El pasado 5 de febrero (2010), se celebró el Centenario de la Escuela“Leona Vicario”** de Hermosillo, Sonora.

         En un acto en donde estuvieron presentes (y muy formales) todos sus alumnos, con sus caritas felices, estuvieron acompañados del personal docente de la institución, así como funcionarios (todos representando a los titulares de las instancias de gobierno) e invitados especiales.

         El discurso central, estuvo a cargo del C. Carlos Lucero Aja, destacado historiador e investigador hermosillense, nieto del Profesor Heriberto Aja Olguín, quien fue el encargado del discurso oficial en la inauguración de la escuela el 5 de febrero del año 1910, además de ser nuestro colaborador con artículos que quedarán en nuestra historia sonorense. Felicidades.

DISCURSO DEL HISTORIADOR CARLOS LUCERO AJA:

Señores y Señoras, Jóvenes y Niños:

         El tiempo pasa inexorable en la vida de los pueblos, pero algunas instituciones sobreviven a las vicisitudes de la existencia. El antiguo edificio construido por el Ingeniero Felipe Salido, que sigue albergando una escuela desde sus inicios, cumple hoy cien años. Hoy, el 5 de febrero pero de 1910, fue inaugurada la Escuela LeonaVicario por el gobernador de entonces, Don Alberto Cubillas, en honor a esa mujer ejemplar de la Independencia Nacional. Cien años se dice fácil pero es difícil vivirlos en paz y sin quebrantos.

         Al eminente profesor Heriberto Aja, mi abuelo materno, le tocó dar uno de los discursos en aquella memorable fecha, junto con las del orador oficial Don Manuel Quevedo y la señorita Jesús Olea, además de la vibrantes recitaciones de la profesora Trinidad Bonillas y de la niña Ernestina Caro; contando además con el discurso final improvisado del general Luís E. Torres.alt

         Escrito en la época Porfiriana, escenario de cruentas batallas contra el indomable pueblo yaqui y el presagio inminente de la dolorosa e inevitable Revolución Mexicana, sus palabras se vierten en torrente de alabanzas a la escuela y al gobierno estatal, pero también con futuristas pensamientos de lo que debe ser la educación escolar y la redención del indígena en las aulas y no con las armas.

         Del periódico “El Occidental” de aquel año centenario tomamos parte de su escrito: (cito)

         “Entre los elementos constitutivos de la vida de los pueblos, hay dos que descuellan en primer término y son el áureo núcleo al derredor del cual gravitan todos los demás que forman el universo social: la escuela y el gobierno.”

         “Unidos íntimamente y en perfecta armonía estos elementos primordiales, establecen el pedestal que sirve de base á las generaciones que radiantes y llenas de energías se encumbran á la cima de la felicidad y progreso donde las conduce la ambición noble y bendita de la perfección humana. La escuela y el gobierno son los cimientos sobre que se eleva el gran edificio social. Del equilibrio dinámico de ellos depende la solidez de ese edificio.  De la escuela se desprenden como saetas luminosas todos los principios que rigen á la sociedad en su vida de unión, adelanto y bienestar.”

         “Los gobiernos comprendiendo la trascendental importancia de esta influencia, de esta unión entre ellos y la escuela, no escatiman medio alguno en procurar el engrandecimiento de ella reglamentando benéficas y sabias disposiciones para la buena marcha de la instrucción. Los gobiernos mejormente constituidos; las naciones que van á la cabeza de la civilización, son aquellos que más debidamente atienden sus escuelas.” (cierro la cita)alt

         Hasta este año del 2010, por las aulas de esta escuela de primera enseñanza, en ininterrumpida marcha han pasado miles de alumnos, incluyendo mi madre, que bebieron el saber para cimentar su vida.  Primeramente creada como Escuela para Niñas, ya que la de Varones, construida donde antaño estuvo la Cárcel de Hermosillo, fue inaugurada un año antes en el edificio que todavía existe, pero desafortunadamente ya no como templo del saber. La Escuela Leona Vicario años después, al desaparecer esa escuela, daría cabida a los niños que vivían en sus alrededores para convertirse en escuela mixta.

  El profesor Aja, en otra parte de su discurso nos dice qué había en este lugar antes de su construcción: (cito)

         “Aquí donde antaño la muchedumbre enardecida con la sangre derramada por la paciente bestia que los campos labra; aquí donde los destemplados y confusos gritos de la turba excitaban á luchar al hombre con la fiera; aquí donde para mengua del siglo llamado de las luces, se levantaba un coso taurino; aquí donde el pueblo retrocedía en sus fiestas á la época nefanda de Nerón; se yergue ahora este otro hermoso faro del saber!. Los gritos que ahora se escuchan son los de la bendita juventud que llega radiante, ávida de saber. Estos gritos son los heraldos que pregonan el brillante porvenir de nuestra patria.” (cierro la cita)

         Se dice también, que antiguamente estuvo en este sitio el panteón de la ciudad y posteriormente un terreno donde se guardaban las carretas del servicio público, lo que hoy se conoce como “el corralón”.

         De la parte final de su discurso entresacamos estos párrafos: (cito)

         “¡Ya no será la sangre la que riegue los campos, si no el sudor de la frente que fertiliza y dora la espiga! ¡La moral triunfará sobre las balas! ¡La civilización triunfará de la barbarie! ¡Cuán grandiosa es la labor de la escuela y cuán meritoria la protección del gobierno! Los señores Gobernadores en su constante anhelo de mejorar la enseñanza, siempre han tendido su protectora mano á todo aquello que signifique adelanto. Seguid, adelante; levantad escuelas; difundid la enseñanza; ¡Educad á las masas y haréis grande esta patria soñada por Hidalgo que os bendice desde el cielo!” (cierro la cita)

         Guadalupe Ortiz de la Peña, del periódico “El Comercio”, del Club Central Porfirista, con fecha del 12 de febrero de aquel año, escribió algunas de las frases que dijo el general Torres, sobre la importancia de la educación de la mujer: “que estaría llamada a ocupar un puesto distinguido en el seno de la sociedad, expresando además el concepto de que en Sonora, las mujeres son más inteligentes que los hombres”.

         Actos como el aquí celebrado engrandecen las páginas de la educación, de la sociedad y de la historia. Sólo queda decir, como se dijo aquella vez: “¡Loor eterno á todos los que procuran difundir la sabia bendita de la instrucción!”. Muchas gracias.

Carlos Lucero Aja

Hermosillo, Sonora, México, 5 de febrero del 2010