LOS GOBIERNOS DE TRANSICION EN 1911Por: Gilberto Escobosa Gámez

Al abandonar el poder el general Porfirio Díaz después de los tratados de Cd. Juárez se dejaron sentir en Sonora las repercusiones del triunfo de la revolución maderista haciendo de 1911 un año pletórico de sucesos dramáticos.

A la caída del general Díaz ejercía la gubernatura provisionalmente don Alberto Cubillas ya que al elegido para el cargo, el general Luis E. Torres, le había sido otorgada una licencia por el Congreso Local Pues fungía entonces como Comandante de la Primera Zona Militar. Don Alberto Cubillas hizo entrega del cargo el 27 de Mayo de 1911 al Lic. Abelino Espinoza, quien permaneció en el puesto únicamente dos días, asumiendo la gubernatura al Lic. Francisco P. Morales quien a su vez, solo duró tres días en el cargo pues el lro. de Junio entregó el puesto al Ing. Eugenio Gayou pero este renunció el día 23 de Julio, siendo sustituido por don Carlos Randall quien finalmente terminó el 31 de Agosto de 1911 el período truncado del general Torres.

El Lic. Abelino Espinoza era originario de la ciudad de Monterrey, donde nació el año de 1878, y después de haber terminado sus estudios profesionales se estableció en Hermosillo como abogado postulante. También en esta ciudad contrajo matrimonio con la Srita. María L. Monteverde.

El segundo gobernador de transición, el Lic. Francisco de P. Morales, era sonorense de nacimiento; vio la primera luz en Ures. Dos años después de hacer entrega del gobierno al ingeniero Gayou, fue senador por el estado de Nuevo León en las cámaras federales reunidas por el usurpador Victoriano Huerta, y al caer este gobierno espurio el Lic. Morales regresó a la ciudad de su nacimiento.

El tercer substituto en el cuatrienio 1907-1911, el Ing. Eugenio Gayou, nació en el puerto de Guaymas el 16 de Octubre de 1857. Hizo la camera de ingeniero de minas en la Cd. de México. Murió en los Angeles, California, el 20 de Julio de 1912 y su cadáver fue sepultado en su tierra natal, a petición de él mismo.

El cuarto gobernador interino del cuatrienio en mención, don Carlos E. Randall, era también guaymense; su nacimiento ocurrió el año de 1862, de padre norteamericano y madre mexicana. Fue dos veces más gobernador interino y en tres ocasiones Tesorero General del Estado. El Sr. Randall se afilió al Partido Antirreeleccionista en 1910; fue Vocal de la Junta Revolucionaria de Nogales, Arizona, y al triunfo de la Revolución completó el nuevo triángulo político con los Sres. Maytorena y Gayou. A1 ocurrir el cuartelazo del general Huerta se incorporó nuevamente a la Revolución. A1 dividirse los revolucionarios en dos grupos antagónicos, el Sr. Randall se ubicó al lado de Villa-Maytorena, por lo que hubo de ir al exilio al triunfo del carrancismo; permaneciendo en Estados Unidos hasta 1920. A su regreso a la patria se le levantó el embargo de sus bienes. Fue también Tesorero Municipal de Guaymas y en 1929 perdió el empleo con el fracaso de la rebelión renovadora y ese mismo año, el 2 de Julio, falleció en Tucson, Arizona, a donde había ido a curarse. Sus restos fueron sepultados en su ciudad natal.

Don Luis E. Torres, antes de partir a Estados Unidos, había renunciado a la gubernatura y obtenido su baja del ejército. Se radicó en los Angeles, California, y algunas veces visitó su patria; pero no tomó parte en el cuartelazo de Huerta como hicieron otros militares del régimen pasado. Y digan lo que digan los detractores del general Torres, fue un hombre patriota y de honor, que hubo de trabajar en el exilio para su sostenimiento y de su esposa doña Amelia Monteverde, a quien dejó viuda el 9 de Septiembre de 1935 después de más de cincuenta años de vida matrimonial. A1 morir, el general Torres ya había cumplido noventa y un años de edad.

Es indudable que los personajes del pasado que significaron mucho para bien o para mal de sus pueblos, se convirtieron en sombras, en espectros, en nada, al transcurrir las décadas y los siglos. ¡El polvo del olvido les cubrió!. Sólo la historia, que no tiene ningún sentimiento ni su memoria muere, guarda sus nombres y tiene escrito sus hechos para que los hombres de la posteridad, en su afán de adquirir cultura, les juzguen fríamente, sin afecto ni odio.

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