ROBO DE ARTEEN EL DESIERTO
Capos de la droga, empresarios y políticos, cómplices
Por Imanol Caneyada / Dossier Politico
La clase clerical en repetidas ocasiones ha señalado que a las autoridades no les interesa proteger el arte sacro porque no lo consideran como arte, además de que las diferentes policías en el país no están capacitadas para perseguirlo.
A esto, Heinrich Pfeiffer, especialista en arte sacro y miembro de la Comisión Pontificia para los bienes culturales de la Iglesia, añade que el arte sacro sigue la ruta del narcotráfico, florece en la impunidad y los políticos y las clases poderosas la solapan.
Según el catedrático, los capos de la droga aceptan reliquias como pago por dos motivos. El primero, porque colocarlas en el mercado es fácil ya que nadie exige factura de un cristo del siglo XV, por poner un ejemplo; y el segundo, porque desean ingresar al círculo del poder y la posesión de estas piezas les da estatus.
Por otro lado, este mercado complaciente, compuesto por altos empresarios y políticos, paga muy por óleos, tiaras o esculturas cuya exclusividad es garantizada y el riesgo de posesión mínimo.
Mientras que las iglesias en Europa reciben millones de visitantes al año por el valor de sus pinturas, esculturas y arquitectura, en México, el arte sacro está a merced de bandas del crimen organizado que han convertido el robo de reliquias en un negocio lucrativo y relativamente seguro, ya que ni la PGR ni las procuradurías estatales dedican esfuerzos y tiempo a perseguir el delito.
El principal problema del robo de reliquias, que en los últimos años ha cobrado un protagonismo inusitado, es la ausencia de denuncias, entre otras cosas, porque el sector clerical no cree en la eficacia de la policía mexicana.
Según datos de la PGR, entre 2000 y 20007 se presentaron 192 denuncias por robo de arte sacro, de las cuales, 165 se archivaron por falta de indicios y únicamente 17 siguen en trámite.
Juan Alcocer Flores, ex director del Instituto de Cultura de Guanajuato, tercera entidad
en la República con más robos de reliquias, en su momento señaló que las escasas denuncias existentes se debían a que párrocos y sacristanes de los templos de pequeños pueblos se sentían intimidados o, bien, en franca complicidad con los delincuentes.
Otro de los inconvenientes que enfrentan feligreses y clérigos en el robo de arte sacro es la inexistencia de un inventario de las piezas de algún valor que contienen las más de 19 mil iglesias registradas en todo el país.
De tal suerte que ni la PGR ni la policía ni el Episcopado sabe qué debe proteger o buscar una vez que desaparece.
A pesar de los compromisos entre Iglesia y Gobierno que datan de 2004, la primera para registrar las reliquias y el segundo para perseguir el delito de una manera mucho más enérgica, a cuatro años, los avances han sido nulos y los delitos de este tipo se dan cotidianamente en cada rincón de la República.
El propio Alcocer Flores lo define así: “En la iglesia más recóndita de la entidad se pueden encontrar verdaderas obras de arte que datan de entre los siglos XVI y XVIII, pero que no están catalogadas aún y que sólo están ahí en los templos a la buena de Dios”.
Sustraer una reliquia de un pequeño templo es algo relativamente sencillo. Son espacios públicos, abiertos, sin vigilancia y con un constante entrar y salir de personas.
Hace tres años, expertos de Conaculta y el INAH elaboraron un Manual de prevención de robo en recintos religiosos que circuló en las Diócesis del país. Las recomendaciones son las siguientes:
-Instalar sistemas de protección de las imágenes religiosas, tales como alarmas y vitrinas seguras, de común acuerdo con los especialistas del INAH, a fin de evitar que dichas instalaciones dañen físicamente esculturas, pinturas, etc.
-Instalar cerraduras seguras en puertas y ventanas, provistas con alarmas conectadas directamente a las autoridades policiacas más cercanas al lugar.
-Contar con personal de vigilancia que custodie el templo durante las 24 horas del día.
-Integrar un registro documentado y con fotografías de las pinturas, esculturas, retablos, custodias, etc.
-Formar una comisión de vigilancia de los bienes del templo, integrada por miembros de la comunidad, para verificar el cumplimiento de las tareas mencionadas, planificar y llevar a cabo otras que se adviertan necesarias para incrementar la mayor seguridad de los bienes del templo.
-Siempre que vaya alguna persona a realizar el registro, estudio o inspección, pedir identificación y verificarla; sáquele copia a ésta y guárdela.
-Finalmente, que los miembros de la comunidad mantengan una actitud vigilante respecto a la seguridad de los bienes de la iglesia, actitud a tal punto decidida, que disuada a quienes pretendieran realizar un robo.