A 300 AÑOS DE SU MUERTEPOR  FRANCISCO ELOY BUSTAMANTEInvade el desiertoun crujido metálico
de ajuares en sacudimiento,

**un rugido agudo de espuelas herrumbrosas,y burdas herraduras levantando chispascomo desprendidas constelaciones.**II

Sonidos sin precedente en el hostil desiertoDe adormecidos y milenarios atardeceres.

IINo era el retumbar hermanadode piedra contra piedra.No era el trote del berrendo.Era un galopar acompasadoy definitivo, caído como meteorobuscando abrir cráter en tierra.IVEra fulgurante beatitud irradiando todo a su paso
cual brillo de sol sobre el desierto
reflejo de un rostro de amor
ymanos de santa ansiedad****perturban la paz del monte.

Era un hombre extraño****espigado como cinita.

**V

Imitador de Jesús de Nazaret**

Mensajero de paz en tierra indígena,
Tan a tras mano de los negocios coloniales
más recóndita que los desiertos
de los brahmanes.

VI Gloriosa encomienda a cumplir en obediencia ciega, esparcir el Evangelio del perdón hasta lo profundo del abrasador desierto en las pobladas tierra de “luz incógnita”, testas de inocentes y cautivos infieles,

En su hábitat entre choyales y sahuarales
a****bbandonados a su suerte
por siempre
en la inopia de toda luz
y verdad espiritual.

VII

Bendito Jesús, dador de encomienda

Tan estremecedora, consigna transformadora

De pueblos y naciones

Hasta lo último de la tierra

Que con tanto fervor

Eusebio Francisco Kino supo cumplir.

VIII

Llévame contigo misionero

De las Indias,

Quiero como tú, dar a conocer a Cristo

Mi dulce Salvador…

Aunque Eusebio me han bautizado

Tomo en adopción,

No sólo tu virtud de santo,También tu nombreAmado Francisco.

                       IX

Allende los mares, por rumbo incierto

De rodillas siempre dobladas en tierra

Con las manos cruzadas sobre el pecho

Musitando oraciones sin fin

Invocando siempre a San Francisco Javier.

 

                        X

Si Colón y Cortés se arrobaron

En el nuevo continente

Kino no podía ocultarlo,

Cristo anticipó

“hay otras almas que convertir”.

México era un nuevo mundo, y al norte

Él habría de ir.

XI

Llevando una alforja y caballo

Que montar, arribó el italianoA Cucurpe “donde cantó la paloma”,

Leguas adelante se desgranaban ya

Las almas que habría de conquistar.

Madrugando partió a plantar en Cosari

La primera cruz de triunfo cristiano,

Oficiando una misa vio escurrirse

Como las cuichis a los taimados chamanes.

 

                       

XII

En una sobrevivencia frugal

Y apostolado ejemplar

Dejando correr la voz

De quien cura el cuerpo

En el nombre del hijo de Dios,

Ganó almas, cosechó algo más que cariño

Y plena seguridad de la vida eterna.

XIII

 

Misiones formó con afanes celestiales

Y con penurias y negociaciones inteligentes

Para poder sobrevivir

Impuso el imperativo de la producción

Con altas miras,

El pensamiento siempre consagrado

En sus amados indígenas de la Pimería Alta.

XIV

El Señor recogió su alma de carmín

En la capilla de San Francisco Javier

Quedando su cuerpo

Sepultado por siempre en el altar

Al lado del Evangelio.

Tan cerca de la imagen

Del apóstol de las Indias,

Al que trajo

Paraser venerado

En el valle

De la misión elegida

Por el piadoso tridentino

De Santa María****Magdalena

de los Buquibabas.