos abandonaron sus casas y todos, pasaron a poblar este nuebo descubrimiento. A brebe tiempo cayeron los enemigos en el abandonado pueblo o Real de Sarache, robaron lo que quisieron, quemaron las casas, imposibilitaron el pueblo; por enero de 71 descubrieron los soldados del presidio de Altar el decando (sic) placer de Cieneguilla, el inmediato mes de febrero se despoblo el de Alamillo, y por el mes de mayo se trataba de abandonar el pequeño Real de la Huerta que puede llamarse el México de Sonora. Estas inconstancias de los pueblos y vagancias de los españoles da conocidas ventajas a los enemigos logrando asaltarlos y acometerlos dispersos y desunidos. En el corto tiempo que trabajaron los placeres de Alamillo mataron los enemigos 25 o 30 de los niños y al tiempo de mi partida havian muerto 10 o 12 de los que entraban y salian en los nuebos placeres de la Cieneguilla. Párrafo 5.º Lastimosas son estas resultas; pero son mayores los daños q’ causaron estas gentes bagantes en las misiones y pueblos de indios, que por algun corto tiempo se suspenden los nuebos descubrimientos o entran en la provincia crecido numero de enemigos, se retiran todos a los pueblos de indios. Ninguno de estos vagos fabrica casas, todos se acomodan en las incomodas havitaciones que en estas ocasiones parecen pueblos, uno ridiculos gallineros; como estas gentes tienen por unico objeto y fin el interes, no pierden tiempo en utilizarse de lo que ofrece la pobreza y cortos haveres de los indios. Los comerciantes habren sus tiendas y tratan con los indios en esta forma: en los meses d’ jun. y agosto compran los granos y semillas al cambalache con sus generos; a estos les ponen el precio a su voluntad es ha saber 9 o 10 reales la vara de Balleta; 12 o 14 a de Roan, pero a los indios se les tiene puesta ley para que no puedan vender el trigo o maiz a mas precio que un real por almud: necesitando los indios a bestir sus familias, ferian y benden todos sus fructos y bastimentos, hallandose bestidos y a brebes meses necesitados y hambrientos, salen a vuscar oro en los placeres, recurren a comprar los mismos granos y semillas que antes vendieron, pero con la diferencia que los indios vendieron el almud y ahora lo rescatan por 3 o 4 reales y algunas veces por 6. Párrafo 6.º Grabe es este daño para los indios pero notese otro mayor, los que no tienen generos para hacer ningun comercio recurren a otro medios con notorio perjuicio de los indios, unos se introducen a labradores, usurpando y escogiendo las mejores labores y tierras del pueblo, por que dicen son del Rey, y que ellos por españoles tienen el primer derecho y lugar, otros sueltan sus bestias y ganado para que engorden en las milpas y huertas de los indios estos se quejan a los justicias de los daños que les causan, pero son oidos con desprecio; si alguna bes impacientes los indios de haber perdido su trabajo, golpean y maltratan las bestias de estos españoles, de cabo verde son gravemente castigados. Se hace preciso para que esto se entienda con mas claridad, referir uno u otro caso practico, aunque sea de renobar el dolor y memoria de las experiencias pasadas. En el pueblo de Cucurpe, destruyeron y acabaron enteramente la milpa de un indio, las bestias y ganado de un vecino colerico y enfadado el indio de ver perdido su trabajo, y el socorro d’ su familia, colpeo y dio y un herida a una de las bestias: el vecino dio la queja al theniente de justicia, y este sentencio al indio 50 azotes. Párrafo 7.º En este, y en otros casos recurren los indios al P. Misionero unico refugio de estos desgraciados, si el Ministro hace frente a estos desafueros e instruye a los indios para que no los aniquilen o engañen, se expone a que lo insulten con las mayores calumnias y dicterios. Al pueblo de Visita de la expresada Mission de Cucurupe, lego un mercachifle engañando a los indios con abalorios, listones, tompetas y cascabeles y llegando a mi la noticia, le havia bendido a los indios algunos de estos generos con la obligacion de que le correspondiera con unas botijas de mezcal, mande llamar los obligados, les hice saber por el Sor. Virrey de estos reynos havia prohibido la fabrication de estas bebidas, y finalmente aconseje al Gobernador y justicias del pueblo, celassen y no permitiesen se fabricase mezcal; por que de lo contrario daria parte al Gobernador de la Provincia. Noticioso el interesado de las advertencias que yo havia hecho a los indios sus obligados, paso al pueblo y mando la juntar en las Casas d’ Comunidad, les hizo un sermon que encomprendido a mi noticia, y fue decirles que eran unos tontos, que gobernaban y le daban credito a todo lo que les decia, que ellos eran libres para hacer cuanto quisieran y q’ no les podia prohibir hacer mezcal y finalmente los queria hacer esclavos y prohibirlos de la libertad que el Rey les havia consedido. Me parecio conveniente dar parte al Gobernador d’ la Provincia, su respuesta fue decirme tenia razon en el dolor y sentimiento que le manifestaba, pero no se le dio la mas leve mencion al predicador mercader, a estos desaires y calumnias se exponen los misioneros si quieren defender a los indios y oponerse a los agravios que les hacen. Párrafo 8.º Presiso es insinuar el trabajo y servicio personal con que afligen y ponen en desesperancion a los naturales de los pueblos. Los Superiores y justicias d’ estas provincias mandan salir partidas de indios q’ llaman topiles para los trabajos publicos y particulares, las mas veces no les pagan, y en algunos partidos recibe el indio medio real y el otro medio el Alcalde Mayor Theniente o justicia, que mando la orden. Si estas fatigas son a nombre del Rey, cuando mas les dan un real diario, y por semana un almud de maiz; esto es, siempre en terminos, y tan absoluta q’ no admite excusa en los indios, aunque se les pierdan las milpas, o tengan que hacer sus siembras, al mismo tiempo que les mandan salir de sus pueblos, 30 y 50 leguas de distancia; seria formar un prolija historia, explicar individualmente los trabajos y fatigas de los miserables indios en estas provincias de Sonora; y al parecer queda manifiesto la causa que arruina la provincia, la decadencia d’ las misiones y el desconsuelo de los misioneros en ver cuan imposibilitados, los medios de reducir gentiles y adelantar en las nuebas conversiones. Párrafo 9.º Estan ya los gentiles fronterizos persuadidos y noticiosos que el agregarse en Missiones, es perder su libertad natural, las tierras de su patrio suelo, y que los manden y gobiernen como a esclavos. Esta sugestion del enemigo comun, abibada con las noticias de los fugitivos y apostatas q’ se les agregan ha retardado y hace cuasi imposible las nuebas fundaciones, y missiones a exepcion d’ a quellas (misiones) Naciones de los Papagos y Sobaypures, gentiles, fronteros al norte de la Pimeria Alta, que han visitado algunas veces nuestras misiones y pueblos inmediatos, que aun no han llegado la parte de las noticias ya dichas. En estos ultimos años movidos del amor de los misioneros y visitas que estos han repetido en sus propias tierras y rancherias, se viene toda la Nacion Papaga por meses determinados, ranchandose en las inmediaciones de los pueblos y misiones. Los misioneros se balen de cuantos medios dicta su apostolico celo para que establescan en pueblos; pero es imbencible la aprencion y sugestion d’ que estan poseidos y queda insinuada. Párrafo 10.º El Padre Francisco Garcez, misionero de San Xavier del Bac, solo cuando mas con dos indios de su mision se ha internado repetidas veces hasta los Rios Gila y Coloraado. El año de 70 que las biruelas y Zaranpion causaban lastimosos estragos en las rancherias de los gentiles se movio su intrepido y ferboroso espiritu a rremediar con las saludables aguas del bautismo, los parbulos y adultos que allase dispuestos y tenia Dios predestinados Todas las Naciones de los expresados Rios recibieron al padre con particulares demostraciones convidandolo con su pobres comidas y viveres y haciendo los mayores esfuerzos para que se quedarse a bibir con ellos, procuro el Padre consolarlos persuadiendoles bolberia a brebe tiempo con otros de sus hermanos y compañeros. Regreso el P. Garcez a su Mision de donde escribio solicitando mover el celo de algunos misioneros a esta santa obra tan propia de nuestro Instituto y Profecion; seria molesto en reproducir en este las particulares expreciones de cariño e inclinacion de aquellos gentiles, admirados de la desnudez, pobresa y habito del P. Garcez. Tengo noticia que este Superior Gobierno se hallan algunas d’ estas cartas que movieron al zelo del Exmo.Sor Marquez d’ Coix, para mandar se habilitacen 10 o 12 Misioneros, para estas santa obra pero con la aucencia y regreso a España d’ Exmo.Sor. se suspendio esta apostolica expedicion. Párrafo 11.º En este año inmediato de 71 han repetido el P. Garcez sus apostolicas visitas, internandose por incognito terreno, rumbo al Rio de Colorado, demorandose mas de 3 meses entre aquellas remotas y no conocidas Naciones deseando su zelo y amor al publico tomar noticia y abrir paso por el Rio Colorado, para los nuebos Establecimientos de San Diego y Monterrey en las costas del Oceano Asiatico. Nos hemos recibido relacion individual de esta ultima apostolica correria, pero sabemos que las numerosas Naciones Guican, Cocomaricopai y Yumas, que poblaban las fertiles tierras y valles d’ los Rios Gila y Colorado se hallan deseosas y en disposicion de recibir el saludable yugo de la Fee y remedio de sus almas. Párrafo 12.º El deseo de pervenir la atencion de V. E. para los fines de mi comisión en alibio de los indios y misiones de Sonora, movieron la pluma insinuando algunos desordenes que piden pronto remedio; y esto me ha puesto en obligacion de obedecer y continuar proponiendo los medios que me parecen mas convenientes para su restauracion y mayor felicidad. Este discurso y las razones claras y convincentes, pedía una dilatada exposicion pero vere si puedo reducirlo a compendio. Las Memorias antiguas y presentes experiencias estan clamando y dando las voces contra nuestros errores y desnydos en la practica, modo y methodo de la Conquista Temporal y Espiritual de Sonora. El incomparable heroe Hernando Cortez con un corto numero d’españoles y casi sin costos de la Real Hacienda, conquisto y poblo en brebes años todos estos Reynos y Provincias d’ la N. E. Este famoso Conquistador, no se si mas politico, que esforsado Capitan, al paso que entraba descubriendo este nuebo Mundo formaba Villas y Pueblos y establecimientos de Españoles y Naturales, mandaba cultivar las tierras, y promovia fabricas, manufacturas y oficios utiles y necesarios para la vida politica y conveniencia nacional. Que hubiera sido de Cortez y compañeros en las contr.nes (sic) de Diego Velazquez, y la desgraciada retirada de Mexico, sino hubiera tenido fundadas las Villas de la Costa y fuerte segura en las inmediaciones de Trazcala? (sic). Los barbaros chichimecas nacion belicosa y bagante en el basto terreno al norte y occidente de México dio mucho en que entender a los primeros conquistadores hasta que el virrey Don Luis de Velazco mando poblar sus mismas tierras con las Villas de San Luis, San Felipe, Monterrey y Nombre de Dios y otras que sirvieron a la reduccion de estos barbaros y utilidades que ya gozamos en los nuebos reynos Leon, Vizcaya, Galicia, los Ministros ecleciasticos entraban catequizando v civilizondo los indios con tanta celeridad en formar pueblos y curatos, que fue preciso fundar varias iglesias Catedrales que con admiracion vemos en el dia. Párrafo 13.º Nuestras conquistas internas, no han adelantado, antes se han atrazado, despues de 200 años de excesivos gastos y muerto innumerables zelosos misioneros y valerosos soldados. No debemas persuadirnos que la misericordia y poderosa mano de Dios no podra aberiguar donde estan los innumerables y famosos indios Tepehuanes. Quien pues no temera la misma desgracia en las misiones d’ Sinaloa, Hostimuri, y Sonora cuando en el dia se experimentan fatales principios de su ruina? El año de 1767 mando el Gobernador de Sonora empadonar los indios de las Provincias y reconacios que en las misiones y pueblos del Rio Chiaqui, havia mas de 25000 almas. Si al presente se repite esta diligencia no se hallaran ni la mitad; y estos tan salvages y desnudos d’ cuerpo y alma, que casi no se diferencian de los barbaros gentiles fronterizos de las misiones de la Pimeria Alta. En esta Corte de Mexico, hay muchos distinguidos sugetos que han visto y experimentado la barbarie e infidelidad de los Naturales indios de estas antiguas misiones de Sinaloa, Hostimury y Sonora. A todos los apasionados del bien publico oygo lamentarse de la desgraciada suerte de estas missiones y probincias, pero yo con mas satisfaction y complacencia les oyria discurrir y proponer los medios convenientes al remedio. Compondre brebemente mi dictamen que sujeto con rendimiento, al examen y justicia de los prudentes y experimentados. Para esto debemos suponer que la Provincia de Sonora, en el estado presente es de poca o casi de ninguna utilidad a nuestro Amado Soberano y al comun d’ la nacion. En esta suposicion parece conveniente y preciso formar un nuebo establecimiento o colonia con leyes y ordenanzas particulares, conducentes a precaber y corregir los desordenes en los politico, civil, economico y ecleciastico que arruinan esta tan util, e importante Provincia; con atencion y distinacion de nuebos establecimientos o converciones de infieles, Doctrinas antiguas y pueblos de españoles. Párrafo 14.º En las misiones fronterizas a la gentilidad, donde se congregan y catequizan los barbaros, es mui conforme a las piadosas intenciones del Rey N. S. y presisamente necesaria la recidencia de los Misioneros en cada pueblo. Estos con palabras con ejemplo, y con los auxilios de la Divina Gracia, han de transformar y convertir las bestias en racionales: los han de instruir en los misterios de nuestra Santa Religion, en las artes y mecanicas de cultivar la tierra recoger y aprobechar de los fructos; fabricar bibiendas, y casas comodas y finalmente se han de valer los misioneros de los indios mas instruidos y avisados para el gobierno político y civil del nuebo pueblo, instruyendo y haciendo comprender a los justicias de la obligacion, amor y veneracion a nuestro amado Soberano, y que en su nombre deben castigar con prudencia los malos, y servir de protectores de los buenos; y es facil refleccionar para este exercicio, no son suficientes dos puros hombres, sino se trasforman y convierten en angeles. Seria mui util y conveniente q’ en esta nuebas reducciones, se radicaran y agregasen españoles, de los q’ llaman generalmente de razon, pero la experiencia esta clamando, que estos son la berdadera peste, langosta y plagas q’ acaba con los indios neofitos, retaer los gentiles, destruye y aniquila las nuebas reducciones. Por estas y otras razones parese conveniente al bien comun de las nuebas misiones y pueblos de los indios, que en 3 o 4 leguas a todos los vientos, no se fixen ni esblescan estas gentes de razon, ni esten en los pueblos mas tiempo que 3 o 4 dias. Con ningun pretexto, causa o motivo, podran los Superiores de las Provincias mandar salir partidas de estas misiones ni algun indio particular para trabajo y servicios persanales. Todos los años se eligiran alcaldes y alguacil con intervencion y dictamen de los P. Ps. Misioneros y consulta de todo el pueblo, se suplicara al Gobernador de la Provincia o al Capitan del inmediato Presidio por aprovacion y confirmacion de esta seleccion, e suplicara y encargara a los P. Ps. misioneros se aplique a dar nueva y debida forma a los pueblos de las misiones ya fundadas y Lonteras, fabricando nueblas iglesias y casas de meson y subsistencia. Párrafo 15.º En las antiguas missiones y pueblos, donde el descuido o interes particular d’ algunos a dado lugar a las desgracias que no conocen los incautos y simples indios, biviendo dispersos, o en pequeñas rancherias, con nombre de pueblos se rrogara y encargara a los P. Ps. misioneros de Doctrina, que con la mayor solicitud y prudencia y habilidad, se aplique en congregar los naturales d’ sus respectivas parcialidades o Naciones, para que, numero, por lo menos d’ 100 familias, forme Pueblo con plaza publica, calles tiradas a cordel; casas capaces con diversion de bibiendas, patios y corrales, donde los indios encierren su aber (sic) y bestias. A este nuevo establecimiento se le pueden medir 3 o 4 leguas de terreno por cada biento. Los indios y naturales, radicados en este pueblo tendran ados (sic) suertes de tierras de 200 varas en cuadro, una de riego, y otra de templral, lo restante de terreno, y montes, sera comun para leñas, maderas, y pastos, ganados y bestias, que sus respectivos dueños deberan cuidar dia y noche, o encerraran en corrales, para q’ no causen perjuicio en las labores y siembras. Los indios de estas antiguas misiones, son inclinados y siempres han cultivado sus particulares milpas de trigo, maiz, y otras semillas y siendoles mui graboso en el presente estado y nuebo establecimiento, mui perjudiciales las siembras y trabajos d’ comunidad, parece se deben estas enteramente prohibir, y dejar a los indios en sus libertad natural, sin obligaciones de serbicio o algun trabajo que esta la presente han ejercitado de comunidad y es indispensable en las nuevas reducciones. Formalizados ya los pueblos se hace preciso mandar formar un arancel con atencion y reconocimiento de las tierras de laborio, y fijando el numero de fanegas de trigo, maiz, y otras semillas que se deberan sembrar en cada pueblo. Los justicias con intervencion del padre Misionero de Doctrina repartiran en proporcion lo que cada indio debe sembrar, y cultivar de modo que el arancel se ha de sembrar, como por ley, entre todos los del pueblo, quedando cada uno en la libertad de cada uno aumentar las siembras; al que tiene mas inclinacion o interes. Al tiempo de las cosechas cada indio debera dar una medida o medidas de sus fructos, y lo mismo de las crías d’ sus ganados, o aber arreglado para esto otro arancel para la congua suficiente y debida sustentacion del P. Ministro de cada pueblo, para evitar bagancias y gravisimos males se debe mandar llebar a debido efecto: que cuando los indios salgan de sus pueblos avisen a sus repectivos justicias, o Ministro de doctrina llevando registro señalado y licencia por escrito que deberan manifestarles a superiores de su transcito o destino y los transgresores seran puestos en pressiones y remitidos a sus pueblos donde seran gravemente castigados. Todos los años se elejiran justicias para el Gobierno civil y policía, en el modo y forma que se ha insinuado, en las nuevas reducciones, y los naturales indios de estos pueblos, no seran obligados a trabajos y servicios particulares d’ españoles y gentes d’ razon ni podran, estos establecer ranchos o haciendas, con perjuicio del terreno comprendido en los terminos q’ se les señalan a estos pueblos. Párrafo 16.º A los españoles y gentes de razon, bagos y dispersos se le apremiaria, y obligaria a fijarse y radicarse en los pequeños pueblos que al presente asisten o estableciendo algunos de los Reales de Minas arruinados con aprebicion (sic) que a los menos han de ser en numero de 100 familias y una vez establecidos, no podran ausentarse con sus familias, sin licencia del comun, ni admitidos en los otros pueblos de la Provincia; si solo el caso d’ ser utiles al Publico. Estos nuevos establecimientos de españoles que sera mui conveniente esten interpolados (sic) con los pueblos de indios seran distinguidos con el titulo de Villas: con gobierno civil y politico de los mismos pobladores elejiendo anualmente alcaldes ordinarios y demas justicias, que debera confirmar el Gobernador de la Provincia; con las superiores facultades y general jurisdiccion de este, para los recursos extraordinarios son superfulos los Alcaldes Mayores en estas remotas provincias: se podra dar y señalar a estos nuevos establecimientos o Villas de españoles 4,5 o mas leguas de termino y terreno comun repartiendo las tierras del laborio entre los Pobladores, recomendando el cultivo de algodon, ganados de lana: y estableciendo fabricas y manufacturas, que no hay ni se han conocido en Sonora. Estas Villas de españoles y pueblos de indios parece conveniente y preciso gocen por 20 o 30 años, un total alibio de tributos y gabelas, con algunas gracias y privilegios para el comercio y comerciantes establecidos o que quieran establecerse en esta nueva Colonia; al mismo tiempo providenciar de ministros ecleciasticos, zelosos y desinteresados, y nada grabosos al comun y particulares, y que no solo se hagan cargo de la Doctrina y administracion espiritual, sino de intruir a los jovenes, en las facultades literarias avilitando a los inclinados al Estado Ecleciastico, de modo que con el tiempo se logran disipulos, que sirvan de maestros a sus mismos paisanos, y cese el recurso continuo a rremotas provincias y Reynos. Este es comprendido Exmo.Sor. el estado antiguo y presente de la rica y desgraciada provincia de Sonora y los medios que me parecen mas aproximados para su restauracion. Dios Nuestro Señor facilite los fines y comunique a V. E. sus Soberanas Luces, para el acierto, y utiles providencias al mayor servisio de ambas Magestades. Colegio de San Fernando. Mexico veinte d’ Abril d’ mil setecientos setenta y dos. «Exmo.Sor.» B.L.M. de V. E. su menor util servidor, y Capellan. «Fr. Antono Reyes. Concuerda con su original que se saco del Archivo del Colegio Apostolico de la Santa Cruz d’ Queretaro. «Testimonio d’ Verdad, lo firme y signe con mi signo en este Colegio de San Fernando de Mexico a 26 de marzo de 1783. «Fr. Diego Ximenez Perez. Notario Apostolico.
ArribaBibliografía
Almada, Francisco, Diccionario de historia, geografía y biografía sonorenses, Hermosillo, Gobierno del Estado de Sonora, 1983. De los Reyes, Antonio, «Cartas al Virrey Pineda» en los archivos de la Misión San Xavier del Bac, Tucson, Arizona. ——, «Manifiesto estado de las Provincias de Sonora» y «Noticia del estado actual de las misiones de la Gobernación de Sonora» del 20 de abril y 6 de julio de 1772 respectivamente. ——, Misiones en Sinaloa y Sonora, 1784, Vol. 4, México D. F., Ediciones Culturales del Gobierno de Sinaloa, 1958. Giménez, Enrique, «El obispo alicantino Antonio de los Reyes» en Informaciones, 19-XI-1998. Límites de Sonora, Sinaloa y Californias, 1790, edición y Estudio de Flavio Molin Molina, Hermosillo, México, Talleres de Impresora y Editorial, 1979. O’Conor, Hugo, «Memoria manuscrita presentada al Caballero Teodoro de Croix sobre el estado de los presidios, 1777». Stagg, Albert, The First Bishop of Sonora*. Antonio de los Reyes.*O. F. M., Tucson, University of Arizona Press, 1989. The Almadas and Alamos (1783-1867), Tucson, The University of Arizona Press, 1978.
CRONICA DE NOGALES
ACONTECIMIENTOS DEL 27 DE AGOSTO DE 1918 EN NOGALES, SONORA
Por: Lic. Silvia Raquel García Flores
Según los documentos que he encontrado en el archivo del Ayuntamiento de Nogales y hechos narrados por algunas personas que les tocó vivir en aquella época, los acontecimientos ocurrieron de la siguiente manera:
Eran como las 2.00 P.M. del día 27 de Agosto cuando en la garita principal de la línea divisoria que en aquella época no contaba con un cerco de alambre por lo que la gente pasaba por donde mejor le convenía, un carpintero de nombre Zeferino Gil Lamadrid cruzaba la línea internacional y ya estando del lado mexicano un guardia norteamericano le marcó el alto, como no le hiciera caso, inmediatamente le hizo fuego.
Afortunadamente la bala no dió en el blanco, pero el celador mexicano Francisco Gallegos que se encontraba de guardia en la aduana, viendo lo que había sucedido y creyendo que Gil Lamadrid había muerto, sacó la pistola y disparó matando al guardia agresor.
Los soldados norteamericanos, pertenecientes a un destacamento de tropas que entonces había en Nogales, Arizona, abrieron fuego hacia el lado mexicano, por lo que los celadores de la aduana y algunos ciudadanos proveyéndose de armas y parque lo contestaron, generalizándose un gran combate. Los soldados norteamericanos comenzaron a invadir la ciudad por la Calle Elías a Internacional, así como por la Sandoval y la del Cerro, mientras que los ciudadanos mexicanos tomaban posiciones en los cerros cercanos a la línea divisoria. El Sr. Félix B. Peñalosa, desesperado porque el fuego no se calmaba corrió con una bandera blanca por la Calle Cristóbal Colón pero lejos de lograr calmarlo, fue muerto por las balas enemigas.
Días antes el grueso del ejército que se encontraba en Nogales, había salido al sur del país comandados por el Gral. Arnulfo R. Gómez, en la cjudad habia quedado solo un pequeño número de soldados al mando del Capitán Abasolo quien no queriendo complicar las cosas los acuarteló. Como a las 5:00 P.M. los soldados norteamericanos, todos negros del Fuerte Huachuca que invadían por el lado de la calle Buenos Aires, tuvieron que retirarse, pues la gente subida en los cerros, los acorraló en la cañada de dicha calle. Algunas mujeres se constituyeron en auxiliares de la Cruz Roja ayudando a los heridos, pero los soldados norteamericanos no respetaban.
Para detener el fuego, los señores Cónsules, mexicano y norteamericano, intervinieron en una conferencia que se logró en el puente Bonillas. En este mismo sitio se verificaría un día después la conferencia del entonces gobernador del Estado, el Gral. Plutarco Elías Calles con autoridades norteamericanas.
El Gral. Calles 1legó el día 28 de Agosto en un tren militar con un ejército de soldados yaquis a quienes se les ordenó tomaran lugares estratégicos por si había algunos disturbios. Ese mismo día 28, hubo otro tiroteo como alas 8 de la noche pero sin consecuencias; fue provocado por soldados negros norteamericanos que hicieron fuego contra celadores mexicanos que hacían guardia cerca del cementerio del Rosario, por la calle Internacional.
Según el parte oficial rendido ante la Secretaría de Guerra el lo. de Septiembre de 1918, hubo 13 muertos y 15 heridos mexicanos, la prensa norteamericana dió a conocer 33 bajas entre muertos y heridos. En la reseña no oficial que se hizo después aparecen 13 muertos entre civiles y celadores y 9 heridos. Los nombres de los muertos son: Jorge Villa, Francisco Gallegos, José Ma. Celis, Andrés Ceceña, Mariano Garcia, Ramón Varela, José Valencia, Alejandro R. Contreras, Vicente Gallegos, Ignacio Valencia, Jesús Ramirez, José A. Galván, asi como el Presidente Municipal, Sr. Félix B. Peñalosa.
Los heridos fueron: Francisco Arredondo Suárez, Juan Garcia Galáz, Enrique Aranquere, Manuel Núñez Hernández, Cruz Tapia Alvarado, (enfermera), Roberto F. de la Mora, Basilio Chin, Maria Plascencia de Esquivel y algunos otros cuyos nombres no ha sido posible obtener.
Del acta No. 110 de la Sección del 7 de Septiembre de 1918 firmada por el Presidente Municipal Interino, Nabor Salazar, se tomaron los siguientes acuerdos: Se aprueban los gastos de los Héroes Defensores de la integridad nacional que sucumbieron en la jornada del 27 de Agosto. Se aprueba la colecta de fondos para erigir un monumento a los Héroes del 27 de Agosto, el cálculo hecho por el Arquitecto Francisco González, es de $2,208.00 (Dólares) que fue aprobado por unanimidad.
E1 Periódico Orientación de Hermosillo, Son., del Jueves 29 de Agosto de 1918, ofrece la versión dada por el Capitán Abasolo, Comandante de la guarnición de Nogales, Sonora, en el que relata lo siguiente: “Ayer pasaba del lado americano un mexicano, y un soldado americano sin saber porqué causa hizo fuego sobre él, un celador mexicano al ver ésto mató al soldado, éstos informes fueron dados al Comandante Abasolo por el Señor Tanez, Jefe de Migración. Los americanos abrieron fuego emplazando ametralladoras y disparando sin importar si había mujeres o niños. Me comuniqué por teléfono con el Cónsul Mexicano y Americano y fue Imposible cesar el fuego de ambos lados.
e mandó llamar el Coronel Americano y conferenciamos en el Puente Bonillas, a los cuarenta y cinco minutos, tras muchas súplicas y sacrificios, conseguí que cesara el fuego izándose banderas blancas de ambos lados, después de tres horas y media de combate.
Por fin a las seis cuarenta y cinco de la tarde cesó por completo el fuego, después de dar órdenes estrictas a los soldados para que obrando con la fuerza no permitieran hacer fuego a los civiles. Como alas cuatro y media de la tarde, los soldados americanos invadian nuestro territorio, pero la gente de caballería a las órdenes del Teniente Coronel Buelna, para impedir dicha invasión, se acuarteló en el Hotel Abadié, consiguieron los americanos rechazar a nuestras tropas y tomaron posesión de varias casas cerca del hotel, pero el Teniente Coronel Buelna desplegando bastante audacia consiguió tomar el campamento de tanques y el Pueblo Nuevo.
Bajas según informes del lado americano, son 80 muertos y 70 heridos, de parte de los mexicanos, heridos son: Alejandro Contreras trabajador, Luis F. de Jauregui trabajador, Alberto Vázquez y Miguel Montes soldados, Marcelino Ibarra cabo, Pedro Mendoza civil, Francisco Saf, Juan García civiles, Teniente Apolonio F. Cota y Rafael Bravo, Mujeres: Francisca Castillo, Cruz Alvarado, Niña de tres años Julia Medina. El General Juan Torres avisó que el General Plutarco Elías Calles, Gobernador del Estado, notifica su llegada a Nogales a las 11.00 A.M. La reunión entre el General Calles y altos mandatarios norteamericanos se llevó a cabo a las ocho P.M.”
CONCLUSIONES:
Como se verá, las versiones son diferentes, aunque no difieren mucho una de la otra, pero el decir de personas que vivieron esa época, aseguran que ningún soldado participó en la contienda por no haber tropas en la ciudad como ya se dijo antes, solo había un pequeño destacamento que fue acuartelado, aunque todo aquel que pidió una arma al cuartel le fue concedida para defender la ciudad, por lo que años más tarde un organismo llamado de defensa pidió al Congreso del Estado que Nogales fuera considerada como Heroica por su acción del 27 de Agosto de 1918, lo cual fue concedido.
HOMENAJE EN BAVIACORA AL PROFESOR EDUARDO W. VILLA Por Luis Bojórquez****Baviácora Sonora, Mayo 25 de 1984
En tanto el profesor Armando Quijada Hernández expresó que sería un grave cargo de conciencia histórica que nuestra generación echara por la borda las enseñanzas del profesor Eduardo W. Villa, el doctor Moisés Canale señaló que la incomprensión, la ingratitud, el abandono, el egoísmo y la ceguera de quienes debieron apoyar a tan distinguido maestro sonorense impidieron fomentar desde mucho antes la cultura de nuestro Estado.
NOTA DE LA REACCIÓN. El homenaje al Profr. Villa a que hace alusión esta nota fue organizado por Francisco Bustamante Tapia que aparece en la gáfica de abajo junto al busto que mandó esculpir con el escultor José Balderrama Orduño y que fue develado para la ocasión. Durante un emotivo acto celebrado hoy, el pueblo de Baviácora y las autoridades estatales rindieron un homenaje al ilustre mentor mediante la develación de un busto y la placa correspondiente, declarándolo además “Hijo Distinguido de Baviácora”. La ceremonia fue presidida por el secretario de Gobierno, licenciado Carlos Gámez Fimbres, en representación del gobernador Samuel Ocaña García. En su intervención el profesor Quijada Hernández, a nombre de la Universidad de Sonora, de la Sociedad Sonorense de Historia y de la Dirección General de Cultura del Estado, consideró que sería un grave cargo de conciencia histórica de nuestra generación que por ignorancia, desconfianza, incomprensión, egoísmo o corrupción, perdiéramos la posibilidad de constituir un Estado cuyas bases institucionales están sólidamente construidas. “Un Estado con grandes recursos naturales y valiosos recursos humanos, con muchos retos a vencer, pero con una filosofía política y una vocación nacionalista y revolucionaria, que nos da perfil de pueblo grande”, agregó. Recordó entonces que hace 24 años el profesor Eduardo W. Villa paso a mejor vida, “pero no ha muerto y sigue viviendo en la historia, donde solo viven los que dejan profundas huellas, porque él nos enseño que la vida vale por las obras que realizamos, que la medida del hombre se encuentra en la duración de sus obras y que la inmortalidad es el privilegio de quienes las hacen sobrevivir a los siglos”. Y afirmó que; “Aquel hombre visionario, investigador del pasado y creador de cultura, al dejar su cuerpo bajo la amorosa tierra sonorense elevó su espíritu a las inconmensurables alturas de la eternidad”. Por su parte, a nombre del pueblo de Baviácora, el doctor Moisés Canale, Ex rector de la Universidad de Sonora, señaló que en su brillante trayectoria, el profesor Eduardo W. Villa buscó siempre la verdad en el pasado, decorrió los mantos de falacia en muchos de los pasajes ancestrales de nuestro Estado, y desgarró cubiertas de oropelesca pedantería, y al hacerlo, enseñó con sacerdotal integridad la pobreza de quienes con violencia y sangre intentaron después llamarse prohombres de Sonora. “Murió con don Eduardo un gran hombre, un gran sonorense.
Y digo que su vida se vio prematuramente concluida por el hecho de que al ser infinita en tiempo la obra de los grandes hombres, él apenas iniciaba la suya, que se proyectaba sin límites no obstante su avanzada edad”. Por su interés, reproducimos a continuación el texto integro de la intervención del doctor Moisés Canale.
“Fue mi maestro… fue mi amigo. En un principio maestro mío, siempre le sentí amigo, después, ya amigo mío, seguí sintiéndole maestro. Las mejores lecciones de hombría y entereza me llegaron de él. Hemos escuchado aciertos magníficos de su vivir. Quiero ahora referirme a su muerte, que también lo fue de hombre grande. Semblante de tragedia delinearon las facciones de quienes al haberle conocido, respetado, admirado y querido, se enteraban de la infausta nueva que sobrecogió en asombro primero, y en dolor después, a los que fuimos sus amigos. Se le fue la vida mientras cumplía uno de los más innatos deberes del hombre… cuidar de los hijos. Cronológicamente anciano, jamás su integridad de intelecto y sentimientos se vieron menoscabados por la acción destructora de los años, y al claudicar sus fuerzas en medio de la violenta agonía a que orilló el brutal dolor que ahogó su pecho, ni un gemido se le oyó emitir, lección última de entereza para la hija que sola, lejos, vivía en esos instantes una situación desgarradora: el adiós de su padre en cuyo rostro la muerte iniciaba el dibujo de una serena expresión de descanso, y el vivir de la hermana que debatía en penosa lucha la prolongación de la propia existencia.Muerte ejemplar al ejemplo de padres que ni aún en su última batalla, la de la vida, olvidó un solo instante, en la mas sublime de las acepciones, su sagrada esencia de progenitor. Así murió don Eduardo W. Villa, grande, limpio, consciente, puro, respetable. Muerte la suya que obliga a meditación profunda, vida apagada que invita al recuerdo de su nítida trayectoria. Luchador infatigable por el asentamiento de veraces relaciones humanas, buscó siempre la verdad en el pasado –sus investigaciones históricas-, y en el presente, sus debates admirables llenos de constructiva agresividad. Descorrió mantos de falacia de los pasajes ancestrales de nuestro Estado, en cuya historia no han faltado advenedizos que con ella trataron de hacer gloria. Desgarró cubiertas de propelesca pedantería, y al hacerlo, enseñó con sacerdotal integridad la podredumbre de quienes con violencia y sangre intentaron después llamarse prohombres de Sonora. Y fue naturalmente expulsado y hasta perseguido. Era de esperarse, pues quienes medran al abrigo de falsedades se vuelven susceptibles al contacto de la verdad. Pero don Eduardo, al vivir siempre en un plano muy superior y por ende permanecer su naturaleza inmune a agresiones intrascendentes, se refugió hermosamente en su límpida pobreza de bienes y en su enorme riqueza de sentimientos nobles, de integridad intelectual, de inconmovible y acrisolada rectitud. Y siguió produciendo la certera literatura que le valió sin discusión el ser reconocido como el mejor historiador del noroeste de la República y del sur de Occidente de Estados Unidos. Nadie como él, gracias a un tesonero esfuerzo personal, realizó tan intricados y exhaustivos sondeos en el análisis histórico regional, investigaciones todas ellas que aportaron datos de gran valor en muchos de los hechos pasados de nuestra entidad y de las regiones que la circunscriben. En ello están de acuerdo historiadores de la talla de Vito Alessio Robles, José Vasconcelos, Joseph Schalarmann, para nombrar tan sólo unos cuantos. Su laboriosidad constante e infatigable estudio están testimoniados en su original biblioteca. No es esta la colección masiva de volúmenes de quien ostenta saber. Es una biblioteca pequeña plena de cotejos interesantísimos, de libros cuya constante lectura llevó a muchos a desencuadernarse, de folletos que despiden aroma vetusto, de documentos inéditos en los que trabajaba hasta los días en que su vida se vio prematuramente concluida. Murió don Eduardo, un gran hombre, un gran sonorense. Y digo que su vida se vio prematuramente concluida por el hecho de que al ser infinita en tiempo la obra de los grandes hombres, él apenas iniciaba la suya, que se proyectaba sin límites no obstante su ya avanzada edad. Hubiera llegado muy lejos en el amplio horizonte de su trabajo, dada la brillantez y claridad de intelecto y las excepcionales cualidades humanas que de continuo abonaron su espíritu. Pero la incomprensión, la ingratitud, el abandono, el egotismo y la ceguera de quienes debieron haberle apoyado, no para favorecerle a él, que los grandes no necesitan favores, si no para fomentar desde mucho antes la cultura de nuestro Estado, le negaron su respaldo, lo ignoraron y hasta lo acosaron. Un ejemplo mas de los muchos que han habido y habrá después, de quienes se marean o embrutecen cuando el destino les deja en manos una limosna de poder. Ya lo dijo Toynbee: “Siempre hemos sido débiles y tontos”.}Y cuando le vimos sereno, impasible, como resultado del abrazo que esa muerte prematura le diera, reflexionamos que en él nada había cambiado, pues siempre fue un hombre tranquilo y bueno. Y pensamos así mismo que el adiós a la vida que dan los grandes de espíritu no implica más que una simple lejanía de presencia, que la muerte en ellos no es concebible: Siguen vivas las repercusiones inmortales que entregó generosamente como fruto; hoy, al recordarle, evocamos esa supervivencia que la vida concede solo a los espíritus privilegiados: MURIO EL HOMBRE” . LUTO GENERAL POR LA MUERTE DE EDUARDO W. VILLA Domingo 30 de Octubre de 196 0****El ImparcialHermosillo y el Estado entero de Sonora, se conmovieron al conocerse hoy la infausta noticia del fallecimiento del profesor don Eduardo W. Villa, ocurrido ayer a las 12 horas en la ciudad de México, D. D. F. donde se hallaba acompañando a su hija Lupita, quien precisamente hoy fue sometida a una delicadísima operación quirúrgica. El profesor Villa, considerado como el historiador sonorense prolífico, tuvo a la vez una brillante carrera como educador y se distinguió como periodista, habiendo publicado miles de artículos en su mayoría relacionados con su especialidad: la Historia de Sonora, del Noroeste de México y el Suroeste de los Estados Unidos. De acuerdo con las escasas informaciones recibidas hasta hoy, la muerte del profesor Villa fue instantánea y si bien se había quejado de fuertes dolores en el pecho ayer en la mañana, nunca se creyó que fuera algo grave y mucho menos que tuviera un desenlace fatal. Lo acompañaba en la capital en la casa de Balio No. 233 donde se alojaba otra de sus hijas, Alicia, quien comunicó la terrible noticia a su tercera hermana, la joven señora Ana Luisa Villa de Cossío que permaneció en esta capital. Hoy en la mañana se dijo que los restos mortales del profesor Villa serán trasladados a Hermosillo por ferrocarril, debiendo llegar a esta el miércoles por la noche para recibir cristiana sepultura. UNA VIDA ACTIVA Y DE GRAN CONTENIDO CIVICONació el profesor don Eduardo W. Villa en Baviácora Sonora el 26 de octubre de 1888, hijo de don Rómulo Villa y su esposa doña María Jesús Romero de Villa, por lo que, al morir tenía 72 años de edad. Hizo sus primero estudios en la población de su nacimiento trasladándose luego a Ures, Sonora, en cuyo famosos Colegio se tituló como profesor de Educación Primaria el 12 de julio de 1907. Cursó estudios posteriores en Los Ángeles California, dominando el idioma inglés. En su carrera magisterial ascendió desde maestro de banquillo hasta director de las escuelas primarias de Arizpe, Ures, Baviácora y Banámichi. De 1939 a 1940 fue Secretario de la Dirección General de Educación Pública del Estado y de 1941 a 1942 fue Director General de Educación, habiendo desarrollado una labor que se recuerda aún como ejemplo de esfuerzo constante y progreso. Fue director del Departamento de Investigaciones Históricas que a su iniciativa se fundó en 1936, habiendo permanecido en ese cargo hasta 1944, jubilándose como maestro y entregándose desde entonces con mayor ardor a sus investigaciones históricas. PRODUCCION BIBLIOGRAFICA Entre sus diversas obras bibliográficas, destacan: “Sonora Heroico”, “Tres Pasajes Históricos” (1936), “Educadores Sonorenses”. (Biografías 1937), “Compendio de Historia de Sonora” (1938), “Albúm de las Bodas de Plata del Excmo, Sr. Obispo de Sonora, doctor don Juan Navarrete y Guerrero” (1944), con fotografías y biografías de los obispos sonorenses, “Galería de Sonorenses Ilustres” (1938) y la segunda edición de su “Compendio de Historia de Sonora”(1951). Fue también el profesor Villa catedrático fundador de la Universidad de Sonora, traductor oficial y director de la Escuela Secundaria del Colegio Regis en esta capital. Su producción periodística es amplísima e incluye todos los temas. Desde 1927, cuando empezó a escribir en “La Raza” de don Gabriel Monteverde y “La Razón” de don Ignacio Pesqueira, hasta 1960, cuando escribía con periodicidad para varios periódicos y revistas. Desde hace varios años formaba parte del cuerpo de colaboradores de EL IMPARCIAL, en cuyas páginas aparecieron semana tras semana en los últimos doce meses sus artículos póstumos. Su última colaboración que fue una breve carta sobre el proyecto del Instituto Cardiológico fue publicada en este diario hace unos cuantos días. En esta casa editorial se lamenta sinceramente la muerte del distinguido intelectual sonorense, y se le llora con el mismo dolor en la redacción donde tenía a todos por amigos que en la administración, donde sus inquietudes se expresaron igualmente en los talleres con cuyos obreros dialogaba en sus frecuentes visitas a PERIODICOS HEALY. ¡Qué descanse en Paz el ameritado maestro y gran amigo y que el Cielo envíe cristiana resignación a sus deudos!
CAMPAÑA ANTICHINA EN CANANEA En un folleto reciente sobre el “Centenario de la huelga de Cananea” publicado por Militante (una tendencia que se reclama como “marxista” en el seno del PRD burgués), se cita un informe según el cual la Unión Liberal Humanidad habría circulado un volante que decía “Execración sin igual, que un mexicano valga menos que un yankee, que un negro o un chino, en el mismo suelo mexicano. Esto se debe al pésimo gobierno que da las ventajas a los aventureros con menoscabo de los verdaderos dueños de esta desafortunada tierra.” Lo curioso es que Militante no hace el menor comentario sobre el contenido del volante, implicando de alguna manera que aprueba su contenido. ¿Por qué? Porque esta muestra de repulsivo racismo antinegro y antichino, se presenta en ropaje nacionalista. De este modo corresponde con la versión oficial de la historia de la huelga de Cananea, que la presenta como el primer acto de un levantamiento nacionalista. La verdad, en cambio, es que el justificado resentimiento por la opresión nacional de los mineros mexicanos estuvo acompañado (como demostramos en el artículo sobre esa histórica huelga) por sentimientos anticapitalistas e internacionalistas. ¿Cómo se explica, entonces, este volante? Parece tratarse de una coincidencia entre el racismo antichino propiciado por el Partido Liberal Mexicano (PLM) y Ricardo Flores Magón, por una parte, y los odios sociales de los pequeños comerciantes que constituían buena parte de los miembros de la Unión Liberal Humanidad, afiliada local del PLM. Manuel Diéguez, uno de los dos dirigentes de la ULH, resentía las restricciones al “libre comercio” impuestas por la tienda de raya de la CCCC, pero también enfrentaba la competencia de tenderos chinos. Esa animadversión xenófoba pequeñoburguesa bien podría haber influido a las capas plebeyas, de igual forma que en otras latitudes el odio hacia el comerciante judío fue azuzado por elementos fascistas. Esto también ocurrió en México: a finales de los años 20, se formó en Sinaloa una Liga Antichina y Antijudía que vituperaba contra “el trabajo absorbente de perniciosas razas foráneas”. Pero, ¿el PLM? Uno de los clichés más ampliamente reproducidos por la ideología oficial en México, es el de que Ricardo Flores Magón y su Partido Liberal Mexicano representaron una versión nacional de un movimiento de corte anarcosindicalista, que se habría basado en la pujante aunque incipiente clase obrera mexicana. La verdad, sin embargo, es que no obstante haber sido influenciado por el anarcosindicalismo, sobre todo durante el exilio estadounidense de los hermanos Flores Magón, el PLM tuvo desde sus orígenes una muy fuerte raigambre entre elementos de la pequeña burguesía comerciante. Originalmente, la política del PLM se presentó explícitamente como la continuación de la política liberal de Benito Juárez. No es casualidad, en consecuencia, que en toda una serie de aspectos el partido de Flores Magón reflejara el punto de vista de la burguesía mexicana. En su programa político publicado en 1906, el Partido Liberal Mexicano reproduce los prejuicios antichinos más asquerosos. Sin el menor empacho, los magonistas esparcieron veneno racista propio de la ideología burguesa. El PLM se pronunciaba por la proscripción de la migración china en los siguientes términos: “La prohibición de la inmigración china, es, ante todo, una medida de protección a los trabajadores de otras nacionalidades, principalmente a los mexicanos. El chino, dispuesto por lo general a trabajar con el más bajo salario, sumiso, mezquino en aspiraciones, es un gran obstáculo para la prosperidad de otros trabajadores. Su competencia es funesta, y hay que evitarla en México. En general, la inmigración china no produce a México el menor beneficio.” La reproducción de esta basura burguesa no se circunscribió al terreno “abstracto” de los programas, sino que tuvo expresión directa en las luchas dirigidas por el sector claramente pequeño burgués del PLM. Es un hecho que los ataques antichinos fueron más o menos comunes en las zonas mineras de Sonora en la primera década del siglo XX. Según un estudio de Gerardo Rénique sobre “Racismo antichino, nacionalismo y formación del estado en el México pos revolucionario”*, “El mayor número de ataques [contra la población china] se verificó en las regiones de Sonora que habían resultado más favorecidas por la expansión económica porfiriana: las minas localizadas en las regiones norteñas del estado, así como las localidades ubicadas en los valles del Yaqui y del Mayo en la parte sur del estado.” En estas condiciones, el PLM no sólo no se pronunció por la defensa de la población china bajo ataque, sino que se unió a sus linchadores. Para lavar esta terrible mancha en la historia del PLM, muchos historiadores han citado el hecho de que en su programa de 1909 la “cláusula antichina” fue eliminada. Más tarde, Flores Magón reconoció que la burguesía cultiva con fervor las divisiones raciales entre los trabajadores para mejor mantenerlos bajo control. También se opuso a la Primera Guerra Mundial imperialista, condenó la idea de “la patria” y escribió artículos a favor de la Revolución Rusa. Sin embargo, no hay ninguna crítica explícita de lo dicho en el programa de 1906. Y no se trata de declaraciones puramente “verbales” que no habrían tenido efectos concretos. Por el contrario, los ataques en contra de la población china, incluidos los asesinatos masivos, fueron bastante comunes antes, durante y después de la Revolución Mexicana de 1910-1917. A guisa de ejemplo, en mayo de 1911, tropas maderistas asesinaron a 303 chinos desarmados en el estado de Coahuila. Según la investigación oficial, la matanza había sido resultado del “odio racial” sembrado por los terratenientes y burgueses maderistas. Rénique relata que en los años 20, hubo unos 200 comités antichinos y ligas nacionalistas en los estados norteños. Estos comités recibieron el cobijo de los rancheros sonorenses Álvaro Obregón y el líder máximo, Plutarco Elías Calles, que hicieron abortar la Revolución Mexicana y establecieron sobre sus cenizas el régimen del PRI-gobierno. Durante el maximato los grupos racistas fueron respaldados por el gobierno callista nacional con un discurso agresivo contra los “chineros”, que sólo combatió el Partido Comunista. En el caso de Sonora, la xenofobia antichina se expresó con leyes que prohibieron el matrimonio entre mujeres mexicanas e “individuos chinos, aún si son naturalizados mexicanos”. Culminó en los años 30 con la expulsión del estado de casi la totalidad de población de origen chino –varios miles en total– auspiciada oficialmente por el gobernador Fernando Elías, un aliado de Calles, quien fue proclamado “general en jefe del antichinismo”. Elías incluso formó “brigadas rurales” para rastrear “prófugos” chinos, quienes en muchos casos se escondían con amigos o simpatizantes mexicanos. En el priato se consolidó la ideología burguesa de una supuesta “identidad nacional” que haría iguales a los explotados y explotadores mexicanos, en oposición a los trabajadores de otras nacionalidades. Sus alabanzas al “mestizaje”, una mezcla de racismo blanco con un “indigenismo” oficial que sirve para hundir a los pueblos indígenas en una “nación mexicana”, mantienen y justifican la opresión racista sufrida por los indígenas y justificar la exclusión racial de las poblaciones negra, china y de las provenientes de Medio Oriente. Hoy en día, diversos grupos que se reclaman como socialistas siguen encubriendo los lados oscuros del PLM, cuya ideología prefiguró la del PRI. De esta manera reproducen los clichés de la historia oficial, pues al igual que Flores Magón a principios del siglo XX, estos pretendidos revolucionarios adoptan una óptica nacionalista que a fin de cuentas implica buscar una “solución” en el marco del capitalismo.
* Gerardo Rénique, “Anti-Chinese Racism, Nationalism and State Formation in Post-Revolutionary Mexico”, Political Power and Social Theory, Vol. 14 (2000) [en inglés]
EL VERDADERO PADRE KINO Por Fernando Pesqueira El problema que se presenta al biógrafo del P. Kino es el de resumir en pocas palabras una vida tan llena de tantas y tan variadas actividades. Fue no solo gran misionero y constructor de iglesias, sino también gran explorador y ganadero, cartógrafo, matemático, etcétera. La ocupación de la California por los jesuitas fue efecto inmediato de la estancia allí de Kino y de su constante empeño; de él tuvo el fundador de aquellas misiones, P. Salvatierra, la inspiración y el aliento para llevarlas a cabo. Kino fue quien, directa o indirectamente, estableció de uno y otro lado de la frontera Arizona-Sonora las misiones de los Ríos Magdalena, Altar, Sonoita y Santa Cruz. A Kino se le debe la detallada exploración y el mapa exacto de toda la Pimería Alta, nombre que entonces se daba al sur de Arizona y norte de Sonora. Mirando sólo a la extensión, su obra de explorador fue sorprendente. Durante sus 24 años de residencia en la Misión de los Dolores, de 1687 a 1711 hizo más de cincuenta expediciones tierra adentro, un promedio de más de dos por año, a distancias que variaban entre cien y casi mil millas. Todas ellas las hizo a silla de caballo. Cruzó y volvió a cruzar en diferentes sentidos las doscientas millas de desiertos que hay entre el Magdalena y el Gila y las doscientas cincuenta entre el San Pedro y el Colorado. Cuando él los abrió, estos derroteros no habían sido hollados por el pie de ningún hombre civilizado o habían sido del todo olvidados. Los trazó a través de regiones habitadas por tribus desconocidas que pudieron, aunque afortunadamente no lo hicieron, atentar contra su vida y que, muchas veces, acobardaron el valor de sus compañeros. Una de sus rutas atravesaba un infranqueable y árido páramo que fue, años adelante, el cementerio de no pocas caravanas que por él se arrojaron sin las precauciones del gran misionero. Hablo del “Camino del Diablo” de Sonoita al río Gila. Ponía el P. Kino en llevar adelante estas expediciones una energía y atrevimiento casi increíbles. Empresas son estas de un hombre de acción, grandes y dignas de un manejador de hombres. Pero, además, hallaba Kino tiempo para escribir. T iempo atrás, los historiadores han conocido y hojeado un diario, tres relaciones, dos o tres cartas y un mapa famoso obra de Kino, informes importantísimos para la historia de los territorios en que trabajaba. Su mapa, publicado en 1705, fue el primero de la Pimería basado en sus exploraciones. Durante cien años no hubo otro que lo superara. Más he aquí que sale del polvo de los archivos de México un trabajo mucho más importante, una historia completa escrita por el mismo Kino en su Misioncita de Dolores abarcando casi toda su carrera en América. Lo conocieron y usaron los primitivos historiadores jesuitas pero había quedado sepultado y olvidado hasta el siglo XX. Se ve por él que de allí sacaron prácticamente todo lo que se sabía de Kino, y de sus compañeros, pero también otras muchas cosas que se callaron. Kino fue pues no solo el primer gran misionero, ganadero, explorador y geógrafo de la Pimería Alta, sino que su libro fue el primero y será siempre el principal documento histórico de aquel país durante el cuarto de siglo que lo vio recorrer sus llanuras. En extremo difícil nos es a nosotros los hombres del siglo XX penetrar el alcance del ideal que inspiraba y guiaba a los primeros misioneros de nuestro sudoeste. Podemos comprender como un hombre se lanza a trabajar en tierras vírgenes por las riquezas que encierran, que se horaden los montes para extraer el oro de las entrañas, que se extiendan a nivel, sobre o debajo de ellas, caminos de acero para multiplicar o transportar los tesoros, que se construyan gigantescas presas para hacer florecer los desiertos, que se aplique la ciencia a la agricultura para sacar dos cultivos donde la naturaleza solo da para uno. Explicamos y aprobamos toda esta serie de esfuerzos que se hacen para explotar las riquezas de un país sin industrias y hacerle habitable y agradable al hombre civilizado, pero es casi un misterio el afán que en el siglo XVI trajo a nuestro sudoeste los primeros pregones de la civilización europea, esos pardos franciscanos y negros jesuitas. Paso a paso y una tras otras en los siglos XVI, XVII y XVIII las diferentes tribus de América del Norte fueron por ellos traídas a la Fe y puestas en contacto con la civilización europea. En los dominios de España los Franciscanos Dominicos y Jesuitas trabajaban mano a mano en el Gran Valle de México y en la Mesa Central; fuera de ella los Franciscanos se dedicaron especialmente a los Indios de Florida, Nuevo México y Texas; los Jesuistas fueron los apóstoles de Sinaloa, Sonora, Arizona y Baja California. Después de su expulsión a mediados del siglo XVIII, ocuparon su lugar los Franciscanos y los Dominicos. Las Misiones Franciscanas de la Alta California, última avanzada del extenso imperio español, adquirieron fama universal. Por el lado del Norte los Jesuitas franceses conquistaron a la Fe el Canadá y el Valle de Mississippi, mientras en Sudamérica los Españoles y Portugueses llevaban a cabo hazañas de no menos fuste y grandeza. Hombre de este temple fue Eusebio Francisco Kino, apóstol de los Pimas; Eusebio Chino (Quino) había nacido en Segno, pueblecito cercano a la famosa ciudad de Trento en el Norte de Italia. No se ha podido determinar la fecha exacta de su nacimiento pero se sabe que fue bautizado el 10 de agosto de 1645. Es curioso notar que su venida al mundo casi coincidió con la de su íntimo amigo y paisano, su compañero de fatigas y el apóstol de la Baja California, Juan María Salvatierra. La familia de Kino aún numerosa en Segno, lleva ahora el apellido de Chini. Él, que en su principio firmaba Chino o en latín Chinus, en América escribió Kino para conservar la pronunciación italiana, aunque los españoles escriben a veces Quino. Nombre es este que se presta a reparos. En español Chino es un habitante de la China; en México, además, es una especie de mulato. Esto explica que el Padre lo cambiara por Kino. Pero esto no termina el pleito. En inglés, Kino suena como Keno, un juego de suerte hoy muy en boga en los vapores transatlánticos; en alemán es cinematógrafo. De allí una nueva reclamación desde Italia de parte de la familia del misionero para escribir Chini, porque Kino trae demasiado Hollywood a la memoria. Pero el gran misionero determinó por sí mismo la ortografía de su nombre en América y yo debo respetar su preferencia. Kino es una gallarda muestra de los muchos misioneros Jesuitas extranjeros que en un principio vinieron a evangelizar las regiones de Sonora, Arizona y California. Aunque al servicio de España, no era español ni por su sangre ni por su educación. Entre sus compañeros y sucesores hallamos los nombres de Salvatierra, Picolo Minutill y Ripadini que revelan origen italinao; Steiger, Keler, Sedelmayr, Grashofer claramente alemanes y Januske y Hostiniski, checos. De quererlo, Kino hubiera podido gozar en Europa de fama literaria pues durante su carrera en Friburgo e Ingolstadt se había acreditado de buen matemático. Cuando el Duque de Baviera y su padre, el Elector, volvieron de la Corte electoral de Munich a Ingosltadt en 1676, entablaron con Kino una discusión sobre matemáticas que dio por resultado la elección del joven jesuita para la cátedra de dichas ciencias en la Universidad de Ingolstadt; prefirió no obstante la carrera de misionero en tierras paganas. A ella le inclinaba una tradición de familia; contaba entre su parentela al P. Martini, famoso misionero del lejano Oriente y autor de muchos libros sobre China. Su resolución la tomó a la edad de 18 años según refiere en sus Favores Celestiales con motivo de una grave enfermedad que padeció. “Todos debemos mucho, dice, al gloriosísimo y piadosísimo Apóstol de las Indias; yo en particular, le debo, primero mi vida que me la devolvió cuando todos los médicos desesperaban de ella en la ciudad de Hala, en Tirol, el año de 1663; segundo, mi entrada en la Compañía de Jesús en 1665; y tercero, mi venida a las Misiones”. Muestra de gratitud por su alivio a aquel Santo fue el agregar desde entonces su nombre al de Eusebio. El primer campo misional del P. Kino en América fue la Baja California. Durante dos siglos y medio habían estado los Españoles haciendo tentativas para colonizar aquella ingrata tierra. H abíala descubierto uno de los ayudantes de Cortés el año de 1533. Dos años después el gran conquistador en persona llevó colonos a la Península que se creía ser isla, y la llamó Santa Cruz. Fracasó la empresa pero Cortés continuó sus exploraciones y Ulloa, enviado por él en 1539, dio vuelta al cabo y afirmó que era península tomando desde entonces el nombre de California. Tres años más tarde exploró Cabrillo la costa occidental más allá del cabo Mendocino en busca del famoso estrecho de Anián que todo el mundo suponía comunicar con el Atlántico. La conquista de Filipinas por Legazpi (1565-1571) vino a dar nuevo interés a la cuestión de California, y de hecho en el siglo XVI dicha península tenía más relaciones con Manila que con México. Una vez hallada por la gente de Legazpi la ruta de Filipinas a Acapulco, un poco abajo de California, por allí empezó el galeón de Manila a traer a la América el comercio del extremo oriente. Pero el viaje era largo, el escorbuto hacía estragos en la tripulación y se sentía la necesidad de una escala en puerto seguro. Por otra parte, los piratas ingleses como Drake y Cavendish infestaban el Pacífico sin hablar de los filibusteros holandeses llamados Pichilingues que pirateaban los mismos mares. Era pues preciso explorar la California, fortificarla y poblarla. Con esta mira Carmeño había hecho un desastroso viaje California adentro; con la misma, Vizcaíno había intentado colonizar La Paz y explorado la costa exterior; en fin, a este propósito obedecía la orden del Rey de fundar Monterrey. Falló el proyecto de Monterey, pero las fundaciones de pueblos y de misiones iban caminando al norte de la tierra firme de Sinaloa y Sonora, al mismo tiempo que la pesca de perlas atraía de nuevo la atención de los colonizadores. Para ahorrar gastos, los reyes trataron de sufragar con los Derechos de pesca de perlas los gastos de la fundación de pueblos futuros y de su defensa. Se hicieron, pues, en el transcurso del siglo XVII numerosos contratos con aventureros particulares. En los mismos, se estipulaba en cambio del monopolio de las perlas, la condición de poblar la California. Con cada expedición iban misioneros con la intención de convertirlo o de amenazar a los indios. En conformidad, hubo varias intentonas de poblar La Paz, donde Cortés y Vizcaíno habían fracasado. Otras expediciones iban a costa del Real Erario. Los nombres de Carbonel, Córdoba, Ortega, Porter, Piñadero y Lucenilla señalan, en el siglo XVII otras tantas malogradas tentativas de colonizar California. Los naturales de la Península, tratables en un principio, por los abusos de los buscadores de perlas que, contra la voluntad real los esclavizaban y abusaban de ellos, se volvieron recelosos y hostiles como a su costa lo experimentaban los últimos llegados. Debido a equivocados informes y a exploraciones incompletas durante el curso de este siglo, la California había vuelto a creerse y a figurar como isla en los mapas. A pesar de tantos descalabros, se decidió tentar de nuevo la fortuna. En diciembre de 1678, encargó el Virrey la empresa a Don Isidro Atondo y Antillón. Los misioneros la harían suya y los gastos correrían a cargo de la Corona. Don Isidro llevó el retumbante Título de Gobernador de Sinaloa y Almirante del Reino de California Los Misioneros escogidos fueron los Jesuitas. Esta vez los profetas anunciaron mejores días para la tierra de perlas. Mientras Atondo preparaba su expedición, llegó Kino a México y fue nombrado, con el P. Matías Goñi, misionero de California. Reconocidos sus conocimientos matemáticos, lo nombró el Virrey Real Cosmógrafo, es decir, astrónomo, agrimensor y geógrafo de la expedición. Antes de partir de México, Kino se informó con cuidado de todos los datos que a la fecha se tenían en la capital sobre la geografía de California, registrando a este fin el archivo del Virreinato y del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. Como se esperaba que el almirante se haría a la vela por el otoño de 1681, salió Kino a tiempo de la capital y el 15 de noviembre, de paso por Guadalajara, recibió del obispo el título de Vicario suyo en la California. Como Atondo construía sus barcos en el pueblo de Nio sobre el Río de Sinaloa, tomó Kino este rumbo y allí lo hallamos en marzo de 1682. Una cuestión de jurisdicción eclesiástica sobre la California entre los obispos de Guadalajara y de Durango vino a perturbarle por aquellos días. Siendo Vicario del de Guadalajara, parece que, por las dudas, había solicitado otro título semejante del prelado de Durango. Sería o no sería esta la razón por la cual el P. Antonio Suárez fue ahora hecho Superior de la Misión, pero así fue. Resultado de este incidente fue que Kino tuvo que renunciar a su comisión de parte del obispo de Durango y que el Virrey decidió la cuestión en favor del Obispo de Guadalajara. El 5 de diciembre los barcos habían dejado el Río Sinaloa y se hallaban aprovisionando en Chacala donde los PP Suárez, Kino y Goñi se hallaban listos para el viaje. Con todo, P. Suárez no fue a California y Kino quedó de superior. Finalmente el 17 de enero de 1683 la flota se hizo a la vela. La travesía fue trabajosa, la tripulación era inexperta y las corrientes llevaron al barco al puerto de Mazatlán. A los dos meses abordaron de nuevo al río Sinaloa donde tomaron nuevos bastimentos. Salidos de allí, cruzaron el golfo y arribaron a la costa junto a La Paz lugar de tantos descalabros. El primero de abril se echaron anclas y se leyó una proclama que requería el buen trato de indios y regulaba la explotación de los metales preciosos y de las perlas, los dos principales objetos de la expedición. Al día siguiente se escogió el lugar del real y se plantó una cruz al lado de una hermosa palmera y de buen ojo de agua. El cinco desembarcaron todos, el estandarte real desplegado, la artillería lanzó salvas, se echaron tres vivas al Rey Carlos II y el almirante tomó posesión en nombre del Rey de la que llamó Provincia de la Santísima Trinidad. A su vez, Kino tomó posesión de la tierra en nombre de la autoridad eclesiástica. Se empezó inmediatamente la construcción del fuerte; una iglesia y casa de madera fueron levantadas en el cerco. Mientras se enviaba la lancha “Concepción” por provisiones al Río Yaqui, Atondo y Kino exploraron los contornos. Los indios de los alrededores, tímidos al principio, se hicieron pronto amigos y los PP Kino y Goñi empezaron a aprender sus lenguas. Pero esta amistad no duró pues en julio empezaron las hostilidades. Los soldados pronto se acobardaron y pidieron abandonar el campo: “Esta visto -dice el P. Venegas- que no eran de la raza y calibre de aquellos exploradores que años atrás habían conquistado la América”. Como la lancha “Concepción” tardaba en volver y las provisiones empezaron a escasear, cedió Atondo y el 14 de julio levó anclas el San José con todos los españoles a bordo. La Bahía de La Paz había vuelto a ser la Bahía de la Guerra. Pasó Atondo a reponerse al Río Fuerte (Sinaloa) con la intención de hacer otra tentativa más al norte, donde se decía ser las tierras y los indios de mejor condición. Zarpó de nuevo y el 6 de octubre tomó tierra con los misioneros y su gente, en la llamada Bahía de San Bruno, pocas leguas al norte del actual Loreto. Mientras se estableció allí envió el San José a tierra firme para buscar provisiones y reclutas y despechar correo al Virrey. Y aquí empieza para nuestros misioneros en estos desiertos sedientos sembrados de enormes cactus un nuevo capítulo de su famosa carrera. Los pormenores de la vida diaria en San Bruno desde el 21 de diciembre de 1683 al 8 de mayo de 1684 se pueden seguir en el detallado diario que llevó el P. Kino y se conservó original para nosotros en el archivo de México. Empieza con la relación de una exploración al oeste por el P. Kino y el Alférez Contreras a la Sierra Giganta, la principal ocupación de esta pequeña avanzada de la civilización consistía en proveerse de comida, abrigo, defensa y en mirar por la conversión de los naturales. Los indios trabajaban con docilidad y de buena gana en la construcción del fuerte, de las casas y de la Iglesia, y traían los escasos alimentos que proporcionaba la pobre tierra. El diario de Kino nos presenta una cabal pintura del verdadero misionero, entregado en cuerpo y alma a la conversión y civilización de los naturales y para quien ningún pormenor era despreciable si contribuía al fin principal de su misión. Era como un artista o un literato cuyo trabajo parecería una intolerable menudencia para los para los profanos. Kino miraba a estos pobres naturales como a sus propios hijos, los amaba con verdadero cariño y estaba en todo tiempo dispuesto a servirles en sus necesidades materiales y a defenderlos contra los falsos cargos que les hacían o los malos tratos que les daban. Gozaba con las muestras de amistad que veía en ellos y no perdía ocasión de notar cualquiera indicación de su buen entendimiento. Se deleitaba en instruirlos y en satisfacer su pueril curiosidad frente a sus compases, su cuadrante solar, sus lentes que prendía fuego y las señales de sus mapas. La primera tarea del misionero es ganar la confianza de los naturales y sabía que el camino más directo era el de su estómago. Siempre que visitaba algún pueblo fuera, llevaba maíz, pinole y otros comestibles para el primer indio que encontraba. Cuando venían a verle en el real, también los obsequiaba con los mismos regalos. Una vez ganado su corazón le solían dejar sus niños quedando su choza literalmente inundada de ellos hasta entrada la noche. Así podía empezar a enseñarles el español, a usar la ropa precisa, a rezar las oraciones, cantar y hacer algún trabajo doméstico. Sus preferencias iban siempre a los jovencitos y cada vez que salía a alguna expedición, lo solían seguir tropas de niños corriendo a su lado al paso de la cabalgadura y gritando si los dejaba atrás. Más de una vez se le vio con uno o más de estos muchachos montados triunfantes detrás de él en ancas. Cuenta con fruición cómo uno de éstos que vivía en la Misión resistió a los esfuerzos de sus padres que se lo querían llevar pidiendo a gritos socorro a su Padre Eusebio. A veces, como sucede a todos los misioneros de gentiles, no hallaba modo de expresar en el primitivo lenguaje de los indios, los conceptos de religión cristiana. Es conocida la curiosa manera como les explicó la resurrección reviviendo ante ellos una mosca aparentemente muerta. Cuando admirados exclamaron “Ibimu Buegite”, Kino había hallado el término propio que buscaba. Por fin , el 10 de agosto el San Juan estaba de regresó trayendo veinte nuevos soldados, provisiones y despachos del Virrey. Vino también con él el P. Juan Bautista Copart y en sus manos el 15 hizo el P. Kino su profesión de cuatro votos. Se proyectó una extensa exploración a través de los montes mientras, durante el otoño, el San José iba y venia al río Yaqui trayendo caballos, mulas y provisiones. En la primera de estas idas, 29 de agosto a 25 de septiembre, el P. Kino acompañó al Capitán Andrés y consiguió alguna ayuda de los misioneros, especialmente del P. Cervantes de Torin. En el viaje siguiente tomó su lugar el P. Goñi. Entre tanto se había fundado una nueva misión en California en el lugar que se llamó San Isidro, junto a un abundante ojo de agua pocas leguas, tierra adentro de San Bruno. La expedición a través de los montes se había proyectado para diciembre, pero cuando estuvo listo, los soldados se rehusaron a marchar. La sequía de aquel año había hecho estragos no solo en California sino también en el continente y las provisiones escaseaban. La Concepción lo mismo que la lancha, no aparecían y no quedaba para resguardo más que un barquichuelo que iba a partir para México. Sin embargo, para Kino los clamores de los cobardes no servían mas que para poner de manifiesto su optimismo, que era una de sus más sobresalientes cualidades y en sus cartas al Virrey hace caso omiso de las negras profecías de los descontentos. El San José se hizo a la mar el 14 de diciembre llevando al P. Copart cuya estancia en California fue forzosamente corta; el mismo día se hallaba Atondo en San Isidro listo para emprender con el P. Kino, 29 soldados, guías indígenas y 18 mulas y caballos su expedición por los montes. Durante un mes atravesaron la Península hasta el Mar del Sur 36 grados de latitud, hallando el P. Kino en la playa aquellas conchas azules que quince años más tarde habían de guiar sus empresas. Con los desengaños crecían las quejas de los soldados y no hubo optimismo capaz de dominarlas. En la junta del 7 de mayo de 1685, Atondo, sus hombres y los misioneros determinaron abandonar la empresa y sus esperanzas de una nueva cristiandad en San Bruno. Mientras Kino y el Capitán Guzmán tomaban el rumbo del Norte, en busca de un sitio mejor, Atondo y Goñi se entretuvieron en pescar perlas en las islas del golfo. E stuvo Kino varios días en la Costa de Sonora entre los Seris, que le pidieron se quedara con ellos. De vuelta a Matancehl, se hallaron con orden del Virrey de ir a proteger el Galeón de Manila, amenazado por algunos Piratas. Halláronlo y volvieron sin novedad a Acapulco. De allí pasaron a México. Aquí, después de muchas largas, se les notificó la triste noticia de que por falta de fondos se suspendía la conversión de la Península. Así acabó esta empresa que diez años más tarde habrían de resucitar los P. Kino y Salvatierra. Aquí empieza el P. Kino en sus Favores Celestiales a referir la serie detallada de su carrera en América. Tan pronto como se convenció de la dilación en la conquista de la California, pidió y obtuvo permiso para ir a Guaymas, y dedicarse a la conversión de los Seris con los cuales había tratado en sus diversos viajes a Sonora. Dejando la capital el 20 de noviembre de 1686, fue a Guadalajara donde alcanzó especiales privilegios de la Audiencia. Salió de allí el 16 de diciembre y llegó a Sonora a principios de 1687, siendo destinado no a Guaymas, como lo habría deseado, sino a la Pimería Alta. Al fin había llegado a la escena donde había de desarrollar su brillante carrera. C omprendía la Pimería Alta todo lo que es ahora Norte de Sonora y Sur de Arizona. Se extendía desde el Río Altar en Sonora hasta el Gila y desde el Río de San Pedro hasta el Golfo de California. A la fecha, todo ello estaba comprendido bajo el dominio de la Nueva Vizcaya; más tarde se aplicó a Sonora hasta que el llamado (1854) Gadsden Purchaie recortó la parte septentrional para la Federación Americana. Kino halló la Pimería Alta ocupada por las diferentes tribus de los Pimas. La principal era la de los Pimas propiamente dichos que vivían en los valles de los ríos Gila y Salado, especialmente en el lugar que ocupa ahora la Pima Reservation. Los valles del San Pedro y del Santa Cruz eran habitados por los Sobaypuris a la fecha extintos, si no es que conservan algo de su sangre los actuales Pimas y Pápagos. Al poniente de los Sobaypuris en cada lado de la frontera, vivían los Pápagos o como decían entonces los españoles los “Papabotas”. Al noreste de la línea septentrional a lo largo de los ríos Gila y Colorado en su parte inferior, habitaban diferentes tribus yumas como Yumas Cocomaricopas, Cocopas y Quiquimeas. Todo este grupo hablaba el Yuma, entonces como ahora, del todo distinto al Pima. Cuando Kino hizo sus primeras incursiones río abajo de los valles de San Pedro y Santa Cruz, halló en ellos 10 o 12 pueblos poblados por unas dos mil almas el primero y dos mil quinientas el segundo. En ambos vivían de la agricultura, cultivando de riego algodón para su vestido; maíz, frijoles, calabazas, melones y trigo para su alimento. Los Pápágos eran más atrasados que los Pimas y Sobaypuris, pero en Sonoita al menos, tenían canales y diques para el riego de sus campos. Los Yumas también cultivaban el suelo pero parece que no usaban la irrigación artificial. Mucho más notables que las acequias, todavía en uso cuando llegaron los españoles, eran los restos de muchas millas de acueductos y extensas ruinas de ciudades largo tiempo atrás abandonadas cuya construcción atribuyen ahora los eruditos a los antecesores de los Pimas. Llegó el Padre Kino a la Pimería Alta en marzo de 1687 y sin perder un día emprendió su tarea de explorador, apóstol y fundador de misiones que había de durar menos un año, un cuarto de siglo. A su arribo la misión más froteriza era Cucurpe (“en donde cantó la Paloma”), en el Valle que ahora tiene el nombre de San Miguel. Cucurpe es todavía un graciosos pueblo mexicano dormido a la sombra de las montañas de Cerro Prieto y habitado por los descendientes de indígenes Euteves que ahí vivían cuando llegó Kino. Al Este en Nueva Vizcaya existían ya los importantes reales o minas de San Juan y de Bacanuchi y al sur numerosas misiones, ranchos y minerales; pero más allá en la Pimería Alta todo era territorio desconocido donde navegaban libres de todo yugo los Pimas Altos. A la orilla de esta tierra virgen, quince millas arriba de Cucurpe, fundó Kino sobre el Río San Miguel en el pueblo indio de Cosari su famosa Misión de Nuestra Señora de los Dolores. No podía escoger lugar más apropiado ni más hermoso. Se ha dicho que los misioneros siempre situaban sus misiones en los lugares más fértiles de su territorio. Es verdad, pero es más instructivo dar la razón de ello. Y es que los indios mismos solían vivir y fijar su morada en los más hermosos y fértiles valles a la orilla de un río. Cerca de dicho pueblo indio de Cosari, el Río San Miguel se escapa de una estrecha cañada cuyas paredes se levantan a varios centenares de pies. De un lado a otro del cañón se ensancha el valle y da campo a ricas vegas que se pueden regar y se extienden media milla de cada lado y varias a lo largo. Al Este cierra el Valle de la Sierra de Santa Teresa y al oeste la de Torreón. E l Cerro Prieto por abajo oculta Cucurpe mientras la mole escabrosa de la Sierra Azul impide la vista al norte. A la boca del cañon por donde sale el río, se destaca la mesa occidental que sólo por el oeste es accesible. En este promontorio protegido en tres de sus lados por su elevación y que ofrece una espléndida vista, se había levantado La Misión de los Dolores. Allí están todavía sus ruinas mirando el valle arriba y abajo, y a la muralla de sus montañas al Este y al Oeste, al Norte y al Sur, oyendo el murmullo de la catarata que sale de la garganta del cañón. Poco es lo que queda de la vieja Misión; una pared de adobe y un motón de escombros son los únicos testigos de la que fue la más venerable fundación del Norte de Sonora y de Arizona, pues fue la matriz de todas las demás y por casi un cuarto de siglo la morada del famoso misionero que las levantó todas. Desde su avanzada de los Dolores, durante 25 años Kino y sus compañeros ensanchaban la frontera de las misiones y de las exploraciones a través de la Pimería Alta hasta los ríos Colorado y Gila. En 1695 Kino había ya establecido una cadena de misiones a lo largo de los ríos Altar y Magdalena. En abril de 1700 fundó en el actual Estado de Arizona la misión de San Javier del Bac y los años siguientes las de Tumacári y Guebavi. Convertía aún sus correrías de explorador en misiones ambulantes bautizando y enseñando la doctrina en numerosos pueblos de indios río arriba y río abajo del Gila, en la parte interior del Colorado y en cada rincón de la Pimería Alta. Después de fundadas, Kino dejaba a otros el cuidado inmediato de muchas de estas misiones o las atendía personalmente de tiempo en tiempo. Tres de ellas sin embargo, Dolores, Remedios y Cocóspera al Norte en el mismo río San Miguel las fundó, cultivó y administró más de asiento. Al principio, al fin y siempre fue Kino un verdadero misionero. Todo el tiempo que le dejaban sus correrías a través de la Pimería lo consagraba a enseñar a sus neófitos a construir iglesias y a mejorar los productivos ranchos que tenía cerca. La relación de la fundación de sus misiones ocupa largo espacio en sus detallados apuntes. Por ellos se pudo seguir paso a paso el desarrollo de su Misión de Dolores desde que se puso la primera piedra de la Iglesia hasta su dedicación. Llegado allí a mitad de marzo de 1687, antes de fines de abril con la ayuda de los naturales ya tenía lista su capilla para el culto y su casita propia. En junio presentaba el pueblo el aspecto de un hormiguero “donde con todo gusto y buena voluntad” los naturales “hacían adobes, puertas, ventanas, etcétera de una buena casa e iglesia para sustituir las provisionales”. Acababan de llegar de México las campanas. Su arribo fue un acontecimiento; y “ahora, dice Kino, las colocamos en la capillita que hicimos al principio. Los naturales gustan mucho de oír sus toques nunca oídos por estas tierras. Gústanles mucho también las pinturas y otros ornamentos sagrados”. Pasaron seis años antes de que pudiera dedicar la nueva iglesia pero llegado el tiempo, toda la Pimería se puso de fiesta. Acudieron de todos los contornos españoles de calidad, Jesuitas y particulares. “También vinieron muchísimos Pimas del Norte y del Oeste”. Regocijando el corazón del misionero y dando color local a la brillante ceremonia. Tenemos una preciosa descripción de Dolores escrita dos años más tarde por el mismo Kino. El lugar, bajo su mágico impulso, se había transformado en templo, huerta, hacienda, ganadería, todo junto: “Esta Misión tiene su iglesia bien provista de ornamentos, campanas, cantores, etcétera. También gran cantidad de ganado mayor y menor, bueyes, labranza, huerta con diferentes clases de verduras, árboles frutales de Castilla, uva, duraznos, membrillos, higos, granadas, peras y albericoques. Los herreros tienen su fragua, el carpintero su taller, los arrieros sus arreos, los cosecheros su molino de agua, varias clases de semillas, abundantes cosechas de trigo y de maíz, y otras muchas sin hablar de la cría de caballos y mulas que no poco se necesitan para el uso de la Misión y las nuevas expediciones y conquistas y para comprar regalos con qué atraer, ayudando con la gracia de Dios como es costumbre, a los naturales y ganar sus almas”. Para administrar tan vasto establecimiento, Kino había organizado todo un cuerpo de oficiales indígenas, civiles, educativos e industriales: “En Dolores -sigue diciendo-, además de los jueces, capitán, gobernador, alcalde fiscal mayor, alguacil, maestros de capilla y de escuela y mayordomos de la casa hay vaqueros, boyeros, panaderos, hortelanos y pintores”. Las Iglesias de Remedios y de Cocóspera tardaron en levantarse hasta 1702. A la fecha arremetió con todo empeño su perfeccionamiento. Para llevarlo a cabo, nos dice, juntó “maíz, trigo, ganado y ropa, objetos de tienda como tejidos, mantas y otros artefactos que es la moneda que sirve mejor en estas tierras nuevas para los trabajadores, carpinteros, oficiales, comandantes, capitanes y oficiales”. Para vigas y armazones de las iglesias el incansable misionero hacía rotar pinos y acarrearlos desde los montes vecinos. Para conseguir la necesaria herramienta iba personalmente a comprarla a las poblaciones de Sonora. Para trabajar en los edificios invitaba a los indios de todas las tribus y vinieron dice, “de mucho más lejos de lo que había pedido, especialmente del Bac”. Las lomas de Remedios y de Cocóspera empezaron a resonar al son del martillo y de la sierra. Se hicieron adobes, subieron las paredes, se cubrieron los techos de tejas. Entretanto, trazaba verdaderos surcos con la pezuña de su caballo yendo y viniendo para ordenar y dirigir la febril colmena: “procuré todo el año (1703), escribe, ir casi cada semana a los tres pueblos para cuidar de lo temporal y de lo espiritual y dirigir la construcción de ambas iglesias”. Es decir cada semana cabalgaba por Remedios a Cocóspera y volvía a Dolores; unas cien millas cabales. Los trabajadores necesitaban comida y vestido. Durante las obras de las dos iglesias comieron 500 bueyes y 500 fanegas de trigo. Para cubrir su desnudez, gasto Kino $3,000 pesos, una suma que ahora equivaldría a muchos miles. Su recua no paraba yendo y viniendo a las ciudades y minas de Sonora llevando al sur costales de harina, maíz, manteca, sebo y trayendo al norte las preciosas mercancías que necesitaba para las construcciones. Hay que perdonar al padre Kino si se ufanaba algo de sus iglesias. El P. Leal clasificaba la Iglesia de los Dolores entre las mejores de Sonora; pero las de Remedios y de Cocóspera eran mejores: “Cada una -nos dice Kino- tenía una capilla del apóstol de las Indias y cada capilla hubiera costado $10,000 si no fuera por la generosidad de estos nuevos cristianos. Una de las preocupaciones más insistentes para Kino después de 1699 fue el descubrimiento de un camino por tierra a California. Desde los días de Cortés y de Cabrillo, habían corrido muchas diferentes ideas con respecto a la geografía de aquel país que unos miraban como península y otros como isla. En la Universidad de Indolstadt, el P. Aygentler le había enseñado a Kino que era Península y en esta firme creencia había éste venido a la América; pero cediendo a la opinión corriente y a algunas observaciones propias había dejado la idea y aún en 1689 describía a California como la “más grande isla del mundo”. Empero durante su viaje en 1699 al Gila ocurrió un incidente que le hizo tornar a su primera teoría de Península. Fue el regalo que hicieron en la junta del río Yuma de unas conchas azules como las que había visto en 1685 en la costa del Pacífico de California, y sólo allí. Si las conchas habían venido a manos de los Yumas del mar del Sur, discurría, debe haber una comunicación por tierra a California y al Océano por el país de los Yumas. Acababa Kino de suspender la construcción del barco que había emprendido en Caborca y Dolores para la navegación del Golfo. Dirigió ahora todos sus esfuerzos a averiguar la procedencia de las famosas conchas. Hizo para ello en 1700 el viaje a San Javier y allí convocó a indios de cien millas a la redonda y en largas pláticas nocturnas supo que solo del mar del Sur podían conseguirse las conchas azules. Fue este convencimiento la inspiración de sus siguientes viajes. E l propio año de 1700 llegó a la junta del Yuma y supo que estaba a corta distancia de la punta del Golfo, lo que confirmó su idea de la península. Al año siguiente volvió al mismo sitio por el Camino del Diablo, siguió un tanto el curso del Colorado y pasó al lado de California sentado en un canasto remolcado por una balsa. Finalmente, en 1702 logró triunfar volviendo a la junta del Yuma bajando del Colorado hasta el Golfo y vio salir el sol en su extremidad. Satisfecho de haber demostrado la posibilidad de un paso por tierra a California, desechó la idea de ser la California y escribió en son de triunfo: “California no es isla sino península”. Para juzgar en su verdadero mérito esta hazaña, hemos de recordar los escasos medios de que disponían y la poca ayuda de los que lo acompañaban. No lo animaban ni le guardaban las espaldas centenares de jinetes, ni gran acompañamiento de indios amigos como le sucedió a De Soto y Coronado. Al contrario, excepto en dos ocasiones fue casi sin soldados y más de una vez sin un sólo blanco. En la expedición que hizo al Gila en 1697 le acompañó el Lugarteniente Manje y el Capitán Bernal con 22 soldados. En 1701 fue Manje con diez. Las otras veces solo iban él, Manje o el Capitán Carrasco. Una vez fue el P. Gil con Manje; otra, dos sacerdotes con dos particulares. En su última gran exploración al Gila había un sólo blanco en la comitiva, en las de 1694, 1700 y 1701 penetró al Gila sin más alma viviente que sus indios. Pero solía ir bien provisto de caballos y mulas de sus ranchos llevando a veces hasta 50, 60, 80, 90 y aún 130 cabezas, parte para servir de posta y parte para dejarlos en pueblos de indios como núcleo de cría para sostenimiento de alguna nueva misión que tenían en mente. La labor que hizo Kino como ranchero o ganadero bastaría por sí sola para calificarle entre los grandes hombres de negocios dignos de memoria. Fue sin la menor duda el rey de los ganaderos de su tiempo y de su país. C on el pequeño núcleo que le proporcionaron del Este y del Sur otras misiones ya formadas, a los quince años estableció sus primeros ranchos ganaderos en los valles del Magdalena, del Altar, de Santa Cruz, del San Pedro y de Sonoita. Casi veinte criaderos modernos de ganado deben en gran parte sus principios a este hombre infatigable. Y no hay que pensar que lo hacía por su propio provecho, pues no tenía la propiedad de una sola cabeza. Lo hacía para proveer de alimentos a los indios de las misiones que fundaba y pensaba fundar y para dar a las misiones una base de prosperidad económica y de independencia. Sería imposible bajar a detalles en un escrito de la naturaleza del nuestro, pero algunos hechos son necesarios para dar cabal idea de su obra. Muchos datos naturalmente no se apuntaban, pero los que tenemos a la vista nos informan que, por sí o por su orden inmediata, tenían criaderos formados en Dolores, Caborca, Tubutama, San Ignacio, Imuris, Magdalena, Quiburi, Tumacácori, Cocóspera, San Javier del Bac, Bacoancos, Guebavi, Síbota, Búsanic, Sonoita, Sáric, Santa Bárbara y Santa Eulalia. Típica muestra del empuje económico del P. Kino nos ofrece una carta del P. Saeta en que le da gracias por el regalo de ciento quince cabezas de ganado mayor y otras tantas de menor para los principios de un rancho en Caborca. En 1699 estableció otro en Sonoita con el tirple propósito de proveer aquella pequeña misión, de proporcionar alimentos a los misioneros de California si por acaso llegaban a aquel lugar y como base de provisiones para las exploraciones que esperaba y de hecho emprendió hacia los Yumas y Cocomaricopas, de quienes había oído hablar estando en el Gila. Cuando se fundó la misión de San Javier en 1700, Kino acorraló 1400 cabezas de su propio rancho de Dolores y las dividió en dos partidas iguales y mandó una de ellas a su Mayoral del Bac donde se construían los necesarios corrales. No solo surtía sus propias misiones, sino también las de la desierta California y el año de 1700 sacó de sus propios ranchos 700 cabezas y las envió a través del golfo al P. Salvatierra hasta Loreto y se cuentan otros hechos parecidos a éste. No hay que olvidar que Kino para administrar su ganancias se valía de la labor de los indios casi sin ayuda de blanco alguno. Buena muestra de su sistema y de las dificultades que ofrecía se halla en la fundación del importante rancho de Tumacácori, en Arizona. El ganado vacuno y lanar que Kino mandó llevar cien millas adentro de Caborca, fue llevado por el propio indio que había matado al P. Saeta. H abía siempre el peligro de que los indios de la Misión se revelaran y se llevaran las bestias como lo hicieron en 1695, y el peligro más inmediato de los bárbaros Apaches, Janos y Jácomes que a este daño añadirían la matanza de la gente. Para los Pimas Kino era el gran padre blanco. Lo querían, él los quería y estaban dispuestos a morir uno por otro. Se agrupaban en su torno como atraídos por un imán. Del Noreste, Este, Noroeste y Oeste surcaban senderos que llevaban a la puerta del misionero que los hechizaba. Caciques y guerreros venían a asistir a sus asambleas a tomar parte en sus fiestas religiosas, a bautizarse, a ver las siembras, las cosechas, sus herraderos. Tenían un afán pueril de dar a Kino gusto en cada uno de sus deseos. ¿Mostraba interés en las conchas azules?. De ahí en adelante cada delegación una tras otra, acudía del distante Colorado con tal número de conchas que hacían de la misión un museo de ellas. El atractivo e influencia casi hipnótica que ejercía sobre los Pimas lo hicieron naturalmente el protector y guardían de la frontera de Sonora. Cuando oyeron en 1697 que tenían orden de volver a California protestaron los españoles y soldados declarando que para la seguridad de la frontera valía más la presencia del P. Kino que un presidio entero. La peor peste de Sonora eran las incursiones de los indios salvajes. Año por año los apaches, jacomes, y otros atacaban y pillaban los pueblos cristianos. El apache apetecía la carne de caballo y sabía donde hallarlos. Las vacas, ovejas y cabras no le gustaban menos. Sonora era un país ganadero y los apaches lo ponían a contribución. Lo peor era que sus rapiñas iban de ordinario acompañadas con muertes a sangre fría de pacíficos ciudadanos. A veces los sonorenses atribuían estos crímenes a los Pimas, pero los tales tenían al punto que vérselas con el P. Kino que resentía en lo íntimo de su ser la tal acusación y la rechazaba con la pluma con toda la fuerza de su vigoroso espíritu. La calumnia era por lo común evidente, pues los Apaches aborrecían no menos a los Pimas que a los Españoles como se veía año tras año en las luchas que tenían entre sí en los puntos limítrofes del valle de San Pedro. Los Pimas eran valientes guerreros y cada golpe que asestaban a sus enemigos aprovechaba tanto a ellos como a los españoles. Llegado Kino, los sonorenses casi nada emprendían sin contar con los Pimas. Cuando organizaban los soldados una expedición contra los Apaches pedían una leva de Pimas y ésto sólo Kino lo podía hacer con gusto de ellos. Al punto enviaba mensajeros a los Jefes de los pueblos citando el lugar y la fecha de la junta. Pero no paraba en esto; tenía costumbre de regalar terneras para sus indios y aún para los soldados durante la campaña. El cacique de los Sobaypuris del Este y gran amigo de Kino era el capitán “Coro”, así llamado por el estruendo de su voz. Más de una vez se había enfrentado con sus valientes indios a los Apaches y no pocas había prevenido sus incursiones. No perdía Kino ocasión de valerse de tales casos para probar la lealtad de los Pimas y rebatir los falsos cargos que se les hacían. Un ejemplo relatado por Kino bastará para nuestro propósito. Cierto día de marzo de 1693 cayeron los Apaches en masa sobre la plaza de Quiburi. Con inusitada caballerosidad consintieron los Jefes en arreglar el pleito en un desafío diez contra diez de cada campo: Capotari al frente de diez Apaches y Coro de diez pimas. En la puntería los contrincantes iban a la par, pero en la destreza para defenderse de las flechas con sus escudos los aventajaban los Pimas. Tras una encarnizada lucha, nueve apaches fueron derribados por tierra. Cayó luego Capotari y su cabeza fue magullada por las piedras. La turba de apaches -contados por centenares-, arrancaron a huir perseguidos por Coro y sus Pimas. Fue una gran derrota. Varias leguas la tierra quedaron sembradas de cadáveres de apaches muertos o moribundos; las mujeres y los niños fueron cautivos y hechos esclavos. A Coro se debió esta gran victoria; inmediatamente mandó la noticia al P. Kino; pronto apareció en las lomas de Dolores el mensajero llevaba una larga vara llena de incisiones que representaba cada cabeza de un apache muerto. Kino a su vez lanzaba voceadores a todos los pueblos de Sonora para llevar la gran noticia. Pero no faltaron incrédulos: “el cuento está exagerado”, “los aliados solos no pueden triunfar así”: ¡era el desafío al campeón de los Pimas!. Al punto monta Kino su mejor caballo, toma un compañero y galopa cien y más millas al noreste donde se libró la batalla y con testigos tomados cuenta los cadáveres sembrados en el desierto. “Vimos y contamos cincuenta y cuatro cuerpos a poca distancia, dice, treinta y uno de hombres y veintitrés de mujeres. Los naturales nos regalaron varios despojos que trajimos con nosotros, entre ellos un arcabuz, pólvora y balas, una chaqueta de cuero, pieles de búfalo y de venado, arcos y flechas y cabelleras de enemigos muertos”. Costó trabajo, pero los Pimas de Kino quedaron vindicados. C orrió la noticia, se tocaron repiques en las iglesias de Sonora, cundió el júbilo y Kino vio llover cartas de encomio. Coro y sus valientes recibieron el premio prometido pero Kino fue el héroe del día. El valor, energía y fortaleza de ánimo del P. Kino no solo son manifiestos en sus exploraciones de tierras vírgenes, o en su labor de amansar salvajes, sino también en muchos episodios particulares de su vida. Los meses de marzo y abril de 1695 se levantaron en armas los indios y martirizaron al padre Saeta en Caborca. Allí en Tubutama mataron a siete sirvientes de misiones. En Caborca, Tubutama, Imuris, San Ignacio y Magdalena, es decir, toda la exaltación de los valles de Altar y de Magdalena, quemaron iglesias, casas, mataron o desparramaron al ganado. El misionero de Tubutama se escapó por los montes a Cucurpe. Al ser atacado San Ignacio por centenares de guerreros, el P. Campos buscó el mismo refugio protegido a cada lado por dos soldados. En Dolores el P. Kino, el Lugarteniente Manje y tres españoles esperaban la matanza. Un indio puesto en centinela en los montes viendo la humareda en San Ignacio corrió a Dolores con la noticia de haber sido muerto el P.Campos con todos su soldados. Manje voló a Opodepe en busca de auxilio; los tres españoles de Bacanuchi huyeron a su casa y dejaron sólo al P. Kino. Vuelto Manje al otro día, escondieron los tesoros de la Iglesia en una cueva pero a pesar de las amenazas de los soldados que querían huir, Kino se empeñó en esperar la muerte en la Misión. Quiso Dios que no les fuera mal. La mejor prueba de modestia de esta alma verdaderamente grande es que en su Diario no habla ni una palabra de este trágico suceso. Pero Manje, que tuvo la flaqueza o la prudencia de querer escaparse, tuvo siguiera el valor y la generosidad de dejar el recuerdo del heroísmo del Padre y de sus propios temores. En 1701 hizo Kino su primera exploración a la parte inferior del Río Colorado, la primera que se había intentado de un siglo; no lo acompañaba más que un español. Luego que se apartaron de la tierra de los Yumas y entraron en la de los Quiquimbas, el español nos dice Kino en su diario “al ver tal número de indios desconocidos y tales indios eran unos gigantes se espantó y corrío y no se le vió más”. Pero el misionero dejado sólo, en vez de volver atrás despachó aviso de que estaba sin novedad, siguió dos días río abajo, cruzó el Colorado guiado por estos forzudos y mal encarados Yumas, y recorrió aquel territorio que no había pisado ningún blanco desde 1540. Tal vez no corría verdadero peligro, pero al menos la situación pareció demasiado arriesgada para los nervios de su compañero. ¿Y cuál era el carácter personal del P. Kino a los ojos de los que le conocieron íntimamente? ¿Era tieso, duro y adaptado por naturaleza a la tosca y dura vida de las fronteras?. No conozco de él ningún retrato hecho con luz solar o con pincel, pero por fortuna tenemos una pintura trazada por la pluma del que le acompañó los últimos ocho años y fue su sucesor en Dolores. El P. Velarde nos dice que Kino era modesto, humilde, asceta de agradable trato, del tipo medieval, educado por su valiosa carrera religiosa en el completo olvido de su propio valer. No me sorprendería hallar que, como Fray Junípero Serra, era tan delgado de cuerpo como de bella alma. “Permitidme -dice Velarde-, agregar lo que observé los 8 años que fui su compañero. Su plática preferida era sobre los nombres de Jesús y de María y sobre los gentiles por cuya conversión no cesaba de elevar a Dios incesantes plegarias. Lloraba al rezar su breviario. Le encantaban la vida de los Santos cuyas virtudes nos predicaba. Se encendía en ira cuando reprendía a algún pecador, pero cuando alguno le faltaba a él personalmente dominaba tan bien su genio que tenía hábito de alabar a cualquiera que lo trataba mal de palabra, obra o escrito… y si lo hacían en su cara, echaba los brazos al ofensor diciendo: ‘usted es y ha sido siempre mi más querido amigo’, aun cuando no tuviera ninguna inclinación hacia él. Luego tal vez se iría a postrar a los pies de su Divino Maestro y de su Dolorosa Madre, en cuyo templo iba a orar cien veces al día. No usaba vino más que para decir misa, su almohada eran los sudaderos de los caballos, su cama una piel res y sus cobertores dos frazadas de indios. No tenía más que dos camisas de tela corriente; todo lo demás lo daba de limosna a sus indios. Era manso con los demás y cruel para sí. Cuando lo aquejaban sus fiebres, se curaba ayunando 6 días no levantándose más que para decir misa. Con solo debilitar la naturaleza dominaba la calentura”. ¿Quién no se admirará de que un hombre de este temple pudiera sobrellevar sin la menor dificultad los arduos trabajos de sus exploraciones? Kino murió a la edad de 66 años en Magdalena, una de las misiones por él fundadas. Aún lo acompañaba el P. Campos que fue su colaborador durante 18 años. Velarde describe así los últimos momentos: “Murió Kino en 1711, después de 24 años de gloriosa labor en la Pimería que recorrió enteramente en 40 expediciones haciendo el trabajo de dos celosos operarios. Murió casi de 70 años con la extrema humildad y pobreza en la que había vivido. Su ropa de cama fue la misma que usaba en Dolores, ni se desvistió para morir… ni pidió cosa alguna al P. Campos. Falleció en la casa de éste donde había ido a dedicar una capilla en honor de San Miguel. Mientras cantaba la misa de dedicación se sintió indispuesto y parece que el gran Apóstol de las Indias de quien había sido siempre muy devoto, lo llamaba para que, sepultado en su capilla, lo acompañara como creemos en la gloria”. Bien pudiera aplicarse a Kino las palabras que el elocuente escritor John Fiske refiere a Las Casas, el gran protector de los indios: “Al contemplar tal vida todas las palabras de alabanza son débiles e inútiles. El historiador puede solo inclinarse con respeto delante de tal figura. Cuando de tarde en tarde en el discurso de los siglos manda la providencia de Dios tales hombres al mundo, su memoria debe conservarse con cariño por la humanidad como la más preciosa y sagrada de sus preseas. Para los pensamientos, las palabras, las hazañas de tal personaje, no hay muerte que valga; la esfera de su influencia se va ensanchando para siempre… retoñan, florecen y llevan fruto de un siglo a otro”. Fernando Pesqueira, publicado en El Imparcial, Hermosillo Sonora, México, mayo de 1945.
SOBRE EL PADRE KINO Por Saturnino Campoy (Esta síntesis biográfica ha sido publicada en Cananea en forma de folleto por la Biblioteca “Padre Kino” (1945) de aquel mineral, institución de cultura que fundó el actual Presidente Municipal Dr. Jesús González y G. Tiene prólogo del señor Saturnino Campoy de amplio prestigio en las letras sonorenses. Hemos resuelto reproducir esta valiosa obra porque creemos necesaria la difusión entre el pueblo, especialmente en el elemento escolar, del conocimiento y comprensión de vidas y obras como la del Padre Kino, de quien, como ya hemos dicho en otras ocasiones, Sonora no tiene monumento alguno que en forma material perpetúe su memoria). PRÓLOGO (Por Saturnino Campoy)Eusebio Francisco Kino es uno de los personajes que vinculados con la historia de Sonora; merece como muy pocos la admiración y gratitud de un pueblo. Pero para explicar el porqué de que la admiración del pueblo de Sonora no haya pagado a tan ilustre varón todo el tributo que merece, deben tenerse en cuenta diversas razones. En primer lugar, el P. Kino escribió sus obras en una época en la que la mayor parte de estos manuscritos servían a un propósito que no era propiamente la divulgación de los conocimientos adquiridos ni de las conquistas realizadas. Aquella finalidad las desvió siempre de la publicidad de que debieron haber sido objeto, y muchos, por no decir todos los trabajos del P.Kino permanecieron por muchos años refundidos en los archivos eclesiásticos o particulares de donde algunos de ellos pasaron después a formar parte del contingente monográfico de varias bibliotecas, algunas de ellas europeas. Al leer las obras que sobre las provincias de Sonora y Sinaloa, Arizona y de la California escribió con tan prolijos detalles durante su permanencia en esta región, trasciende a cada paso en el curso de sus interesantes relatos que la finalidad del escritor se hacía consistir fundamentalmente: Primero, en llenar de la mejor manera posible la misión apostólica que le había sido confiada y que consistía en lograr la conversión de la mayor parte de los indios aborígenes a la religión cristiana. Segundo, en predicar y difundir con una fe inquebrantable las reglas de la moral cristiana, suavizando paulatinamente las asperezas de las costumbres y hábitos sociales de las tribus aborígenes. Tercero, en impartir a las mismas, simultáneamente, enseñanzas y conocimientos de aplicación práctica que mejoraran las condiciones de vida primitiva y de abandono de los indios que se aglomeraban en sus rancherías. Al lado de cada Misión constituida en la iglesia edificada, sirvió desde luego al propósito puramente religioso, pero su actividad incansable desplegada entre los pueblos que poco a poco fueron quedando bajo su influencia, cumplió propósitos profundamente humanos porque el indio autóctono halló en él al maestro que lo iniciara en las primeras artes; y con el mismo ahínco con que enseñara a mejorar las siembras e introdujo el cultivo de hortalizas, etc., organizó también con éxito lisonjero la cría de ganado vacuno, cabrío, etc, de tal manera que su afán constructivo o de organización trascendía notoriamente a los pueblos circunvecinos que poco a poco pasaban a formar parte de su esfera de acción. La intensidad y el éxito de sus trabajos en este sentido solo puede justipreciarse cuando leemos la forma tan efectiva en que en varias ocasiones acudió en auxilio de los “Guaymas” y hasta de los más remotos y apartados “Chinipas”, e inclusive de las misiones de la Baja California. Pero, decíamos antes, el P. Kino dio a sus obras el carácter de simples informes que con su estilo y ordenación cronológica resultaban sumamente interesantes. Aquellas consideraciones pueden explicar posiblemente porqué por espacio de dos centurias fue casi completamente ignorado por un alto porcentaje de nuestro pueblo. En 1910, con motivo de la celebración del primer centenario de nuestra independencia, el Gobierno de México recibió, entre otras cosas a guisa de obsequio, uno de los manuscritos más importantes del P. Kino que es el que tituló: “Favores Celestiales de Jesús y de María Santísima y del Gloriosísimo Apóstol de los Indios San Francisco Javier, Experimentados en las Nuevas Conquistas y Nuevas Conversiones del Nuevo Reino de la Nueva Navarra de esta América Septentrional Incógnita, y Pasa por Tierra a la California en 35 Grados de Altura” que dedicó “A la R. Mag. De Felipo V. Mui Católico Rey y Gran Monarca de las Españas y de las Indias”, obra que había permanecido inédita en los anaqueles de varias bibliotecas. Nuestro gobierno tuvo el acierto de mandar editarla respetando su ortografía y compaginación, y aún cuando la edición no fue quizás tan profusa como hubiera sido deseable, vino a llenar un vacío en los anales sonorenses y a traernos una valiosa información sobre cosas y acontecimientos de nuestro Otra de las cualidades indiscutibles del P. Kino fueron siempre una gran modestia y su inmenso apego a la verdad. En sus obras, el lector menos observador descubre en él inmediatamente estas dotes que constituyen la base angular de sus características espirituales. Su abnegación, su espíritu de sacrificio, su ternura, su benevolencia e indulgencia especialmente para con los humildes y por otra parte su entereza y valentía para afrontar las más serias vicisitudes y peligros, sin más armas que las de su fe y aquellas prendas morales, dan tal vez la clave que lo condujo a realizar sus grandes proezas con una sencillez y rectitud admirables. Al mismo tiempo fue un sabio y sus discusiones y trabajos que formuló sobre astronomía como cartógrafo, matemático, etc, que le valieron entonces merecidos elogios hacen hoy que resalten más por eso mismo las cualidades morales a que antes nos referimos a las que se sumaron su ingenio y una gran dosis de buen humor. En algunas partes de sus obras esto es tan evidente que no puede uno menos que reír de buena gana ante la forma de que se valió ingeniosamente para comentar y describir acontecimientos que habría sido bien difícil o inconveniente para él haber escrito de otra manera. Hoy que en un rincón del Estado de Sonora se erige una biblioteca pública que se consagra a honrar la memoria de un hombre tan ilustre como el P. Eusebio Francisco Kino, debe caberle al pueblo de Cananea la satisfacción de haber sido uno de los primeros en cumplir de la mejor manera con este deber. Justo es que al lado de hombres como un Fray Bartolomé de las Casas, de un Hidalgo y de un Morelos, y de muchos otros que en los movimientos liberales de México no encontraron incompatibilidad entre el ejercicio de su profesión y la labor de redención social que valientemente se impusieron, aparezca también el P. Kino porque su nombre se halla estrechamente vinculado con la historia de Sonora, y hasta podríamos decir con cierto timbre de orgullo, que lo están también algunas de sus virtudes con las cualidades características de nuestro pueblo. Creo sinceramente que no será este el último homenaje que se rendirá en Sonora al P. Kino, porque merece incuestionablemente muchos tributos más de admiración que deberán serle rendidos en el futuro. Por ahora, ya que la biblioteca pública de Cananea ostenta su nombre y se publica con tal motivo esta pequeña síntesis biográfica todo bajo la iniciativa del señor Doctor Jesús González G., Presidente Muncipal, con aplauso de quienes vemos en ello una acto de justicia, es de esperarse que contribuya eficazmente en las escuelas a que los niños conozcan mejor el historial del biografiado y de sus cualidades morales tengan también alguna influencia provechosa en ellos, que son los hombres del mañana. Un deber elemental de los pueblos y de los hombres cultos ha sido y tendrá que seguir siendo siempre “rendir honor a quien honor merece”: Saturnino Campoy, mayo de 1945.
| TEATRO CIRILO RAMIREZ DE NOGALES |
Por unos días don Cirilo Ramírez visito la población de Nogales para acompañar a su hija Eloisa que habría de contraer matrimonio con el señor Mascareñas. Salieron a recibirlo a la estación de Ferrocarril, no sabían si como político, como gobernante o como escritor pues don Cirilo había ocupados los puestos de Secretario de gobierno con el General Ignacio Pesqueira, le tocó ocupar la primera magistratura del Estado por breves días en noviembre de 1882, y fue por muchos años redactor del periódico oficial “La Estrella de Occidente”. Le agradó tanto la vida en la frontera dado a que los dos Nogales eran una sola ciudad, y se recibía todos los beneficios del otro lado como energía electricidad, etcétera. Así que no opuso mucha resistencia cuando si hija lo convenció de que se quedara por mucho más tiempo, compenetrándose de la población en donde gracias a la reputación de hombre de bien y gran talento se granjeó muchos y buenos amigos. Eran los tiempos del gran desarrollo industrial cuyas ventajas trajo el ferrocarril, así los días en la población a veces eran aburridos, ideando en agradecer a Nogales su hospitalidad la construcción y de su propio peculio de un gran teatro al que llamaría “Teatro Cirilo Ramírez”. Este una vez concluido, según escribió el periodista Francisco García y Alba, “honra en general a la simpática población fronteriza y en particular al opulento caballero que lo construyó y le dio su nombre”. En 1906 se concluyó el “Teatro Cirilo Ramírez”, catalogado el mejor del Estado en que los habitantes de los dos Nogales solían recrearse con operetas bien montadas. El edificio en pleno centro de la naciente población fue fabricado sin escatimar recursos tomando como modelo el gentil estilo Luís XVI lo más fiel posible. Embelezaba al asistente las delicadísimas figuras de aquel aristocrático estilo. La ornamentación de los techos del cielo era de hierro con relieves perfectamente bien acabados, artísticamente embellecidos con material fabricados en Chicago y denominado Tribus Plástica, material que con el mismo buen gusto manejaron los artesanos mexicanos. El lujo, la riqueza y el arte de este suntuoso salón lucía maravilloso con la magnífica instalación de 225 lámparas incandescentes, unas 16 bujías y otras de 32, siendo cuatro las corrientes que formaban la instalación dando hermosos efectos de luz, desde las más tenues hasta las más esplendentes tonalidades. El servicio de maquinaria era enteramente moderno y su decorado artístico y lujoso se debió a la mano y a la inspiración del reputado escenógrafo José S. Segura, bajo cuya dirección se construyó el teatro. Tenía cupo para mil 200 personas e igualmente se enteran del desarrollo de la representación las primeras que las últimas, pues sus condiciones acústicas era inmejorables. Contaba con un sistema de puertas moderno y sujeto a los reglamentos expedidos para los empresarios por las autoridades con ese fin. Contaba con siete principales entradas y una instalación de agua de dos grandes hidrantes con sus mangueras y servicio. Una lujosa y amplia cantina con un magnífico mostrado y una elegante y especial sillería. El edificio estaba enteramente aislado, no había más edificio que obstruyera su ventilación. Nogales no dejó de recibir gente venida de no sólo de los pueblos de la región aprovechando el libre comercio dado a que la Gendarmería Fiscal estaba en Magdalena. Se levantaron edificios por todo el centro lo más cercano a la línea bajo los trazos que le dieron al primer cuadro de ambos lados los ingenieros Bonillas y Morley. El teatro empezó ser apresado, pues los comercios y hoteles dominaron una planicie cruzada por un caudaloso arroyo. La posición privilegiada del Teatro fue muy codiciada por lo inversionistas, así fue como para los años veintes insistieron tanto en demolerlo que alfil lo lograron. Era gente sin arraigo que poco les importaba el Bel canto, ni reparaban en su valor sentimental como monumento a la cultura gracias a el interés de un gran sonorense que aunque nacido en la Villa del Pitic en 1818, fue un insigne ciudadano y patriota redactor de aquel decreto que al finalizar la época de la intervención francesa en Sonora, su propia generosidad y magnanimidad lo hicieron expedirlo llamando a todos los pro imperialistas y franceses, otorgándoles toda clase de garantías a cambio de no mezclarse en la política del país, ayudando así a la reconstrucción del Estado. Así que la picota del modernismo dio cuenta del teatro cayendo al paso de los años en el olvido. Consigna el historiador Eduardo W. Villa que don Cirilo Ramírez bajó a la tumba el día 5 de febrero de 1890 siendo Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, dejando como única herencia un nombre sin mancha para sus hijos y un recuerdo perenne de honradez ciudadana en los anales de los hombres públicos de su Sonora.
EL SACRIFICIO DE ROQUE MARQUEZ Y OTROS RELATOS
Por Rernaldo Trujillo Mora
Todo era confusión, la gente corría hacia todos lados, algunos en sentido opuesto y otros a donde se empezaban a levantar grandes lengüetas de lumbre que poco a poco iban creciendo hasta convertirse en metros hacia arriba de un fuego intenso con un humo espeso y un calor de por si de temperaturas elevadas, pues con esto estaba por convertirse en un verdadero infierno.
Ahí en esas instalaciones laboraban gente como Francisco Márquez Sapiens, Armando Pompa, el Seguari Preciado, don Claudio, Roque Márquez Sapiens, Francisco Valenzuela y otro señor que le apodan el cheluz y muchos más que escapan a mi memoria.
En ese momento cuando se inicia el fuego acababan de llevarle de comer a su padre Roque Márquez Sapiens sus menores hijos que entre la confusión nadie sabia si habían alcanzado a salir o habían quedado atrapados en su interior.
Cabe hacer mención que ahí los turnos eran de horarios corridos y ahí tenían que comer quienes trabajaban para PEMEX y por eso era el caso de que los muchachitos Márquez Sánchez hijos de Roque acudían como diario lo hacían a llevarle los alimentos a su padre.
Eran el Richi y el chitali quizá los más grandes hijos del matrimonio Roque – Devora Adelita.
El Richi pues creo se llamaba Rodolfo y el chitali no lo recuerdo, pero ellos eran los hijos que llevaban el (lunch) lonche a su padre.
Cuando el papa pregunta por ellos y nadie le da respuesta, este se arroja por entre las llamas y se mete a las instalaciones a buscarlos pero en vano fue su valiosa y valiente acción, pues sus hijos estaban a salvo pero nadie se dio cuenta.
Ante esta impetuosa maniobra de Roque es alcanzado por las fuertes llamas y se quema inmisericorde mente, quedando como ejemplo para los demás ciudadanos como un Héroe civil.
Roque como buen padre ofrendo su vida a cambio de la de sus hijos y he de comentar que este hombre no llegaba creo a los treinta anios pero eran momentos de desesperación mas que nadie para el, que sus hijos acababa de verlos ahí y no sabia donde estaban, por eso sin importarle nada se arrojo a las llamas a costa de perder la vida porque fue un fuego abrasador el que le arrebato la existencia.
Lo único que queda de Roque es su nombre impuesto a la calle que ahora conduce a las nuevas instalaciones de PEMEX en la ciudad de Magdalena, Sonora.
Y este día 22 de julio día precisamente de la santa patrona de esa ciudad, se cumplen así como la historia los va calenda rizando, 47 años de esos sucesos y me imagino que las autoridades tanto municipales y las del estado ni en cuenta.
Por lo tanto yo propongo que este día sea conmemorativo en honor de Roque Márquez Sapiens porque así como Jesús García Corona en Nacozari ofrendo su vida en a ras de salvar a toda una población, el, Roque tambien dio su vida a cambio de la de sus hijos.
Por lo tanto es un acto heroico que mucho debe tomarse en cuenta y hacer de esa fecha un dic de homenajear a ese joven que no importándole nada, murió a cambio de sus hijos.
Jesuitas, leyenda negra y leyenda blanca (Las expulsión de Sonora)
La reciente elección de Adolfo Nicolás al frente de los jesuitas pone de actualidad la controvertida historia de la Compañía de Jesús que, desde que la fundara Ignacio de Loyola en 1540, ha cultivado una ambivalente relación con el poder. Enfrentamos la leyenda blanca que de sí elaboraron los soldados de Dios con la negra que tejieron sus enemigos.
La Compañía de Jesús acaba de elegir como nuevo general al palentino Adolfo Nicolás. Sexto general español después de Diego Laínez, Francisco de Borja, Tirso González, Luis Martín y Pedro Arrupe, aparte naturalmente del padre fundador Ignacio de Loyola. Su mandato se inicia en un mundo lleno de incógnitas, pero con una Compañía con ilusiones renovadas y la singular capacidad tantas veces demostrada de asunción de retos difíciles y portentosa capacidad de adaptación a escenarios hostiles. La experiencia asiática del nuevo general es extraordinaria y ello parece apuntar un giro en el epicentro de las actividades de la Compañía. Los jesuitas han sido reformadores sospechosos para la Inquisición, intrépidos evangelizadores, promotores de utopías en Paraguay, agentes universales del papismo, confesores de príncipes, educadores de elites. Han encarnado un cristianismo adaptado al mundo, abierto a las ciencias profanas y audazmente comprometido en el debate político. Para lo mejor y para lo peor. Ellos se han visto a sí mismos como instrumento de una voluntad divina, a la que pretenden servir, con el optimismo de la voluntad siempre por bandera. Pero al mismo tiempo su acción, situada en el centro de la vida –con sus meandros y contradicciones–, les ha obligado a un permanente esfuerzo de acomodación en nombre de la pluralidad de referencias que esa vida les ofrece. Servidores de Dios y, al mismo tiempo, comprometidos sin límite con la condición humana, apasionados por la alteridad y la diferencia. Ello ha supuesto costes importantes. El historiador Ricardo García Cárcel, catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona, coordina este mes un Dossier especial que expone las dos caras de la leyenda de la Compañía de Jesús. José Luis Betrán Moya, de la Universidad Autónoma de Barcelona, destaca el sabio uso de la palabra impresa y de la iconografía las como las dos principales claves de este éxito mediático de los jesuitas, que supieron difundir de sí mismos una imagen sólida y poderosa. Doris Moreno, de la Universidad Autónoma de Barcelona, sigue la evolución del antijesuitismo en España y enumera las principales acusaciones de que fueron objeto. Enrique García Hernán, del CISC y académico correspondiente de la RAH, documenta la reaparición de la leyenda a partir de 1835 y sus avatares durante el siglo XX. Y Javier Burrieza Sánchez, del Instituto de Historia del CSIC, resume el difícil camino de los jesuitas desde 1815 hasta el complejo y vibrante momento actual. to de ejemplo articulo “los jesuitas”
La expulsión de los Jesuitas de Sonora
- El noroeste de la Nueva España y las reformas borbónicas
- Antecedentes de la expulsión
- Causas de la expulsión
- La intriga
- La expulsión de Sonora
- Significado de la Expulsión
- Decreto de expulsión
- San Ignacio de Loyola
- Jesuitas o compañía de Jesús
- Fuentes consultadas
A finales del siglo XVIII, un decreto del rey cambió por completo las condiciones sociales, políticas y económicas de todas las provincias dominadas por el imperio español en América: La expulsión de los misioneros jesuitas que hasta entonces habían sido los responsables de la colonización espiritual de las tierras conquistadas, pero también habían sido ellos los que marcaron el rumbo social y político de las nuevas sociedades establecidas. La provincia de Sonora no podía ser la excepción y la decisión también afectó enormemente a nuestro estado. ” El peor enemigo de una orden religiosa es otra orden religiosa” Julio Montané Martí Debido a las continuas guerras libradas durante todo el siglo XVII, el imperio español sufrió un agudo proceso de decadencia. Gobernaron durante ese siglo, los monarcas pertenecientes a la dinastía austriaca de los Habsburgo quienes además de relajar la política de concesiones, gastaban grandes cantidades de dinero en la vida dispendiosa que llevaban. La situación llegó a su clímax a finales del siglo, durante el reinado de Carlos II, apodado “El Hechicero”. El período de este rey se caracterizó por el debilitamiento de las instituciones de gobierno, las rivalidades y enfrentamientos entre los grupos cortesanos y un gran crecimiento de la deuda pública. Carlos II no tuvo hijos y a la hora de su muerte y por influencia de Luis XIV; rey de Francia, nombró sucesor a su sobrino nieto, Felipe de Anjou, miembro de la estirpe de la Casa de Borbón, misma a la que pertenecían los reyes de Francia. Felipe de Anjou fue proclamado rey de España en mayo de 1701 con el nombre de Felipe V. La influencia política e ideológica de la monarquía francesa pronto se dejó sentir en España, de donde se adoptaron nuevas formas de concebir las funciones del estado. Entre otras medidas que se tomaron, una de ellas fue la de fortalecer el poder del estado, identificando al mismo con la figura del rey. Para lograrlo se tuvo que subordinar y someter al poder real a otros poderes como los de la nobleza y sobre todo los de la iglesia. Se instauró entonces lo que se conoce como absolutismo monárquico. Otro factor que se implantó en España fue de carácter ideológico, el movimiento renovador conocido como La Ilustración, que en Francia tuvo grandes exponentes como Juan Jacobo Rousseau, Voltaire y el Barón de Montesquieu. Este movimiento se caracterizó por su lucha contra el oscurantismo, la ignorancia y sobre todo las tradicionales concepciones religiosas mismas que se consideraban irracionales. El régimen de Felipe V se caracterizó por la aplicación de los principios políticos e ideológicos que mencionamos con anterioridad. Fernando VI su sucesor tuvo un actuar tibio en cuanto a este proceso de reformismo mientras que Carlos III su sucesor asumió una actitud dinámica y radical al respecto. A partir de la llegada al trono de Carlos III, se empezaron a llevar a la práctica las mas importantes reformas llevadas a cabo por los reyes borbones. Al período de este rey y el de su sucesor Carlos IV, se le conoce como la época de las reformas borbónicas. El noroeste de la Nueva España y las reformas borbónicas No obstante su distanciamiento del centro del virreinato, las provincias de Sonora y Sinaloa, pronto se vieron también afectadas por las reformas borbónicas. Una de las preocupaciones de la monarquía era el de fomentar el desarrollo económico de las provincias, que hasta entonces no habían rendido buenos dividendos al imperio por no haber sido atendidas con eficiencia por las autoridades coloniales. Se hablaba mucho de las riquezas mineras que estas provincias poseían, pero dicha riqueza no se reflejaba en las arcas de la autoridad. Para lograr el objetivo de que las provincias generaran riqueza, se hacía necesario resolver algunos problemas, entre ellos el de las invasiones de los apaches a las poblaciones y el antiguo y cada vez mas agudo conflicto entre el sistema misional establecido por los misioneros jesuitas y el de la colonización civil, que finalmente fue el problema mas apremiante por resolver. Dos sucesos marcaron una serie de cambios radicales en las tradicionales formas de organización social imperantes hasta entonces en Sonora: una de ellas fue la presencia del Visitador General de la Nueva España José de Gálvez y otra fue la expulsión de los misioneros jesuitas. Antecedentes de la expulsión. Los primeros misioneros jesuitas llegaron a México en el año de 1572 y para 1632 iniciaron su incursión en lo que hoy es el estado de Sonora. Desde su llegada iniciaron la organización de los indígenas que vivían dispersos en los que los españoles llamaron rancherías. Los jesuitas los organizaron bajo el sistema conocido como “de misión”. Este sistema se basaba en el aprovechamiento de las mejores tierras agrícolas de los territorios conquistados, haciendo trabajar gratis a los indios cuatro días a la semana en esas tierras, dándoles derecho a trabajar dos días de la semana para ellos mismos en sus tierras. Este sistema de economía agrícola les dio la oportunidad a los jesuitas de controlar mas de las dos terceras partes de la producción agrícola de la misión, lo que les dio a su vez, recursos para financiar el crecimientos de otras misiones a medida que avanzaban hacia el noroeste. Además de trabajar la tierra, los misioneros jesuitas, instruían a los indios en la religión católica, haciendo esto los domingos, en que estaba prohibido trabajar. Además de la religión enseñaron a los indígenas el arte de la agricultura. tTajeron de España nuevas variedades de cereales y frutas, implementos y técnicas de labranza, etc. Por otra parte surtían de productos alimenticios e industriales como ganado, granos, cebo para las velas, a las minas, presidios y pueblos habitados por los colonos españoles. Los jesuitas también desempeñaron un importante papel en la educación del México colonial, ya que en esencia el espíritu de su orden es el de la educación. Su dependencia directa del Papa les dio siempre independencia de la jerarquía de la iglesia y de los gobiernos virreinales. El reconocimiento de los reyes españoles, por parte de la Santa Sede, como patronos de la iglesia en las indias, dio lugar a la institución del Real Patronato. Bajo esta institución, los reyes tenían como responsabilidad el que se cumpliera con exactitud el objetivo de la evangelización y apoyar la expansión de la iglesia en las posesiones del reinado en América. Como compensación la santa sede otorgó a los reyes el derecho a proponer candidatos a obispos en las mismas tierras y a cobrar los diezmos que pagaban los feligreses en las indias .Esta intervención de la monarquía en los asuntos de la iglesia no fue considerada por la misma como una concesión sino mas bien como una acción que se explicaba por la soberanía que tenía el rey sobre sus dominios territoriales. A esta política se le conoce como el regalismo. La implantación de un nuevo estado y la destrucción de las estructuras económicas feudales a través del regalismo chocó inmediatamente con los jesuitas, quienes tenían dependencia directa del papado lo que les daba a su vez una real independencia de la jerarquía católica y del rey. Esto no era posible que fuera admitido por el rey absolutista. Por lo tanto no tardaron en aparecer una secuencia de calumnias e intrigas contra ellos con el fin de hacerlos expulsar de las tierras del reino. Finalmente la motivo real de su expulsión nunca sería dado a conocer ya que el asunto sería tratado como un secreto de estado. Otras de las razones que se arguye para explicar las razones de la expulsión de los jesuitas, es la creencia de que eran inmensamente ricos; por su fama de trabajadores y buenos administradores, por lo que la expulsión y la consecuente incautación de sus bienes, ayudaría en mucho a resolver los problemas económicos que aquejaban al rey. Además de los ancestrales conflictos que habían tenido los jesuitas con las autoridades de la iglesia y virreinales y sobre todo con las otras ordenes religiosas y con las logias masónicas. Causas de la expulsión El éxito de los jesuitas en la educación, su supuesta riqueza y su independencia de las autoridades eclesiásticas, y los privilegios que solo ellos tenían, pronto despertó la envidia de las demás ordenes religiosas como los dominicos, y los franciscanos. Estas envidias tuvieron su mayor fuerza con el éxito obtenido por los jesuitas en su labor misional en China. Los dominicos los acusaron de permitir herejías en el culto, a lo que se unieron los capuchinos y los franciscanos de la India. Los grandes pensadores y escritores regalistas de la época, también consideraban que los jesuitas eran un obstáculo para la realización de sus fines. En 1766 en Madrid y algunas otras ciudades españolas, se produjeron disturbios populares originadas por la carestía de productos de primera necesidad y por ciertas disposiciones dictadas por el Marqués de Esquilache, ministro del rey Carlos III, mismos que trajeron como consecuencia la caída del ministro. Pedro Rodríguez Campomanes nombrado procurador , llega a la conclusión de que la responsabilidad de los amotinamientos está en los jesuitas, quienes ; según el, intentan sojuzgar al trono. Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, Presidente del Consejo de Castilla, llega a las siguientes conclusiones: Los jesuitas han monopolizado el cargo de confesores del rey, que en el pasado han defendido la legitimidad del regicidio, que habían tratado de constituir un estado teocrático en Paraguay, no sometido a la autoridad del rey, que tenían acumulada una gran riqueza, que se negaban a pagar el diezmo por sus tierras, que tenían varias imprentas que podrían haber sido utilizadas para la impresión de literatura sediciosa y su oposición a la beatificación de Palafox, una figura entrañable del padre Eleta, confesor del rey. Con todas las conclusiones anteriores solo faltaba a los enemigos de los jesuitas, armar la intriga necesario para que el soberano tomara la decisión de su expulsión La intriga Dos jesuitas miembros de la corte del rey viajaban a Roma y les pidieron que llevaran un sobre cerrado y lacrado con el sello del Nuncio Apostólico en España Monseñor Lázaro Opicio Pallavicini, para que se lo entregaran al Cardenal Torreggiani Secretario del Papa. En su camino a Roma los jesuitas fueron arrestados en Figueras y decomisadas sus pertenencias. El sobre lacrado fue llevado inmediatamente ante el rey. El sobre contenía documentos diversos y un libro en el que se demostraba el origen bastardo del monarca. El libro, firmado por un jesuita fue leído personalmente por el rey y en él se decía que dado su origen , éste debía ser destronado por la confabulación del Secretario de Estado su Santidad y el Padre General de la Compañía de Jesús Lorenzo Ricci y nombrar en su lugar a su hermano. La ira real no se hizo esperar, Campomanes fue comisionado para investigar el asunto y se llegó a la conclusión de que el único medio de deshacerse de tan nefastos elementos era desterrándolos. El 27 de febrero de 1767 el rey firmó el decreto de expulsión de los jesuitas de las doce provincias jesuitas españolas: Castilla, Aragón, Andalucía, Toledo, México, Nuevo Reino de Granada, Quito, Perú, Chile, Paraguay y Cerdeña. El Papa Clemente XIV; a quien los jesuitas habían jurado fidelidad, suprimió la existencia de la orden el 21 de julio de 1773, seguramente presionado por el rey de quien había recibido apoyo para ser nombrado Papa. La orden fue restaurada en 1814 por el Papa Pío VII. La expulsión de Sonora Una vez expedido el decreto de expulsión, mismo que llevaba un anexo con 29 instrucciones de cómo llevar a cabo el proceso de expulsión, salieron correos especiales a todos los rincones llevando consigo tan preciados documentos. El 6 de junio de ese año partió de la Cd. De México un correo con destino a San Miguel de Horcacitas, llegando al Real de Los Álamos el 5 de julio, donde enfermó gravemente por lo que el Teniente Gobernador de la Provincia Judas Tadeo Padilla dispuso que los legajos fueran transportados con prontitud a su destino, llegando a San Miguel de Horcasitas el día 11 de julio, tres días después de lo programado. En el documento se establecía que el sobre debería ser abierto el día 8 de julio con el mayor recato y secreto y con el cuidado, celo y fidelidad que del gobernador se esperaba. Como el sobre había llegado con retraso, el gobernador se apresuró a informar a sus superiores del hecho y al mismo tiempo, juró por su honor y su conciencia cumplir y ejecutar las órdenes allí establecidas. El Gobernador Pineda se apresuró entonces a cumplir su cometido, no encontrando ninguna resistencia en la población por el decreto de expulsión. Primero les notificó la decisión a los padres visitadores. Se acordó entonces citar a todos los padres con cualquier pretexto en Mátape para lo cual nombró a un encargado por cada rectorado o río: Capitán Bernardo Urrea para el río Altar, Capitán Juan Bautista de Anza del Presidio de Tubac, Lorenzo Cancio del Presidio de Buenavista, capitán Juan José Bergosa de la compañía volante y al Justicia Mayor de Sinaloa Sebastián Ascárraga. Pineda los instruyó que actuaran con sigilo y prisa, y que en el citatorio a Mátape no se notara la verdadera intención de su concentración, que se hiciera un inventario de todo lo encontrado en las misiones, que recogieran papeles, archivos, libros; particularmente aquellos documentos donde se establecieran los bienes de la misión. Que se entregara a los padres solamente sus enseres personales y los de la liturgia y sobre todo les encargó que los padres fueran tratados con buena atención y decencia y sobre todo les dejó muy claro de que si algunos indios trataban de impedir la detención de los padres, no dudaran en usar la fuerza. Una vez reunidos en Mátape, los misioneros fueron encerrados en una casa que inmediatamente fue rodeada por los soldados del capitán José Vergara, quien les leyó el decreto real y los puso bajo arresto domiciliario. Se les prohibió toda comunicación entre ellos y el exterior. Al momento de la expulsión había en Sonora y Sinaloa, 52 misioneros, pero antes de ser reunidos para trasladarlos a Guaymas, murió Andrés Ignacio González en Bamoa, Sinaloa. El 25 de agosto de 1767 salieron de Mátape rumbo a Guaymas donde fueron encerrados en una cárcel improvisada que en realidad era un conjunto de barracas en la que también se encerraban animales. Llegaron a Guaymas el 2 de septiembre, en total eran 51 misioneros, 31 de Sonora y 20 de Sinaloa, custodiados por 400 soldados. Las condiciones insalubres en que se encontraban los padres pronto hizo mella en su salud, a los tres meses todos estaban enfermos de escorbuto. El primero que murió fue el padre José I. Palomino, quien ante el reclamo de sus compañeros, fue trasladado a Belén para ser sepultado. Después de casi nueve meses en Guaymas, los misioneros fueron embarcados el 20 de mayo de 1768, en el navío El Príncipe permaneciendo al garete en las aguas del Golfo de California hasta que el día 11 de junio , llegaron a Puerto Escondido en Baja California. En ese lugar las condiciones no eran mejores que en Guaymas. Un oficial español llamado Placius Zomera, que tenía un hermano jesuita, les regaló pollos, carne de res, maíz, limones y toronjas, los limones les sirvieron de medicina ya que les ayudaban a mitigar las molestias del escorbuto. El 18 de julio partieron rumbo a San Blas, llegando a Mazatlán el 2 de agosto y el 9 del mismo mes arribaron a su destino. El 12 de agosto reiniciaron su camino internándose por tierra hacia Guaristema; un pequeño pueblito miserable, a donde llegaron después de sufrir las inclemencias de las torrenciales lluvias de la temporada. El día 14 llegaron a Tepic, donde pudieron comer y vestir ropa seca. En Tepic permanecieron seis días, siendo tratados con benevolencia por los españoles, a pesar de la reticencia de los soldados que los custodiaban. En Aguacatlán se quedaron Enriquw Kürtzel, Sebastián Cava y Vicente Rubio quienes estaban ya moribundos, quedando bajo el cuidado del padre Francisco Navarro. Llegaron a Ixtlán el día 23 donde murió Nicolás Perea. En los subsecuentes tres días murieron 22 jesuitas. A finales de octubre llegaron a Guadalajara, siendo alojados en el convento de los Betlemitas donde fueron cuidados y lograron restablecerse. El 16 de enero de 1769 reanudaron su viaje rumbo a México, en donde solo asistieron a la Basílica de Guadalupe para luego partir a Veracruz a donde llegaron el 14 de febrero de ese año. El 8 de abril partieron rumbo a la Habana, desde donde se embarcaron rumbo a España el 26 de mayo de 1769, desde donde se distribuyeron a diferentes lugares, para morir finalmente en paz. Significado de la Expulsión La expulsión de los jesuitas marcó un parteaguas en la historia regional de Sonora. El trabajo realizado por ellos en todos los sentidos, marcó el rumbo político, económico y social del noroeste de México. Su sustitución por otros religiosos y la aplicación de otras políticas oficiales, iniciaron un nuevo período de cambios radicales en la forma de vida de los sonorenses. Las autoridades borbónicas pudieron entonces llevar a cabo sus reformas., Los grupos de colonos pudieron al fin llevar a cabo los cambios a favor de sus interese sin que hubiera nadie que se opusiera, dando origen así a las oligarquías locales. Después de los jesuitas, la vida ya no sería igual. DECRETO DE EXPULSIÓN Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real… y de lo que me han expuesto personas del más elevado carácter, estimulado de gravísimas causas relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y [de] otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi real ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto de mi corona, he venido a mandar se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes, a los religiosos de la Compañía, así sacerdotes, como coadjutores y legos que hayan hecho la primera profesión, y a los novicios que quisieren seguirles, y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía de mis dominios. Y para su ejecución uniforme en todos ellos os doy plena y privativa autoridad, y para que forméis las instrucciones y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido y estimareis para el más efectivo, pronto y tranquilo cumplimiento. Y quiero que no sólo las justicias y tribunales superiores de estos reinos ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que lo mismo se entienda con los que dirigiereis a los virreyes, presidentes, audiencias, gobernadores, corregidores, alcaldes mayores y otras cualesquiera justicias de aquellos reinos y provincias, y que, en virtud de sus respectivos requerimientos, cualesquiera tropas, milicias o paisanaje den el auxilio necesario sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer, el que fuere omiso, en mi real indignación. Y encargo a los padres provinciales, prepósitos, rectores y demás superiores de la Compañía de Jesús se conformen de su parte a lo que se les prevenga puntualmente, y que se les tratará en la ejecución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia, de modo que en todo se proceda conforme a mis soberanas intenciones… Yo, el rey El Pardo, 27 de febrero de 1767. Fuente: Historia de Sonora, Tomo II. Pag. 203
| N o m b r e | Misión | O r i g e n |
| Alejandro Rapicani | Batuc | Bremen, Alemania. |
| Alonso Espinosa | San Javier del Bac | Islas Canarias. |
| Andrés Michel | Ures | Bohemia. |
| Antonio Castro | Onapa | Córdova, España. |
| Antonio Ventura | Mochicahui | Cádiz, España. |
| Bartolomé Sáenz | Sahuaripa | Córdoba, España. |
| Benito Antonio Romeo | Cumuripa | Navarra, España. |
| Bernando Middendorf | Movas | Westfalia, Alemania |
| Carlos de Rojas | Arizpe | Ciudad de México. |
| Custodio Ximeno | Caborca | Valdelinares, España. |
| Diego José Barreda | Santa María de Soanaca | Puebla, México |
| Enrique Kürtzel | Onavas | Wanglia, Alemania |
| Fernando Berra | Bacubirito | Guanajuato, México. |
| Francisco Halawa | Mocorito | Praga, Bohemia, Checoslovaquia. |
| Francisco Ita | Batacosa | Puebla, México. |
| Francisco Javier Anaya | Jiquilpan, Michoacán, México | |
| Francisco Javier González | Tecoripa | Puebla, México. |
| Francisco Javier Pascua | Bavispe | Oaxaca, México. |
| Francisco Javier Paver | San Ignacio | Coruña, España. |
| Francisco Javier Villarroya | Banámichi | Zaragoza, España. |
| Ignacio Pffefferkorn | Cucurpe | Mannheim, Colonia, Alemania. |
| Jacobo Sedelmayer | Mátape | Inhausen, Baviera, Alemania. |
| Jorge Freideneg | Santa Cruz del Río Mayo | Grants, Alemania. |
| José Garfías | Villa de Sinaloa | Ciudad de México. |
| José Garrucho | Oposura | Cerdeña, Italia. |
| José Liébana | Bacadéhuachi | Andalucía, España. |
| José Lorenzo García | Tórim | Ciudad de México. |
| José Neve | Calpulalpan, Tlaxcala, México. | |
| José Pío Laguna | Bacerac | Chiapas, Audiencia de Guatemala. |
| José Roldán | Arivechi | Oaxaca, México. |
| José Rondero | Camoa | Puebla, México. |
| José Wazet | Yécora | Sadek, Bohemia. |
| Juan Antonio Sedano | Chicorato | Jalisco, México. |
| Juan Francisco Acuña | Toro | Tlalpujahua, Michoacán, México. |
| Juan Lorenzo Salgado | Huírivis | Sinaloa, México. |
| Juan Mariano Blanco | Rahum | Ciudad de México. |
| Juan Nentvig | Huásabas | Glatz, Bohemia. |
| Julián Salazar | Bácum | Tabasco, México. |
| Lucas Atanasio Merino | Navojoa | Lugo, España. |
| Luis Vivas | Tubutama | Noguerela, España. |
| Manuel de Aguirre | Bacadéhuachi | Pamplona, España |
| Maximiliano LeRoy | Belem | Cambray, Francia. |
| Miguel de Almeda | Opodepe | Castellón de la Plana, España. |
| Miguel Fernández Somera | Ocoroni | Tlalpujahua, Michoacán, México. |
| Miguel Gestner | Sáric | Würzburg, Alemania. |
| Nicolás Perea | Aconchi | Zacatlán, Puebla, México |
| Pedro Rafael Díez | Güevavi | Ciudad de México. |
| Ramón Sánchez | Huásabas | Navarra, España. |
| Sebastián Cava | Valladolid, España | |
| Vicente Rubio | Conicarit | Zaragoza, España. |
Fuente de la Tabla: Almada (1990) Pág. 235 y Del Río (1985) Pág. 206 SAN IGNACIO DE LOYOLA (1491-1556) Sacerdote español fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa de la Iglesia católica más conocida por el nombre de jesuitas que reciben sus miembros. Íñigo de Óñez y Loyola (a veces llamado por error Íñigo López de Recalde) nació en el castillo ancestral que su familia tenía en Azpeitia (Guipúzcoa) y de joven fue paje en la corte de Fernando el Católico. Hizo la milicia a las órdenes de Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera, y participó en la represión de la revuelta de las Comunidades, resultando herido en una pierna, en 1521, durante la defensa de Pamplona ante los ataques franceses. Mientras se recuperaba leyó varios libros religiosos que le llevaron a consagrarse a la vida espiritual. Después de hacer confesión en el monasterio de Montserrat, en 1522, se retiró a una cueva cerca de Manresa, donde vivió y rezó durante 10 meses con una gran austeridad, tras lo cual emprendió un viaje de peregrinación a Jerusalén. Regresó a España en 1524 y estudió en las universidades de Barcelona, Alcalá de Henares y Salamanca. En 1528 marchó a París, en cuya universidad se licenció en artes y, al año siguiente, fundó una fraternidad piadosa que, más tarde, terminaría por convertirse en la Compañía de Jesús. En 1537 los miembros de la fraternidad se dirigieron a Roma, donde Loyola fue ordenado sacerdote (1538), y recibieron el permiso oral del papa Pablo III, quien emitió la confirmación oficial de la orden en 1540. Por la bula Mare magnum, la Compañía fue declarada exenta de jurisdicción episcopal, de tributación y de tener a su cuidado la dirección espiritual de religiosas. Un año después, Loyola fue elegido primer general de la orden y, además de administrar los asuntos de la Compañía, se dedicó a completar la redacción de sus Ejercicios espirituales (manual para las necesarias meditaciones sobre el sentido de la vida y sobre el perfeccionamiento de una forma de vivir, divididas en cuatro periodos o semanas) y a escribir las Constituciones de la orden, terminadas después de su muerte, el 31 de julio de 1556, que, en lo sustancial, nunca han sido modificadas. En Roma fundó los colegios Romano y Germánico. Ignacio de Loyola fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622 y, debido a su obra Ejercicios espirituales, que ha servido como modelo para la mayoría de las misiones y retiros católicos, es patrón de los retiros espirituales. Su festividad se conmemora el 31 de julio. “Loyola, San Ignacio de,” Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Este grabado retrata a san Ignacio de Loyola, religioso español que pasó a la historia por fundar una de las órdenes religiosas cuyo apostolado alcanzó mayor implantación en España y América, la Compañía de Jesús. Su espíritu quedaba bien claro en su emblema: “Ad majorem Dei gloriam” (“A la mayor gloria de Dios”). Goursat/RAPHO JESUITAS O COMPAÑÍA DE JESÚS,
- INTRODUCCIÓN Instituto religioso de clérigos regulares de la Iglesia católica. Fundada por san Ignacio de Loyola en 1534, la Compañía de Jesús fue confirmada oficialmente por el Papa Pablo III en 1540. La frase emblemática de la orden es Ad majorem Dei gloriam (en latín, ‘A la mayor gloria de Dios’) y su objetivo es el de difundir la fe católica por medio de la predicación y la educación, así como trabajar en lugares y momentos en que así lo requiera con urgencia la Iglesia. Desde los primeros momentos de su historia, la enseñanza ha sido la principal actividad de la orden. En este campo, sus aportaciones han sido notables, tanto en el ámbito de la teología como en el de distintas disciplinas seculares.
- CONDICIONES DE INGRESO La preparación que requiere todo aspirante a la orden, especialmente si quiere ser sacerdote más que hermano (coadjutor), es bastante más larga que la necesitada para el sacerdocio secular o para ingresar en otra orden religiosa. Después de permanecer dos años como novicio, alejado del mundo y dedicado a la oración, el candidato emite los votos simples de pobreza, castidad y obediencia, y se convierte en escolástico. Posteriormente, debe estudiar materias clásicas (durante dos años) y filosofía, matemáticas y ciencias físicas (durante tres). Terminado dicho ciclo, debe dedicar varios años a la enseñanza, seguidos por otros tres años de estudios teológicos, tras los cuales puede ser finalmente ordenado sacerdote. Después de cuatro años más de estudios teológicos, y de un año de retiro y oración, el candidato recibe su titulación, convirtiéndose en coadjutor o en profeso perpetuo. Los últimos votos de los coadjutores son simples, de pobreza, castidad y obediencia, pero para los profesos estos votos son solemnes, a los que agregan uno más, que es el aceptar ir al lugar que decida el papa. Más tarde, los profesos emiten cinco votos simples, entre los que se incluye la renuncia a todo oficio eclesiástico ajeno a su orden, a menos que lo determine la autoridad de la Compañía.
- ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA La Compañía de Jesús se estructura en provincias (agrupadas en asistencias). En la actualidad, existen 65 provincias en el mundo, cada una de las cuales está bajo el mando de un padre provincial. La máxima autoridad de la orden recae en un superior general, cargo que tiene carácter vitalicio. El superior general, residente en Roma, es elegido por la Congregación General (integrada por la totalidad de los provinciales y dos diputados por provincia) y asesorado por los asistentes.
- HISTORIA Cuando fundó la Compañía, Ignacio de Loyola pretendía organizar peregrinaciones a Tierra Santa para convertir a los musulmanes. Sin embargo, con el estallido de la guerra contra los turcos otomanos, todos los planes para la peregrinación a Tierra Santa se desvanecieron. En cambio, los jesuitas solicitaron al Papa una constitución que les permitiera realizar misiones a lugares que él mismo decidiera. Una vez aprobada la constitución, eligieron a Ignacio de Loyola como primer superior general.
La Compañía creció rápidamente y sus miembros tuvieron una actividad decisiva durante la Contrarreforma, especialmente en el transcurso del Concilio de Trento, así como fundando escuelas y centros de estudios superiores en toda Europa. Durante 150 años dirigieron los más importantes centros educativos europeos y, hacia 1640, contaban con más de 500 centros de estudios superiores repartidos por todo el continente. Aproximadamente un siglo después, esta cifra alcanzaba ya los 650; además, la orden tenía a su cargo, en forma total o parcial, la dirección de 24 universidades. También establecieron más de 200 seminarios y casas de estudios para sus miembros. Durante el periodo de la Contrarreforma, la educación jesuítica se enfocó principalmente a fortalecer la fe católica frente a la expansión del protestantismo. Si bien la educación jesuítica para laicos estaba dirigida principalmente a la nobleza europea y a estudiantes pudientes, también tenían a su cargo escuelas profesionales y, en los territorios donde trabajaban en misiones, escuelas para los pobres. Por lo que respecta a su aspecto misionero, la actividad de los jesuitas en este sentido tuvo también mucho éxito. Especialmente importante fue la emprendida por san Francisco Javier en India y Japón. La Compañía de Jesús se expandió más tarde por el interior de China y por las costas de África. Las cartas que escribieron los misioneros jesuitas que trabajaban en Canadá, en las que enviaban información de tipo etnológico, histórico y científico, fueron publicadas con el nombre de Relaciones Jesuíticas, formando una única y muy valiosa fuente de información referente a los nativos de ese país. Sin embargo, el trabajo de las misiones jesuíticas más conocido del Nuevo Mundo fue la fundación de las reducciones, siendo las más famosas las de Paraguay. Eran comunidades de indígenas, gobernadas por los jesuitas. Allí, y durante casi 200 años, los jesuitas dirigieron un enorme grupo de indígenas, logrando fundar 32 poblados, con una población de aproximadamente 160.000 personas. Enseñaban métodos agrícolas siguiendo las tradiciones autóctonas, artes mecánicas y favorecían el desarrollo del comercio. La historia de la Compañía de Jesús estuvo marcada por una constante oposición a su labor, especialmente en los países católicos. La devoción que los jesuitas tenían por el Papado les costó una fuerte oposición por parte de los dirigentes de diversos estados. Igualmente, y debido al gran entusiasmo que ponían los jesuitas en todo lo que significaran reformas eclesiásticas, se ganaron la enemistad del clero. La Compañía fue expulsada de diferentes países europeos (en España, por Carlos III, en 1767) hasta que, el 21 de julio de 1773, el Papa Clemente XIV publicó la bula Dominus ac Redemptor en la que ordenaba la supresión de la Compañía. El rey de Prusia, Federico II el Grande, y la emperatriz de Rusia, Catalina II la Grande, grandes admiradores de la labor educativa y del conocimiento de los jesuitas, se negaron a aceptar el documento y hacer efectiva la publicación del mismo. En estos países la orden se mantuvo hasta 1814, año en el que el Papa Pío VII restauró canónicamente la Compañía. Ante este hecho, también volvieron a cobrar fuerza los grupos religiosos y políticos que estaban en su contra. “Jesuitas,” Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. FUENTES CONSULTADAS Almada, R. Francisco (1990) Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorenses. Hermosillo, Sonora, México. Instituto Sonorense de Cultura. Gobierno del Estado de Sonora. Págs. 233 - 235 Del Río, Ignacio (1985) El Noroeste Novo hispano y la Nueva Política Imperial Española. Hermosillo, Sonora México. Historia General de Sonora. Tomo II. De la conquista al estado libre y soberano de Sonora. Gobierno del Estado de Sonora Págs. 193 – 208 Montané Martí, Julio César (1999) La Expulsión de los Jesuitas de Sonora. Colección Sonorense Letras de Arena. Hermosillo Sonora México. Ediciones, Promociones y distribuciones Contrapunto Catorce. Pradeau, Francisco Alberto. (1959) La expulsión de los Jesuitas de las Provincias de Sonora, Ostimuri y Sinaloa en 1767. México D.F. Biblioteca Histórica Mexicana de Obras Inéditas # 24. Antigua Librería Robledo de José Porrúa e Hijos, Sucs. Por: Ignacio Lagarda Lagarda nacho_lagarda[arroba]hotmail.com ignaciol[arroba]icreson.gob.mx
ESCUDO DE SONORA
LA TORRE DEL RELOJ
Reloj La Esmeralda dejó de trabajar antes de cumplir 100 años En 1910 para conmemorar el centenario de la Independencia de México se formó en la Villa de Magdalena un comité que presidió doña Anita Dávila de Latz, cuyo objetivo fue construir un monumento, y lo más indicado era dotarle al Palacio de la Prefectura de una Torre de la cual adolecía colocándole su respectivo y monumental reloj. A casi de 100 de distancia, la Torre cuya réplica luce sobre la Avenida Niños Héroes ya tiene un nuevo reloj, el viejo pasará al museo. Ese que se está estrenando estará sonando cada quince minutos y desde luego cada hora a través de sus bocinas electrónicas. El día 21 de agosto es histórico para Magdalena pues a las 6:00 PM el nuevo reloj de la Torre de la avenida Niños Héroes dio la hora por primera vez, estando presente la alcaldesa Lic. Adriana Hoyos Rodríguez Entró vía Internet, ya que el sistema es electrónico y cada cuarto de hora sus bocinas estarán emitiendo un agradable sonido, cuyo volumen durante ocho horas estará bajito, es decir en un tercio de su capacidad. “Es más fácil que se adelante que se atrase” señaló el señor Ramón González técnico de la compañía Relojes Centenario, S.A., de C.V. del estado de Puebla. La alcaldesa Lic. Adriana Hoyos y algunos funcionarios asistieron para escuchar dar la hora por sus bocinas, y en verdad fue algo maravilloso cuando el melodioso sonido se extendía por parte de la ciudad cuando meno en un radio de un kilómetros, por lo que al amanecer es cuando se va a escuchar más claro. El costo del reloj con sus cuatro carátulas y su maquinaria electrónica, instalación, así como todos los arreglos que se tuvieron que hacer, adaptaciones, resaneamiento y pintado de la torre tuvo un costo de 163 mil pesos, señaló la alcaldesa, y a la vez aprovechó para darle las gracias al señor Jesús Arvizu fabricante de muebles quien donó algo de su material para la torre así como para le cripta de Kino. LA LEYENDA El estilo del reloj es el clásico romano y llama la atención que el cuatro en ves de ser IV, está representando por cuatro palitos (IIII) ya que existe la leyenda de que en San Cristóbal las Casas, Chiapas al técnico que lo hizo como se equivocó al poner en vez del IV, los cuatro palitos (IIII) lo mandaron colgar. Por ello se respeta la leyenda y todos los relojes salidos de la fábrica Centenario llevan esa característica siempre y cuando sea del estilo romano clásico. El Técnico Ramón González comentó que ésta cumplió el pasado 27 de junio 90 años de haber sido fundada, y que todos los relojes salidos de esa fábrica a son de laminado de bronces y aluminio, Dijo que en México es la primera fábrica de relojes monumentales, pues la conocida como La Esmeralda solamente importaba de Francia, y que ya despareció. En cambio Relojes el Centanrio, S.A. distribuye Estado Unidos, México y toda América latina, hasta en Argentina le ha tocado ir a instalar relojes de calidad, comentó, además tiene su página en Internet www.centenario.com.mx El reloj que se colocó en la torre réplica de la desaparecida en el viejo Palacio tiene una garantía de tres años, además cuenta con una pila de apoyo para cuados se vaya la corriente eléctrica. La alcaldesa indicó a sonoramagica.com que solo basta cuidarlo y darle la verdadera importancia que se merece ya que viene a ser un símbolo de la ciudad. El técnico de la casa Relojes Centenario dejó gente entrenada para que cada seis meses le den mantenimiento, etc. En tanto el viejo reloj fue pasado al Museo previo un mantenimiento para que luzca mejor.
CORRESPONDENCIA DE KINO
| ACTA DE DEFUNCIÓN DE KINO Y OTRA CORRESPONDENCIA A su regreso de Guaymas en aquella primavera de 1704, Kino encontró en Dolores cartas de Roma y de México; dos de Tirso González y una de Manuel Piñeyro; ésta última no fue muy agradable pues le venía la ratificación del cargo de Padre Rector de la Pimería Alta, puesto para el que no mostraba interés y había solicitado su remoción. Kino escribe: “siempre quedaré más deseoso y amante de vivir sin semejantes cargos y con el religioso desahogo de atender al bien de estas pobres y tan necesitadas innumerables almas de esta dilatada América septentrional, y de fomentar su salvación por los modos y medios posibles, de palabra y con obras”. Para Kino era muy molesto estar redactando informes de lo que hacían y nó los encargados de su Rectorado de Nuestra Señora de los Dolores; no le atraía el cargo de burócrata. De cualquier modo al final comprendieron su carácter y se le desligó de esa obligación. Al terminar el verano de aquel año de 1704, tres siglos atrás, los líos empezaron a asomarse de nuevo por la ventana. El padre Leal le escribe a Kino: “Por acá se ha dicho que el Gobernador de Cocóspera le envió a vuestra Reverencia el bastón y le decía que quería vengar las muertes de sus parientes, que se alzó con todo Cocóspera. Suplico a vuestra Reverencia el aviso”. Kino responde: “Sabiendo yo cuán ajenas de toda esta verdad y de toda caridad eran todas estas cizañas, envié luego a llamar al dicho Gobernador de Cocóspera con sus dos hijos, entre ambos buenos vaqueros”. Kino, Cola de Pato y sus dos hijos se apersonaron en Cucurpe “para que viesen y se satisfaciesen sus calumniadores en presencia de muchos españoles”. Imaginamos el disgusto del P. Eusebio perdiendo el tiempo en estas tonterías. Al final de año se hizo un gran festejo mezclados indios y soldados en un buen brindis. El año nuevo de 1705 trajo otros sinsabores; Kino escribe: “Un indiscreto Teniente dio en decir que habíamos enviado los justicias de aquí a sacar indios de otros pueblos y por eso nos culpaban y perseguían y molestaban muy gravemente. Y vino la real Justicia y el dicho teniente con otros, acompañados violentamente y con mucho rigor de muchos azotes y de gravísimas amenazas de la horca y de la muerte a sacarnos muchos indios; en una sola ocasión más de noventa”. Este desconocido teniente procedió a instalar a unos inmigrantes en los pueblos construidos para los indios y eso molestó sobre manera al padre italiano, quien narró: “La persecución pasó más adelante a aún tierra adentro donde tenemos muy buenas misiones; se nos desconsoló grandemente la gente queriéndola este indiscreto teniente sacarla de sus acomodados buenos puestos y muy pingües tierras para llevarla por sus propios intereses a otros puestos para esta gente menos acomodados; y esta persecución le sacó de las casas de las misiones incoadas el bastimento, trigo y maíz, el tercio de sal, el ganado menor y la pobre llorosa gente con ánimo de ir en otra ocasión a sacar también el ganado mayor y las manadas de yeguas y dejar todo destruido; hasta una ermita en que decíamos misa y se enseñaba doctrina cristiana y se rezaba las oraciones mañana y tarde, nos la quemaron desatentísimamente nuestros perseguidores”. El padre Minutili también sufrió la presencia de los forasteros y llegó hasta Guépaca a protestar, pues su misión en Tubutama había sido atacada. Enfurecido el Padre Leal solicitó al Alcalde Mayor de Sonora que arreglara esta situación. Todavía más, el “indiscreto teniente” de nuevo esparció el rumor de que el Jefe Coro y Cola de Pato se habían rebelado y estaban a punto de atacar Sonora. El complot estaba en marcha y se recomendaba a los misioneros que “huyeran para salvar su vida”. Es evidente que había intereses de los inmigrantes para quedarse con todas las propiedades y ganado que los indios habían desarrollado en sus comunidades. | |
| El Alcalde Mayor de Sonora en aquel entonces, Miguel de Abajo, tomó cartas en el asunto y partió hacia Cocóspera con doce soldados. En Bacanuche Kino le informó que era una falsa alarma, sin embargo siguió hasta su destino encontrando a Cola de Pato y a toda su gente en la más completa calma y el asunto terminó en otro ágape. Todos se marcharon con el Padre Kino a Dolores para pasar ahí la Semana Santa, situación que aprovechó el sacerdote italiano para fortalecer la amistad; convenció tanto a Coro como a Cola de Pato para que vieran al General Juan de Retana a fin de presentarle sus respetos y fidelidad. El General los agasajó con “mucha ropa con paño, sayal, sombreros, cuchillos, listones, bayetas, etcétera, volviendo muy contentos, consolados, edificados, así ellos como toda la nación”. El conflicto terminó con la destitución del Teniente Indiscreto por parte del Alcalde Mayor y los indígenas fueron devueltos a sus pueblos. De repente las buenas noticias llegaron. El P. Juan María Salvatierra fue nombrado Provincial de la Nueva España, y a su vez, nombró al Padre Pícolo como Visitador de Sonora; ambos, junto con Minutili y Kino formaban una cuarteta italiana que protegería a los humildes de Sonora. En la víspera del Día de la Ascensión, Pícolo llegó a Dolores encontrando “mucho concurso de muchos naturales y capitanes y gobernadores, y algunos habían venido de tierra muy adentro”. El padre Francisco “cantó la misa solemne, con la buena capilla de cantores que aquí había”, y de la que Kino estaba justamente orgulloso. Durante la ceremonia “predicó en lengua Pima un fervoroso sermón”. El ilustre Pícolo no solo había aprendido Tarahumara, sino también la lengua Cuchimí de California y la de Seris y Pimas cuando estaba en Guaymas. ¡Que intelecto!. Pasó tres días en Dolores y luego partió hacia otras misiones Pimas; llegaron a San Ignacio y a medio camino los encontró el siempre fiel Campos; Kino se regresó a Dolores mientras que Pícolo y el mismo Campos fueron de visita a Tubutama con Minutili. De regreso, Pícolo, Kino, Campos y Bartíromo se reunieron en Dolores para después partir a Cucurpe a las fiestas de Corpus Christi. Finalmente Pícolo se despide de la región con muchas promesas y buenos deseos llegando a Saracachi, famoso rancho ubicado cerca de Cucurpe. Por supuesto que Pícolo quedó impresionado con la obra del Padre Eusebio, escribiéndole a su llegada: “Recibo la gratísima de Vuestra Reverencia con la noticia de la llegada a su bellísima Misión de Nuestra Señora de los Dolores, que la llevo impresa en mi corazón con todas las demás de la Pimería”. El informe de Pícolo llegó a manos de Salvatierra, quien ya conocía la Pimería, expresándole su satisfacción por “el buen estado de esas misiones de la Pimería y de lo que en ella se ha trabajado y se trabaja, de la unión y caridad con que al presente se comunican los padres de ellas”; la carta fue fechada el 15 de octubre de 1705. Salvatierra envió al padre Domingo Crescoli, otro italiano por cierto, para que reabriera la misión de Caborca; la ayuda iba en serio. mediados de Enero de 1706, Kino y Minutili acompañaron al Padre Domingo a su nueva Misión; los habitantes de los alrededores habían sido notificados de tan grata noticia y mil naturales les dieron la cordial bienvenida; arcos y cruces adornaban los caminos y tenían preparados “casa en que vivir, iglesia con capaz sala, despensa, panadería, horno, cocina, principios de huerta con maíz de cosecha y con un buen tablón de trigo sembrado y nacido, con ganado mayor y menor, caballada y manada de yeguas, etcétera. No se hizo esperar una pequeña excursión hacia el Golfo antes de dejar instalado a Crescoli con sus neófitos. | |
| Pero el Ingeniero Kino tenía trabajo pues había seis iglesias pendientes. Llevó consigo sirvientes y constructores nativos para iniciar las labores en una fiebre de construcción planeada por la cuadrilla de frailes italianos de la Pimería Alta. Entre los naturales había plena disposición para la ayuda, y en no pocas ocasiones, y a su manera, dieron muestras de fidelidad al movimiento jesuita; escribe Kino: “Al tiempo que en 7 de marzo de 1706 estábamos fabricando en la Iglesia de San Antonio del Búsanic,me sucedió una cosa bien rara, de la cual se puede sacar la gran madurez de estas muy dilatadas mieses; y es que el Capitán de este pueblo incoado llamado Don Marcos, me dio una cabellera que me acababa de enviar el capitán de la nación Quíquima de un sacerdote (o “bonzo”), el único que se oponía a las buenas enseñanzas cristianas que habíamos llevado a esas nuevas naciones en nuestras entradas, y por eso, por malévolo y cizañista, lo mataron. Con ella y con otras dádivas de conchas azules de la contracosta, me envió decir que bien podíamos ir a bautizar todas aquellas gentes, que ya no había ninguno que tratara de oponerse, pues el único que se oponía lo mataron, y que por seña me enviaban su cabellera”. Por supuesto que a Kino le incomodó sobremanera este macabro obsequio. Durante su expedición del proceso constructivo por aquella primavera de 1706, Kino fue recibido una vez más por Minutili. Durante tres días se trabajó en la construcción de la iglesia “así echando los cimientos de una buena sacristía y del bautisterio y de una buena capaz sala, como subiendo las paredes de la misma iglesia y con especialidad del presbiterio y cortando y labrando sus maderas, zapatas, vigas y arcos o jamones, etcétera. También se dio vista ala muy buena huerta de árboles frutales de Castilla y de parras para vino de misas y de todo género de hortaliza”. Después el P. Eusebio pasó a Caborca; mientras él daba cenizas y oía confesiones, los “guasinques” (albañiles) trabajaban en la construcción de la Iglesia, “echando cimientos de su fábrica y subiendo sus paredes y las del presbiterio, y en la iglesia de San Diego del Pitiquín”. Después de este lugar, Kino regresó a Dolores pues Pícolo tenía pensado un nuevo viaje por la Pimería. Por el mes de abril partió hacia el norte visitando Remedios, Cocóspera, San Lázaro y Santa María (hoy Santa Cruz) en una expedición constructiva de iglesias continuando por el mes de mayo hacia Tubutama y Caborca; Kino relata: “el 23 de mayo, como las paredes de la iglesia y en particular las del presbiterio estaban ya altas, las adornamos y techamos con ramas y petates y flores en la mejor forma que pudimos y tuvimos la fiesta y solemne procesión del Corpus,llevando para eso desde Nuestra Señora de los Dolores la buena capilla de cantores y los demás ornamentos, colgaduras, baldoquí e incensario, chirimías, cera, etcétera. Hubo mucho concurso de mucha gente así cristiana como catecúmena… siendo bautizado el Gobernador de la ranchería del Humucán”; este pueblo es Unuicut cerca de Pitiquín donde vivía el jefe Soba; Minutili acompañó a Kino a Caborca. El día 18 de julio de 1706, el P. Pícolo desde Belén de Guaymas le escribe a Kino: “suplico a vuestra Reverencia se sirva de avisarme con un propio cuántas son las misiones fundadas por el Rey Nuestro Señor en la Pimería, cuántos padres son necesarios y en qué Misiones se han de poner, cómo se llaman y la distancia de una Misión a otra; venga todo con individualidad porque deseo muy mucho ver en mi tiempo la Pimería adelantada y no quedará por mis diligencias, trabajos y sudores”. El P. Bartíromo, de Cucurpe, llevaría la misiva la cual se explica por sí sola y la respuesta fue inmediata, donde se describieron con precisión el estado de las nueve Misiones hasta la fecha fundadas solicitando 5 misioneros más destinados a quince pueblos nuevos. Por fin las cosas mejoraban sin buscarlas, ya en el ocaso de la vida del Padre Eusebio. | |
| Conviene en este momento hacer un resumen de dichas misiones: Dolores, Remedios y Cocóspera a cargo de Kino; San Ignacio, Magdalena, Imuris, a cargo de Campos; Tubutama, Santa Teresa y Oquitoa a cargo de Minutili; Para los cinco nuevos padres serían: Caborca, Pitiquín y San Valentín; Santa María, San Lázaro y San Luis Bacoancos; Búsanic, Sáric y Aquimuri; San Xavier del Bac, San Agustín y Santa Rosalía de los Sobaipuris; Santa Ana del Quíburi, San Joaquín (Huachuca) y Santa Cruz (donde vive el afamado Jefe Coro). Dice Kino: “en todos estos pueblos hay muy buenos principios de cristiandad y de casas en que vivir, de iglesias en que decir misa, de sementeras y cosechas de trigos y de maíces, de ganado menor, mayor y caballada que los naturales, años ha, cuidan con toda fidelidad para los padres que piden y esperan recibir”. Pícolo envió a Salvatierra el informe que con prisa lo remitió a Roma. Era el movimiento más fuerte que Kino estaba haciendo para el futuro de esta región que le tocó vivir. Las buenas noticias le dieron a Kino un nuevo motivo para caminar otra vez; California no estaba resuelta y había otras regiones inexploradas como la costa de Sonora que requerían su investigación, y según Kino, “a donde todavía nunca había entrado ningún cariblanco”. El 19 de Enero de 1706, Minutili y Kino partieron desde Caborca para el suroeste dejando al Padre Crescoli en su labor misionera; después de más de 100 leguas de camino la expedición llega a la misma Mar de la California, cerca de la Isla del Tiburón. Más de 1500 indígenas fueron censados, algunos de ellos pimas pero en su mayoría Tepocas y Seris: Kino escribe: “eran muy afables y como domésticos, que muchos de ellos, estos años antecedentes, me habían venido a ver a Nuestra Señora de la Concepción del Caborca. En todas partes nos recibieron con mucho agasajo; en muchas partes con cruces y arcos puestos en los caminos y con casitas prevenidas en que vivir y decir misa con decencia. Y habiéndoles en todas partes predicado los principales misterios de nuestra Santa Fe, prometiéndonos lo que les aconsejábamos y pedíamos, que por cuanto estas costas eran algo estériles, se fuesen agregando a las muy fértiles y muy acomodadas campiñas de Nuestra Señora de la Concepción del Caborca, que ya ahora les habíamos traído un padre misionero, nos dieron muchos párvulos y algunos enfermos a bautizar… quedaron en que todos, poco a poco, se irían agregando a dicha población o misión de Nuestra Señora de la Concepción. En esta costa de la Mar de la California empezaba ya, a su modo, la primavera, pues empezaban a verdear y florecer muchos de aquellos llanos; había muchísimos pájaros que se sustentaban del muchísimo pescado de que abunda muy mucho y en toda esta costa. Había mucha medicinal jojoba, que es al modo de almendra y es muy saludable gran remedio contra diferentes dolencias, achaques y enfermedades, y se pide desde México y desde la Puebla, Parral, Nuevo México, etcétera. Y en esta costa se suele dar casi todo el año, como de hecho en esta ocasión la hallamos, que en unos arbolitos estaba ya madura, en otros todavía algo tierna”. Kino hizo otro descubrimiento: “una isla grande, que tendrá como tres leguas de ancha de oriente a poniente y como siete a ocho leguas de largo de norte a sur, y no distaba de esta nuestra tierra firme o costa que como seis o siete leguas”. | |
| Fue descubierta el 21 de enero dándole el nombre de la Isla de Santa Inés, la cual se conoce actualmente como Isla del Tiburón; 21 años antes Kino y Guzmán la vieron en su trayecto hacia el norte por mar, pero pensaron que era península. Todavía más, Kino escribe: “al rumbo del noroeste de esta referida Isla de Santa Inés, en distancia como de tres leguas, al día siguiente, 22 de enero, desde un altillo descubrimos muy patentemente otra grande pedazo de tierra, al parecer califórnica”. Era la Isla Angel de la Guarda; “vimos que no distaba de nosotros más que como nueve o diez leguas, lo que supimos por cosa muy cierta de todos los circunvecinos naturales, así ahora en esta entrada como en muchas otras ocasiones, que de estos pimas y seris marítimos nos hemos informado con repetidos exquisitos exámenes de este seno califórnico fue y es que toda esta punta y sus contornos está muy poblada de mucha gente, pues continuadamente, de noche, se ven desde acá sus lumbres y de día sus humos. Y como esta referida tan cercana punta la descubrimos en 22 de enero, día del glorioso San Vicente, le pusimos la Punta o cabo de San Vicente”. | |
| Kino pensó en la punta de San Vicente como una posible Misión intermedia entre Loreto y el remate del Golfo hacia el norte, sobre la ruta terrestre al Este de la Península. Así también, el viaje por tierra pasando por Guaymas podría ser inútil si se desarrolla Santa Inés, ofreciendo una ruta más corta a Loreto desde las misiones del norte para embarcar los suministros al Padre Salvatierra. El padre Ugarte, rector de California, se interesó en el tema y apareció de nuevo la idea en Kino de construir barcos, para lo cual el inmenso Padre Ugarte le escribe: “comprar una lancha hecha, con anclas, cables y velas ahorrarán más de la mitad del gasto y, lo más preciso o más precioso, el tiempo”. Ugarte tenía ya mucha experiencia en estos asuntos y sufría a diario las dificultades de los barcos viejos**:** “En Acapulco nos estuvo en más de mil y cuatrocientos pesos, después de habernos dado la Nao de China la lancha, sólo su composición… más barato no estuvo comprar un barco perulero en Acapulco que aderezar uno que teníamos, y así se fue a pique… el hacer su balandrita le costó, según dicen, quince mil pesos y más de cuatro años; al capitán Martín de Serástigui le costó solo dos mil pesos la lanchita comprada… con eso sólo se esperará el tiempo bueno para subir a esa altura de los seris y de la Pimería, que en tiempo de turbonadas no se puede entrar”. Pero Kino estaba terco con su barco: “En cuanto a la consecución de una pequeña, pero suficiente embarcación para esta breve travesía de ocho o nueve o diez leguas de quieta y abrigada mar de este seno califórnico, con el favor del cielo no tendremos particular dificultad, pues tengo aquí, en casa, en este pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, la mayor parte de las maderas labradas para un barquillo acuartelado que con unas buenas mulas de recua con facilidad, con los demás tablones que tengo en Nuestra Señora de la Concepción del Caborca, ya muy cerca de la mar, las podremos llevar hasta las orillas de este seno”. Pero el paso por tierra seguía en la cabeza de Kino, además del compromiso que tenía con los Quíquimas. En abril de 1706, Minutuli le escribió a Kino para contarle que el Jefe Fernando de Caborca “le enviaba trece curiosas bolas y otras dádivas de conchas azules de la contracosta”, para que no los olvidara. Minutuli se quedó con cinco de esos regalos y comenta además que esperarían al Padre Eusebio en Sonoita, aunque el sacerdote italiano jamás pudo ir y desconsolados regresaron a sus tierras después de dos meses; Kino escribe: “sólo la venida de los necesarios padres podrá remediar tan lastimosos desconsuelos; los pequeñitos pidieron pan y no había nadie que se los repartiera”. Otro mensaje le llegó durante el mes de agosto. Los Quíquimas estaban entusiasmados con Kino; se hacía necesario un viaje más del Padre Eusebio hacia las tierras del Golfo pues además seguían los rumores que no daban crédito a la peninsularidad de California. El General Fuensaldaña, Capitán del Presidio de Fronteras, animó a Kino en el asunto tomándolo por sorpresa en la ocasión en que el distinguido padre visitaba a los mercados del pueblo; ambos discutieron el punto expresando Kino su pesar por los ataques de sus opositores: “Teniendo su merced por cierto lo que era muy cierto, que la California no era una isla, determinó darme unos soldados que conmigo fuesen a ser testigos de su vista y se informase de todo a fin de informar jurídicamente en México”; a cambio, Fuensaldaña despachó un correo a sus expensas a fin de conseguir y traer los padres tan necesarios para esas nuevas conversiones. El Alférez Juan Mateo Ramírez y Antonio Durán fueron asignados como escoltas de Kino en la nueva expedición; el Fraile Manuel de Oyuela, un franciscano que estaba en Sonora pidiendo limosna para la fundación del noviciado de Guadalajara, decidió acompañarlos. Todos llevaban la consigna de levantar un registro minucioso de la caminata. | |
| El 13 de octubre, el pequeño grupo emprendió el camino hacia el suroeste llegando a Dolores tres días después. Ramírez vio la primera prueba en este pueblo al observar las conchas azules, regalo de los Quíquimas que incluyeron también una cruz. Otros regalos dispuestos en la colección de Kino contribuyeron a convencer poco a poco a los observadores enviados por Fuensaldaña. Después de 5 días en Dolores, Ramírez se adelantó con la recua hasta Remedios para obtener más equipo; Kino y Oyuela salieron al día siguiente y prosiguieron su camino a Síboda. Oficios religiosos, bautizos, enseñanzas varias, una avanzada a las construcciones, fueron lo normal durante la expedición por los pueblos del norte. En Tubutama les dio la bienvenida Minutuli proporcionándoles vino de misas, candelas de cera, chocolate, pan y bizcocho, pinole, carnero y carne de res y hasta su propia mula de silla”. Pasaron por Caborca y siguieron hacia el norte para virar después a Sonoita: “Al mismísimo tiempo estaban llegando los vaqueros con el ganado mayor que la semana antecedente, por diferente más derecho camino, habíamos despachado desde San Ambrosio del Búsanic”. Kino se encontró con su pequeña iglesia casi terminada, blanqueada y pintada. El padre Oyuela atestiguó la magia del Padre de Dolores: “Allí estuvimos día y medio en donde vi una cosa muy digna de ponderar en gente tan ignorante, que después que el padre les predicó, un capitán de ellos proseguía amonestándoles con tal eficacia y tal energía que parece que el Señor le daba términos para poder hablar tanto, pues les amonestaba espacio de dos horas, cosa aún difícil para un gran predicador; después cogía otro el hilo y proseguía en las demás lenguas, y de esa manera les amanecía y la noche siguiente fue lo mismo”. Kino decidió finalmente partir hacia el cerro de Santa Clara y desde ahí convencer a los distinguidos visitantes del paso por tierra a California. En el amanecer del 5 de noviembre la expedición partió de nuevo llegando hasta las faldas del Cerro de Santa Clara (o del Pinacate); dejó los caballos de remuda junto con Durán que estaba enfermo; Kino escogió las mejores mulas y subió cuatro leguas por el escarpado y agreste camino. Al terminar el día había recorrido 70 kilómetros, parte de ellos de montaña; Ramírez cuenta: “sobre este cerro hacen otros tres cerros apilonados; subimos en el que cae al sur, desde donde se vio el mar, el cual nos quedaba meramente al sur… y se perdía de vista sin que ni de la parte oriente, de donde vinimos, ni de la parte del poniente, subiera el mar alguno hacia el norte o noroeste”. La mañana siguiente, día de San Bruno, subieron hasta la cima más alta; dice Oyuela: “lo puse por ejecución a costa de mucho trabajo por ser tan alto y un género de cascajal de piedra tezontle, como lo es todo este grandísimo cerro, que temía acabar primero con la vida que con la empresa”. Desde esta cima se volvió a ver, según Ramírez, “aún con más individualidad lo que habíamos visto la tarde antecedente, y que con esta continuación de ambas tierras y paso por tierra a la California; y vimos que su Sierra Madre de la California corre de sur a norte hasta a donde remata el mar y que una punta se pega con una había que Fray Manuel llama la ría, por ser el desemboque del Río Colorado en el remate de la mar de la California”. Acto seguido ensillaron sus caballos, convencidos todos, y bajaron las cuatro leguas hasta el estanque, donde alcanzaron a Durán, y según Ramírez: “allí dijo misa el Padre Eusebio en hacimiento de gracias de la tan patentemente descubierta verdad del paso”. Desayunaron, volvieron a El Carrizal después de otros dos días históricos y después de un rápido camino, llegaron de nuevo a Dolores el 16 de noviembre; fue el último viaje registrado del Padre Kino. Después de firmar la relación diaria de hechos, una trágica noticia ensombreció el rostro del Padre Eusebio: “Y cuando nuevamente esta relación diaria había de pasar al General Don Jacinto de Fuensaldaña, para que su merced cristianamente para el bien de muchas almas pasase, autorizado con papeles suyos a México y aún a España, supimos con muy grande desconsuelo nuestro que se lo acababa de llevar Dios Nuestro Señor”. Un valioso cómplice había extinguido sus días. Pero Fray Manuel de Oyuela no dejó lugar a los escépticos. Anotó correctamente que la forma de la cabeza del Golfo se parecía al pié derecho de un hombre, con la desembocadura del Río Colorado en el lugar del dedo gordo, expresando: “por lo cual no es isla la California sino península, como días ha muy bien y con razón dice y escribe el padre Eusebio Francisco Kino que nos trabajo a hacer testigos de esta verdad. Con lo dicho he visto que el hereje Draque es autor de la mentira con que quiere subir este mar de California hasta la Mar del Norte, queriendo desmentir a los antiguos españoles que pusieron a la California tierra firme con ésta como realmente lo es”. Termina el escrito diciendo: “Y siempre, como dice el Padre Kino, quedará la California Alta hecha tierra firme con ésta; esta es la verdad de todo lo que he visto, que podré jurar y juraré siempre que para ello haya necesidad una y mil veces y por tal verdad, lo firmo en este pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, en 20 de noviembre de 1706”. Sin duda la caminata ayudó a mejorar la percepción California como península, aunque la prueba definitiva seguía en el aire. | |
| Después de la caminata de 1706, no se conoció más de alguna otra aventura del Padre Eusebio pisando tierras lejos de Dolores. Al parecer, el ilustre fraile italiano ocupó gran parte de su tiempo en fortalecer a las misiones bajo su mandato, además de escribir la narrativa que ha dado cuerpo a este documento en el libro cuyo título empezaba con “Favores Celestiales”… Todavía en ese tiempo era preocupación para Kino el buscar nuevos sacerdotes para las misiones que en sus largas caminatas ilusionaba. El 16 de septiembre de 1709, escribe al procurador de México Juan Yturberoaga: “Lo que sobremanera vuelvo a suplicar a vuestra Reverencia y a mi padre Provincial es que se nos socorra con seis o siete padres misioneros para estas nuevas conversiones y nuevas misiones; que le gasten algunos centenares de pesos por mi cuenta para su avío de los referidos padres, que estas misiones pingües pagarán esos gastos”. El Padre Eusebio siempre exhibió habilidad para la economía; ahora que podía sufragar gastos para nuevas misiones, los brazos estaban faltando. Llegó a enviar donativos al Santo Sepulcro e incluso hacía regalos a la Provincia. Se edificaron nuevas torres y se adquirieron nuevas campanas para Dolores; en la carta añade: “Con un propio despacho a Fronteras cien marcos de plata, y me parece que otros tantos con poca diferencia se me juntarán y cobrarán y añadirán en el camino, que me los deben y prometen personas seguras”. El Capitán del Presidio debía enviar esa suma que le sería acreditada a Kino. De esa cantidad, el procurador habría de descontar el precio de cincuenta libras de chocolate que se debían de un embarque anterior, y trescientos pesos como un obsequio para la Provincia. De lo que restaba**, “se me podrá remitir para esta iglesia la campana grande y buena de catorce o quince arrobas y buena torre… espero en breve remitir más plata porque el año parece es favorable de frutos”.** Tres meses después, por conducto del capitán del Presidio enviaba doscientos marcos o mil cuatrocientos pesos en plata; mil eran para la Provincia, y el resto debía acreditársele en su cuenta, que esperaba en parte pudiera aprovecharse para equipar a los nuevos misioneros; Kino escribe: “Añadí a la limosna de los mil pesos para la Provincia cien novillos y toros y veinticinco caballos, y estoy pronto a socorrerla con todo amor toda mi vida”. La respuesta del procurador fechada en Enero de 1710 fue terrible, pues el Obispo de Durango ya estaba exigiendo suprimir todas las misiones de la Compañía de Jesús en la Nueva España, una medida que décadas más tarde se haría efecto. El padre sabía que las cosas estaban difíciles pero ya no tenía fuerzas para enfrentar tanta complicación; ese era trabajo para las próximas generaciones de valientes jesuitas. A mediados de 1711 ensilló su caballo y siguió el camino tantas veces pisado de Dolores a Magdalena. La luz del sol se confundía entre las verdes ramas de los árboles que ya sentían la primavera; el Padre caminante se acerca a las fiestas de consagración del templo dedicado a su Santo Mayor, Francisco Xavier, el mismo a quien, postrado ante la penosa enfermedad, dedicara la promesa de consagrar su vida a la salvación de almas en tierras muy lejanas de la orgullosa Italia. | |
| En el trayecto, su vida pasaba como un relámpago: aquellos viajes frustrados en Cádiz, la travesía de varios meses para llegar a México obligado por aquel papelito que jugó a la suerte; sus discusiones respecto al cometa que analizó en un polémico libro; el viaje a China que nunca pudo ser, pero que pronto olvidó para cambiar su ilusión por California. Aquellos viajes por La Paz y San Bruno donde vivió amargas experiencias por un río que siempre se le negó; aquella despedida de los naturales dueños del otro lado del turbulento golfo, que en cada viaje sin piedad sacudía las velas de las primeras embarcaciones construidas bajo la mirada de un Atondo sin fortuna. Como olvidar esa primera llegada al norte de Sonora con todo el empuje de una juventud ya muy lejana; el plan estaba perfecto: desarrollar esta tierra tan rica con cuyos excedentes se podría abastecer a ese pedazo de mundo que nunca fue isla… y lo hizo. Subió a la Pimería, no se cansó de pisar estos recónditos lugares donde la luz de la civilización no alcanzaba a llegar tan lejos. Buscar el paso por tierra a California fue su terquedad, esas conchas azules fueron su martirio, y aquella última prueba que le permitiera abrazar a su paisano Salvatierra se quedó como pendiente. Tenía dinero para hacerla, pero sus manos ya no apretaban la rienda; sus ojos no veían lejos y en este último viaje prácticamente el caballo trabajó solo… Se veía cansado… fueron miles de kilómetros de sostener el paso de un corcel con la mirada puesta en el sextante, arriando bestias que en silencio soportaban el peso del bendito alimento de su gente, o del agua milagrosa que poco se da en las cálidas tierras contrastantes de un Sonora milenario; de un desierto poco visto. Acampar, soñar con el descubrimiento del día siguiente; hacer los primeros caminos en suelo extraño para todos en un clima hostil y peligroso era lo normal en su vida; pisar arena, trotar en agua, tropezar con riscos en montañas, subir a la cima de un volcán extinguido y vencer obstáculos del tiempo, del suelo o del enemigo, terminaron por consumir inevitablemente esta vida llena de ilusiones y de una entrega total a cambio de nada. Aquel 15 de marzo de 1711, sobre el altar de un nuevo templo calló el canto de un santo; un silencio sacudió los arcos sostenidos por un muro hecho a su pensar; el ritual sagrado no pudo concluirse pues Francisco Eusebio estaba agotando sus últimas respiraciones, sus últimos impulsos de aquel noble corazón. Permaneció en su humilde aposento teniendo por cama dos cueros de ternero y a su lado el compañero Campos decide darle los rezos terminales… para la medianoche el Padre de Sonora había emprendido el viaje solemne a la eternidad. Solo él pudo ver que desde lo más alto del firmamento una luz brillante que iluminó su rostro. Ansioso pregunta en su despedida: ¿Lo hice bién?… ¿He cumplido la promesa?; Una voz responde solo para él**: “Lo hiciste bien, muy bien Eusebio… tu siembra dará frutos, no tengas la menor duda… déjame contarte que muchos años pasarán por esta tierra… que será grande, maravillosa y muy rica; avanzará y crecerá con los siglos de los tiempos… dará hombres y mujeres fuertes, valientes y seguros de un destino maravilloso. No diré que estarán salvos de infortunios, como los tuyos que los ví uno a uno, pero la fuerza de sus ideales y su mística de entrega al trabajo será única y brillará por encima de otras luces.** Levantarán la voz cuando se asome la injusticia, serán sus hijos el mayor orgullo y por ellos ofrendarán sus vidas muchas veces, y en el rincón más sublime del alma llevarán para siempre y para cualquier parte el recuerdo de esta tierra a la que pertenecen. Ve feliz Eusebio… ve tranquilo… porque cada hijo de este suelo heredará la magia de tus dones como un regalo milagroso que hoy te entrega el Creador… Alégrate porque tus hijos llevarán esa mística que se labró en tu corazón cada vez que tomabas la dolorosa ruta del dolor y el sacrificio, buscando el bien de los humildes a quienes por estos caminos de tierras áridas y altas montañas siempre protegiste y enseñaste… Ve feliz Eusebio al encuentro con la inmortalidad… ve seguro a la eternidad… te bendigo como al más Santo de mis hijos porque en tus manos esta tierra ha nacido para el mundo”. | |
| Acta de Defunción de Kino escrita por el P. Agustín de Campos | |
| **El Acta dice: *“Año 1711. Padre Eusebio Franco. Kino. En quince de marzo poco antes de media noche, recibidos los santos sacrametnos, murió con grande sosiego y edificación en esta casa y pueblo de Santa Magdalena el Padre Eusebio Francisco Kino, de edad de setenta años.***Fue misionero de Nuestra Señora de los Dolores, fundada por el mismo padre el cual trabajó incansablemente en continuas peregrinaciones y reducción de toda esta Pimería. Descubrió la Casa Grande, ríos Gila y Colorado, y las naciones Cocomaricopa y Sumas y los Quicamaopa de la isla; y descansando en el Señor está enterrado en esta capilla de San Francisco Xavier, al lado del Evangelio, donde caen la segunda y tercera silla, en ataúd. Fue de nación alemán, de la provincia a que pertenece Bavaria. Habiendo sido antes de entrar en la Pimería Misionero y Cosmógrafo en la California, en tiempo del Almirante Don Isidro de Otondo. (firma): Agustín de Campos SJ.” |
CRIMEN DE UN POLITICO
Hace 80 años fue asesinado Enrique Woolfolk, exalcalde y periodista
Hoy 3 de octubre víspera del día de San Francisco de Asís, pero que en Magdalena se festeja a San Francisco Javier, cumple 80 años de haber sido asesinado arteramente el ex alcalde y periodista Enrique Woolfolk.
Obteniendo el 80 por ciento de los sufragios, fue alcalde electo por el período de un año 1922 a 1923 conforme se estilaba en esos difíciles tiempos.
Nuevamente en 1928, año de su asesinato fungió como alcalde del 16 de marzo al primero de abril, Seis meses después ocurriría la tragedia que enlutó a su familia y causó grande movilización de la justicia para esclarecer el crimen, el cual eximió a las autoridades principalmente al titular del gobierno, versión que jamás satisfizo a sus familiares.
Era gobernador el General Fausto Topte que en 1927 había sido electo gobernador constitucional del Estado, pero como fue de los responsables de la tragedia nacional de 1929, y encomendó la redacción del plan rebelde de Hermosillo al licenciado Gilberto Valenzuela, y firmó dicho documento con su carácter de gobernador del Estado, el Congreso de la Unión declaró desaparecidos los poderes de Sonora, destituyó al general Fausto Topete, y nombró gobernador provisional y luego interino a Francisco S. Elías, para que terminara el periodo en agosto de 1931.
Woolfolk tenía su periódico “La Extra” en donde atacaba implacablemente al gobernador Topete.
Asi que el meeo día de San Francsico Un agente de la policía municipal comunicó al agente del Ministerio Público que había encontrado a una persona asesinada cerca del río.
Presentaba fractura completa del cráneo y, entre otras cosas, una herida y con arma puso cortante en el cuello que le destrozó el esófago.
Segün el certificado de médico legistas, el cuerpo había sido objeto de varias heridas. El caso tuvo implicaciones políticas diversas algunas originadas en años anteriores, hasta se llegó a pensar que el gobernador Topete era el actor intelectual del crimen por ser alérgico a la libertad de prensa.
Se acusó y se detuvo al huisachero Zeferino Quintero, a Lolita Vázquez, así como al coronel Habacuc quien al deslindarse las responsabilidades fue señalado como el más comprometido con este crimen.
Diez años depués José Vasconcelos al visitar la Villa de Magdalena pues andaba en campaña para la presidencia de la República fue al panteón a colocar una ofrenda floral ante su tumba, los niños que aparecen en la foto son hijo de Woolfolk que tenía al morir sólo 39 años..
Foto derecha. General Fausto Topete a quien se le señaló como quien dio la orden de asesinar a Woolfolk.
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| Lunes 03 de Marzo de 2008 23:49 |
HUEPAC
¡QUÉ DIERA POR VOLVER A HUÉPAC!
Por Francisco Bustamante Tapia
Con el nombre de San Lorenzo Güepaca quedó establecido en 1639 lo que hoy conocemos con el singular nombre de Huépac, población risueña de la región del Rio Sonora. “Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran”, cantó el pota español Miguel Hernández en un poema titulado “la soledad de los pueblos” que perfectamente encaja con este ahora pueblo visitado.
Tomamos la carretera del Río de Sonora internándonos por el antiguo valle de la gran nación ópata.
Güepaca le llamaron los naturales a esta parte que se disputa el patrimonio histórico de haberse formado justo a unos cuantos kilómetros la ranchería que visitó Alvar Núñez Cabeza de Vaca,
llamándola Sonora ya sus moradores los sonoras; fue en 1739 cuando pasó por aquí el padre jesuita Bartolomé Castaño acompañado del padre Pedro Pantoja y Gerónimo de la Canal quedando este último a cargo de la misión cuyo templo empezó a levantarse bajo la advocación del mártir San Lorenzo de Huépac, aunque hay gente vieja que le sigue llamado Güepaca, su primitivo nombre, hay que aclarar que el templo actual es franciscano. Este pueblo de aproximadamente 3 mil habitantes tiene el honor de haber sido una de las primeras poblaciones que contó con escuela de primera letras.
Huépac cuna de hombres destacado como el general Ignacio L. Pesqueira (el Nachuele) quien fuera gobernador interino de Sonora en los álgidos años de la Revolución llegando a general divisionario.
Visitar Huépac es conocer su bello y bien conservado templo a cuyo santo se le festeja el diez de agosto con festividad religiosa en las que destaca el tradicional paseo de la Marmota, que culmina en la iglesia de rica arquitectura y en perfecto estado a le lejanía de más de 300 años de fundada; dentro de sus anchos muros podemos apreciar bellas reliquias que han estado por ahí por siglos siendo objeto de veneración por ciento de personas devotas que han adorado en este santuario, impresiona el magnífico estado en que se hallan las figuras religiosas y tan perfectamente ajuaradas con ropajes acorde con la tradicional usanza religiosa. En el centro del altar destaca la figura de San Lorenzo, el santo patrono quien en actitud de beatitud y con una parilla metálica entre sus brasas nos recuerda la forma en que fue martirizado bajo las brasas ardientes a causa de su fe cristiana llaman poderosamente las vigas del techo, todas conservadas admirablemente gracias a la perdurabilidad del mezquite, algunas han sido reemplazadas por el mismo material por lo que no se distingue variación alguna, basta levantar la cabeza y así poder apreciar la uniformidad y fortaleza de dichas vigas que entramos de medio metro una tras de otra están colocadas a lo largo de toda la capilla, dando la idea de una fortaleza increíble, pero sobre todo un recogimiento místico singular. Huépac que significa en la melodía de la lengua ópata logar largo o ancho o más exactamente llano, tiene muy bienes labores regadas constantemente por el río sonora que ciertamente en esta parte se extiendo y en parte se pierde entre los arenales por ello los escasos moradores que de tarde en tarde salen a sentarse a la plaza son gente hecha a las labores ´rustica y la preocupación sus entretenidas charlas es averiguar el estado del tiempo, de la siembra y el ganado. Huépac tiene una plaza quizá la más limp ia y primorosa de cuantos pueblos hay en Sonora, reforestada en mejor forma y su iluminación ofrece una sugestiva plasticidad que invita al romanticismo, el realizar un recorrido por sus jardines sumergió inesperadamente en un soliloquio saludable o ya bien entablar una charla despreocupada o dulcemente amigable con gente tan sencilla inevitablemente contemplar los altos edificios de ladrillo añejo acrecienta las intenciones bien ganadas de recitar un verso alado y de Jazmín incendio.
ACUERDO DE HERMANDAD
Magdalena de Kino logra acuerdo de hermandad con Segno, en Trento, Italia
En punto de las nueve treinta horas de este domingo 27 de Julio, en la plaza Eusebio Francisco Kino de Segno, Municipio de Taio, Provincia de Trento, Italia, iniciaron los actos formales para hermanar a dicha población con Magdalena de Kino.
Desde temprano se dieron cita alrededor de mil doscientas personas en el lugar, con la expectativa de presenciar a la delegación mexicana y ser testigos de la hermandad entre ambas ciudades.
Con la presencia del Obispo Luigi Bressan, ministro religioso de suma importancia, ya que ha sido nuncio apostólico en varios países, cooficiaron una ceremonia religiosa un total de cinco sacerdotes, en un templete instalado para la ocasión, sobresaliendo el profundo fervor religioso que priva en Italia.
La misa se llevó en Italiano pero ciertos pasajes fueron hablados en castellano por el Obispo Bressan, quién en la homilía celebró el hermanamiento.
Concluido el servicio religioso, inmediatamente y en el mismo lugar se procedió con el acto formal. Por la Ciudad local estuvieron en el presidium, el Alcalde de Taio Brunno Campadelli, el Comisario Luca Mozza, el Vicepresidente Mario Mainani, la Asesora Cultural Marghezita Cogo y el Asesor Franco Panizza, estos últimos del Gobierno Provincial de Trento.
Magdalena de Kino fue representada por la Alcaldesa Adriana Hoyos Rodríguez y el Secretario del Ayuntamiento Martín Terán Gastélum y con la representación del Gobierno de Sonora el Director del Instituto Sonorense de Cultura, Fernando Tapia Grijalva.
Sin duda dio realce a la ceremonia, la presencia del Licenciado Carlos Iván Mendoza Aguirre, Cónsul de México en Milán, Italia. El acto fue sumamente emotivo, primero el alcalde Brunno Campadelli dirigió un mensaje donde destacó la obra realizada por el Padre Kino en Sonora y Arizona, como el factor fundamental para concretar esta unión.
Por su parte, Adriana Hoyos Rodríguez sorprendió a la concurrencia, al dirigir su mensaje el que leyó totalmente en Italiano, causando admiración y un prolongado aplauso de los ciudadanos Trentinos, a quienes agradó el gesto de la mexicana.
Seguidamente se procedió al protocolo, donde se firmó el acta de hermandad en dos pergaminos elaborados por la autoridad de Taio y después Adriana Hoyos hizo un obsequio a la ciudad ahora hermana, consistente en una figura cuya descripción estuvo a cargo del Licenciado Martín Terán, hecho que fue recibido con mucho respeto y gratitud.
Terminada la formalidad y como parte todavía de la ceremonia, la comitiva binacional se trasladó unos trescientos metros del lugar, donde fue develada una escultura majestuosa diseñada y elaborada por los escultores Livio Conta y Giorgio Conta, donde se pronunciaron emotivos discursos por los locales y se escucharon notas musicales de la Banda de Trento y el Mariachi de Roma, dándosele un singular colorido a este momento.
Debe destacarse las palabras de Mario Mainani, Vicepresidente del Gobierno de Trento, quién dijo a la concurrencia que:
“la figura de Kino debe servir como símbolo en la lucha internacional por los derechos humanos, ya que es conocida la violación generalizada que se hace de los mismos en muchas partes del mundo, para muestra los reclamos que se han hecho en el marco de los Juegos Olímpicos por iniciar en Beijin, China”.
Para concluir, a eso de las doce treinta horas, en las instalaciones de la empresa trasnacional “MELINDA”,
la ciudad de Taio ofreció una comida no sólo a los mexicanos, sino a la comunidad entera, en un acto muy significativo y de total fraternidad, en el que fueron ovacionados los números artísticos presentados por los Sonorenses Carlos Barrera Heguertty, Raúl Ortiz Figueroa y Lucarmen Galindo.
La comitiva mexicana estuvo representada también por el empresario José Maldonado Arriola, Elsa Barragán, Zarina Fernández Moreno, Magdalena González Agramon, Marcos Barreda Araiza, Cecilia Morales Yanez, Viola Corella y Gabriela Espinoza.
Develan secreto de la muerte de Álvaro Obregón
En una autopsia oculta a su cadáver se descubrieron 19 orificios de bala.
Por Tomado de internet / www.milenio.com
Dia de publicación: 2008-11-22
Los pasajes secretos de aquella historia se empezaron a develar hace poco más de 60 años, a través de un reportaje periodístico, pero en la memoria colectiva se sigue con la idea de que un solo hombre —José de León Toral— había sido el asesino de Álvaro Obregón, en el restaurante La bombilla de San Ángel, en la Ciudad de México.
Esa fue una de las razones de Francisco Martín Moreno para involucrarse en forma narrativa con el asesinato, lo que dio como resultado la novela histórica México acribillado (Alfaguara, 2008), si bien en un primer momento tuvo otras opciones de escritura: Francisco I. Madero y Venustiano Carranza.
“Cuando buscaba el tema para la novela, me encontré que en el tiempo transcurrido desde el asesinato de Luis Donaldo Colosio, ya casi 15 años, en ese mismo periodo, pero entre 1913 a 1928, asesinaron a balazos a tres presidentes mexicanos: Madero (1913), Carranza (1920) y Obregón (1928), estalló la revolución y la guerra cristera.
“Mi preocupación vino al momento de elegir a alguno de los tres y después de revisar archivos encontré que el que tenía más atractivo político, policiaco, diplomático, humorístico, flemático, era el caso de Obregón, porque para sorpresa de muchos se encontró los resultados de una autopsia a su cadáver en el que aparecen 19 orificios de bala”.
Además, explica el escritor, las heridas son de diferente calibre y trayectoria: tan sólo se le encontraron seis en el pecho, disparados con trayectoria de abajo para arriba y de atrás para adelante.
Con toda esa información, Francisco Martín Moreno llega a la conclusión de que se trató de una conjura, donde “Toral no era el asesino único como siempre nos quisieron dar a entender”.
La intención del escritor con México acribillado fue poner al descubierto a quienes estuvieron atrás de la conjura para asesinar al entonces presidente electo, como parte de un proyecto personal: establecer un diálogo permanente con el país.
“Seguiré en la saga de México. La novela histórica en México está en pañales, tienen que surgir escritores que cuenten la historia del país en forma novelada, la mejor manera de divulgarla.”
Una historia conveniente
En la hemeroteca, el escritor se encontró con la primera plana de un periódico, fechado el 20 de mayo de 1947, en la que se publica una nota firmada por Leopoldo Toquero con la cabeza: “Fueron 6 los asesinos del general Obregón, o Toral usó seis pistolas”, acompañada de un diagrama del asesinato.
“A pesar de que me encuentro con archivos mutilados, libros perdidos y una serie de obstáculos, eso me deja claro que tanto la iglesia como el gobierno trataron de ocultar el acontecimiento para que no se conociera la realidad”.
Y es que durante el interrogatorio al asesino, explica, surgió el nombre de una religiosa, la madre Conchita, aunque al jalar la hebra se aparecieron otros personajes vinculados con la Iglesia Católica: “Ya no quería meterme con la iglesia, después de México ante Dios mi diálogo parecía terminado, pero después de ese hallazgo qué puedo hacer, sólo seguir buscando”.
Así comenzó a involucrarse con una historia que forma parte de los libros de texto, pero que prácticamente fue escrita a conveniencia de todos, tanto del gobierno, como de la oposición y, en especial, de la jerarquía católica, a decir de Francisco Martín Moreno.
“Hay muchos intereses creados: el PAN, por ejemplo, jamás va a permitir que se involucre a la Iglesia en el asesinato del presidente de la república […]. Se escribió una historia que convenía a los protagonistas, pero no al país.
“Nosotros no conocemos la identidad de nuestros enemigos, lo que provoca un enorme nivel de rezago porque no nos hemos atrevido a desenmascarar a los verdaderos traidores de la historia patria”.
México acribillado busca ser, además de un medio para mostrar los datos ocultos, una novela en la que hay erotismo, espionaje, pasión, sabotaje, que permitió un tiraje de 85 mil ejemplares, a decir de su autor.
“Eso nos habla de una sed por parte del público de conocer la cara oculta de la historia. Seguir en esta línea me produce una gran satisfacción, porque siento que dentro de mis proporciones logro dar las señales de alarma y sacudir a mis paisanos queridos para decirles: entiendan lo que nos ha pasado, para que no nos vuelva a ocurrir”.
México/Jesús Alejo
