Por Jesús T. Morales

El día 9 de mayo de 1919 para el mineral de Cananea era un día más. El humo de las chimeneas de la fundición descansaba con una nube densa sobre la ciudad dándole un aspecto sombrío y frío como presagio de una tragedia que se cernía sobre una población pacífica.

Transcurrió el día aparentemente sin novedad, pero al anochecer la mayor parte de la gente deseosa de olvidar sus preocupaciones de distraerse un rato se aglomeraron en el Circo Beas y Modelo, que se encontraba instalado en el lado norte de la ciudad.

Allí pasaron algunas horas de alegría retirándose la mayor parte a sus hogares antes de la media noche. Sin embargo, algunas de las personas que permanecieron en el espectáculo fueron testigos de uno de los atracos bancarios más grandes en la historia del Estado de Sonora.

A las 11:00 p.m. salía el pueble de trabajadores de la fundición de la compañía minera, entre ellos se encontraba Rafael Caballero, ponchador de la Convertidora y Víctor Moreno, que trabajaba en el Departamento de Tostadores de la fundición, que se dirigieron al corralón donde los esperaban otros con caballos ensillados que habían robado en la empresa.

Esto era el principio de un asalto organizado por un Coronel Villista que comprometió a algunos trabajadores y a otras personas. Nombró como jefe de la banda a Rafael Caballero.

Su plan siniestro comprendía el asalto a la Compañía Bancaria de Cananea, S.A.) Banco de Cananea, S.A.) y hoy Banca Cremi.

En la trayectoria entre el corralón y el banco, los bandidos fueron detenidos por un policía que hacía guardia frente a la carcelita (donde está el actual Cuartel de Bomberos); dispararon contra él acribillándolo a balazos.

Dos policías que se encontraban en la vecindad accedieron a prestar auxilio, corriendo la misma suerte que el anterior.

Los maleantes se dirigieron a la casa de José María Aldama, cajero del Banco, obligándolo a ir a abrir la caja de los valores.

Inmediatamente los asaltantes se adueñaron de todo el dinero que consistía en monedas de oro nacional y pesos de plata que se guardaban en bolsas de lona.

Los bandidos al huir hicieron mucho escándalo por toda la ciudad, disparando y atemorizando a los habitantes.

El señor Rivera, comandante de la Policía quiso poner el orden y fue asesinado por los malhechores.

Escaparon por distintos rumbos, unos huyeron por la Matanza, otros por Puertecitos, otros por Agua Prieta, etc.

Rafael Caballero y Víctor Moreno huyeron por uno de los caminos de los ranchos de la Compañía Ganadera de Cananea.

En la noche mientras dormían, Víctor Moreno le robó el dinero a Caballero, y se fugó a Mexicali, B.C.

Caballero al verse solo y sin dinero solicitó empleo a el rancho donde al reconocerlo lo pusieron a disposición de las autoridades.

Igualmente fue atrapado Jesús Castro en el Pozo de los Muertos, camino a Agua Prieta. Tanto Caballero como Castro fueron entregados a la guarnición militar de la plaza de Cananea, donde el capitán primero David Gálvez Coyt dio la orden para que se les ahorcara en el Puente de Arco.

Después de la terrible ejecución y al descalzar a los cuerpos, en el doblez del pantalón de Castro se le encontraron valiosas joyas que había robado en la joyería Plascencia (posteriormente Casa Celia).

Se decía que el gobierno reintegró al Banco el dinero robado, jamás de supo el fin de los demás componentes de la banda.