Francisco R. Almada
Don Miguel Hidalgo a su llegada a Guadalajara, influenciado por Fray Francisco Parra, ratificó la autorización para que Don José María González Hermosillo revolucionara el noroeste, principalmente las Provincias de Sonora y Sinaloa, dándole el grado de Teniente Coronel. Salió de Guadalajara el 1o. de Diciembre de 1810. Mientras González Hermosillo avanzaba por territorio del actual Estado de Nayarit y se introducía a Sinaloa, el Gobernador Intendente de las Provincias, brigadier Alejo García Conde, lanzó a un manifiesto a los habitantes de su demarcación exhortándolos a la obediencia y a prepararse para resistir a los insurgentes.
Al mismo tiempo el Presbitero José Joaquín Calvo, Gobernador de la Mitra, giró una circular a todos los párrocos en la que condenaba la conducta del Cura Hidalgo y sus adictos, recomendando que cooperaran con las autoridades reales para mantener a los vecinos en Paz. García Conde mandó por delante a Villaescusa, siendo derrotado por González Hermosillo. Después de esta batalla Hidalgo otorgó ascenso a Coronel a González Hermosillo, quien siguió engrosando su columna, que ya contaba con cinco mil hombres mal armados.
Ocupó Concordia y el Puerto de Mazatlán, cuya guarnición se le incorporó. García Conde marchó al encuentro de González Hermosillo, con una columna formada por tropas presidiales, milicianos e indígenas auxiliares; derrotando a una partida de aborígenes que se habían levantado en la región de El Charay, y en la noche del 7 de enero de 1811 se aproximó a los insurgentes que estaban acampados en San Ignacio Piaxtla, derrotándolos otro día (8 de enero).
En este combate García Conde se apoyó en las secciones mandadas por los Capitanes Mariano de Urrea, José Hernández Loredo y Manuel Ignacio de Arvizu. Con la derrota de González Hermosillo la Paz volvió a las Provincias de Sinaloa y Sonora. En algunos pueblos de Sonora se organizaron manifestaciones de adhesión al Rey de España. Se reorganizaron las compañías de milicianos.
En el Real de la Cieneguilla, fue quemado el Cura Hidalgo en efigie, en ceremonia pública. Sin embargo la Paz no fue completa pues no faltaron inquietudes y en algunos pueblos se aprovechó esta situación para vengar agravios, acusando a enemigos personales de ser simpatizadores de los insurgentes. Los casos más notorios fueron las prisiones que sufrieron el Presbítero Juan N. Galle de la Misión de Tarachi; Don Felipe Paz en Ures; Don Antonio Arriola en Onavas. En mayo de 1814 fué aprendido Fray Agustin Chirlín, Misionero en Banámichi, encerrado en el Hospital y enviado a Durango bajo el cargo de traición.
Con motivo de la emboscada de Acatita de Baján en la que fueron aprendidos los principales caudillos de la Independencia, el Gobernador de la Mitra, Presbítero Don José Joaquín Calvo, dirigió a los Párrocos de la Provincia de Sonora la siguiente circular, con fecha 12 de abril de 1811 . “A las doce de la noche anterior se han recibido de oficio los felices avisos de que el 21 de marzo último las tropas de Coahuila que, seducidas por los engaños y embustes de los revoltosos se habían pasado a su partido, tuvieron la bizarra y heroica acción de hacer prisioneros y mantenerlos en Monclova al Rebelde Cura Hidalgo y Cabecillas, Allende, Aldama, Abasolo, Zapata, Jiménez, Lanzagorta, Aranda, Portugal, etc. etc.,
y de haberles cogido el tesoro que en oro, plata y reales ocupaban veinte atajos y resultando que tan agradables noticias trae copioso número de bienes a la religión, Rey y Patria, en que tanto se interesa el Estado eclesiástico, ha dispuesto S.A. llama, que en su nombre prevenga a V.M. y a los curas comprendidos en esta Vicaria, como lo ejecutó que de acuerdo con los respectivos Jueces Reales, lo festeje con misa cantada y Te Deum en acción de gracias al señor de los ejércitos que tan visiblemente ha protegido nuestras armas y asimismo que asentadas las presentes en el Archivo, la traslade V.M. al mismo efecto, para su cumplimiento a los Curatos de comprensión, para que puesta al pié la razón de su obedecimiento, se devuelva original a manos de V. M., quien deberá pasarlo a esta Superitendencia para la Secretaría de Cámara y Gobierno”.
El Obispo Fray Bernardo del Espíritu Santo, cooperando con el Gobierno Virreinal mando circular un Pastoral en mayo de 1818, la cual iba dirigida a los Curas Párrocos.
…”En las presentes circunstancias media la seguridad pública, la tranquilidad de los pueblos, la conservación de las vidas, el arreglo de las costumbres y la asistencia de la religión. Tal su misión y obediencia enseñada por Jesucristo y encargada repetidas veces en la divina escritura al legítimo soberano que lo es de todas las Américas el Señor Don Fernando VII; la concordia, la paz, unión de ánimos y de corazones bajo de unas mismas leyes eclesiásticas y civiles que forman una Nación, un pueblo, una religión, que los facciosos han turbado, profanado y roto con la apostasía más enconada”. Concluía el Obispo recomendando a los Párrocos que tomaran medidas para mantener en quietud a sus feligreses, obrando de acuerdo con las autoridades.
Dos brotes de rebeldía se registraron en jurisdicción del Estado. En 1819 se rebelaron los Opatas que servían en la Compañía de Indios Auxiliares de Bavispe, descontentos con el habilitado de la misma, siendo reprimidos con prontitud. En 1820 se sublevó un grupo de yaquis, quienes, llevaron la guerra a la región de Chinipas, siendo perseguidos y derrotados por el Subdelegado de Alamos.
Al proclamarse el Plan de Iguala, el primero en secundario fue el Teniente Coronel Fermín Tarbé, quien se encontraba con su destacamiento en Rosario (16 de julio de 1821). El 6 de septiembre de 1821, se juró la independencia en Arizpe, el Teniente Coronel Antonio Narbona. El Brigadier Cordero se negó a hacerlo, resignando el mando político en Don Ignacio Bustamante el Militar en el mismo Narbona, retirándose a la Ciudad de Chihuahua. Las nuevas autoridades giraron instrucciones para que se jurara la independencia en todos los pueblos en su demarcación.
En seguida llegó la orden del Comandante General de Provincias Internas de Occidente, concluyendo así la dominación española en estos territorios. Solo en el Mineral de la Cieneguilla y el Puerto de Guaymas se presentaron dificultades para verificar la proclamación de la Independencia.
En la Cieneguilla el Presidente del Ayuntamiento modificó fórmula del juramento que había sido enviada por la Comandancia, originando protestas de los regidores y de algunos vecinos; el Gobernador se dirigió a la autoridad militar, acabando ésta con el desacuerdo y obligando todos a someterse. En Guaymas, el Capitán Esteban el Presbítero Pedro Leyva, cura doctrinero de los pueblos del Río Yaqui, alegando el primero que no conocía El Plan de Iguala y el segundo, que no había recibido órdenes respectivas por conducto del Mitrado, se negaron a verificar la proclamación. Narbona personalmente se presentó en Guaymas y los obligó a someterse y la Independencia fue jurada.
El 29 de
septiembre de 1821, el Obispo de Sonora y Sinaloa, Fray Bernardo del Espíritu
Santo, giró instrucciones a los Párrocos para que no opusieran ningún, obstáculo
a los actos de proclamación y jura del Plan de Iguala y que se pusieran de
acuerdo con las autoridades civiles para que tuvieran mayor realce.
Dicc. de
Historia… Fco. R. Almada.
Proporcionado por:
Prof. Armando Quijada.