Como hay pocas ofertas editoriales que se preocupan por la cultura, también hay pocas librerías con estanterías ricas en títulos y ofertas novedosas.
Es así que los rincones donde se pueden encontrar buenos libros y revistas en Hermosillo son respiros
Por Iván Ballesteros Rojo
Se dice que los hermosillenses somos personas apáticas y faltas de cultura. Que no leemos, y que por lo tanto no consumimos productos editoriales como libros, revistas, folletos y periódicos. A esto agregamos que de las pocas librerías en la ciudad recientemente han cerrado dos: la librería Milenio y la librería Cristal (hace algunos años había una librería del Conaculta en la calle Revolución y más atrás, en los ochentas y noventas, existió Librolandia). Es lógico entonces que el ciudadano hermosillense no sea un consumidor de libros y revistas. Son escasos los lugares dedicados a proveer libros de literatura, ciencia, arte, etcétera, en nuestra región.
Las ofertas de publicaciones que tenemos en nuestra ciudad cumplen con fines comerciales y políticos, amén que manejen en sus páginas temas culturales y científicos. Los ofertas editoriales, sobre todo las periódicas, son refritos noticiosos en los que se encuentran ecos, no voces, de lo que sucede en la entidad, el país y el mundo. Por su puesto, como en todo, hay sus acepciones. Pero estas resultan insuficientes.
Resultan verdaderos oasis en el desierto. Como la reciente edición del periódico cultural Desierto Urbano. El cual es una publicación mensual con tendencias quincenales. Una mezcla de rica frivolidad con reflexiones sociales muy interesantes.
Vía Libre es otra publicación mensual que se olvida del clima de violencia que vive el país para presentar temas sobre autores de literatura, locales y universales, así como actualidad en el mundo del arte.
Revista Shandy, un espacio que desde Hermosillo ya se ha convertido en un espacio para la literatura contemporánea que resuena en todo el país y parte de Latinoamérica.
De la misma manera como hay pocas ofertas editoriales que se preocupen por la cultura, en toda la extensión de la palabra, también hay pocas librerías con estanterías ricas en títulos y ofertas novedosas. Es así que los rincones donde se pueden encontrar buenos libros y revistas (y no sólo títulos con cuestiones técnicas y especializadas o modas juveniles) en Hermosillo son, otra vez, respiros, oasis en el rezago cultural de la ciudad.
Librerías Si lo que se pretende es encontrar revistas y libros de arte, ciencia, tecnología, política y cultura se deberá acudir al Sanborns o la librería Educal ubicada en el Museo de Culturas Populares.
En estos dos espacios de repente se pueden encontrar títulos de obras literarias interesantes. Algo que podría ser un tema para que el hermosillense, tan castigado en el bolsillo, decida no comprar libros, son los precios, tan altos, que alcanzan estos productos.
Más si el autor que se busca está en boga. Es así que podemos encontrar novelas o trabajos periodísticos que cuestan más de 500 pesos. El precio tan alto se debe a que los sellos editoriales son extranjeros en algunos casos, y como el libro está catalogado como un producto de lujo en nuestro país (…).
Sin embargo se puede buscar las ediciones de pasta blanda, que resultan más económicas. En cualquier caso, la librería Educal tiene títulos a buenos precios de autores contemporáneos.
Otra librería que recientemente se ha preocupado por traer los libros de literatura y ciencia es la del Noroeste, ubicada en el Centro de la ciudad. esta librería, aunque es de las más caras de la ciudad, cuenta con ofertas en editoriales caras, como lo es Cal y Arena, casa que maneja autores interesantes como Guillermo Fadanelli y el brasileño Rubém Fonseca. Un tip: el supermercado que cuenta con más sucursales en la ciudad pone baratísimos algunos libros que en otra parte serían inalcanzables. Es cuestión de tener suerte y estar atento.
Bibliotecas públicas No hay pretexto que valga. En Hermosillo hay por lo menos tres bibliotecas públicas muy bien equipadas para que el lector, el buscador de oasis, encuentre libros y espacios donde oxigenar el cerebro, donde viajar y conocer.
Y lo mejor, de manera gratuita. La Biblioteca Pública Central es, sin duda, un espacio poco aprovechado por los habitantes de esta ciudad. Sobre todo por los estudiantes de niveles básicos.
Y es que en esta biblioteca se pueden encontrar libros de ciencia, historia, literatura, economía y en fin, de todas las ramas del conocimiento. Para el consumidor de novela, ensayo y poesía, hay una muy buena combinación de autores clásicos y contemporáneos.
Además de la ventaja de contar con una sala virtual y con conexión a internet Wi-fi. Un espacio del que muchos no saben siquiera su existencia. Este excelente lugar, uno de mis favoritos en la ciudad, se encuentra ubicado en las calles Guerrero entre Gastón Madrid y Everardo Monroy, Col. Centro.
Cuando se tiene ganas de desaparecer cualquiera de las dos salas de la Biblioteca Central resulta una buena opción.
En verano está refrigerado así que mientras pasa la canícula uno puede leerse desde Octavio Paz hasta Ricardo Solís. Desde Fiodor Dostoievski hasta Juan Rulfo.
Otra de las ofertas que tiene esta librería es su sala para ciegos y débiles visuales, con más de 400 títulos en lenguaje braille; además de una sala audiovisual para personas con capacidades diferentes. Un espacio que no sólo es desaprovechado por los habitantes de la ciudad, también por las instituciones encargados de su administración.
Ya que muy pocas veces al año hay actividades como presentaciones de libros, cursos, talleres, festivales de cine, firmas de libros, teatro infantil, en fin.
Otra de las opciones es la biblioteca pública municipal ubicada en el conocido Parque Tutuli, frente a la iglesia Santa Eduviges. Este oasis cuenta con un área de literatura infantil con más de mil 300 títulos. Un sitio que también es desaprovechado, tanto por los ciudadanos como por las instituciones a cargo del inmueble. Aunque hay talleres de teatro, literatura, pintura, cine y música en ciertos momentos del año, la gran mayoría del tiempo la biblioteca está sin actividad.
Únicamente los amables bibliotecarios que allí laboran aprovechan la bibliografía, las computadoras, el internet y en fin. Un lugar que bien podría convertirse en un foro de cultura constante.
En una sitio donde cotidianamente se podría acceder a muestras de cine. En cuyos espacios exteriores podría haber música, teatro en horarios que hay pocos lectores concentrados. En esta biblioteca he conocido a personas que le han dado la vuelta a la mayoría de los libros de literatura que están allí. Desde Joyce hasta Jorge Volpi. Personas que han hecho de ese lugar un resguardo, su biblioteca personal.